"La conciencia, esa gran desconocida y, paradójicamente, tan presente en nosotros como ausente en el mundo"
(Amador Martos)
CIENCIA Y ESPIRITUALIDAD

ÍNDICE:

1 - Dios en la dialéctica histórica-cultural

2 - Dios en la filosofía occidental

3 - Dios en la ciencia

4 - Dios y el misterio de la vida

5 - Dios como una experiencia mística

6 - Dios a través de la meditación

7 - Dios como un camino de sabiduría

8 - Dios: una luz en tu camino

9 - Dios en la psicología humana

10 - Dios en los mapas evolutivos de la conciencia

11 - Dios en la educación

12 - Dios y los tiempos bíblicos



1 - DIOS EN LA DIALÉCTICA HISTÓRICA-CULTURAL

Resumen:

El camino ascendente de Platón trata de la conciencia mística y trascendental que huye de los Muchos (mundo sombrío e ilusorio) y encuentra al Uno. Los Muchos volviendo al Uno y uniéndose a él es lo Bueno, y es conocido como sabiduría; el Uno de vuelta y abrazando los Muchos es Bondad, y es conocido como compasión en el camino descendente.

Platón destacaba ambos movimientos, el camino ascendente y el camino descendente, pero la civilización occidental ha sido una batalla entre ellos: entre los que querían vivir en “este mundo” de la Multiplicidad y quienes quieren solo vivir en el “otro mundo” de la Unidad Trascendental. Platón da a ambos movimientos la misma importancia, porque ambos están basados en el Uno no expresado (Dios).

Sin embargo, cuando se olvida a ese Uno no expresado (Dios), ambos movimientos se enfrentan en una guerra de opuestos: la dialéctica histórica-cultural hallaría su punto culminante con la gran inversión desde la búsqueda de lo inconmensurable (Dios) a la investigación de lo conmensurable (ciencia). Esa fractura dualista, según Wilber, duraría dos mil años.

Durante el milenio que va de Agustín a Copérnico, Occidente persiguió un ideal casi exclusivamente ascendente en la búsqueda de Dios, recomendado por la Iglesia. Pero todo cambió radicalmente con el Renacimiento y la emergencia de la Modernidad, cuyo punto culminante se alcanzaría con la Ilustración y la Edad de la Razón. De tal forma que, los ascendentes, fueron reemplazados por los descendentes.

En la Modernidad, Kant diferenció a los Tres Grandes: conciencia (yo), cultura (nosotros) y naturaleza (ello-ciencia) y, ésta última, se convertiría en un materialismo científico que derivó en un desastre cultural sin consideraciones éticas, pues la razón-egoica se impondría a la conciencia del yo (subjetividad) y a la moralidad (intersubjetividad).

Como la visión materialista no reconoce la existencia de grados de conciencia, de profundidades, de valores y méritos, el abismo cultural no podrá ser resuelto pues niega la existencia de la dimensión vertical (ascendente), de la transformación interior, de la trascendencia.

Según Wilber, la solución al abismo cultural, la integración vertical y la ética medioambiental, gira en torno al rechazo del materialismo científico. Una nueva transformación postmoderna solo puede proseguir si logramos integrar el Gran Tres diferenciado por Kant: “yo”, “nosotros” y “ello”, lo cual implica la necesaria emergencia de un nuevo tipo de sociedad que integre la conciencia, la cultura y la naturaleza. Y, dicha integración, solamente puede provenir cuando los ascendentes y descendentes se reconcilien, una salvación que solamente puede provenir de la unión entre la sabiduría y la compasión: ese es el sustrato de toda auténtica espiritualidad como visión no-dual entre Dios y la Divinidad.

Así pues, la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de Dios) es un necesario camino emprendido por muchos científicos, y que requiere un obligado revisionismo de la historia, la educación y la ciencia: el fundamente epistemológico pretendido por La educación cuántica como nuevo paradigma de conocimiento.

En efecto, desde el surgimiento de la física cuántica, hay una evidencia del fracaso del materialismo científico como unívoca explicación de la realidad, siendo necesaria la filosofía del misticismo como una disciplina conciliadora para unir los ascendentes y los descendentes. En esa línea de pensamiento, el físico y astrónomo Sir James Jeans afirma que la naturaleza es mental, pues los pensamientos o las ideas, para existir, necesitan de una mente en la cual existan, de algún Espíritu Eterno (Dios), apuntando con ello al lúcido misticismo platónico .


2 - DIOS EN LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL

Resumen:

Las Tres Grandes categorías platónicas (Bondad, Verdad y Belleza) son diferenciadas por Kant mediante sus Tres críticas y, posteriormente, identificadas por Ken Wilber como cuatro cuadrantes : la dimensión interior subjetiva, la dimensión conductual objetiva del sujeto, la dimensión intersubjetiva (cultural) y la dimensión funcional social colectiva.

Dicha dialéctica histórica-cultural desemboca en un abismo de conciencia en la cultura occidental al imponerse el materialismo científico sobre las dimensiones subjetiva e intersubjetiva, siendo ello su gran fracaso epistemológico al no lograr la integración del “yo” (conciencia), “nosotros” (moralidad) y la naturaleza (ciencia).

Dicho fracaso epistemológico abocaría en una pesadilla de odio entre Razón y Espíritu, entre los descendentes y los ascendentes. Y, la única solución, estriba en la integración de la sabiduría y la compasión, de tal modo que, este mundo y sus seres sean englobados por el amor del Espíritu.

Ahora bien, ¿Quién maneja los hilos de la historia, la cultura, la filosofía y la educación? Ya Descartes nos habló del “genio maligno”, pero con el surgimiento de la filosofía cuántica, la realidad se presentaba como una ilusión a la vez que se vislumbraba un universo holográfico más allá de nuestra percepción sensorial. Y en esa metafísica por descubrir, la hipnosis clínica regresiva nos demostraba que existe un enemigo invisible de la humanidad, el cual habita en la cuarta dimensión desde donde ejerce un control sobre la humanidad, más conocido popularmente ese control como Matrix.

Lo anteriormente expuesto solamente se puede comprender desde los postulados de la filosofía transpersonal como ciencia de la conciencia, la cual aborda la metafísica como una condición necesaria al estudiar las dimensiones alternativas más allá de los sentidos físicos. Así, habrá que proseguir con nuestras investigaciones, y buscar cuál es la relación de Dios con la ciencia y cuál es el criterio de demarcación entre ciencia y religión, cuestión que se analizará en el siguiente artículo.


3 – DIOS EN LA CIENCIA

Resumen:

El criterio de demarcación entre ciencia y religión, o la relación entre la ciencia y Dios, ha sido un arduo debate en la filosofía de la ciencia occidental. El ejemplo más emblemático ha sido la posición contrapuesta entre Richard Dawkins y Rupert Sheldrake, respectivamente, con sus obras El espejismo de Dios y El espejismo de la ciencia.

Sin embargo, lo que pocos ortodoxos científicos caen en cuenta es que la física cuántica desintegró la “rígida estructura” del conocimiento dualista en la que se sustenta el materialismo científico. Y que, la consideración de la filosofía perenne (filosofía del misticismo) desde el surgimiento de la filosofía cuántica, inauguró una nueva época en la que cada vez más científicos integraron a Dios en la ecuación del conocimiento.

En dicha línea de pensamiento, el biólogo Bruce Lipton con su obra La biología de la creencia, asestó un golpe definitivo al darwinismo oficial al afirmar que no somos víctimas de nuestros genes sino los dueños y señores de nuestros destinos, a la vez que proporcionó las bases para la ciencia y la filosofía de las medicinas alternativas, así como para la sabiduría espiritual. Bruce Lipton se define a sí mismo como un científico espiritual, y que debemos considerar al espíritu si queremos mejorar nuestra salud mental y física.

Bruce Lipton es un ejemplo muy relevante en la integración de Dios en la ciencia, pero es digno de considerar a otros pensadores como, por ejemplo, Fritjof Capra, cuyas numerosas publicaciones establecieron las relaciones entre el universo descubierto por la física moderna y el misticismo antiguo, principalmente oriental. También Ken Wilber, en su obra El espectro de la conciencia, realiza una síntesis de religión, física y psicología, refutando la filosofía del materialismo. Del mismo modo, Wilber en su obra Ciencia y Religión, muestra de qué manera la ciencia es perfectamente compatible con las grandes tradiciones espirituales del mundo y abre con ello la visión occidental a las grandes tradiciones de la sabiduría perenne. Wilber es un pionero en establecer que existen dos modos de saber: el saber científico (epistemología de lo conmensurable) y la perenne espiritualidad (hermenéutica de lo inconmensurable).

La contienda ideológica entre la ciencia y la espiritualidad, entre el saber empírico y el saber revelado, entre la razón y el espíritu, es resuelta mediante esos dos modos de saber: el conocimiento simbólico (dualidad entre sujeto-objeto) y el misticismo contemplativo (no-dualidad entre sujeto-objeto). El modo espiritual de conocimiento ha sido peyorativamente tildado como “ misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, sin embargo, argumentado como un nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica.

Con lo anteriormente expuesto, es imperativa una nueva cosmología entre ciencia y espíritu, ya que la historia del pensamiento ha devenido dogmáticamente en una filosofía materialista y en reduccionismo psicológico al dejar a Dios fuera de la ecuación del conocimiento. Las diferentes interpretaciones de la mecánica cuántica que aúnan ciencia y espiritualidad mediante la recuperación de la filosofía perenne, posibilitan fortalecer el movimiento transpersonal como “cuarta fuerza” psicológica. Esa trascendencia holística desde la razón hacia el espíritu permite la tan deseada integración del “yo” (subjetividad), el “nosotros” (intersubjetividad cultural) y el “ello” (ciencia y naturaleza) que fueron diferenciados por Kant mediante sus Tres críticas.

La aprehensión cognitiva de todo lo argumentado como criterio de demarcación entre ciencia y espiritualidad, se constituye en un nuevo paradigma de conocimiento amparado en la filosofía transpersonal como disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, cuestión argumentada pedagógica y epistemológicamente en mi obra La educación cuántica.

La ciencia clásica se construyó con el método cartesiano de analizar el mundo descomponiéndolo en partes: un reduccionismo determinista del universo relacionado con la imagen de la naturaleza funcionando como un reloj preciso, una idea muy querida por Einstein. Sin embargo, desde el surgimiento de la física cuántica, esa figura mecánica y determinista ya no es posible, en palabras de Hawking: “ Dios juega a los dados con el universo”.

Si una cosa queda clara, es que el milagro de la vida sigue siendo un misterio por resolver, y que la ciencia materialista ha quedado obsoleta si no es con la contemplación de nuestra relación con Dios. En el siguiente artículo analizaremos esa relación de Dios con el misterio de la vida.


4 - DIOS Y EL MISTERIO DE LA VIDA

Resumen:

La fractura dualista entre la ciencia y la espiritualidad, que dura más de dos mil años, ha abocado en un callejón sin salida para la razón humana, hasta que la filosofía cuántica transcendió el paradigma de la física clásica, lo cual llevó a muchos científicos espirituales buscar la integración de la ciencia y Dios desde la no-dualidad.

Desde el surgimiento de la física cuántica, se ha producido un giro copernicano desde el “ver para creer” al “creer para ver”, abriendo así las puertas de la genuina espiritualidad no-dual: la filosofía perenne o filosofía del misticismo. En ese intento de resolver el misterio de la vida han intervenido muchos científicos espirituales como Fritjof Capra, Ken Wilber, Amit Goswami, Rupert Sheldrake, Joe Dispenza, Jean-Pierre Garnier Malet, por citar algunos de los más importantes pensadores que nos proporcionan una renovada racionalidad envuelta en una espiritualidad cuántica.

Esos vanguardistas investigadores abrieron una brecha para transcender la racionalidad hacia la espiritualidad de un modo psicológico e histórico, una brecha cognitiva que daría consistencia epistemológica a la psicología transpersonal, así como a la filosofía transpersonal.

Ese viaje espiritual fue denostado como “misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, sin embargo, la historia ha llegado a un punto de inflexión donde, la fractura dualista entre la ciencia y Dios, solamente se puede salvar con la contemplación de la no-dualidad: un misterio desvelado en un esquema epistemológico para argumentar a la filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica.

La dualidad entre razón y metafísica durante más de dos mil años, ha sido un problema epistemológico que ha perdurado en la filosofía occidental y su ciencia, y que solamente se puede resolver desde la filosofía del misticismo para alcanzar una conciencia de unidad cuya máxima expresión es el amor.

Por tanto, la experiencia mística (no-dual) es un camino ascendente hacia la sabiduría para, seguidamente, expresar dicha sabiduría como amor: ahí reside todo misterio de la vida. Aprehender dicho conocimiento es una intuición espiritual no-dual que permite la sanación transcendental del ser humano al implementar la razón con el corazón.

Consecuentemente, se hace necesario asimismo abordar la experiencia de Dios como una experiencia mística, una profunda cuestión para el próximo artículo.


5 - DIOS COMO UNA EXPERIENCIA MÍSTICA

Resumen:

La experiencia mística es una experiencia personal e intransferible, pero, guarda relación con los estados de conciencia, tal como aborda la obra La experiencia mística y los estados de conciencia, avalada dicha tesis por renombrados investigadores como Bucke, Huxley, Watts, Wilber o Maslow.

Como complemento a lo anterior, los estados de conciencia son estudiados por el movimiento transpersonal, y también por la psicología transpersonal mediante la Tesis Doctoral de Iker Puente. La psicología transpersonal, dentro del pensamiento occidental, está fundamentada con algunos místicos cristianos como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Maestro Eckahrt, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Esos iniciales estadios de conciencia son delimitados mediante una escalera ascendente con tres estadios: la vida purgativa, la vida iluminativa y la vida unitiva.

Uno de los estudios clásicos sobre el misticismo cristiano fue realizado por Evelyn Underhyll, la cual postula una perspectiva espiritual-transcendental con cuatro pruebas de la experiencia mística: 1) el misticismo es práctico, se caracteriza por la experiencia directa y la acción; 2) es una actividad complementaria espiritual y trascendente; 3) la tarea y el método del misticismo es el amor; 4) entraña una experiencia psicológica concreta.

Los defensores modernos de la filosofía perenne (o filosofía del misticismo) han hallado cinco principios fundamentales: 1) el Espíritu es el fundamento primordial ontológico, epistemológico y axiológico del cosmos; 2) la realidad es ontológicamente idéntica al Espíritu que la origina; 3) creencia en una cosmología involutiva, donde, el universo físico es el resultado de la involución del Espíritu; 4) ontología y axiologías jerárquicas: la realidad está organizada jerárquicamente y es conocida como Gran Cadena del Ser; 5) epistemología jerárquica: teoría del conocimiento que afirma que el conocimiento de los reinos superiores de la ontología jerárquica es un conocimiento más valioso y verdadero.

Como se ha visto, la experiencia mística tiene un sustrato cristiano en la cultura occidental, también en la psicología transpersonal, así como en las neurociencias, cuyo corolario son las aportaciones desde la física cuántica, en boca del Premio Nobel Wolfgang Pauli: “La racionalidad tiene que ser complementada por la mística”. Pauli recupera el lúcido misticismo platónico, y Wilber en su obra Cuestiones cuánticas recoge los escritos místicos de los físicos más famoso del mundo.

Llegamos así a este punto de la disertación en que la ciencia y la mística son vistas, no como opuestas, sino como complementarias para trascender la fractura dualista entre los ascendentes y los descendentes. Ahora bien, ¿cómo realizar el puente cognitivo entre la ciencia como conocimiento empírico y el conocimiento revelado a través de la mística? ¿Cómo enlazar el conocimiento dual exterior a través de los sentidos y la experiencia mística no-dual? La meditación es la respuesta, y vamos a ver ello en el siguiente artículo.


6 - DIOS A TRAVÉS DE LA MEDITACIÓN

Resumen:

Es gracia a la sapiencia de Ken Wilber como puedo afirmar que, la trascendencia metafísica mediante la meditación, es el fundamento para la filosofía transpersonal, la cual es postulada en una cuestión de sentido para la argumentación epistemológica y pedagógica de una educación tranracional como misión espiritual . Solamente de ese modo se me antoja que será posible salvar el abismo cultural de la humanidad desde que Kant diferenció mediante sus Tres críticas al “ello” (ciencia), el “yo” (conciencia) y el “nosotros” (moral), dicho ello en términos socráticos: “Aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a sí mismo”. La integración de esas tres esferas kantianas solo es posible en el interior de cada uno de nosotros mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez como premisas que deben ser aprehendidas en el camino ascendente de la sabiduría propio del cuadrante superior izquierdo de la interioridad individual.

Con la anterior argumentación, la meditación queda habilitada desde la hermenéutica filosófica. Ahora bien, ¿qué tienen que decir las investigaciones científicas acerca de la meditación? ¿La meditación desde la hermenéutica filosófica puede ser avalada epistemológicamente por la ciencia? ¿Es posible, por tanto, una integración entre la epistemología y la hermenéutica? Así creo haberlo demostrado en mi artículo científico La filosofía transpersonal como una hermenéutica complementaria a la epistemología: fundamentos para una educación transracional. No obstante, las aportaciones científicas avalan la meditación como camino metafísico de introspección, así como una herramienta para la sanación transcendental de la humanidad.

Los beneficios de la meditación, avalados científicamente, constituyen una puerta de acceso a la espiritualidad, a esa metafísica que, hasta ahora, estaba desahuciada por los materialistas científicos. Dicho de otro modo, la epistemología de lo conmensurable (ciencia) y la hermenéutica de lo inconmensurable (espíritu) hallan un punto de intersección mediante los beneficios de la meditación demostrados científicamente. He ahí, precisamente, en la síntesis de saberes entre la epistemología y la hermenéutica, donde cada cual puede aprehenderse a uno mismo como conciencia de unidad mediante una auténtica intuición espiritual. Y, ello, se constituye entonces en un anclaje epistemológico para considerar a la filosofía transpersonal de Ken Wilber como un nuevo paradigma de conocimiento, cuyo objeto de estudio es la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia.

Dicho despertar espiritual ya no es una cuestión individual solamente, sino también un inherente deber de la colectividad humana, de ahí la necesidad de una educación transracional, pues como se ha visto anteriormente, es posible la sanación trascendental desde la infancia gracias a la aplicación práctica de la meditación en los centros escolares. Y dicho despertar espiritual, tanto individual como colectivo, conduce ineludiblemente a considerar al amor como nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta, una cuestión que es preciso abordar en el siguiente capítulo.


7 - DIOS COMO UN CAMINO DE SABIDURÍA

Resumen:

El amor es nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta, una cuestión contemplada desde la neurobiología y la sociobiología, en contraposición a las posiciones más recalcitrantes de los ortodoxos materialistas, por ejemplo, como el biólogo Dawkins. El amor es una conciencia moral definida racionalmente como imperativo categórico por el inconmensurable Kant, pero, ya anteriormente Platón planteaba que la sabiduría y el amor estaban intrínsecamente relacionadas como camino ascendente y camino descendente.

Con la emergencia de la mente a partir de la modernidad, surgió el mundo de la razón y, por tanto, dio origen también al mundo de las morales conscientes, como se ha visto con el imperativo categórico de Kant. En ese preciso momento histórico es cuando la mente y la naturaleza se diferenciaron: la mente reflexiva y la naturaleza reflejada. Pero, la modernidad se hallaba temporalmente estancada en la batalla entre la mente y la naturaleza, entre el ego y el eco. Dicho despertar espiritual, en opinión de Shelling, se produce por la síntesis no dual como identidad entre el sujeto y el objeto en un acto atemporal de autoconocimiento: es una intuición mística directa.

Sin embargo, el ego racional se impuso a la naturaleza y a Dios, y los ascendentes (búsqueda de Dios) fueron reemplazados por los descendentes (materialismo científico), lo cual provocó un abismo cultural sin consideraciones éticas, todo ello ya explicado en el artículo Dios en la dialéctica histórica-cultural.

En conclusión, el Espíritu subjetivo mediante el ego racional, se creyó con el poder de expoliar a la naturaleza (Espíritu objetivo) y de imponer su voluntad al mismísimo Dios (Espíritu absoluto). Pero dicha soberbia racional, desde el surgimiento de la filosofía cuántica, ha tenido que recular en su intención reduccionista pues, si Dios es perfección absoluta, dicha perfectibilidad también debe reproducirse en la naturaleza física, así como en la naturaleza humana. Y, por tanto, es preciso abordar el estudio de cómo se manifiesta la sabiduría divina en la naturaleza física, así como en el ser humano.

En efecto, desde las ciencias naturales, se reconoce implícitamente que muchas innovaciones tecnológicas están inspiradas en la flora y la fauna. La naturaleza ya ha encontrado soluciones para muchos desafíos a los que se enfrentan los seres humanos en la actualidad y, es por ello, que podemos afirmar que La naturaleza es sabia.

Respecto a la sabiduría en el ser humano, ello es un camino individual de cada cual que inquiere iniciar un camino ascendente hacia la sabiduría y que, a su vez, implica una Filosofía de la mente para la transformación interior para, con ello, coadyuvar en la sanación transcendental de la humanidad. En dicho proceso de cognición individual, la sabiduría se presenta como una ciencia para la sanación espiritual a partir de la cual es premisa necesaria desde la filosofía contemplar dimensiones de transcendencia espiritual, una cuestión demostrada científicamente en mi obra CIENCIA, FILOSOFÍA, ESPIRITUALIDAD, en la que argumento que es posible la transcendencia metafísica mediante la meditación. Y para dicho objetivo, es perentorio un giro copernicano en términos kantianos, es necesario también transcender la minoría de edad del ser humano, en definitiva, es preciso un renovado proyecto filosófico y pedagógico: cambiarse a sí mismo para cambiar al mundo.

En efecto, se trata de un nuevo paradigma de conocimiento que impele a la transformación interior de cada uno de nosotros: se trata de un camino ascendente hacia la sabiduría donde el amor es la idea suprema. Es así como la epistemología de lo conmensurable (ciencia) y la hermenéutica de lo inconmensurable (espíritu) , ambos desde una visión no-dual, son dos modos de saber que conducen a una misma finalidad: la conciencia de unidad entre todos los seres de este y otros mundos.

Conviene recordar una vez más que, el saber sin amor, es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo. Y cuando dicha premisa sea educada a nuestros infantes, antes saldremos de la actual crisis de conciencia porque, al fin y al cabo, dicha crisis de conciencia no es más que una falta de conocimiento de nuestra esencia divina. Es por ello que, la educación, está necesitada de una visión transpersonal y transracional: para vivir en paz y en el amor, pues solo así podremos deshacernos del enemigo invisible de la humanidad para, seguidamente, intuir a Dios en nuestro interior como una luz que ilumina nuestro camino, cuestión que cabe desarrollar en más profundidad en el siguiente artículo.


8 - DIOS: UNA LUZ EN TU CAMINO

Resumen:

Argumentar que podemos intuir a Dios en nuestro interior como una luz en nuestro camino, implica una intuición espiritual como síntesis de saberes entre la epistemología y la hermenéutica. Y eso, creo yo, es lo que he conseguido con mi artículo científico titulado La filosofía transpersonal como una hermenéutica complementaria a la epistemología: fundamentos para una educación transracional.

Ahora bien, ¿qué tiene que decir la ciencia en la comunicación entre la razón y el espíritu? Tradicionalmente, como se ha visto en esta meta-investigación, la ciencia (camino descendente) y la religión (camino ascendente) han permanecido en caminos divergentes por más de dos mil años. Sin embargo, desde el surgimiento de la filosofía cuántica, se produce un acercamiento de cada vez más científicos en considerar a Dios como parte de la ecuación del conocimiento, lo cual irreversiblemente, es un nuevo paradigma de conocimiento conocido como filosofía transpersonal. En dicho sentido es como se ha podido descubrir a Dios como una experiencia mística y a través de la meditación: un “sí mismo” desde la no-dualidad.

Así propuesta la cuestión de comunicación entre la ciencia y Dios, es indiscutible que la ciencia no es más que una percepción parcial de la totalidad del Ser. Y que, en dicho intento de fusionar la ciencia y la espiritualidad (o la filosofía y la metafísica), es perentorio que existan diferentes grados del conocimiento de Dios, que existan velos de la percepción humana por derribar y que, ello, ineludiblemente nos lleva a la consideración de diferentes mapas evolutivos de la conciencia. Recordemos que la conciencia es el núcleo duro que la ciencia no ha resuelto todavía, primordialmente, porque se ha centrado en el “ello” (naturaleza objetiva), obviando a las experiencias subjetivas (“yo”) así como intersubjetivas (“nosotros”). En definitiva: los Tres Grandes diferenciados por Kant son, todavía, el gran reto de integración al que nos enfrentamos en el actual estadio evolutivo de la humanidad.

Para resolver dicha cuestión, la semiótica es la ciencia derivada de la filosofía que puede permitir una integración entre ciencia y espiritualidad, pues trata de los sistemas de comunicación dentro de las sociedades humanas. Y, ¿cuál es el problema más acuciante del ser humano? Efectivamente: la comunicación entre ciencia y espiritualidad, una cuestión que el enemigo invisible de la humanidad se afana para que no encontremos el camino de regreso a nuestra esencia divina. Y ese regreso a nuestra esencia divina, solamente se puede realizar desde una transformación interior y de trascendencia para realizar conscientemente el camino de la ascensión espiritual individual desde la 3D a la 5D. Se trata, en definitiva, de la búsqueda del “sí mismo” que nadie puede hacer por nosotros. Y, la semiótica, nos provee una aprehensión cognitiva en sintonía con dicha experiencia interna.

La aprehensión cognitiva en el camino interior de cada cual, en términos conceptuales, es lo que se conoce como la epistemología de lo conmensurable (teoría del conocimiento desde la filosofía y la ciencia sustentadas ambas en la razón dualista) así como la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de Dios desde la no-dualidad). Para lograr una certera y unívoca conceptuación, son necesarias entonces las demarcaciones conceptuales por antonomasia: dualidad y no-dualidad.

Cabe dejar claro que la no-dualidad es una experiencia mística, es un lúcido misticismo platónico, es decir, una experiencia inefable que no puede ser expresada en palabras ni conceptos: desde la dualidad racional ese ámbito numinoso es conocido como metafísica, una cuestión denostada por el materialismo científico como se ha argumentado durante esta investigación y que, ese "misticismo cuántico", por justicia histórica y epistemológica, debería ser llamado filosofía transpersonal.

No obstante la dificultad de percibir a Dios en términos conceptuales, hay un lenguaje universal que se conoce como “geometría” y, en dicho sentido, el círculo es una representación de Todo lo que Es, es decir, Dios. En boca del físico y astrónomo Sir James Jeans: “Dios es matemático, y el universo está empezando a parecerse más a un gran pensamiento que a una gran máquina”. Es así como me fue desvelada esa manifestación divina mediante un mándala geométrico donde, las demarcaciones conceptuales, pueden ser expresadas como Verdad, Sabiduría y Amor en el camino descendente desde la Unidad Divina hasta la Multiplicidad Humana; y, por otro lado, la Filosofía, la Metafísica y el Conocimiento como camino ascendente desde la Multiplicidad Humana hasta lograr la experiencia mística de la Unidad Divina.

Dichas demarcaciones conceptuales (Verdad, Sabiduría, Amor, Filosofía, Metafísica y Conocimiento) han sido objeto de mis diversas publicaciones y, en consecuencia, me ha permitido elaborar un glosario de artículos relacionados con cada concepto, para facilitar la labor investigativa de todo aquél interesado en la búsqueda del “sí mismo” a través de la filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento. Y esa búsqueda del “sí mismo” se convierte, entonces, en un camino ascendente hacia la sabiduría. Y toda persona que haya iniciado ese sendero de sabiduría acaba convergiendo en el amor como el más alto valor ético, porque, cabe recordar una vez más: la sabiduría y el amor no pueden ser encapsulados y prescritos por un médico, sino que deben ser aprehendidos consciente y prácticamente por todo sincero buscador de verdad; porque no hay mayor verdad que el amor (espiritualidad), y el amor a la verdad es el camino (filosofía), un reto de integración entre la razón y el espíritu con la salvaguarda de la naturaleza.

Las anteriores aseveraciones nos remiten, obvia e inherentemente, al sabio aforismo en boca del inconmensurable Sócrates: “Aquel que quiera cambiar el mundo, deberá comenzar por cambiarse a sí mismo”. Ahora bien, cambiarse a sí mismo, implica un proceso psicológico que es preciso abordar en el siguiente artículo.


9 - DIOS EN LA PSICOLOGÍA HUMANA

Resumen:

Finalizábamos el anterior artículo con la necesidad de abordar el proceso psicológico implicado en la tarea del cambio de sí mismo. Los seguidores de este autor saben que, en mi obra La educación cuántica, argumento que la filosofía transpersonal desarrollada por Ken Wilber, así como la psicología transpersonal como la “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista, se constituyen ambas como un nuevo paradigma de conocimiento.

Siguiendo la estela de dicha argumentación, he tenido el honor que, el esquema epistemológico de mi obra, haya servido de esqueleto cognitivo en la Tesis Doctoral de Noemí Siverio (Venezuela) y, por tanto, es preciso abordar dicha proposición académica y sus connotaciones psicológicas para el “homo complexus”, lo cual implica asimismo que dicha renovada comprensión psicológica sea extensiva al ámbito educativo.

La novedad de esta Tesis Doctoral es que contempla la psicología transpersonal, así como la educación transracional. Mi agradecimiento a Noemí Siverio por las citas a mis publicaciones, es todo un honor que mis investigaciones hayan sido de utilidad en su Tesis Doctoral.

La Tesis Doctoral de Noemí Siverio, junto a la Tesis de Maestría de Marely Figueroa, son dos aportes vanguardistas que abordan la visión transpersonal como revulsivo a la educación académica tradicional: ¿acaso son las primeras piedras de un gran edificio educativo-espiritual?

Mi sueño es que alguna Universidad haga posible impartir asignaturas sobre filosofía transpersonal, psicología transpersonal, educación transracional así como las ciencias vanguardistas relacionadas con la espiritualidad. Ese sueño ya se está haciendo realidad a tenor de estas dos incipientes y novedosas iniciativas:

-EXPERIENCIA PIONERA EN EL MUNDO DE LA FILOSOFÍA: EL INSTITUTO ATENEO DE COLIMA (MÉXICO) IMPARTE LA ASIGNATURA DE FILOSOFIA TRANSPERSONAL EN EL GRADO UNIVERSITARIO DE EDUCACIÓN

-TESIS DOCTORAL DE MORELIA VALENCIA MEDINA (ESPAÑA): UNA PERSPECTIVA TRANSPERSONAL PARA LA EDUCACIÓN

Las Tesis Académicas citadas evidencian que hay que abordar la complejidad psicológica de la racionalidad humana con nuevos neologismos, por ejemplo: la dimensión espiritual como un despertar de la conciencia. Consecuentemente, es imperativo que cada cual se pregunte: ¿Quién crees que eres tú?

Lo que se desprende de dicha introspección psicológica, es que hay que introducir a Dios en la ecuación del conocimiento de sí mismo, porque es la trampa del ego quién te mantiene en la ilusión de la separación del Espíritu. Por tanto, la misión más importante después de la introspección psicológica y trascendencia del ego, es conectarse con el plan divino.

Ahora bien, la introspección psicológica y la trascendencia del ego, así como la conexión con el plan divino, todo ese proceso implica una filosofía de la mente para la transformación interior.

Y para dicha transformación interior, hay que recurrir al padre del racionalismo René Descartes en sus propias palabras:

“Para alcanzar la verdad, es necesario, una vez en la vida, desprenderse de todas las ideas recibidas, y reconstruir de nuevo y desde los cimientos todo nuestro sistema de conocimientos”

Y para la reconstrucción del conocimiento, tal como lo vengo argumentado de un modo epistemológico en este trabajo de meta-investigación filosófica, es preciso abordar inherentemente los mapas evolutivos de la conciencia, pero eso será objeto de otra serie de artículos en la próxima monografía.


10 - DIOS EN LOS MAPAS EVOLUTIVOS DE LA CONCIENCIA

Resumen:

Concluíamos el anterior trabajo monográfico en que la introspección psicológica y la trascendencia del ego, así como la conexión con el plan divino, todo ese proceso implica una filosofía de la mente para la transformación interior. Y que, para dicha transformación interior, es precisa una reconstrucción del conocimiento que tenga en consideración los mapas evolutivos de la conciencia. Llegamos así al núcleo duro del conocimiento aún no resuelto desde la epistemología de lo conmensurable (materialismo científico), debiendo recurrir ineludiblemente a la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de lo que sea Dios). Dicha aseveración ha quedado meridianamente clara para los lectores que hayan seguido este trabajo de meta-investigación filosófica.

Ahora bien, ¿cómo podemos hablar de niveles de conciencia cuando, en el actual estadio evolutivo de la humanidad, no hay todavía un consenso cognitivo de lo que sea la “conciencia”? Por tanto, antes de entrar a argumentar los diferentes niveles de conciencia, será preciso inexorablemente intentar clarificar lo que sea la “conciencia”, primeramente, desde una concepción histórica-cultural y, en segundo lugar, desde las implicaciones definitorias para que el actual sistema educativo y cultural aprehenda ese conocimiento autopoiético con capacidad para salir de la crisis de conciencia en la que actualmente se halla este viejo mundo moribundo. Una vez dilucidadas las características definitorias de lo que sea la conciencia desde un punto de vista histórico-cultural y cierto consenso cognitivo acerca de la “conciencia”, solo entonces, podremos abordar los diferentes niveles de la evolución de la conciencia de la mano de pensadores que ya han abordado esa transcendental y monumental tarea filosófica y psicológica.

La panorámica histórico-evolutiva de la humanidad permite al lector comprender la importancia del pensamiento de Wilber, no solo en la interpretación de la historia del pensamiento occidental, sino también como revulsivo de mi propio constructo filosófico a través de mis diversas publicaciones que, en definitiva, propone trascender un viejo mundo y sus paradigmas trasnochados, hacia un nuevo mundo que apunta a nuevos paradigmas por descubrir para todo sincero buscador de sabiduría, o dicho en término positivo, emprender un camino ascendente hacia la sabiduría. Así, con la constatación heideggeriana de que “todo comprender es comprenderse”, cabe destacar el papel positivo de la subjetividad en la hermenéutica, lo cual implica distinguir la subjetividad metafísica de lo que sería el ser humano individual, al que no se opone la hermenéutica. La metafísica, aunque problemática, es inevitable: el ser “humano” (cualquier ser con determinado grado de consciencia) es un ser metafísico, y la desaparición de la metafísica solo es posible con la desaparición del humano (o vivos semejantes de otros planetas). Una de las características del siglo XX ha sido la crítica sin contemplaciones a este tipo de filosofía eterna y sistemática que asociamos al término metafísica. Y, sin embargo, nada más actual que las cuestiones metafísicas. No hay manera de evitar que una y otra vez vuelva ese tipo de preguntas primeras sobre Dios, el hombre o el mundo, que quieren saber qué es lo que podemos conocer, qué es lo que debemos hacer o qué es lo que nos cabe esperar.

Una vez dilucidada la panorámica histórica-evolutiva de la humanidad de la mano del inconmensurable Ken Wilber, vayamos ahora a las implicaciones definitorias de lo que sea la “conciencia”.

Si la conciencia, tanto individual como colectiva, es un proyecto filosófico y pedagógico en construcción, cabe preguntarse si existen referentes filosóficos que nos ilustren sobre la evolución de la conciencia. Indudablemente que, El mito de la caverna de Platón es una alegoría aún vigente hoy en día en vista de la inmersión colectiva en la sociedad de la ignorancia y sus repercusiones epistemológicas.

No obstante, es Ken Wiber quien nos ofrece un mapa evolutivo de la conciencia sin parangón en la historia de la humanidad. Ken Wilber delinea cómo la conciencia evoluciona en la subjetividad de cada ser humano, ya sea consciente o inconscientemente, y es la responsabilidad de cada cual el empoderamiento de dicho conocimiento para trascender desde el estadio prepersonal al personal y, desde ahí, dar el salto al estadio transpersonal, un estado de “iluminación” como un proceso continuo de permanente evolución dentro de un marco de referencia estrictamente ético.

Ahora bien, a mi entender, ese mapa evolutivo de la conciencia así argumentado por Ken Wilber, se encuadra en el cuadrante superior izquierdo (subjetividad intencional) dentro de su meta-teoría de los cuatro cuadrantes.

La pregunta por antonomasia que motiva esta meta-investigación filosófica es: ¿Es posible una “Teoría integral de la evolución de la conciencia” que integre a los cuatro cuadrantes excelsamente definidos por Ken Wilber? Eso creo haber demostrado, pues la integración de los cuatro cuadrantes contempla y es fiel a la visión no-dual de Ken Wilber, así como a la intuición moral básica tan necesaria. Esta es una sinopsis de dicha Teoría integral de la evolución de la conciencia desde los cuatro cuadrantes:

-Cuadrante interior-individual: La evolución de la conciencia según Ken Wilber: hacia la no-dualidad; y también: La ascensión espiritual individual desde 3D a 5D, según Amador Martos.

-Cuadrante exterior-individual: La pirámide de Maslow dentro de un contexto epistemológico acerca de la psicología evolutiva de la libertad.

-Cuadrante interior-colectivo: La evolución de la conciencia según Amador Martos, la cual propugna los fundamentos de una Filosofía Transpersonal y una Educación Transracional para una integración entre CIENCIA, FILOSOFÍA y ESPIRITUALIDAD

-Cuadrante exterior-colectivo: Los 8 velos de la percepción según Don Harkins (versión actualizada por Amador Martos).

Una vez estudiados y expuestos los “mapas evolutivos de la conciencia” para cada cuadrante de la realidad: ¿cómo realizar la integración de todos ellos? ¿Cómo cerrar el círculo epistemológico entre la ciencia y el espíritu? Para dar respuesta a dichas cuestiones, nuevamente, es imprescindible volver al inconmensurable Ken Wilber, quien nos invita a descubrir la no-dualidad como corolario a nuestra evolución espiritual, una cuestión expuesta sucintamente en mi artículo ¿Dualidad y no-dualidad: dónde está el misterio?

En realidad, el misterio reside en que debemos evolucionar nuestra conciencia, cada cual la suya, mediante la intuición moral básica excelsamente argumentada por Ken Wilber. En efecto, la no-dualidad argumentada por Wilber (interior-individual) es la misma autorrealización propuesta por Maslow (exterior-individual) en su jerarquía de las necesidades humanas y, de un modo cultural, coincide con mi propuesta de la Filosofía Transpersonal y Educación Transracional (interior-colectivo). Incluso en la vertiente social y antropológica (exterior-colectiva), Don Harkins nos remite a quitar el velo que hay entre nosotros y Dios. Como podemos apreciar, cada uno de esos cuadrantes y sus correspondientes mapas evolutivos de la conciencia convergen en la experiencia mística, en el sentimiento del amor y en la conciencia de unidad.

Llegamos, así, al único camino para la sanación transcendental de la humanidad: es necesario desde la filosofía contemplar dimensiones de transcendencia espiritual, una cuestión demostrada científicamente en mi obra CIENCIA, FILOSOFÍA, ESPIRITUALIDAD, en la que argumento que es posible la transcendencia metafísica mediante la meditación. Y para dicho objetivo, es perentorio un giro copernicano en términos kantianos, es necesario también transcender la minoría de edad del ser humano, en definitiva, es preciso un renovado proyecto filosófico y pedagógico: cambiarse a sí mismo para cambiar al mundo.

En efecto, se trata de un nuevo paradigma de conocimiento que impele a la transformación interior de cada uno de nosotros: se trata de un camino ascendente hacia la sabiduría donde el amor es la idea suprema. Es así como la epistemología de lo conmensurable (ciencia) y la hermenéutica de lo inconmensurable (espíritu) , ambos desde una visión no-dual, son dos modos de saber que conducen a una misma finalidad: la conciencia de unidad entre todos los seres de este y otros mundos.

Conviene recordar una vez más que, el saber sin amor, es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo. Y cuando dicha premisa sea educada a nuestros infantes, antes saldremos de la actual crisis de conciencia porque, al fin y al cabo, dicha crisis de conciencia no es más que una falta de conocimiento de nuestra esencia divina. Es por ello que, la educación, está necesitada de una visión transpersonal y transracional: para vivir en paz y en el amor, pues solo así podremos deshacernos del enemigo invisible de la humanidad.

En el primer renacimiento surgió la conciencia individual histórica a partir del cogito cartesiano. En el segundo renacimiento es el espíritu colectivo quien abre las posibilidades hacia un nuevo mundo. El viejo mundo sustentado en el ego está agonizando, y el nuevo mundo del espíritu colectivo está todavía en pañales. Para que sea efectiva la trascendencia del primero al segundo, es imperativa una renovada pedagogía filosófica.

Y esa renovada pedagogía filosófica ya es una realidad de la mano del movimiento transpersonal, avalada por publicaciones transpersonales internacionales, algunas de ellas como Tesis Doctorales y, como corolario, la creación de la Asociación de Pedagogía Transpersonal con clara vocación internacional para que dichos presupuestos cognitivos y pedagógicos sean adoptados por una educación utilizada como un instrumento de poder.

Llegamos así a un punto de esta meta-investigación filosófica en que, la genealogía argumentada, a saber, la importancia de Dios en la filosofía, nos conduce inherentemente a contemplar a Dios en la educación, pero sin caer en dogmatismos.

Decididamente, la filosofía tradicional surgida tras la racional-modernidad está moribunda, y el pensamiento occidental con ella, principalmente, porque su discurso sustentado en el materialismo científico está agotado pues raya con planteamientos filosóficos y espirituales que sobrepasan al método científico desde el surgimiento de la filosofía cuántica. Sin embargo, la filosofía transpersonal, al recoger las enseñanzas de la filosofía perenne, al aunar la racionalidad con la genuina espiritualidad exenta del dogmatismo religioso, apunta hacia un nuevo mundo ahí fuera, pero, sobre todo, a todo un mundo por descubrir dentro de cada uno de nosotros.

Tal como argumento en La educación cuántica, la ausencia de una genuina espiritualidad contemplativa e introspectiva exenta de apriorismo dogmáticos religiosos es la causa epistemológica de la decadencia del pensamiento occidental. Y la única posibilidad de trascender esa decadencia cultural es una integración entre la epistemología y la hermenéutica, entre la ciencia y el Espíritu, entre la razón y el corazón: esos son los fundamentos de la Filosofía Transpersonal para una Educación Transracional.

Esos dos modos de saber, la epistemología y la hermenéutica, ambas integradas mediante la Filosofía Transpersonal posibilitan una Educación Transracional, cuestiones que se abordarán en la siguiente monografía.


11 - DIOS EN LA EDUCACIÓN

Resumen:

Finalizábamos la anterior monografía aseverando que, la epistemología y la hermenéutica integradas desde la Filosofía Transpersonal, son dos modos de saber que posibilitan una Educación Transracional. Dicha conclusión implica un revisionismo educacional y humano al dejar en evidencia la falacia del sistema educativo occidental.

La educación académica tradicional está quedando obsoleta y requiere de una nueva mirada pedagógica acorde a los nuevos tiempos cuánticos. Si a ese campo cuántico se le añade la necesaria renovación moral y espiritual, tenemos así el fundamento epistemológico para poder hablar de La educación cuántica mediante una actitud pedagógica que busca el empoderamiento consciente de los alumnos, cuestión ya puesta en marcha por las escuelas llamadas “activas”.

El sistema educativo tradicional está metamorfoseándose gracias a personas o colectivos que trabajan en pos del empoderamiento humano, en aras a trabajar la potencial profundidad inherente a todo ser humano; y ello solo se puede realizar desde un giro copernicano en el modelo cognitivo de la educación, como pretende este filósofo con La educación cuántica. Y no es una simple impresión subjetiva del que escribe esto pues, a decir del catedrático de sociología y experto en educación Mariano Fernández Enguita, el origen del fracaso escolar se debe a la rigidez del sistema educativo. No hay lugar a dudas que el paradigma educativo tradicional está en un tránsito hacia no sabe nadie dónde. Ese vacío cognitivo por la incertidumbre educacional del futuro, es un posibilismo para la construcción epistemológica de La educación cuántica en el marco de la filosofía transpersonal.

Desde 1948, el artículo veintiséis de los Derechos Humanos referente al derecho de la educación, como en otras facetas sociales, económicas y políticas, ha sido ninguneado por los poderes fácticos. Sin embargo, novedosas iniciativas de hacer pedagogía están llegando al estamento educacional. Son tiempos de un revisionismo educacional como se ha visto, pero también de un revisionismo humano en el modo como percibimos nuestro mundo y el universo. En definitiva, son tiempos de repensar la relación entre la racionalidad y la espiritualidad. Son tiempos de integración entre la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable.

Así pues, ante tales argumentos, ¿en qué lugar queda la responsabilidad de científicos, filósofos, profesores y educadores?

Como filósofo transpersonal, mi deseo es que sea posible la liberación de la humanidad mediante el acopio de conocimiento para ser libres con conocimiento de causa, un hondo problema epistemológico expuesto en la ponencia del II COLOQUIO INTERNACIONAL: POSIBILIDADES DE LA RESIGNIFICACIÓN DEL EPISTEME EN LAS CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN: DEBATES Y REFLEXIONES.

El reto más importante que tienen actualmente los profesores, los educadores, la educación en general, los científicos en particular y las humanidades es orientar la cultura humana más allá del reduccionismo psicológico y de la filosofía materialista que ha imperado en Occidente. El despertar colectivo es posible, y lo es gracias a la meditación y sus beneficios aplicados prácticamente en las aulas, como demuestran muchas experiencias vanguardistas en el ámbito educativo.

El conocimiento es una riqueza intelectual que debe ser gestionada, auspiciada, educada y transmitida por los profesionales de la epistemología, pues necesitamos aún de genuinos epistemólogos para intentar dar un sentido a la vida y de saber cuál es nuestro lugar en este mundo. Y la propuesta de este pensador es que la metafísica es una rama de la filosofía que, de un modo histórico, ha sido relegada al ámbito de las religiones, es decir a la dualidad externa, obviando que es en el Dios interior (no-dualidad), donde es posible educar espiritualmente a nuestros niños, para que se sientan como parte de la totalidad donde Todos somos Uno.

Nos hallamos ante tantos cambios de paradigmas (filosófico, psicológico, sociológico, educativo, científico y espiritual) que son los propios maestros, profesores y la educación en general, quienes deberían coger las riendas del conocimiento para debatir su epistemología y consensuar lo que hay que saber, y lo que hay que enseñar en la transmisión del conocimiento.

Ahí queda el reto para científicos, filósofos, profesores y educadores, ahí queda el reto para nuestra civilización y sus mentes pensantes: integrar la espiritualidad en el sistema educativo, tal es el reto que plantea este pensador mediante sus publicaciones. Y ese reto de adentrarse en la no-dualidad entre la sabiduría y el amor es posible, como nos demuestra un texto iluminador de Nisargadatta Maharaj, un gran maestro espiritual de la corriente Advaita. Su enseñanza es admirada por ser directa, provocativa y radical, considerado por muchos como un iluminado, y que nos invita a recorrer ese camino espiritual hacia la no-dualidad, o el Dios interior.

No debe interpretarse esta “Carta abierta a científicos, filósofos, profesores y educadores” como un ataque personal, más bien, como un llamado a la toma de conciencia de que deben ser los artífices del cambio en la educación, y no dejar esa trascendental importancia educativa en manos de los políticos corruptos hasta la médula. A tal efecto, recurriendo nuevamente a Ken Wilber, es necesaria una Política Integral que posibilite una Educación Transracional.

La filosofía transpersonal e integral de Ken Wilber como disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, puede postularse como asignatura educativa para la sanación trascendental del ser humano mediante una educación transracional.

Como apunta Wilber, todo cambio se presenta bajo los cuatro cuadrantes, y por tanto, habrá que comenzar a pulir el diamante en bruto que todos nosotros tenemos en el fondo de nuestro ser (“yo”-interior individual) mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez, un sendero de sabiduría que permitiría la integración de todos “nosotros” en una comprensión mutua (interior colectivo) y, entre todos, cambiar entonces el ajuste funcional de un sistema social (“ello”-exterior colectivo) inmerso en un mundo chato. En definitiva, necesitamos una política integral para transcender la crisis de conciencia en la que está inmersa la filosofía occidental y, así, salvar el abismo cultural de la humanidad.

Y ese abismo cultural solo se puede salvar si ponemos a Dios en la ecuación del conocimiento que, en término filosóficos, sería la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de lo que sea Dios, como un camino metafísico). Cuando el ego del ser humano toma las riendas del destino, ya sabemos a dónde nos lleva: al actual apocalipsis que estamos presenciando en el mundo. Sin embargo, recordemos un sabio aforismo de Aristóteles: “Dios y la naturaleza no hacen nada inútilmente”. Por tanto, no es descabellado pensar que estamos viviendo tiempos bíblicos, pero ello será cuestión de análisis en la próxima monografía.


12 - DIOS Y LOS TIEMPOS BÍBLICOS

Conclusión de la importancia de Dios en la filosofía:

Si usted, amigo lector, ha llegado con éxito a la comprensión de las anteriores once monografías de esta meta-investigación filosófica, convendrá conmigo que, en realidad, hemos llegado al límite de la razón dualista. Hemos avanzado, paso a paso, con el mayor rigor metodológico para descifrar si existe alguna verdad alcanzable desde la racionalidad humana.

Quien haya seguidos mis investigaciones podría convenir conmigo que, esa racionalidad humana, es el mismo Mundo de las Ideas de Platón, y que se sitúa en la cuarta dimensión. Y que, desde esa 4D, existe un “genio maligno”, un enemigo invisible que manipula a la humanidad desde el subconsciente. En consecuencia, esa razón dualista, es una cárcel mental sustentada por un cerebro reptiliano que nos impide adentrarnos más allá de la dualidad para intentar descifrar las cuestiones metafísicas que preocupan a la humanidad desde eones de tiempo.

Esa cárcel mental en la que vivimos, algunos la llaman Matrix, es un holograma que mantiene nuestra realidad en una ilusión y que nuestra vida es como un sueño. Por eso es tan necesario el despertar espiritual a través del amor. Esa es la guerra espiritual en la que está inmersa la humanidad.

Dios no es un concepto alcanzable desde la razón dualista, es una experiencia mística (no-dual) a través de la cual se experimenta la conciencia de unidad entre todos los seres de este y otros mundos. Porque, sí, existen otros mundos, pero están dentro de nosotros mismos, porque somos seres multidimensionales: tenemos un aspecto físico en la 3D, un cuerpo etérico en la 4D y una energía lumínica más allá de la 5D, llamado esta última Humano/Luz por William Criado.

Mediante la hipnosis clínica regresiva de William Criado, es posible una trascendencia de la Filosofía Transpersonal desde la teoría a la práctica. Y lo que descubrimos en esa investigación del inconsciente colectivo es que, lo que está pasando en el mundo, es un reflejo del actual estado de consciencia de la humanidad. Dicho de otro modo, estamos viviendo tiempos bíblicos.

Ahora bien, la biblia es manipulada, como todas las religiones, para mantener al ser humano alejado de su esencia divina. Cualquier investigación más allá de la racionalidad dualista se enfrenta a los supuestos aquí descritos: buscar el sentido de la vida. Y esa búsqueda es un trabajo individual que nadie puede hacer por nosotros. Se convierte esa búsqueda espiritual en un proceso de ascensión espiritual individual desde la 3d a la 5D.

Esa búsqueda espiritual me ha llevado hasta el límite de la racionalidad humana: elaborar una hermenéutica filosófica para la comprensión del misterio de la vida. Dichos presupuestos hermenéuticos, mediante artículos científicos, han sido los fundamentos de la Filosofía Transpersonal como un nuevo paradigma de conocimiento. Y ese límite de la razón dualista se constituye en una apertura hacia la transracionalidad.

Es indudable que vivimos tiempos bíblicos: la falsa pandemia es la marca de la bestia para impedir la ascensión espiritual planetaria, pues esas bestias de la cuarta dimensión se alimentan de nuestra energía mediante una ignorancia sustentada en la razón dualista. Es indudable también que la humanidad vive la Gran Tribulación, y que los cuatro jinetes del apocalipsis están cabalgando sobre nosotros induciendo la muerte, el hambre y las guerras. Pero recordemos que todo ello es una ilusión, un sueño, una cárcel mental.

En la medida en que cada uno de nosotros se empodere de su interioridad pensativa y espiritual, el despertar colectivo masivo estará más cerca. Algunos indicios me hacen aventurar que ese desenlace llegará entorno al año 2025. ¿Qué pasará? Nadie lo sabe, es el mayor secreto aún por desvelar. Pero una cosa hay cierta según las investigaciones de William Criado: la historia de la humanidad está en el apogeo de su batalla universal, y que la humanidad se halla inmersa en un proceso de ascensión espiritual planetaria.

Esta última monografía dedicada a los tiempos bíblicos es el corolario de la Filosofía Transpersonal que defiendo y, cuyo objetivo, es ayudar a quitarnos todos los velos de la percepción para, así, sanar nuestros traumas y lograr una comprensión de la “Teoría integral de la evolución de la conciencia”, la cual implica el nacimiento de una nueva conciencia.

Esa nueva conciencia inquiere una filosofía de la mente para la transformación interior, un trabajo personal que nadie puede hacer por nosotros. No obstante, tengo la esperanza de que sea posible un proyecto filosófico y pedagógico: cambiarse a sí mismo para cambiar el mundo. Y que ello es posible mediante una perspectiva transpersonal para la educación.

La razón dualista nos mantiene en la ilusión de la separación entre “nosotros”, por tanto, debe ser trascendida mediante una Filosofía Transpersonal y una Educación Transracional. Sólo así será posible un giro copernicano para que el ser humano deje su minoría de edad. El imperativo kantiano está más vivo que nunca, es el mismo amor predicado por Jesucristo, aunque su misión haya sido manipulada para mantener a la humanidad en la ignorancia inducida mediante la manipulación económica, social y política para, con ello, impedir la conexión divina.

Recordar y conectar con esa esencia divina es nuestro sagrado deber: recordemos que “apocalipsis” significa “revelaciones”. En consecuencia, los tiempos bíblicos que vivimos no son más que una manifestación de las verdades eternas que yacen potencialmente en el interior de cada uno de nosotros.

Este trabajo de meta-investigación filosófica ha llegado al límite expresable mediante palabras y conceptos desde la razón dualista. Y ese límite racionalista enlaza con la no-dualidad como única forma de vivir y experimentar la experiencia numinosa de Dios. Esa experiencia interior no puede comunicarse, más bien es una experiencia que nos lleva más allá de la razón. Como excelsamente argumenta Ken Wilber en la conclusión de su obra Sexo, Ecología, Espiritualidad, la humanidad se halla al filo de la percepción transracional.

Mi humilde labor como filósofo transpersonal, ha sido el de señalar y argumentar ese camino metafísico a recorrer por cada uno de nosotros. Y, como no puede ser de otra manera, quisiera acabar con un homenaje a mi maestro intelectual Ken Wilber, reproduciendo su conclusión final acerca de la conciencia de unidad:

“La verdadera práctica espiritual no es algo que hagamos durante veinte minutos, ni durante dos horas, ni durante seis horas al día. No es algo para hacer una vez al día, por la mañana, ni una vez por semana, los domingos. La práctica espiritual no es una entre tantas otras actividades humanas; es el fundamento de todas las actividades humanas, su fuente y su validación. Es un compromiso previo con la Verdad Trascendente, vivida, respirada, intuida y practicada durante veinticuatro horas del día. Intuir lo que verdaderamente somos es comprometernos íntegramente en la realización de eso que verdaderamente somos en todos los seres, de acuerdo al voto primordial: “Por innumerables que sean los seres, hago voto de liberarlos; por incomparable que se la Verdad, hago voto de realizarla”. Para quien sienta este profundo compromiso con la realización, el servicio, el sacrificio y la entrega, en todas las condiciones presentes y hasta el infinito mismo, la práctica espiritual será, naturalmente, el camino. Que esa persona reciba la gracia de encontrar en esta vida un maestro espiritual y de conocer la iluminación en el momento.”