La importancia de Dios en la Filosofía
Los derechos de dios
"La conciencia, esa gran desconocida y, paradójicamente, tan presente en nosotros como ausente en el mundo"
(Amador Martos)
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ESCATOLOGÍA EN LA GRAN TRIBULACIÓN: AVISO, MILAGRO Y CASTIGO

Este trabajo de investigación está disponible en EBOOK y GRATIS EN PDF ÍNDICE: Resumen 1 - LA IMPORTANCIA DE DIOS EN LA FILOSOFÍA 2 - PROFECÍAS Y REVELACIONES MARIANAS 3 - PROFECÍAS DEL VIDENTE ALEMÁN ALOIS IRLMAIER, por Claude d´Elendil (Ediciones Domus) 3-1 Alois Irlmaier: un vidente excepcional 3-2 Una cronología inigualada 3-3 La Tercera Guerra Mundial 3-4 La derrota de Rusia 3-5 La inundación británica 3-6 Los tres días de obscuridad 3-7 La pax domini 4 - LOS PROCESOS ESCATOLÓGICOS EN LA GRAN TRIBULACIÓN 4-1 Introducción 4-2 La Guerra Espiritual entre Dios y Satanás 4-3 La Gran Tribulación 4-4 El Aviso 4-5 El Anticristo 4-6 El Milagro 4-7 El Castigo 5 - CONSIDERACIONES FINALES Resumen: Considerar La importancia de Dios en la filosofía conlleva inherentemente un salto hacia la psicología transracional, más allá de la razón dualista, hacia la genuina metafísica cuyo lugar pertenece por antonomasia a Dios. Nuestra razón dualista es propia de la tercera dimensión (3D), y es manipulada a través del subconsciente por un “genio maligno” en la cuarta dimensión (4D), a decir de Descartes. El cerebro reptiliano del ser humano nos impide adentrarnos más allá de la dualidad para intentar descifrar las cuestiones metafísicas que preocupan al ser humano desde eones de tiempo. Esa cárcel mental en la que vivimos, algunos la llaman Matrix, es un holograma que mantiene nuestra realidad en una ilusión y que nuestra vida es como un sueño. Por eso es tan necesario el despertar espiritual a través del amor: esa es la guerra espiritual en la que está inmersa la humanidad. Dios no es un concepto alcanzable desde la razón dualista, es una experiencia mística (no-dual) a través de la cual se experimenta la conciencia de unidad entre todos los seres de este y otros mundos. Porque, sí, existen otros mundos, pero están dentro de nosotros mismos, porque somos seres multidimensionales: tenemos un aspecto físico en la 3D, un cuerpo etérico en la 4D y una energía lumínica más allá de la 5D, llamado esta última Humano/Luz por William Criado. La guerra espiritual así planteada en dichos términos científicos y filosóficos es similar a la batalla bíblica entre Dios y Satanás, entre las fuerzas de la luz y las fuerzas de las tinieblas. Y Dios, en su infinita misericordia, nos manda mensajes a través de sus profetas y las revelaciones marianas: la Virgen María anunció el inicio de la Gran Tribulación para octubre del 2023, coincidiendo paradójicamente con el inicio de la guerra el 7 de octubre 2023 entre Israel y Palestina. Esa guerra entre judíos y árabes, según el profeta Alois Irlmaier entre otros también, conduce a la humanidad hacia la Tercera Guerra Mundial. Pero, la Tercera Guerra Mundial no debe considerarse como el fin del mundo, sino como un final de los tiempos en los que el ser humano se ha olvidado de su creador y, por ello, la necesidad de la purificación de la humanidad y su conversión a la fe en Dios. A tal efecto, durante la Gran Tribulación, según diversas profecías y revelaciones marianas, Dios nos dará primero un Aviso para vernos desnudos en nuestra conciencia ante la presencia de Dios, y nadie podrá escapar de esa experiencia mística. Quien no se haya convertido todavía, deberá enfrentarse a Satanás encarnado como el Anticristo, el cual llevará a esos infieles a un transhumanismo tecnológico. No obstante lo anterior, Dios hará un Milagro en toda la faz de la tierra y, particularmente en los lugares santos, para demostrar su existencia y pedir nuevamente la purificación y conversión del ser humano a su fe en Dios. Aquellas personas que aún sobrevivan a la Tercera Guerra Mundial, al Aviso y al Milagro, y que no se hayan convertido todavía a Dios, serán sometidos al más duro Castigo con los tres días de obscuridad, tantas veces profetizados. El Aviso, el Milagro y el Castigo durante la Gran tribulación serán los eventos precursores para la separación del trigo y la cizaña, tantas veces profetizado también. Y, todo ello en conjunto, es una dura prueba para cada uno de nosotros en particular, pues, en definitiva, la purificación y la conversión son los procesos mediante los cuales es posible la ascensión espiritual individual hacia la quinta dimensión (5D), y proseguir así la evolución espiritual más cerca de Dios. 1 - LA IMPORTANCIA DE DIOS EN LA FILOSOFÍA En el verano del 2023 clausuré mis investigaciones filosóficas con la publicación de mi décimo libro, titulado La importancia de Dios en la filosofía. Esa publicación marca un hito intelectual y metafísico todavía por descubrir para muchos, pues se trata de dar un salto hacia la psicología transracional, más allá de la razón, hacía la genuina metafísica cuyo lugar pertenece por antonomasia a Dios. Sobre estas cuestiones planteadas, invito al lector a ver mis dos últimas ponencias: PONENCIA EN EL VIII CONGRESO INTERNACIONAL CESPE 2023: EPISTEMOLOGÍA PEDAGÓGICA PONENCIA EN LA 3ª EDICIÓN DEL DIPLOMADO INTERNACIONAL DE PEDAGOGÍAS EMERGENTES Como expuse en la conclusión de dicha obra, la humanidad ha llegado al límite de la razón dualista, y esa racionalidad humana coincide con el Mundo de las Ideas de Platón, la cual se sitúa en la cuarta dimensión. Y en esa 4D, existe un “genio maligno” a decir de Descartes, un enemigo invisible que manipula a la humanidad desde el subconsciente. En consecuencia, esa razón dualista, es una cárcel mental sustentada por un cerebro reptiliano que nos impide adentrarnos más allá de la dualidad para intentar descifrar las cuestiones metafísicas que preocupan a la humanidad desde eones de tiempo. Esa cárcel mental en la que vivimos, algunos la llaman Matrix, es un holograma que mantiene nuestra realidad en una ilusión y que nuestra vida es como un sueño. Por eso es tan necesario el despertar espiritual a través del amor: esa es la guerra espiritual en la que está inmersa la humanidad. Dios no es un concepto alcanzable desde la razón dualista, es una experiencia mística (no-dual) a través de la cual se experimenta la conciencia de unidad entre todos los seres de este y otros mundos. Porque, sí, existen otros mundos, pero están dentro de nosotros mismos, porque somos seres multidimensionales: tenemos un aspecto físico en la 3D, un cuerpo etérico en la 4D y una energía lumínica más allá de la 5D, llamado esta última Humano/Luz por William Criado. Mediante la hipnosis clínica regresiva de William Criado, es posible comprender lo planteado anteriormente: la razón dualista de la 3D es manipulada por las entidades regresivas de la 4D y, la única posibilidad de salvación, reside en nuestra desconexión de esas entidades que nos manipulan a través del subconsciente, para dar un salto transracional más allá de la razón mediante el amor y la fe en Dios. Queda así planteada la dicotomía entre la razón y la fe, entre la ciencia y la metafísica, entre esas bestias de la 4D y el Dios accesible más allá de la 5D mediante el amor del Espíritu Santo. Tal es la envergadura de la Guerra Espiritual actualmente en la humanidad. En la escatología bíblica se hace alusión a esa dicotomía entre Dios y Satanás, y en esta monografía vamos a argumentar los procesos escatológicos que se están produciendo actualmente en la humanidad, desde que la Virgen María anunció el inicio de la Gran Tribulación en octubre del 2023. 2 - PROFECÍAS Y REVELACIONES MARIANAS Para abordar la escatología en la Gran Tribulación que hemos iniciado en octubre del 2023, he recurrido a diversas profecías, no solamente las bíblicas, sino otras profecías con la suficiente acreditación por sus completos aciertos desde que fueran expuestas. Y no me refiero a las profecías más populares como pudiera ser Nostradamus, sino a otros profetas no tan conocidos, pero con una solvencia profética sin paragón en la historia de la humanidad. Me estoy refiriendo principalmente a la profeta francesa Marie-Julie Jahenny (1850-1941) y al profeta alemán Alois Irlmaier (1894-1959). Este último profetizó incluso su propia muerte. Por supuesto, también hay que tener en cuenta las profecías bíblicas cuyo analista y experto independiente es, a mi humilde entender, el profesor Damián Galerón. Y, cómo no, ahí están las apariciones marianas de Lourdes (Francia), Fátima (Portugal), Nuestra Señora de Akita (Japón) y en Garabandal (España), por citar las más importantes entre otras. Al análisis de dichas profecías, hay que sumar las revelaciones marianas esparcidas por toda la faz de la tierra a través de muchos videntes. Las revelaciones a destacar son las de Dios Padre, Jesucristo, la Virgen María y el Arcángel San Miguel, todas ellas a través de diferentes y múltiples videntes. No es el objetivo entrar a considerar los contenidos de dichas profecías y revelaciones marianas, pues ello debería ser objeto de un libro en sí mismo. Sin embargo, a tenor de mis investigaciones sobre todo ello, hay una conclusión evidente que fue profetizada por la Virgen María: en octubre del 2023 se ha iniciado la Gran Tribulación, coincidiendo con el inicio de la guerra entra Israel y Palestina el 7 de octubre del 2023, la cual debería conducir a la 3ª Guerra Mundial según las diversas profecías y revelaciones marianas. Aquí trataré de argumentar las condiciones que se han dado hasta llegar a la Gran Tribulación, apuntadas esas condiciones de un modo filosófico en el punto anterior bajo el título La importancia de Dios en la filosofía. Pero, además, a tenor de mis investigaciones, explicaré el modo en que se va a desarrollar esa Gran Tribulación a través del Aviso, el Milagro y el Castigo, conceptos que más adelante aludiré. Por tanto, no es el objetivo de esta monografía entrar en el análisis de las profecías y las revelaciones marianas que, como he dicho anteriormente, sería cuestión de hacerlo con otro libro, sino de comunicar las conclusiones según mis investigaciones. La idea fundamental es que, el lector, aprehenda cómo se está desarrollando la Guerra Espiritual entre Dios y Satanás, y cómo nos afecta social, económica, política y espiritualmente, de tal modo que, cada cual pueda tomar sus precauciones si así lo considera oportuno. Esa Guerra Espiritual ya fue objeto de planteamiento en mi entrevista radiofónica en marzo del 2022, como corolario a mis investigaciones científicas. Ahora, a la luz de mis investigaciones sobre profecías y revelaciones marianas, veremos un enfoque más escatológico para comprender los tiempos finales, lo cual no equivale al fin del mundo, sino al fin de una civilización que ha tocado fondo en su sufrimiento y que requiere construir un Nuevo Mundo con planteamientos metafísicos que rindan honor a Dios como creador de vida. Por tanto, no es mi intención convencer a nadie de los procesos escatológicos que, presuntamente según las profecías y las revelaciones marianas, están ocurriendo y van a ocurrir en los próximos meses y años. Por lo contrario, pretendo presentar un esquema fácil de aprehender sobre los procesos escatológicos a los que se enfrenta la humanidad, de tal modo que, con dicho conocimiento, cada cual pueda ser libre para tomar sus decisiones con conocimiento de causa. Como dice el aforismo bíblico “la verdad os hará libres”, y son tiempos apocalípticos, pues etimológicamente “apocalipsis” significa “revelaciones”, ahora a la luz del estudio de las profecías y las revelaciones marianas. Una necesaria e importante puntualización. No es posible saber con exactitud las fechas de los eventos, pues ese conocimiento solamente pertenece a Dios. Sin embargo, como dijo la Virgen María: “Solamente quienes disciernan lo venidero sabrán qué va aconteciendo con cada suceso”. Como se ha anunciado reiteradamente en las revelaciones marianas, mediante la purificación, la conversión y la oración de la humanidad es posible mitigar la penuria de los eventos por venir. Como complemento a lo anterior, a continuación, expondré un resumen de las profecías del vidente alemán Alois Irlmaier como preámbulo de los procesos escatológicos en la Gran Tribulación que estamos viviendo. 3 - PROFECÍAS DEL VIDENTE ALEMÁN ALOIS IRLMAIER, por Claude d´Elendil (Ediciones Domus) 3-1 Alois Irlmaier: un vidente excepcional Alois Irlmaier, nacido el 8 de junio de 1894 en Alemania e hijo de un campesino, profetizó su propia muerte ocurrida el 26 de julio de 1959. Sus profecías fueron muy populares a partir de 1949. Preguntado sobre la manera en la que recibía los mensajes, declaró lo siguiente: “Es como cuando se va al cine. La película pasa por encima de mi cabeza, y puedo saber lo que quiero si me concentro. Por lo contrario, cuando se trata de algo abominable, nadie podría envidiar mi don”. Los rumores sobre sus capacidades comenzaron a expandirse, y fue requerido para localizar objetos perdidos, robo de dinero o animales. Su fama trascendió más lejos aún, y fue consultado para resolver cuestiones de amor, de trabajo o de negocios. La exactitud de sus visiones suscitó el interés de periodistas, de abogados y de la policía. Los errores que pudiera haber cometido en sus visiones fueron estimadas por sus conciudadanos en menos del 1%. Durante la Segunda Guerra Mundial, indicó con exactitud donde ir, qué lugares evitar, y los lugares del bombardeo. Aunque sirvió como puente entre los vivos y los muertos, persistió en nunca recibir el más mínimo pago por sus servicios. De 1947 a 1957, en varias ocasiones, Alois Irlmaier describió la inminencia de una Tercera Guerra Mundial con efectos devastadores: “ataques nucleares y químicos”. Este visionario describió los signos precursores y el detonante del conflicto, así como el periodo de vuelta a la paz. El conflicto bélico de la Tercera Guerra Mundial, según este visionario, ocurrirá después del asesinato de tres altos mandatarios. Anunció también que la Virgen María haría muchas apariciones para advertirnos de ese fatal desenlace para la humanidad. Describió el proceso de esos acontecimientos, que llevarían a la Tercera Guerra Mundial, en siete etapas sucesivas, lo cual se convierte en una cronología inigualada. 3-2 Una cronología inigualada 1-Primero habrá un bienestar material como nunca antes. Efectivamente, después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se benefició de un periodo de prosperidad hasta iniciar su declive con el conflicto del petróleo en 1973. Esa sociedad del bienestar fomentó generaciones de niños consentidos e ingratos, ávidos de doctrinas colectivistas y utopías universalistas. El “fin de la abundancia” en palabras de Emmanuel Macron, fue un preludio preparado desde hace mucho tiempo por el Foro Económico Mundial, puesto en marcha después de finalizar la Segunda Guerra Mundial: eliminación de lenguas, culturas, religiones y de la antropología natural. 2-Después vendrá la pérdida de la fe como nunca antes. Desde el principio de los años 60, la práctica religiosa católica en Occidente no ha cesado de disminuir. Los que se declaran “sin religión” han seguido progresando. Dichos ateos, agnósticos o deístas, han pasado del 27% al 58% de la población francesa en un periodo de 40 años. El porcentaje de los católicos practicantes, a día de hoy, es de un 3%, y la infiltración modernista en la cúpula de la Iglesia Católica ha permitido la introducción de un neopaganismo en el que, la moral, las creencias, las idolatrías y los sofismas, se confunden en el galimatías de una nueva religión universal. 3-Después vendría la perversión de la moral como nunca antes. Estamos actualmente en la permutación del bien por el mal, y Alois Irlmaier nos deja una breve percepción de estos tiempos de confusión y perversidad: “Ya no hay moralidad, pero las gentes lo consideran muy bien”. Los hombres solamente creen en ellos mismos, y prefieren quemarse en el amor de los unos por los otros más que por Dios. Esa es la razón por el juicio de las naciones y de la purga que Alois profetizó (coincidente con la misma profecía bíblica). Esos eventos escatológicos profetizados señalan que, la última era de la humanidad, también llamada Kali Yuga o Edad sombría, debe poner fin a un ciclo de la humanidad que ha durado 6.000 años. Dichas revelaciones, hoy en día, atisba un cambio a algo totalmente nuevo: la llegada de un tiempo mesiánico. 4-En ese momento, llegarán un gran número de extranjeros en los países. Este cuarto punto de la cronología indica una transición entre los signos espirituales y morales, así como sus marcadores sociales. En 2015, se produjo un tsunami migratorio humano en Alemania, y la canciller Ángela Merkel anunció que estaba presta a acoger inmediatamente a 800.000 migrantes, después 500.000 más por año durante varios años, lo cual provocó un nuevo efecto llamada para más llegadas migratorias hacia Europa. El mensaje fue claro: “No queremos ni podemos proteger nuestras fronteras”. Desde su llegada, esas mareas humanas son automáticamente alojadas, alimentadas, sanadas médicamente y regularizadas (lo mismo que está pasando actualmente en España con el gobierno de Pedro Sánchez). Así, Occidente ha perdido toda su razón de ser y ha caído en la corrupción, en abandono de su población y en traiciones. En febrero de 2015, el número de franceses con una relación directa con Argelia era de 7 millones. A modo de ejemplo, en febrero de 2023, Argelia se negó a la repatriación de criminales y otros indeseables hacia su país. La profeta francesa Marie-Julie Jahenny lo predijo mucho antes: “No podrás devolver esos extranjeros…fuiste tan noble, y tu nobleza será tu perdida”. Marie-Julie, el 30 de noviembre de 1880: “Francia, tan bella, habrá perdido su honor y su dignidad. Será invadida por pueblos extranjeros sin corazón ni piedad, destruirán a sus niños y matarán a las mujeres embarazadas”. Por motivos legítimos o ilegítimos, los extranjeros legales o ilegales, siguen llegando hacia Europa del Oeste. Esos flujos migratorios en constante aumento, las crisis económicas, los endeudamientos y los costes militares de ayuda a Ucrania solo pueden converger en el siguiente punto de la cronología: 5-Reinará una gran inflación. El dinero perderá su valor. Esas visiones de Alois Irlmaier, popularizadas a partir de 1949, nos hace constatar su convergencia con la actualidad. Su profecía de que “reinará una gran inflación y el dinero perderá su valor”, corresponde casi con precisión quirúrgica con la espiral inflacionista que se ha agravado desde la crisis sanitaria del Covid. Alois Irlmaier nos deja entrever tres principales protagonistas: los impuestos, los bancos y las compañías de seguros. En esa misma línea, la profeta francesa Marie-Julie Jahenny anunció décadas antes: “Todas las grandes fortunas se derrumbarán. No quedará nada: todo será destruido por los hombres y el Castigo. Francia será arruinada sin apenas darse cuenta. Todos esos ricos palacios en donde se producen los beneficios de la nación, todo eso, el Señor lo va destruir con un Castigo terrible, bajo la forma de un derrumbamiento de la tierra. Esos altos edificios, que fueron garantes del pan para Francia, se derrumbarán. Dios va a sorprender a los que trabajan sin pensar en él, ni en su poder que permea todo sobre la Tierra”. La profeta Madeleine Porsat (1773-1843), profetizó esa misma muerte de la economía: “Intemperies, inundaciones, enfermedades sobre las plantas y los animales, cólera sobre los hombres, revoluciones, guerras, bancarrota universal y confusión”. 6-Entonces, vendrá la revolución. El profeta alemán da una importancia particular a la nueva revolución francesa y describe el incendio de París: “La ciudad con su torre de hierro arderá, pero serán sus propias gentes quienes provocarán el incendio, no los que vienen del este (aquí, pienso, se refiere a la futura invasión de Rusia). La ciudad será arrasada, lo veo muy claramente”. El principio revolucionario nació en Francia en 1789, después expandido a toda Europa y el mundo. Ese principio revolucionario debe volver a Francia para acabar su ciclo de destrucción. 7-Entonces, los rusos atacarán al oeste durante la noche. En este séptimo punto de la cronología, Alois Irlmaier anuncia la Tercera Guerra Mundial. Por su extraordinaria cronología y la precisión de sus visiones relativas a la Tercera Guerra Mundial, Alois Irlmaier se revela como un precioso mensajero de los acontecimientos de este fin de civilización. El 20 de noviembre de 1949, declaró en una entrevista respecto del futuro: “La guerra será precedida de un año fértil en frutas y cereales”. Las visiones de Alois Irlmaier describen, no solo un nuevo conflicto mundial, sino asimismo sus orígenes: religiosas, morales, políticas, y sociales. Sus visiones conciernen en primer lugar a Alemania y Rusia, pero se extiende después hasta Estados Unidos y el Medio Oriente. El peso otorgado a los judíos y árabes es conforme con otras profecías, y desvela las calamidades y peripecias de ese nuevo enfrentamiento global: “La guerra se iniciará con los árabes y los judíos, pero es extenderá el día en que el tercer combatiente por la paz sea asesinado. El conflicto nacerá en el Medio Oriente: inmensas llamas tóxicas obscurecerán los cielos, y fuerzas navales combatirán en el mediterráneo. Habrá una guerra en el Próximo Oriente, al norte del Danubio, durante tres semanas. El Oriente Medio será presa de numerosas guerras simultáneas. Muchos buenos dirigentes serán asesinados hasta la guerra, pero Dios solo ganará”. El vidente alemán relaciona la invasión rusa, no solo con los tres asesinatos de altos mandatarios, pero también con grandes acontecimientos que acaecerán en el Próximo Oriente: “Cuando todos hablen de paz, entonces llegará la guerra desde el este. Todos hablan de paz, pero, en ese momento, una nueva guerra se inflama de repente en el Próximo Oriente y grandes flotas se enfrentarán en el mediterráneo. La situación será tensa. Pero la chispa que ha prendido el fuego, ha sido el polvorín de los Balcanes”. 3-3 La Tercera Guerra Mundial Las visiones de Alois Irlmaier van en el sentido de la constitución oportunista de un imperio islámico gestándose, mientras que todas las fuerzas de la OTAN son movilizadas contra Rusia. El advenimiento de ese imperio islámico, cuyas tropas deben posteriormente desembarcar sobre las costas mediterráneas, fue también profetizado por Nostradamus. Dicha invasión se constituye en el segundo acto del próximo conflicto. El orden cronológico de esos acontecimientos, desvela una relación desde el presente hacia el futuro: - “Los negros obtendrán el poder, ellos que han quedado largo tiempo en el polvo”. -“Por causa de las perforaciones petroleras, la tierra se secará y se pondrá a temblar, habrá muchos temblores de tierra”. -“En Asía, India, América Latina, habrá hambrunas sin fin”. -“Las epidemias llegan, nadie las conoce ni se pueden curar”. -“El pueblo ruso reza por el cambio, Belzébuth se desplaza a China”. -“Rusia no quiere saber nada con la cruz”. -“Revueltas estallan en Estados Unidos”. -“Estados Unidos hará la guerra al este, pero nunca más tendrá una victoria. Dios se desliga de Estados Unidos”. -“Los países del mundo entero están llamados a elegir su campo”. -“Habrá más muertes en ese periodo que durante la primera y segunda guerra mundial juntas”. -“Los rusos están sobre el Rhin desde el primer día del ataque. Habrá muchos agentes previamente aquí, lo cual provocará el caos”. -“Será un año en el que, el invierno, no será verdaderamente un invierno”. -“Antes, habrá un temblor de tierra mundial, sobre todo afectará a los Estados Unidos”. -“La Tercera Guerra Mundial llegará, pero no puedo predecir el año. Será precedida por signos en los cielos, que serán vistos por millones de personas. La guerra comenzará en una noche lluviosa, poco antes de la cosecha”. -“América mata a sus presidentes”. Alois Irlmaier menciona varias veces una gran esperanza de paz suscitada por una cumbre internacional, pero será un fracaso por causa del asesinato de uno de sus participantes, un presidente americano, lo cual desencadena la inmediata entrada en guerra por los Estados Unidos. El escenario emerge: un presidente americano, participante en la cumbre de la paz con el fin de poner fin a la guerra ruso/ucraniana. Esa gran conferencia de paz tendrá lugar en Hungría, Budapest. Se atribuye a Rusia el atentado del tercer mandatario antes de que el mundo entre en su último conflicto mundial: “Las esferas de influencia y las zonas de interés de los Estados Unidos y de Rusia se enfrentan: ya existen combates menores. La conferencia de paz entre Estados Unidos y Rusia tiene lugar en Budapest…, pero en un ataque relámpago por unidades rusas en Budapest, un alto responsable es asesinado, probablemente a golpe de cuchillo”. -“La guerra comenzará después del asesinato de un eminente hombre político en Checoslovaquia o Yugoslavia, la invasión desde el este se iniciará”. -“Veo un “grande” caer, un cuchillo ensangrentado es puesto al lado. Después, golpe sobre golpe. Tropas masivas entran en Belgrado por el este y avanzan sobre Italia”. -“Dos hombres lo matan: un pequeño hombre negro y un gran hombre blanco con cabellos claros, que han sido pagados para ello”. -“Cuando el trigo esté alto, entonces llega el asesinato”. -“La Tercera Guerra Mundial vendrá cuando tres hombres de alto rango sean asesinados”. -“Si el tercero es asesinado, ello detonará de un día para otro la Tercera Guerra Mundial, pienso que será en los Balcanes”. La profeta francesa Marie-Julie Jahenny describe nuestro tiempo diciendo: “El espíritu de la mayoría de los hombres es arruinado, corrompido hasta la última fibra”. Y Alois Irlmaier añade: “Que las gentes recen mucho, que paren sus canalladas, Satanás reina en la política, hay que rezar”. -“La noche del viernes al sábado, a partir de las 12, comenzará la invasión rusa en Alemania, El ataque tendrá lugar al final de julio o principio de agosto. Los rusos estarán en Hamburgo en treinta minutos”. -“Los rusos invadirán Europa occidental por Noruega, pero también por Finlandia, Suecia y los países bálticos y Polonia. Terrible guerra”. -“Después de tres o cuatro días, el viento del oeste se levanta y los aviones occidentales sueltan tanto polvo amarillo sobre una franja entre Salzburgo y el Mar Báltico, que es todo obscuro por debajo. En Viena, nadie sobrevive. El restante de la armada alemana -completamente sorprendida- huyen o tiran sus armas, abandonas sus camiones y tanques en un ataque de pánico”. -“Después, un submarino, Denver es incinerada…, los rusos desembarcan en Alaska…, en el cielo hay una segunda luna”. -“Una armada pasará por Grecia para invadir el sur, otra por el centro de Alemania, y otra todavía invadirá el norte de Alemania hasta Hamburgo, para descender sobre Westphalia. Ahí es donde la batalla final tendrá lugar. Y esa batalla será perdida por los rusos”. Alois Irlmaier deja entrever la utilización de diversos armamentos, entre ellos el fuego nuclear: -“En los Estados Unidos, muchos edificios se derrumban”. -“Al este, mucho sacrificio sangriento. Praga sufre mucho, desaparece entre el humo y el fuego, así como Hungría”. -“Habrá otra gran guerra cuando el trigo esté maduro. Lamentablemente no puedo decir el año. Toda la región al este de Linz será un desierto, pero en el sur y el oeste no hay nada que temer. Esa guerra durará cuatro meses, pero será la más terrible de la historia mundial. Budapest y Praga serán destruidas”. Sobre el desmoronamiento de la Unión Europea: -“Tres semanas de pillaje y si el campesino se defiende, es asesinado. Los ciudadanos huirán de las ciudades, serán despiadados. Los que estén en la montaña no tienen necesidad de ir a la ciudad, allí se muere de hambre”. -“Cuando el conflicto comience, llenad vuestra bañera a ras, y también cubos, porque durante tres semanas no hay manera de tener agua: sin electricidad, no hay agua”. -“Comida para tres semanas, encerrase, no dejar entrar a nadie, y si alguien insiste, disparadle, porque ya no habrá leyes. Esas tres semanas están fuera de la ley”. -“Una guerra estalla en el país de la bota (Italia), creo que es una guerra de religión porque matan a todos los eclesiásticos. Veo sacerdotes con cabellos blancos, muertos en el suelo. Detrás del Papa, hay un cuchillo ensangrentado, pero creo que saldrá de esa haciéndose pasar por peregrino. Huye hacia el sud-este o por un gran charco de agua, no lo puedo ver claramente. Después, celebra su coronamiento. Debemos rezar mucho para que las abominaciones sean restringidas”. -“Siempre en Italia, será muy malo. Todos los sacerdotes, excepto seis, serán asesinados. El Papa huirá, las iglesias se derrumbarán”. En la obra “Blick in Die Zukunft” (“Mirada sobre el futuro”), Stephan Berndt reporta la existencia de una “Carta al trabajo de los ejércitos”, datada en 1914, y se constituye en una profecía hecha en esa época por un francés con dones de videncia extraordinarios: -“Italia y Francia serán devastadas”. -“En menos de un día, los rusos invaden Alemania, y en dos días están sobre Francia”. -“Un ataque nuclear contra las principales ciudades de Estados Unidos se cobrará decenas de millones de muertos. Los Estados Unidos contraatacan con sus armas nucleares más potentes, destruyendo el oeste de Rusia y los últimos cohetes rusos serán destruidos”. -“Los Estados Unidos repelen el ataque atómico: grandes partes de Rusia y sus últimos silos son destruidos”. -“En una última tentativa rusa, en su desesperación, lanzan un submarino intentando devastar Europa con armas nucleares. En ese ataque, numerosas ciudades francesas y alemanas se transforman en un mar de fuego”. -“Una nube de veneno se llevará por delante a una tercera parte de la humanidad”. -“Todas las personas que vivan en el entorno de un lugar santo serán resguardadas, no se les toca ni un cabello, el cielo cuida de ellos, Dios los cuida”. En dicha obra se menciona, como dice también Alois Irlmaier, el uso de un arma verdaderamente inédita: un polvo amarillo con efectos devastadores. El suelo de Alemania sería quemado hasta diez metros por debajo. Se trata de una larga línea, quien la atraviesa muere. Aviones americanos bombardean esas “cajas satánicas” con un polvo amarillo entre el Mar Negro y el Mar del Norte. 3-4 La derrota de Rusia Diversas profecías coinciden con Alois Irlmaier en la derrota de Rusia con ocasión de su invasión de Europa del oeste: -“Las más grandes destrucciones en Europa ocurrirán cuando Rusia está perdiendo la guerra. De los tres ejércitos rusos, ningún soldado volverá a ver su patria”. -“El pueblo ruso comienza de nuevo a tener fe”. Ciertas visiones de Alois Irlmaier describen una guerra civil durante cinco meses: -“Y en Rusia? Una revolución y una guerra civil implosionan. Hay tantos cadáveres que ya no se pueden desalojar de las calles”. -“El pueblo ruso cree de nuevo en Cristo y la cruz es repuesta con honor”. 3-5 La inundación británica Ciertos eventos profetizados hablan de una ofensiva inédita anunciada por los rusos con un nuevo armamento del cual el Kremlin es particularmente orgulloso: se trata de propulsores hipersónicos capaces de transportar una carga nuclear por las altas capas de la atmosfera a una velocidad de 27.000 km/hora. También se habla de un torpedo nuclear bautizado como “Poseidón”, capaz de desplazarse por los fondos marinos y de hacer explotar su carga nuclear con el objetivo de generar un tsunami radioactivo sobre las costas como objetivo. El 21 de abril del 2023, Dmitry Medvedev, vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusia, escribió en su canal de Telegram: “La Gran-Bretaña era, es y será el enemigo eterno de Rusia hasta que se hunda en el abismo del mar”. Alois Irlmaier nos aclara qué países deben ser inundados, en totalidad o en parte: -“Al término de la guerra, Inglaterra se hunde en el mar a causa de una catástrofe natural (parece ser que después de un primer tsunami ocasionado por misiles rusos). Al mismo tiempo, un gran temblor de tierra hace que un país (tierra o continente) salga del agua”. -“Una parte de Inglaterra, el sur, está bajo el agua, hasta las primeras colinas. Holanda está bajo el agua, Hamburgo está bajo el agua y el agua llega hasta Berlín”. En el siglo XII, Santa Hildegarde Bingen anuncia la aparición de un gran cometa posteriormente al hundimiento de una parte de Inglaterra en el océano: -“Antes de la llegada del cometa, muchas naciones serán presas de hambrunas. La gran nación en el océano, habitada por hombres de diversas tribus, será devastada por una ola gigantesca. Será cortada en dos y parcialmente sumergida”. Mientras que la tierra se abre en muchas partes para enterrar el orgullo de los hombres, que los continentes son sacudidos por constantes temblores y que los cielos son agitados por signos y periodos de obscuridad, las guerras, las invasiones, las epidemias y las revoluciones islámicas devienen en pillajes, ríos de sangre y en lamentaciones. Las persecuciones anticristianas persiguen y los pueblos, presos de las más terroríficas barbaries, creen que ha llegado el fin del mundo. Es entonces cuando sobreviene un fenómeno anunciado por los más grandes profetas: los tres días de obscuridad. 3-6 Los tres días de obscuridad Anna-Maria Taïgi, Padre Pío, Marie-Julie Jahenny, Franz Kugelbeer, Erna Stieglitz, Gaspard de Búfalo (1786-1837), Alois Irlmaier y otros videntes han profetizado ese evento de los tres días de obscuridad, el cual debe ser punto central del Castigo. Esas 72 horas son queridas por Dios con el fin de purgar a la humanidad, ingrata, impenitente y enemiga de todo bien. Así es descrito por Marie-Julie Jahenny: “Tres días de devastaciones, de duelo, de lágrimas y de penitencia, mientras los cuales las luces del cielo estarán apagadas y los ángeles consternados…tres días de infierno”. Maria Taïgi describe esos tres días de obscuridad de la siguiente manera: “Todos los enemigos públicos y secretos de la Iglesia caerán en el abismo durante las tinieblas. El aire estará envenenado por los demonios que aparecerán con formas abominables. Las velas bendecidas protegerán de la muerte, así como las oraciones a la Santa Virgen María y a los Santos Ángeles…”. A ese respecto, dice Alois Irlmaier: “Después de la guerra y los tres días de obscuridad, podrás buscar una casa, porque ya no habrá nadie vivo. Habrá casas y granjas en cantidad. Y si conoces el trabajo de la granja, podrás elegir una”. Prosigue: “Te doy un buen consejo: no abras ni puertas ni ventanas durante los tres días de obscuridad, sobrevivirás a ese periodo difícil. En ese momento, habrá una gran cruz en el cielo, y habrá un gran temblor de tierra acompañado de relámpagos y truenos, todo será sobrecogido por el miedo y el mundo entero gritará: Dios existe”. 3-7 La pax domini Según el venerable Barthélemy Holzhauser (1613-1658), muerto en oda de santidad en 1658, la Quinta Edad de la Iglesia comienza con el emperador Carlos V y el Papa León X, hacia el año 1520, y durará hasta la llegada del Pontífice Santo y el Potente Monarca que vendrá en nuestra era como un socorro enviado por Dios, es decir, a restablecer todas las cosas. Esa Quinta Edad de la Iglesia es una edad de aflicción, de desolación, de humillación y de pobreza para la Iglesia: se puede llamar, con razón, una edad de purgación. Esa Quinta Edad de la Iglesia es una edad de aflicción, una edad de exterminación, una edad de defección repleta de calamidades. Quedarán pocos cristianos sobre la tierra que hayan sido salvaguardados del acero, la hambruna y la peste. Los reinos combatirán contra reinos, y todos los Estados serán devastados por disensiones intestinas. Los principados y las monarquías serán decepcionantes, y habrá un empobrecimiento casi general y una gran desolación en todo el mundo. Alois Irlmaier nos dio numerosas visiones de la siguiente Sexta Edad, lamentablemente muy corta, que debe suceder al Castigo: “Durante la guerra o casi al final, habrá signos en los cielos: la Cruz y los estigmas. Todo el mundo lo verá. El mundo entero gritará: Dios existe. La Sexta Edad de la Iglesia se iniciará con el Potente Monarca y el Pontífice Santo, y durará hasta la aparición del Anticristo”. 4 - LOS PROCESOS ESCATOLÓGICOS EN LA GRAN TRIBULACIÓN 4-1 Introducción En este capítulo ya no hay referencias a profecías, sino que expondré mi interpretación y conclusiones, a modo de resumen esquemático, sobre los procesos escatológicos a partir de la Gran Tribulación iniciada en octubre del 2023. Mis conclusiones son la consecuencia del estudio de más de 500 canalizaciones marianas, principalmente como he dicho anteriormente, de Dios Padre, de Jesucristo, de la Virgen María y del Arcángel San Miguel. Pudiera parecer un tanto subjetivas esas conclusiones, pero se ajustan a las diversas profecías y, además, son enriquecidas con aportes de mis investigaciones (filosóficas, psicológicas y científicas), de tal modo que pueda exponerse el discurrir de los procesos escatológicos del modo más objetivo posible. La finalidad de esta exposición de los procesos escatológicos en la Gran Tribulación es la elaboración de un “mapa-guía” que nos permita intentar comprender los sorprendentes acontecimientos que están ocurriendo durante el derrumbamiento de nuestra actual civilización. En dicho sentido, hay que recordar que estamos inmersos en una Guerra Espiritual y es perentorio disponer de un “mapa-guía” que oriente nuestras decisiones y acciones en medio del aparente caos mundial, pues en todo caos hay un orden, y es responsabilidad de cada cual trascender la ignorancia presente en todo caos mediante la búsqueda del propio orden interior que, inherentemente, nos conduce a la sabiduría y al amor. 4-2 La Guerra Espiritual entre Dios y Satanás Tal como expuse en una entrevista radiofónica, estamos inmersos en una Guerra Espiritual muy compleja de entender, sin embargo, es posible salir de ese embrollo mediante un riguroso análisis científico en combinación con las revelaciones marianas. Comprender la Guerra Espiritual entre Dios y Satanás es un necesario preámbulo antes de entrar en los detalles de los procesos escatológicos. El término “Satanás”, independientemente que se crea o no en su existencia, hay que tomarlo como un concepto que abarca todas las estructuras del “mal” en sus diferentes manifestaciones jerárquicas (sociales, económicas, políticas, medios de comunicación, manipulación de la historia, sociedades secretas y poderes fácticos en la sombra). A este respecto y a modo de ilustración recomiendo el estudio del artículo Los 8 velos de la percepción. El plan divino, repetido una y otra vez en las diferentes canalizaciones, tiene como objetivo la purificación de la humanidad y de la tierra, creados por Dios. Ese proceso de purificación implica una conversión de las almas caídas en el pecado y atrapadas por el engaño de Satanás. A tal efecto, Dios está mandando un pulso galáctico de luz que está elevando las vibraciones de la tierra, su fauna y flora y de la humanidad. Dicho pulso galáctico de luz es conocido científicamente como “micronova”, y es el causante del cambio climático actualmente en curso, contrariamente a las acusaciones del sistema quien culpa al ser humano del calentamiento global. Esa purificación y conversión de la humanidad a Dios implica tres procesos: -Físicamente: Terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis, tormentas solares y meteoritos. -Psicológicamente: Se trata de un proceso de ascensión espiritual individual desde la 3D a la 5D. La labor más importante en el proceso de purificación es la sanación de las sombras y los traumas. Para entender cómo los secuaces de Satanás causan el sufrimiento a la humanidad a través del subconsciente, es perentorio estudiar el trabajo de hipnosis clínica regresiva realizada por el doctor William Criado. -Espiritualmente: Implica la conversión a la fe en Dios que, como se ha explicado más arriba mediante el profeta Alois Irlmaier, ha prácticamente desaparecido en nuestras sociedades modernas, siendo sustituida esa fe por tecnología y la Inteligencia Artificial, quien pretende ser la sustituta de Dios mediante el engaño de Satanás. Por otro lado, el plan de Satanás es el siguiente: -Dominación de la tierra y la humanidad en la 3D. -Impedir la ascensión espiritual desde 3D a 5D pues, hay que recordar, que las entidades y demonios que habitan la invisible 4D, se alimentan de nuestra energía mediante el sufrimiento que nos inducen a través de posesiones e implantes. -Culpar al ser humano del cambio climático y hacerlo responsable del daño causado a la tierra. Esa acusación sin fundamento es uno de los pretextos para la imposición de la Agenda 2030. -Culpar al ser humano como causante de todo mal a la tierra para, mediante la Agenda 2030, establecer un gobierno mundial único que controle toda la economía (divisa digital única), la geopolítica, la ciencia, la educación y la libertad de la humanidad. -Ejercer ese control totalitarista mediante la imposición de la marca de la bestia (identificación digital en la frente o en la mano). La falsa pandemia fue un primer intento de control sobre la humanidad. Cabe señalar que esa marca de la bestia ya fue inoculada a través de las vacunas contra el Covid, pues han incorporado chips electrónicos que pueden ser detectados mediante señal de bluetooth de un teléfono móvil. -Reducir la población de la humanidad para un mayor control sobre la minoría. A tal efecto, crean enfermedades, hambrunas y guerras, manipulan los alimentos y el agua, controlan el sistema sanitario, controlan los gobiernos de cualquier país. Tal es Guerra Espiritual entre Dios y Satanás hasta que, la Virgen María, anunció el comienzo de la Gran Tribulación en octubre del 2023, es decir, es el inicio de la batalla final entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, o final de los tiempos según algunas profecías. 4-3 La Gran Tribulación El inicio de la Gran Tribulación fue anunciado por la Virgen María para octubre del 2023. Y ciertamente, el impacto de la guerra entre Israel y Palestina, iniciada el 7 de octubre del 2023, fue un signo indudable de que el mundo y la humanidad han entrado en una nueva espiral de destrucción y abominación, pues, según diversas profecías y canalizaciones, ese conflicto surgido en Medio Oriente se extenderá como la pólvora por todo el mundo, creando revueltas sociales y políticas, tal como se está observando por todo el mundo, ya sea en favor de Israel (fundamentalmente gobiernos que siguen las ordenes sionistas/satanistas), ya sea en favor de Palestina por el genocidio padecido. En realidad, en dicho enfrentamiento, subyace una Guerra Espiritual entre judíos y árabes, la cual es manipulada por el sionismo satánico y de esto sabe mucho el profesor Damián Galerón. Esa guerra en Medio Oriente se va a extender por todo el mundo hasta convertirse en una guerra global de unas naciones contra otras naciones (tal como profetizó la Biblia), lo cual conllevará un colapso económico y revueltas sociales y políticas en muchos países. A los pocos meses de iniciada esa Tercera Guerra Mundial, Dios tendrá que intervenir para evitar la destrucción total de la humanidad, y lo hará mediante el Aviso. 4-4 El Aviso El Aviso de Dios, o “flash solar” provocado por la micronova, consistirá en la iluminación de la conciencia personal de cada uno de nosotros para vernos desnudos ante Dios con nuestros pecados, tal como él nos ve. También se puede entender ese fenómeno como un “Juicio final”, pues veremos nuestros propios pecados y malas acciones, y cada cual en su propia conciencia podrá juzgarse a sí mismo en su obrar mundano respecto a los demás, pero, sobre todo, ante Dios. Será una experiencia muy difícil y trascendente, porque muchos podrán morir en ese proceso de purificación al no poder soportar vernos a nosotros mismos tal como somos. Con la experiencia transcendental del Aviso enviado por Dios, cada uno de nosotros tomará consciencia de la verdadera existencia de Dios, y no se puede escapar ni negar esa experiencia mística. Durante el proceso del Aviso, Satanás no podrá hacer nada ni intervenir en dicho proceso. Entonces, Dios dará seis semanas como gracia para que cada uno de nosotros siga el camino de Dios (conversión para los que aún no creen en Dios). Tampoco Satanás podrá hacer nada ni intervenir durante esas seis semanas de gracia concedidas por Dios. Teniendo en cuenta que el Aviso se producirá a los pocos meses de iniciada la Tercera Guerra Mundial, la decisión de cada cual será muy dura e importante, pues estaremos inmersos en guerras, hambrunas, penurias sociales y enfermedades. En conclusión, el Aviso de Dios, tal como dice el mismo concepto, será una advertencia de Dios para invitarnos a la purificación individual y como humanidad, y a la conversión a Dios mediante la fe, ahora experimentada místicamente en plena conciencia y contacto con el mismo Dios. Será unos momentos muy duros para algunas personas que, incluso, podrán morir en ese proceso del Aviso por no soportar los propios pecados bajo la lupa de Dios. Una vez transcurridas esas seis semanas de asimilación de la experiencia del Aviso, Satanás podrá volver a intervenir en el mundo, y lo hará mediante la figura del Anticristo. 4-5 El Anticristo El Anticristo será una persona publica, alta, de buen aspecto físico, pero será el mismo Satanás dentro de un cuerpo biológico. Hablará muchos idiomas y obrará milagros mediante el engaño. Aparecerá en todas las televisiones, medios de comunicación y dispositivos móviles para, de ese modo, hipnotizar a todos quienes lo miren a los ojos (ayudado por la manipulación de las ondas electromagnéticas). La recomendación es que, después del Aviso, apaguemos el internet y nos alejemos de cualquier medio de comunicación, hay que evitar que se cruce nuestra mirada con el Anticristo. El Anticristo argumentará a través de sus medios de manipulación que el Aviso fue una ilusión óptica percibida como resultado de una llamarada solar o un fenómeno astronómico inexplicable para la razón humana, y que se ha producido una paranoia colectiva. Todas esas falsas explicaciones serán aderezadas con falsos conocimientos científicos. Cuando el Anticristo haga su aparición, Dios llamará a sus fieles mediante una locución interior, para que se dirijan a los refugios preparados a tal efecto. Hay dos tipos de refugios: temporales y permanentes. Si alguien se encuentra en un refugio, la llama de Dios se pondrá encima de la cabeza para indicar que está en el lugar adecuado de protección. Si la persona carece de refugio será guida por una llama de Dios, enfrente de la frente, hasta el refugio más cercano. Serán protegidos en ese proceso y nadie podrá tocarlos o hacerle daño. En esos momentos, más que nunca antes, será importante encomendarnos a nuestros sacramentales. Dada la situación mundial de caos (guerras, hambrunas y enfermedades), el Anticristo ofrecerá las soluciones a la humanidad haciéndose pasar por el mesías tan esperando en la Iglesia católica, de ahí su apelativo como Anticristo por el engaño realizado. El Anticristo ofrecerá trabajo, comida, vivienda y cualquier ayuda destinada a superar las calamidades de la guerra. Se crearán ciudades controladas totalmente por Inteligencia Artificial y, mediante la imposición de la marca de la bestia en la frente o la mano, todas aquellas personas que acepten sus condiciones serán esclavizadas con el potencial riesgo de perder su alma, dicho de otro modo, será como haber “vendido su alma al diablo”. Así es como esas cautivas almas se verán inmersas en un control mental mediante tecnología, lo cual se conoce como transhumanismo. Las personas que no se sometan a la imposición de la marca de la bestia serán perseguidas. La mayoría de esas personas forman parte del remanente fiel a Dios. Se producirá una feroz persecución cristiana. Desde la aparición del Anticristo, su reinado puede durar hasta 7 años, el cual podrá ser acortado por voluntad divina dependiendo de la purificación y la conversión de la humanidad. En algún momento de ese proceso, se producirá el Milagro. 4-6 El Milagro El Milagro consistirá en una prueba evidente de la existencia de Dios a través de fenómenos en los cielos y, más particularmente, en los lugares santos donde se produjeron las apariciones marianas como Lourdes (Francia), Fátima (Portugal) o Garabandal (España), entre otros. Esos fenómenos celestiales extraordinarios podrán ser vistos a siete kilómetros a la redonda del lugar en el que se produce. Cabe la posibilidad que, durante ese proceso, el Anticristo juegue la carta del proyecto “Blue Beam”, consistente en la aparición de naves extraterrestres como embajadores divinos para salvarnos cuando, en realidad, son demonios disfrazados de luz. El Milagro será una segunda advertencia de Dios para demostrar su existencia y que, los aún reticentes a la gracia de Dios, puedan arrepentirse, purificarse y convertirse a la fe en Dios. Aquellas personas que aún sobrevivan tras el Aviso y el Milagro y que aún no se hayan convertido a Dios, serán sometidas al más duro Castigo. 4-7 El Castigo El Castigo coincide con los tres días de obscuridad, tantas veces profetizado. Durante esos tres días de obscuridad no se podrá salir de casa o del refugio en el que nos encontremos. Habrá que cerrar puertas y ventanas, no mirar fuera. El aire exterior estará totalmente contaminado. Habrá que tapiar puertas y rendijas para evitar la contaminación exterior. Los demonios estarán desatados y circularán por todos lados para atacar a los incautos. Se harán pasar por familiares nuestros para engañarnos y que los dejemos pasar: en ningún caso hay que abrir la puerta. Durante esos tres días de obscuridad, la rotación de la tierra se detendrá. Al finalizar los tres días de obscuridad, la tierra girará en el sentido contrario y dará inicio a la ascensión espiritual individual a 5D, así como la entrada colectiva del remanente fiel al Nuevo Mundo. 5 - CONSIDERACIONES FINALES Como he dicho al principio, solamente Dios sabe el verdadero desarrollo de los procesos escatológicos durante la Gran Tribulación, aunque podamos tener conocimiento de esos eventos gracias a las diversas profecías, así como las revelaciones marianas. Las fechas exactas del desarrollo de los eventos es el secreto mejor guardado, y cualquier investigación sobre esos asuntos puede llevarnos a una aproximación cognitiva en el mismo sentido que nos advirtió la Virgen María: “Solamente quienes disciernan lo venidero sabrán qué va aconteciendo con cada suceso”. En dicho sentido, el profeta Alois Irlmaier sitúa la aparición del Anticristo después de la Tercera Guerra Mundial y de los tres días de obscuridad. En mi opinión, y siguiendo las revelaciones marianas, sitúo la aparición del Anticristo también después del inicio de la Tercera Guerra Mundial pero después de las seis semanas que siguen al Aviso. Entonces, el Anticristo tendrá rienda suelta para intentar engañar y robar tantas almas como pueda. Los mandamientos del Anticristo serán aceptados por 2500 días (7 años), y predicarán esos mandamientos a aquellos que no han aceptado la marca de la bestia. Dios puede acortar esos 2500 días mediante el Milagro y el posterior Castigo. De momento, pienso, tenemos las piezas del puzle gracias a las profecías y las revelaciones marianas. Sabemos que la humanidad va a pasar por el Aviso, el Milagro y el Castigo, y la sombra del Anticristo planeará durante esos eventos. En cualquier caso, todo ello no debe ser analizado desde la mente racional sino sentido mediante el corazón porque, recordémoslo, los tiempos apocalípticos que estamos viviendo son tiempos de purificación y de conversión a nuestra fe en Dios. Quienes superen todas esas pruebas por y con la gracia de Dios, podrán acceder a la 5D y proseguir su evolución espiritual más cerca de Dios y dejar este mundo de miseria de la 3D. Sin embargo, van a ser tiempos y pruebas muy duras porque los demonios y entidades de la 4D, a la orden de Satanás, harán todo lo posible para engañar a la mente racional y quedar atrapada sin poder experimentar la ascensión espiritual individual hacia Dios, un trabajo que nadie puede hacer por nosotros. Cuando todo parezca perdido, la fe en Dios será nuestra única tabla de salvación. Dios en su misericordia no nos abandona, pues nos dará un Aviso y un Milagro antes del Castigo final. Después de la Gran Tribulación mediante el Aviso, el Milagro y el Castigo, por fin, se producirá la separación del trigo y la cizaña, tantas veces profetizado también. Que Dios os bendiga y acompañe durante la Gran Tribulación. Buena suerte a todos, pero, sobre todo, mucha fe.
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Entrevista Universidad ITECCE, Manzanillo, Colima, México

Universidad ITECCE, Manzanillo, Colima, México Alumnos de la carrera de lengua inglesa con edades de 17 y 18 años, me hacen una entrevista a instancia de la profesora Marely Figueroa, quien aplica “Una visión transpersonal a la educación” según los postulados de su Tesis de Maestría. Amador Martos, como filósofo transpersonal, hace un análisis de la batalla espiritual librada actualmente en el mundo, desde una perspectiva filosófica/espiritual en relación con la evolución de la conciencia individual y colectiva. Todas sus publicaciones científicas, sus 11 libros y más de 600 artículos se pueden descargar gratuitamente en su web: www.pensarenserrico.es ENLACE A LA ENTREVISTA
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La importancia de Dios en la filosofía

LA IMPORTANCIA DE DIOS EN LA FILOSOFÍA: DISPONIBLE COMO LIBRO EN EBOOK Y GRATIS EN PDF

Este trabajo de investigación está disponible como LIBRO en EBOOK y GRATIS en PDF Ponencia en el VIII Congreso Internacional CESPE 2023, relacionada con este trabajo de investigación Ponencia en la 3ª edición del Diplomado Internacional de Pedagogías Emergentes, relacionada con este trabajo de investigación ÍNDICE: 1 - Dios en la dialéctica histórica-cultural 2 - Dios en la filosofía occidental 3 - Dios en la ciencia 4 - Dios y el misterio de la vida 5 - Dios como una experiencia mística 6 - Dios a través de la meditación 7 - Dios como un camino de sabiduría 8 - Dios: una luz en tu camino 9 - Dios en la psicología humana 10 - Dios en los mapas evolutivos de la conciencia 11 - Dios en la educación 12 - Dios y los tiempos bíblicos 1 - DIOS EN LA DIALÉCTICA HISTÓRICA-CULTURAL Resumen: El camino ascendente de Platón trata de la conciencia mística y trascendental que huye de los Muchos (mundo sombrío e ilusorio) y encuentra al Uno. Los Muchos volviendo al Uno y uniéndose a él es lo Bueno, y es conocido como sabiduría; el Uno de vuelta y abrazando los Muchos es Bondad, y es conocido como compasión en el camino descendente. Platón destacaba ambos movimientos, el camino ascendente y el camino descendente, pero la civilización occidental ha sido una batalla entre ellos: entre los que querían vivir en “este mundo” de la Multiplicidad y quienes quieren solo vivir en el “otro mundo” de la Unidad Trascendental. Platón da a ambos movimientos la misma importancia, porque ambos están basados en el Uno no expresado (Dios). Sin embargo, cuando se olvida a ese Uno no expresado (Dios), ambos movimientos se enfrentan en una guerra de opuestos: la dialéctica histórica-cultural hallaría su punto culminante con la gran inversión desde la búsqueda de lo inconmensurable (Dios) a la investigación de lo conmensurable (ciencia). Esa fractura dualista, según Wilber, duraría dos mil años. Durante el milenio que va de Agustín a Copérnico, Occidente persiguió un ideal casi exclusivamente ascendente en la búsqueda de Dios, recomendado por la Iglesia. Pero todo cambió radicalmente con el Renacimiento y la emergencia de la Modernidad, cuyo punto culminante se alcanzaría con la Ilustración y la Edad de la Razón. De tal forma que, los ascendentes, fueron reemplazados por los descendentes. En la Modernidad, Kant diferenció a los Tres Grandes: conciencia (yo), cultura (nosotros) y naturaleza (ello-ciencia) y, ésta última, se convertiría en un materialismo científico que derivó en un desastre cultural sin consideraciones éticas, pues la razón-egoica se impondría a la conciencia del yo (subjetividad) y a la moralidad (intersubjetividad). Como la visión materialista no reconoce la existencia de grados de conciencia, de profundidades, de valores y méritos, el abismo cultural no podrá ser resuelto pues niega la existencia de la dimensión vertical (ascendente), de la transformación interior, de la trascendencia. Según Wilber, la solución al abismo cultural, la integración vertical y la ética medioambiental, gira en torno al rechazo del materialismo científico. Una nueva transformación postmoderna solo puede proseguir si logramos integrar el Gran Tres diferenciado por Kant: “yo”, “nosotros” y “ello”, lo cual implica la necesaria emergencia de un nuevo tipo de sociedad que integre la conciencia, la cultura y la naturaleza. Y, dicha integración, solamente puede provenir cuando los ascendentes y descendentes se reconcilien, una salvación que solamente puede provenir de la unión entre la sabiduría y la compasión: ese es el sustrato de toda auténtica espiritualidad como visión no-dual entre Dios y la Divinidad. Así pues, la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de Dios) es un necesario camino emprendido por muchos científicos, y que requiere un obligado revisionismo de la historia, la educación y la ciencia: el fundamente epistemológico pretendido por La educación cuántica como nuevo paradigma de conocimiento. En efecto, desde el surgimiento de la física cuántica, hay una evidencia del fracaso del materialismo científico como unívoca explicación de la realidad, siendo necesaria la filosofía del misticismo como una disciplina conciliadora para unir los ascendentes y los descendentes. En esa línea de pensamiento, el físico y astrónomo Sir James Jeans afirma que la naturaleza es mental, pues los pensamientos o las ideas, para existir, necesitan de una mente en la cual existan, de algún Espíritu Eterno (Dios), apuntando con ello al lúcido misticismo platónico . 2 - DIOS EN LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL Resumen: Las Tres Grandes categorías platónicas (Bondad, Verdad y Belleza) son diferenciadas por Kant mediante sus Tres críticas y, posteriormente, identificadas por Ken Wilber como cuatro cuadrantes : la dimensión interior subjetiva, la dimensión conductual objetiva del sujeto, la dimensión intersubjetiva (cultural) y la dimensión funcional social colectiva. Dicha dialéctica histórica-cultural desemboca en un abismo de conciencia en la cultura occidental al imponerse el materialismo científico sobre las dimensiones subjetiva e intersubjetiva, siendo ello su gran fracaso epistemológico al no lograr la integración del “yo” (conciencia), “nosotros” (moralidad) y la naturaleza (ciencia). Dicho fracaso epistemológico abocaría en una pesadilla de odio entre Razón y Espíritu, entre los descendentes y los ascendentes. Y, la única solución, estriba en la integración de la sabiduría y la compasión, de tal modo que, este mundo y sus seres sean englobados por el amor del Espíritu. Ahora bien, ¿Quién maneja los hilos de la historia, la cultura, la filosofía y la educación? Ya Descartes nos habló del “genio maligno”, pero con el surgimiento de la filosofía cuántica, la realidad se presentaba como una ilusión a la vez que se vislumbraba un universo holográfico más allá de nuestra percepción sensorial. Y en esa metafísica por descubrir, la hipnosis clínica regresiva nos demostraba que existe un enemigo invisible de la humanidad, el cual habita en la cuarta dimensión desde donde ejerce un control sobre la humanidad, más conocido popularmente ese control como Matrix. Lo anteriormente expuesto solamente se puede comprender desde los postulados de la filosofía transpersonal como ciencia de la conciencia, la cual aborda la metafísica como una condición necesaria al estudiar las dimensiones alternativas más allá de los sentidos físicos. Así, habrá que proseguir con nuestras investigaciones, y buscar cuál es la relación de Dios con la ciencia y cuál es el criterio de demarcación entre ciencia y religión, cuestión que se analizará en el siguiente artículo. 3 – DIOS EN LA CIENCIA Resumen: El criterio de demarcación entre ciencia y religión, o la relación entre la ciencia y Dios, ha sido un arduo debate en la filosofía de la ciencia occidental. El ejemplo más emblemático ha sido la posición contrapuesta entre Richard Dawkins y Rupert Sheldrake, respectivamente, con sus obras El espejismo de Dios y El espejismo de la ciencia. Sin embargo, lo que pocos ortodoxos científicos caen en cuenta es que la física cuántica desintegró la “rígida estructura” del conocimiento dualista en la que se sustenta el materialismo científico. Y que, la consideración de la filosofía perenne (filosofía del misticismo) desde el surgimiento de la filosofía cuántica, inauguró una nueva época en la que cada vez más científicos integraron a Dios en la ecuación del conocimiento. En dicha línea de pensamiento, el biólogo Bruce Lipton con su obra La biología de la creencia, asestó un golpe definitivo al darwinismo oficial al afirmar que no somos víctimas de nuestros genes sino los dueños y señores de nuestros destinos, a la vez que proporcionó las bases para la ciencia y la filosofía de las medicinas alternativas, así como para la sabiduría espiritual. Bruce Lipton se define a sí mismo como un científico espiritual, y que debemos considerar al espíritu si queremos mejorar nuestra salud mental y física. Bruce Lipton es un ejemplo muy relevante en la integración de Dios en la ciencia, pero es digno de considerar a otros pensadores como, por ejemplo, Fritjof Capra, cuyas numerosas publicaciones establecieron las relaciones entre el universo descubierto por la física moderna y el misticismo antiguo, principalmente oriental. También Ken Wilber, en su obra El espectro de la conciencia, realiza una síntesis de religión, física y psicología, refutando la filosofía del materialismo. Del mismo modo, Wilber en su obra Ciencia y Religión, muestra de qué manera la ciencia es perfectamente compatible con las grandes tradiciones espirituales del mundo y abre con ello la visión occidental a las grandes tradiciones de la sabiduría perenne. Wilber es un pionero en establecer que existen dos modos de saber: el saber científico (epistemología de lo conmensurable) y la perenne espiritualidad (hermenéutica de lo inconmensurable). La contienda ideológica entre la ciencia y la espiritualidad, entre el saber empírico y el saber revelado, entre la razón y el espíritu, es resuelta mediante esos dos modos de saber: el conocimiento simbólico (dualidad entre sujeto-objeto) y el misticismo contemplativo (no-dualidad entre sujeto-objeto). El modo espiritual de conocimiento ha sido peyorativamente tildado como “ misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, sin embargo, argumentado como un nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica. Con lo anteriormente expuesto, es imperativa una nueva cosmología entre ciencia y espíritu, ya que la historia del pensamiento ha devenido dogmáticamente en una filosofía materialista y en reduccionismo psicológico al dejar a Dios fuera de la ecuación del conocimiento. Las diferentes interpretaciones de la mecánica cuántica que aúnan ciencia y espiritualidad mediante la recuperación de la filosofía perenne, posibilitan fortalecer el movimiento transpersonal como “cuarta fuerza” psicológica. Esa trascendencia holística desde la razón hacia el espíritu permite la tan deseada integración del “yo” (subjetividad), el “nosotros” (intersubjetividad cultural) y el “ello” (ciencia y naturaleza) que fueron diferenciados por Kant mediante sus Tres críticas. La aprehensión cognitiva de todo lo argumentado como criterio de demarcación entre ciencia y espiritualidad, se constituye en un nuevo paradigma de conocimiento amparado en la filosofía transpersonal como disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, cuestión argumentada pedagógica y epistemológicamente en mi obra La educación cuántica. La ciencia clásica se construyó con el método cartesiano de analizar el mundo descomponiéndolo en partes: un reduccionismo determinista del universo relacionado con la imagen de la naturaleza funcionando como un reloj preciso, una idea muy querida por Einstein. Sin embargo, desde el surgimiento de la física cuántica, esa figura mecánica y determinista ya no es posible, en palabras de Hawking: “ Dios juega a los dados con el universo”. Si una cosa queda clara, es que el milagro de la vida sigue siendo un misterio por resolver, y que la ciencia materialista ha quedado obsoleta si no es con la contemplación de nuestra relación con Dios. En el siguiente artículo analizaremos esa relación de Dios con el misterio de la vida. 4 - DIOS Y EL MISTERIO DE LA VIDA Resumen: La fractura dualista entre la ciencia y la espiritualidad, que dura más de dos mil años, ha abocado en un callejón sin salida para la razón humana, hasta que la filosofía cuántica transcendió el paradigma de la física clásica, lo cual llevó a muchos científicos espirituales buscar la integración de la ciencia y Dios desde la no-dualidad. Desde el surgimiento de la física cuántica, se ha producido un giro copernicano desde el “ver para creer” al “creer para ver”, abriendo así las puertas de la genuina espiritualidad no-dual: la filosofía perenne o filosofía del misticismo. En ese intento de resolver el misterio de la vida han intervenido muchos científicos espirituales como Fritjof Capra, Ken Wilber, Amit Goswami, Rupert Sheldrake, Joe Dispenza, Jean-Pierre Garnier Malet, por citar algunos de los más importantes pensadores que nos proporcionan una renovada racionalidad envuelta en una espiritualidad cuántica. Esos vanguardistas investigadores abrieron una brecha para transcender la racionalidad hacia la espiritualidad de un modo psicológico e histórico, una brecha cognitiva que daría consistencia epistemológica a la psicología transpersonal, así como a la filosofía transpersonal. Ese viaje espiritual fue denostado como “misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, sin embargo, la historia ha llegado a un punto de inflexión donde, la fractura dualista entre la ciencia y Dios, solamente se puede salvar con la contemplación de la no-dualidad: un misterio desvelado en un esquema epistemológico para argumentar a la filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica. La dualidad entre razón y metafísica durante más de dos mil años, ha sido un problema epistemológico que ha perdurado en la filosofía occidental y su ciencia, y que solamente se puede resolver desde la filosofía del misticismo para alcanzar una conciencia de unidad cuya máxima expresión es el amor. Por tanto, la experiencia mística (no-dual) es un camino ascendente hacia la sabiduría para, seguidamente, expresar dicha sabiduría como amor: ahí reside todo misterio de la vida. Aprehender dicho conocimiento es una intuición espiritual no-dual que permite la sanación transcendental del ser humano al implementar la razón con el corazón. Consecuentemente, se hace necesario asimismo abordar la experiencia de Dios como una experiencia mística, una profunda cuestión para el próximo artículo. 5 - DIOS COMO UNA EXPERIENCIA MÍSTICA Resumen: La experiencia mística es una experiencia personal e intransferible, pero, guarda relación con los estados de conciencia, tal como aborda la obra La experiencia mística y los estados de conciencia, avalada dicha tesis por renombrados investigadores como Bucke, Huxley, Watts, Wilber o Maslow. Como complemento a lo anterior, los estados de conciencia son estudiados por el movimiento transpersonal, y también por la psicología transpersonal mediante la Tesis Doctoral de Iker Puente. La psicología transpersonal, dentro del pensamiento occidental, está fundamentada con algunos místicos cristianos como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Maestro Eckahrt, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Esos iniciales estadios de conciencia son delimitados mediante una escalera ascendente con tres estadios: la vida purgativa, la vida iluminativa y la vida unitiva. Uno de los estudios clásicos sobre el misticismo cristiano fue realizado por Evelyn Underhyll, la cual postula una perspectiva espiritual-transcendental con cuatro pruebas de la experiencia mística: 1) el misticismo es práctico, se caracteriza por la experiencia directa y la acción; 2) es una actividad complementaria espiritual y trascendente; 3) la tarea y el método del misticismo es el amor; 4) entraña una experiencia psicológica concreta. Los defensores modernos de la filosofía perenne (o filosofía del misticismo) han hallado cinco principios fundamentales: 1) el Espíritu es el fundamento primordial ontológico, epistemológico y axiológico del cosmos; 2) la realidad es ontológicamente idéntica al Espíritu que la origina; 3) creencia en una cosmología involutiva, donde, el universo físico es el resultado de la involución del Espíritu; 4) ontología y axiologías jerárquicas: la realidad está organizada jerárquicamente y es conocida como Gran Cadena del Ser; 5) epistemología jerárquica: teoría del conocimiento que afirma que el conocimiento de los reinos superiores de la ontología jerárquica es un conocimiento más valioso y verdadero. Como se ha visto, la experiencia mística tiene un sustrato cristiano en la cultura occidental, también en la psicología transpersonal, así como en las neurociencias, cuyo corolario son las aportaciones desde la física cuántica, en boca del Premio Nobel Wolfgang Pauli: “La racionalidad tiene que ser complementada por la mística”. Pauli recupera el lúcido misticismo platónico, y Wilber en su obra Cuestiones cuánticas recoge los escritos místicos de los físicos más famoso del mundo. Llegamos así a este punto de la disertación en que la ciencia y la mística son vistas, no como opuestas, sino como complementarias para trascender la fractura dualista entre los ascendentes y los descendentes. Ahora bien, ¿cómo realizar el puente cognitivo entre la ciencia como conocimiento empírico y el conocimiento revelado a través de la mística? ¿Cómo enlazar el conocimiento dual exterior a través de los sentidos y la experiencia mística no-dual? La meditación es la respuesta, y vamos a ver ello en el siguiente artículo. 6 - DIOS A TRAVÉS DE LA MEDITACIÓN Resumen: Es gracia a la sapiencia de Ken Wilber como puedo afirmar que, la trascendencia metafísica mediante la meditación, es el fundamento para la filosofía transpersonal, la cual es postulada en una cuestión de sentido para la argumentación epistemológica y pedagógica de una educación tranracional como misión espiritual . Solamente de ese modo se me antoja que será posible salvar el abismo cultural de la humanidad desde que Kant diferenció mediante sus Tres críticas al “ello” (ciencia), el “yo” (conciencia) y el “nosotros” (moral), dicho ello en términos socráticos: “Aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a sí mismo”. La integración de esas tres esferas kantianas solo es posible en el interior de cada uno de nosotros mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez como premisas que deben ser aprehendidas en el camino ascendente de la sabiduría propio del cuadrante superior izquierdo de la interioridad individual. Con la anterior argumentación, la meditación queda habilitada desde la hermenéutica filosófica. Ahora bien, ¿qué tienen que decir las investigaciones científicas acerca de la meditación? ¿La meditación desde la hermenéutica filosófica puede ser avalada epistemológicamente por la ciencia? ¿Es posible, por tanto, una integración entre la epistemología y la hermenéutica? Así creo haberlo demostrado en mi artículo científico La filosofía transpersonal como una hermenéutica complementaria a la epistemología: fundamentos para una educación transracional. No obstante, las aportaciones científicas avalan la meditación como camino metafísico de introspección, así como una herramienta para la sanación transcendental de la humanidad. Los beneficios de la meditación, avalados científicamente, constituyen una puerta de acceso a la espiritualidad, a esa metafísica que, hasta ahora, estaba desahuciada por los materialistas científicos. Dicho de otro modo, la epistemología de lo conmensurable (ciencia) y la hermenéutica de lo inconmensurable (espíritu) hallan un punto de intersección mediante los beneficios de la meditación demostrados científicamente. He ahí, precisamente, en la síntesis de saberes entre la epistemología y la hermenéutica, donde cada cual puede aprehenderse a uno mismo como conciencia de unidad mediante una auténtica intuición espiritual. Y, ello, se constituye entonces en un anclaje epistemológico para considerar a la filosofía transpersonal de Ken Wilber como un nuevo paradigma de conocimiento, cuyo objeto de estudio es la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia. Dicho despertar espiritual ya no es una cuestión individual solamente, sino también un inherente deber de la colectividad humana, de ahí la necesidad de una educación transracional, pues como se ha visto anteriormente, es posible la sanación trascendental desde la infancia gracias a la aplicación práctica de la meditación en los centros escolares. Y dicho despertar espiritual, tanto individual como colectivo, conduce ineludiblemente a considerar al amor como nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta, una cuestión que es preciso abordar en el siguiente capítulo. 7 - DIOS COMO UN CAMINO DE SABIDURÍA Resumen: El amor es nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta, una cuestión contemplada desde la neurobiología y la sociobiología, en contraposición a las posiciones más recalcitrantes de los ortodoxos materialistas, por ejemplo, como el biólogo Dawkins. El amor es una conciencia moral definida racionalmente como imperativo categórico por el inconmensurable Kant, pero, ya anteriormente Platón planteaba que la sabiduría y el amor estaban intrínsecamente relacionadas como camino ascendente y camino descendente. Con la emergencia de la mente a partir de la modernidad, surgió el mundo de la razón y, por tanto, dio origen también al mundo de las morales conscientes, como se ha visto con el imperativo categórico de Kant. En ese preciso momento histórico es cuando la mente y la naturaleza se diferenciaron: la mente reflexiva y la naturaleza reflejada. Pero, la modernidad se hallaba temporalmente estancada en la batalla entre la mente y la naturaleza, entre el ego y el eco. Dicho despertar espiritual, en opinión de Shelling, se produce por la síntesis no dual como identidad entre el sujeto y el objeto en un acto atemporal de autoconocimiento: es una intuición mística directa. Sin embargo, el ego racional se impuso a la naturaleza y a Dios, y los ascendentes (búsqueda de Dios) fueron reemplazados por los descendentes (materialismo científico), lo cual provocó un abismo cultural sin consideraciones éticas, todo ello ya explicado en el artículo Dios en la dialéctica histórica-cultural. En conclusión, el Espíritu subjetivo mediante el ego racional, se creyó con el poder de expoliar a la naturaleza (Espíritu objetivo) y de imponer su voluntad al mismísimo Dios (Espíritu absoluto). Pero dicha soberbia racional, desde el surgimiento de la filosofía cuántica, ha tenido que recular en su intención reduccionista pues, si Dios es perfección absoluta, dicha perfectibilidad también debe reproducirse en la naturaleza física, así como en la naturaleza humana. Y, por tanto, es preciso abordar el estudio de cómo se manifiesta la sabiduría divina en la naturaleza física, así como en el ser humano. En efecto, desde las ciencias naturales, se reconoce implícitamente que muchas innovaciones tecnológicas están inspiradas en la flora y la fauna. La naturaleza ya ha encontrado soluciones para muchos desafíos a los que se enfrentan los seres humanos en la actualidad y, es por ello, que podemos afirmar que La naturaleza es sabia. Respecto a la sabiduría en el ser humano, ello es un camino individual de cada cual que inquiere iniciar un camino ascendente hacia la sabiduría y que, a su vez, implica una Filosofía de la mente para la transformación interior para, con ello, coadyuvar en la sanación transcendental de la humanidad. En dicho proceso de cognición individual, la sabiduría se presenta como una ciencia para la sanación espiritual a partir de la cual es premisa necesaria desde la filosofía contemplar dimensiones de transcendencia espiritual, una cuestión demostrada científicamente en mi obra CIENCIA, FILOSOFÍA, ESPIRITUALIDAD, en la que argumento que es posible la transcendencia metafísica mediante la meditación. Y para dicho objetivo, es perentorio un giro copernicano en términos kantianos, es necesario también transcender la minoría de edad del ser humano, en definitiva, es preciso un renovado proyecto filosófico y pedagógico: cambiarse a sí mismo para cambiar al mundo. En efecto, se trata de un nuevo paradigma de conocimiento que impele a la transformación interior de cada uno de nosotros: se trata de un camino ascendente hacia la sabiduría donde el amor es la idea suprema. Es así como la epistemología de lo conmensurable (ciencia) y la hermenéutica de lo inconmensurable (espíritu) , ambos desde una visión no-dual, son dos modos de saber que conducen a una misma finalidad: la conciencia de unidad entre todos los seres de este y otros mundos. Conviene recordar una vez más que, el saber sin amor, es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo. Y cuando dicha premisa sea educada a nuestros infantes, antes saldremos de la actual crisis de conciencia porque, al fin y al cabo, dicha crisis de conciencia no es más que una falta de conocimiento de nuestra esencia divina. Es por ello que, la educación, está necesitada de una visión transpersonal y transracional: para vivir en paz y en el amor, pues solo así podremos deshacernos del enemigo invisible de la humanidad para, seguidamente, intuir a Dios en nuestro interior como una luz que ilumina nuestro camino, cuestión que cabe desarrollar en más profundidad en el siguiente artículo. 8 - DIOS: UNA LUZ EN TU CAMINO Resumen: Argumentar que podemos intuir a Dios en nuestro interior como una luz en nuestro camino, implica una intuición espiritual como síntesis de saberes entre la epistemología y la hermenéutica. Y eso, creo yo, es lo que he conseguido con mi artículo científico titulado La filosofía transpersonal como una hermenéutica complementaria a la epistemología: fundamentos para una educación transracional. Ahora bien, ¿qué tiene que decir la ciencia en la comunicación entre la razón y el espíritu? Tradicionalmente, como se ha visto en esta meta-investigación, la ciencia (camino descendente) y la religión (camino ascendente) han permanecido en caminos divergentes por más de dos mil años. Sin embargo, desde el surgimiento de la filosofía cuántica, se produce un acercamiento de cada vez más científicos en considerar a Dios como parte de la ecuación del conocimiento, lo cual irreversiblemente, es un nuevo paradigma de conocimiento conocido como filosofía transpersonal. En dicho sentido es como se ha podido descubrir a Dios como una experiencia mística y a través de la meditación: un “sí mismo” desde la no-dualidad. Así propuesta la cuestión de comunicación entre la ciencia y Dios, es indiscutible que la ciencia no es más que una percepción parcial de la totalidad del Ser. Y que, en dicho intento de fusionar la ciencia y la espiritualidad (o la filosofía y la metafísica), es perentorio que existan diferentes grados del conocimiento de Dios, que existan velos de la percepción humana por derribar y que, ello, ineludiblemente nos lleva a la consideración de diferentes mapas evolutivos de la conciencia. Recordemos que la conciencia es el núcleo duro que la ciencia no ha resuelto todavía, primordialmente, porque se ha centrado en el “ello” (naturaleza objetiva), obviando a las experiencias subjetivas (“yo”) así como intersubjetivas (“nosotros”). En definitiva: los Tres Grandes diferenciados por Kant son, todavía, el gran reto de integración al que nos enfrentamos en el actual estadio evolutivo de la humanidad. Para resolver dicha cuestión, la semiótica es la ciencia derivada de la filosofía que puede permitir una integración entre ciencia y espiritualidad, pues trata de los sistemas de comunicación dentro de las sociedades humanas. Y, ¿cuál es el problema más acuciante del ser humano? Efectivamente: la comunicación entre ciencia y espiritualidad, una cuestión que el enemigo invisible de la humanidad se afana para que no encontremos el camino de regreso a nuestra esencia divina. Y ese regreso a nuestra esencia divina, solamente se puede realizar desde una transformación interior y de trascendencia para realizar conscientemente el camino de la ascensión espiritual individual desde la 3D a la 5D. Se trata, en definitiva, de la búsqueda del “sí mismo” que nadie puede hacer por nosotros. Y, la semiótica, nos provee una aprehensión cognitiva en sintonía con dicha experiencia interna. La aprehensión cognitiva en el camino interior de cada cual, en términos conceptuales, es lo que se conoce como la epistemología de lo conmensurable (teoría del conocimiento desde la filosofía y la ciencia sustentadas ambas en la razón dualista) así como la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de Dios desde la no-dualidad). Para lograr una certera y unívoca conceptuación, son necesarias entonces las demarcaciones conceptuales por antonomasia: dualidad y no-dualidad. Cabe dejar claro que la no-dualidad es una experiencia mística, es un lúcido misticismo platónico, es decir, una experiencia inefable que no puede ser expresada en palabras ni conceptos: desde la dualidad racional ese ámbito numinoso es conocido como metafísica, una cuestión denostada por el materialismo científico como se ha argumentado durante esta investigación y que, ese "misticismo cuántico", por justicia histórica y epistemológica, debería ser llamado filosofía transpersonal. No obstante la dificultad de percibir a Dios en términos conceptuales, hay un lenguaje universal que se conoce como “geometría” y, en dicho sentido, el círculo es una representación de Todo lo que Es, es decir, Dios. En boca del físico y astrónomo Sir James Jeans: “Dios es matemático, y el universo está empezando a parecerse más a un gran pensamiento que a una gran máquina”. Es así como me fue desvelada esa manifestación divina mediante un mándala geométrico donde, las demarcaciones conceptuales, pueden ser expresadas como Verdad, Sabiduría y Amor en el camino descendente desde la Unidad Divina hasta la Multiplicidad Humana; y, por otro lado, la Filosofía, la Metafísica y el Conocimiento como camino ascendente desde la Multiplicidad Humana hasta lograr la experiencia mística de la Unidad Divina. Dichas demarcaciones conceptuales (Verdad, Sabiduría, Amor, Filosofía, Metafísica y Conocimiento) han sido objeto de mis diversas publicaciones y, en consecuencia, me ha permitido elaborar un glosario de artículos relacionados con cada concepto, para facilitar la labor investigativa de todo aquél interesado en la búsqueda del “sí mismo” a través de la filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento. Y esa búsqueda del “sí mismo” se convierte, entonces, en un camino ascendente hacia la sabiduría. Y toda persona que haya iniciado ese sendero de sabiduría acaba convergiendo en el amor como el más alto valor ético, porque, cabe recordar una vez más: la sabiduría y el amor no pueden ser encapsulados y prescritos por un médico, sino que deben ser aprehendidos consciente y prácticamente por todo sincero buscador de verdad; porque no hay mayor verdad que el amor (espiritualidad), y el amor a la verdad es el camino (filosofía), un reto de integración entre la razón y el espíritu con la salvaguarda de la naturaleza. Las anteriores aseveraciones nos remiten, obvia e inherentemente, al sabio aforismo en boca del inconmensurable Sócrates: “Aquel que quiera cambiar el mundo, deberá comenzar por cambiarse a sí mismo”. Ahora bien, cambiarse a sí mismo, implica un proceso psicológico que es preciso abordar en el siguiente artículo. 9 - DIOS EN LA PSICOLOGÍA HUMANA Resumen: Finalizábamos el anterior artículo con la necesidad de abordar el proceso psicológico implicado en la tarea del cambio de sí mismo. Los seguidores de este autor saben que, en mi obra La educación cuántica, argumento que la filosofía transpersonal desarrollada por Ken Wilber, así como la psicología transpersonal como la “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista, se constituyen ambas como un nuevo paradigma de conocimiento. Siguiendo la estela de dicha argumentación, he tenido el honor que, el esquema epistemológico de mi obra, haya servido de esqueleto cognitivo en la Tesis Doctoral de Noemí Siverio (Venezuela) y, por tanto, es preciso abordar dicha proposición académica y sus connotaciones psicológicas para el “homo complexus”, lo cual implica asimismo que dicha renovada comprensión psicológica sea extensiva al ámbito educativo. La novedad de esta Tesis Doctoral es que contempla la psicología transpersonal, así como la educación transracional. Mi agradecimiento a Noemí Siverio por las citas a mis publicaciones, es todo un honor que mis investigaciones hayan sido de utilidad en su Tesis Doctoral. La Tesis Doctoral de Noemí Siverio, junto a la Tesis de Maestría de Marely Figueroa, son dos aportes vanguardistas que abordan la visión transpersonal como revulsivo a la educación académica tradicional: ¿acaso son las primeras piedras de un gran edificio educativo-espiritual? Mi sueño es que alguna Universidad haga posible impartir asignaturas sobre filosofía transpersonal, psicología transpersonal, educación transracional así como las ciencias vanguardistas relacionadas con la espiritualidad. Ese sueño ya se está haciendo realidad a tenor de estas dos incipientes y novedosas iniciativas: -EXPERIENCIA PIONERA EN EL MUNDO DE LA FILOSOFÍA: EL INSTITUTO ATENEO DE COLIMA (MÉXICO) IMPARTE LA ASIGNATURA DE FILOSOFIA TRANSPERSONAL EN EL GRADO UNIVERSITARIO DE EDUCACIÓN -TESIS DOCTORAL DE MORELIA VALENCIA MEDINA (ESPAÑA): UNA PERSPECTIVA TRANSPERSONAL PARA LA EDUCACIÓN Las Tesis Académicas citadas evidencian que hay que abordar la complejidad psicológica de la racionalidad humana con nuevos neologismos, por ejemplo: la dimensión espiritual como un despertar de la conciencia. Consecuentemente, es imperativo que cada cual se pregunte: ¿Quién crees que eres tú? Lo que se desprende de dicha introspección psicológica, es que hay que introducir a Dios en la ecuación del conocimiento de sí mismo, porque es la trampa del ego quién te mantiene en la ilusión de la separación del Espíritu. Por tanto, la misión más importante después de la introspección psicológica y trascendencia del ego, es conectarse con el plan divino. Ahora bien, la introspección psicológica y la trascendencia del ego, así como la conexión con el plan divino, todo ese proceso implica una filosofía de la mente para la transformación interior. Y para dicha transformación interior, hay que recurrir al padre del racionalismo René Descartes en sus propias palabras: “Para alcanzar la verdad, es necesario, una vez en la vida, desprenderse de todas las ideas recibidas, y reconstruir de nuevo y desde los cimientos todo nuestro sistema de conocimientos” Y para la reconstrucción del conocimiento, tal como lo vengo argumentado de un modo epistemológico en este trabajo de meta-investigación filosófica, es preciso abordar inherentemente los mapas evolutivos de la conciencia, pero eso será objeto de otra serie de artículos en la próxima monografía. 10 - DIOS EN LOS MAPAS EVOLUTIVOS DE LA CONCIENCIA Resumen: Concluíamos el anterior trabajo monográfico en que la introspección psicológica y la trascendencia del ego, así como la conexión con el plan divino, todo ese proceso implica una filosofía de la mente para la transformación interior. Y que, para dicha transformación interior, es precisa una reconstrucción del conocimiento que tenga en consideración los mapas evolutivos de la conciencia. Llegamos así al núcleo duro del conocimiento aún no resuelto desde la epistemología de lo conmensurable (materialismo científico), debiendo recurrir ineludiblemente a la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de lo que sea Dios). Dicha aseveración ha quedado meridianamente clara para los lectores que hayan seguido este trabajo de meta-investigación filosófica. Ahora bien, ¿cómo podemos hablar de niveles de conciencia cuando, en el actual estadio evolutivo de la humanidad, no hay todavía un consenso cognitivo de lo que sea la “conciencia”? Por tanto, antes de entrar a argumentar los diferentes niveles de conciencia, será preciso inexorablemente intentar clarificar lo que sea la “conciencia”, primeramente, desde una concepción histórica-cultural y, en segundo lugar, desde las implicaciones definitorias para que el actual sistema educativo y cultural aprehenda ese conocimiento autopoiético con capacidad para salir de la crisis de conciencia en la que actualmente se halla este viejo mundo moribundo. Una vez dilucidadas las características definitorias de lo que sea la conciencia desde un punto de vista histórico-cultural y cierto consenso cognitivo acerca de la “conciencia”, solo entonces, podremos abordar los diferentes niveles de la evolución de la conciencia de la mano de pensadores que ya han abordado esa transcendental y monumental tarea filosófica y psicológica. La panorámica histórico-evolutiva de la humanidad permite al lector comprender la importancia del pensamiento de Wilber, no solo en la interpretación de la historia del pensamiento occidental, sino también como revulsivo de mi propio constructo filosófico a través de mis diversas publicaciones que, en definitiva, propone trascender un viejo mundo y sus paradigmas trasnochados, hacia un nuevo mundo que apunta a nuevos paradigmas por descubrir para todo sincero buscador de sabiduría, o dicho en término positivo, emprender un camino ascendente hacia la sabiduría. Así, con la constatación heideggeriana de que “todo comprender es comprenderse”, cabe destacar el papel positivo de la subjetividad en la hermenéutica, lo cual implica distinguir la subjetividad metafísica de lo que sería el ser humano individual, al que no se opone la hermenéutica. La metafísica, aunque problemática, es inevitable: el ser “humano” (cualquier ser con determinado grado de consciencia) es un ser metafísico, y la desaparición de la metafísica solo es posible con la desaparición del humano (o vivos semejantes de otros planetas). Una de las características del siglo XX ha sido la crítica sin contemplaciones a este tipo de filosofía eterna y sistemática que asociamos al término metafísica. Y, sin embargo, nada más actual que las cuestiones metafísicas. No hay manera de evitar que una y otra vez vuelva ese tipo de preguntas primeras sobre Dios, el hombre o el mundo, que quieren saber qué es lo que podemos conocer, qué es lo que debemos hacer o qué es lo que nos cabe esperar. Una vez dilucidada la panorámica histórica-evolutiva de la humanidad de la mano del inconmensurable Ken Wilber, vayamos ahora a las implicaciones definitorias de lo que sea la “conciencia”. Si la conciencia, tanto individual como colectiva, es un proyecto filosófico y pedagógico en construcción, cabe preguntarse si existen referentes filosóficos que nos ilustren sobre la evolución de la conciencia. Indudablemente que, El mito de la caverna de Platón es una alegoría aún vigente hoy en día en vista de la inmersión colectiva en la sociedad de la ignorancia y sus repercusiones epistemológicas. No obstante, es Ken Wiber quien nos ofrece un mapa evolutivo de la conciencia sin parangón en la historia de la humanidad. Ken Wilber delinea cómo la conciencia evoluciona en la subjetividad de cada ser humano, ya sea consciente o inconscientemente, y es la responsabilidad de cada cual el empoderamiento de dicho conocimiento para trascender desde el estadio prepersonal al personal y, desde ahí, dar el salto al estadio transpersonal, un estado de “iluminación” como un proceso continuo de permanente evolución dentro de un marco de referencia estrictamente ético. Ahora bien, a mi entender, ese mapa evolutivo de la conciencia así argumentado por Ken Wilber, se encuadra en el cuadrante superior izquierdo (subjetividad intencional) dentro de su meta-teoría de los cuatro cuadrantes. La pregunta por antonomasia que motiva esta meta-investigación filosófica es: ¿Es posible una “Teoría integral de la evolución de la conciencia” que integre a los cuatro cuadrantes excelsamente definidos por Ken Wilber? Eso creo haber demostrado, pues la integración de los cuatro cuadrantes contempla y es fiel a la visión no-dual de Ken Wilber, así como a la intuición moral básica tan necesaria. Esta es una sinopsis de dicha Teoría integral de la evolución de la conciencia desde los cuatro cuadrantes: -Cuadrante interior-individual: La evolución de la conciencia según Ken Wilber: hacia la no-dualidad; y también: La ascensión espiritual individual desde 3D a 5D, según Amador Martos. -Cuadrante exterior-individual: La pirámide de Maslow dentro de un contexto epistemológico acerca de la psicología evolutiva de la libertad. -Cuadrante interior-colectivo: La evolución de la conciencia según Amador Martos, la cual propugna los fundamentos de una Filosofía Transpersonal y una Educación Transracional para una integración entre CIENCIA, FILOSOFÍA y ESPIRITUALIDAD -Cuadrante exterior-colectivo: Los 8 velos de la percepción según Don Harkins (versión actualizada por Amador Martos). Una vez estudiados y expuestos los “mapas evolutivos de la conciencia” para cada cuadrante de la realidad: ¿cómo realizar la integración de todos ellos? ¿Cómo cerrar el círculo epistemológico entre la ciencia y el espíritu? Para dar respuesta a dichas cuestiones, nuevamente, es imprescindible volver al inconmensurable Ken Wilber, quien nos invita a descubrir la no-dualidad como corolario a nuestra evolución espiritual, una cuestión expuesta sucintamente en mi artículo ¿Dualidad y no-dualidad: dónde está el misterio? En realidad, el misterio reside en que debemos evolucionar nuestra conciencia, cada cual la suya, mediante la intuición moral básica excelsamente argumentada por Ken Wilber. En efecto, la no-dualidad argumentada por Wilber (interior-individual) es la misma autorrealización propuesta por Maslow (exterior-individual) en su jerarquía de las necesidades humanas y, de un modo cultural, coincide con mi propuesta de la Filosofía Transpersonal y Educación Transracional (interior-colectivo). Incluso en la vertiente social y antropológica (exterior-colectiva), Don Harkins nos remite a quitar el velo que hay entre nosotros y Dios. Como podemos apreciar, cada uno de esos cuadrantes y sus correspondientes mapas evolutivos de la conciencia convergen en la experiencia mística, en el sentimiento del amor y en la conciencia de unidad. Llegamos, así, al único camino para la sanación transcendental de la humanidad: es necesario desde la filosofía contemplar dimensiones de transcendencia espiritual, una cuestión demostrada científicamente en mi obra CIENCIA, FILOSOFÍA, ESPIRITUALIDAD, en la que argumento que es posible la transcendencia metafísica mediante la meditación. Y para dicho objetivo, es perentorio un giro copernicano en términos kantianos, es necesario también transcender la minoría de edad del ser humano, en definitiva, es preciso un renovado proyecto filosófico y pedagógico: cambiarse a sí mismo para cambiar al mundo. En efecto, se trata de un nuevo paradigma de conocimiento que impele a la transformación interior de cada uno de nosotros: se trata de un camino ascendente hacia la sabiduría donde el amor es la idea suprema. Es así como la epistemología de lo conmensurable (ciencia) y la hermenéutica de lo inconmensurable (espíritu) , ambos desde una visión no-dual, son dos modos de saber que conducen a una misma finalidad: la conciencia de unidad entre todos los seres de este y otros mundos. Conviene recordar una vez más que, el saber sin amor, es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo. Y cuando dicha premisa sea educada a nuestros infantes, antes saldremos de la actual crisis de conciencia porque, al fin y al cabo, dicha crisis de conciencia no es más que una falta de conocimiento de nuestra esencia divina. Es por ello que, la educación, está necesitada de una visión transpersonal y transracional: para vivir en paz y en el amor, pues solo así podremos deshacernos del enemigo invisible de la humanidad. En el primer renacimiento surgió la conciencia individual histórica a partir del cogito cartesiano. En el segundo renacimiento es el espíritu colectivo quien abre las posibilidades hacia un nuevo mundo. El viejo mundo sustentado en el ego está agonizando, y el nuevo mundo del espíritu colectivo está todavía en pañales. Para que sea efectiva la trascendencia del primero al segundo, es imperativa una renovada pedagogía filosófica. Y esa renovada pedagogía filosófica ya es una realidad de la mano del movimiento transpersonal, avalada por publicaciones transpersonales internacionales, algunas de ellas como Tesis Doctorales y, como corolario, la creación de la Asociación de Pedagogía Transpersonal con clara vocación internacional para que dichos presupuestos cognitivos y pedagógicos sean adoptados por una educación utilizada como un instrumento de poder. Llegamos así a un punto de esta meta-investigación filosófica en que, la genealogía argumentada, a saber, la importancia de Dios en la filosofía, nos conduce inherentemente a contemplar a Dios en la educación, pero sin caer en dogmatismos. Decididamente, la filosofía tradicional surgida tras la racional-modernidad está moribunda, y el pensamiento occidental con ella, principalmente, porque su discurso sustentado en el materialismo científico está agotado pues raya con planteamientos filosóficos y espirituales que sobrepasan al método científico desde el surgimiento de la filosofía cuántica. Sin embargo, la filosofía transpersonal, al recoger las enseñanzas de la filosofía perenne, al aunar la racionalidad con la genuina espiritualidad exenta del dogmatismo religioso, apunta hacia un nuevo mundo ahí fuera, pero, sobre todo, a todo un mundo por descubrir dentro de cada uno de nosotros. Tal como argumento en La educación cuántica, la ausencia de una genuina espiritualidad contemplativa e introspectiva exenta de apriorismo dogmáticos religiosos es la causa epistemológica de la decadencia del pensamiento occidental. Y la única posibilidad de trascender esa decadencia cultural es una integración entre la epistemología y la hermenéutica, entre la ciencia y el Espíritu, entre la razón y el corazón: esos son los fundamentos de la Filosofía Transpersonal para una Educación Transracional. Esos dos modos de saber, la epistemología y la hermenéutica, ambas integradas mediante la Filosofía Transpersonal posibilitan una Educación Transracional, cuestiones que se abordarán en la siguiente monografía. 11 - DIOS EN LA EDUCACIÓN Resumen: Finalizábamos la anterior monografía aseverando que, la epistemología y la hermenéutica integradas desde la Filosofía Transpersonal, son dos modos de saber que posibilitan una Educación Transracional. Dicha conclusión implica un revisionismo educacional y humano al dejar en evidencia la falacia del sistema educativo occidental. La educación académica tradicional está quedando obsoleta y requiere de una nueva mirada pedagógica acorde a los nuevos tiempos cuánticos. Si a ese campo cuántico se le añade la necesaria renovación moral y espiritual, tenemos así el fundamento epistemológico para poder hablar de La educación cuántica mediante una actitud pedagógica que busca el empoderamiento consciente de los alumnos, cuestión ya puesta en marcha por las escuelas llamadas “activas”. El sistema educativo tradicional está metamorfoseándose gracias a personas o colectivos que trabajan en pos del empoderamiento humano, en aras a trabajar la potencial profundidad inherente a todo ser humano; y ello solo se puede realizar desde un giro copernicano en el modelo cognitivo de la educación, como pretende este filósofo con La educación cuántica. Y no es una simple impresión subjetiva del que escribe esto pues, a decir del catedrático de sociología y experto en educación Mariano Fernández Enguita, el origen del fracaso escolar se debe a la rigidez del sistema educativo. No hay lugar a dudas que el paradigma educativo tradicional está en un tránsito hacia no sabe nadie dónde. Ese vacío cognitivo por la incertidumbre educacional del futuro, es un posibilismo para la construcción epistemológica de La educación cuántica en el marco de la filosofía transpersonal. Desde 1948, el artículo veintiséis de los Derechos Humanos referente al derecho de la educación, como en otras facetas sociales, económicas y políticas, ha sido ninguneado por los poderes fácticos. Sin embargo, novedosas iniciativas de hacer pedagogía están llegando al estamento educacional. Son tiempos de un revisionismo educacional como se ha visto, pero también de un revisionismo humano en el modo como percibimos nuestro mundo y el universo. En definitiva, son tiempos de repensar la relación entre la racionalidad y la espiritualidad. Son tiempos de integración entre la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable. Así pues, ante tales argumentos, ¿en qué lugar queda la responsabilidad de científicos, filósofos, profesores y educadores? Como filósofo transpersonal, mi deseo es que sea posible la liberación de la humanidad mediante el acopio de conocimiento para ser libres con conocimiento de causa, un hondo problema epistemológico expuesto en la ponencia del II COLOQUIO INTERNACIONAL: POSIBILIDADES DE LA RESIGNIFICACIÓN DEL EPISTEME EN LAS CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN: DEBATES Y REFLEXIONES. El reto más importante que tienen actualmente los profesores, los educadores, la educación en general, los científicos en particular y las humanidades es orientar la cultura humana más allá del reduccionismo psicológico y de la filosofía materialista que ha imperado en Occidente. El despertar colectivo es posible, y lo es gracias a la meditación y sus beneficios aplicados prácticamente en las aulas, como demuestran muchas experiencias vanguardistas en el ámbito educativo. El conocimiento es una riqueza intelectual que debe ser gestionada, auspiciada, educada y transmitida por los profesionales de la epistemología, pues necesitamos aún de genuinos epistemólogos para intentar dar un sentido a la vida y de saber cuál es nuestro lugar en este mundo. Y la propuesta de este pensador es que la metafísica es una rama de la filosofía que, de un modo histórico, ha sido relegada al ámbito de las religiones, es decir a la dualidad externa, obviando que es en el Dios interior (no-dualidad), donde es posible educar espiritualmente a nuestros niños, para que se sientan como parte de la totalidad donde Todos somos Uno. Nos hallamos ante tantos cambios de paradigmas (filosófico, psicológico, sociológico, educativo, científico y espiritual) que son los propios maestros, profesores y la educación en general, quienes deberían coger las riendas del conocimiento para debatir su epistemología y consensuar lo que hay que saber, y lo que hay que enseñar en la transmisión del conocimiento. Ahí queda el reto para científicos, filósofos, profesores y educadores, ahí queda el reto para nuestra civilización y sus mentes pensantes: integrar la espiritualidad en el sistema educativo, tal es el reto que plantea este pensador mediante sus publicaciones. Y ese reto de adentrarse en la no-dualidad entre la sabiduría y el amor es posible, como nos demuestra un texto iluminador de Nisargadatta Maharaj, un gran maestro espiritual de la corriente Advaita. Su enseñanza es admirada por ser directa, provocativa y radical, considerado por muchos como un iluminado, y que nos invita a recorrer ese camino espiritual hacia la no-dualidad, o el Dios interior. No debe interpretarse esta “Carta abierta a científicos, filósofos, profesores y educadores” como un ataque personal, más bien, como un llamado a la toma de conciencia de que deben ser los artífices del cambio en la educación, y no dejar esa trascendental importancia educativa en manos de los políticos corruptos hasta la médula. A tal efecto, recurriendo nuevamente a Ken Wilber, es necesaria una Política Integral que posibilite una Educación Transracional. La filosofía transpersonal e integral de Ken Wilber como disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, puede postularse como asignatura educativa para la sanación trascendental del ser humano mediante una educación transracional. Como apunta Wilber, todo cambio se presenta bajo los cuatro cuadrantes, y por tanto, habrá que comenzar a pulir el diamante en bruto que todos nosotros tenemos en el fondo de nuestro ser (“yo”-interior individual) mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez, un sendero de sabiduría que permitiría la integración de todos “nosotros” en una comprensión mutua (interior colectivo) y, entre todos, cambiar entonces el ajuste funcional de un sistema social (“ello”-exterior colectivo) inmerso en un mundo chato. En definitiva, necesitamos una política integral para transcender la crisis de conciencia en la que está inmersa la filosofía occidental y, así, salvar el abismo cultural de la humanidad. Y ese abismo cultural solo se puede salvar si ponemos a Dios en la ecuación del conocimiento que, en término filosóficos, sería la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de lo que sea Dios, como un camino metafísico). Cuando el ego del ser humano toma las riendas del destino, ya sabemos a dónde nos lleva: al actual apocalipsis que estamos presenciando en el mundo. Sin embargo, recordemos un sabio aforismo de Aristóteles: “Dios y la naturaleza no hacen nada inútilmente”. Por tanto, no es descabellado pensar que estamos viviendo tiempos bíblicos, pero ello será cuestión de análisis en la próxima monografía. 12 - DIOS Y LOS TIEMPOS BÍBLICOS Conclusión de la importancia de Dios en la filosofía: Si usted, amigo lector, ha llegado con éxito a la comprensión de las anteriores once monografías de esta meta-investigación filosófica, convendrá conmigo que, en realidad, hemos llegado al límite de la razón dualista. Hemos avanzado, paso a paso, con el mayor rigor metodológico para descifrar si existe alguna verdad alcanzable desde la racionalidad humana. Quien haya seguidos mis investigaciones podría convenir conmigo que, esa racionalidad humana, es el mismo Mundo de las Ideas de Platón, y que se sitúa en la cuarta dimensión. Y que, desde esa 4D, existe un “genio maligno”, un enemigo invisible que manipula a la humanidad desde el subconsciente. En consecuencia, esa razón dualista, es una cárcel mental sustentada por un cerebro reptiliano que nos impide adentrarnos más allá de la dualidad para intentar descifrar las cuestiones metafísicas que preocupan a la humanidad desde eones de tiempo. Esa cárcel mental en la que vivimos, algunos la llaman Matrix, es un holograma que mantiene nuestra realidad en una ilusión y que nuestra vida es como un sueño. Por eso es tan necesario el despertar espiritual a través del amor: esa es la guerra espiritual en la que está inmersa la humanidad. Dios no es un concepto alcanzable desde la razón dualista, es una experiencia mística (no-dual) a través de la cual se experimenta la conciencia de unidad entre todos los seres de este y otros mundos. Porque, sí, existen otros mundos, pero están dentro de nosotros mismos, porque somos seres multidimensionales: tenemos un aspecto físico en la 3D, un cuerpo etérico en la 4D y una energía lumínica más allá de la 5D, llamado esta última Humano/Luz por William Criado. Mediante la hipnosis clínica regresiva de William Criado, es posible una trascendencia de la Filosofía Transpersonal desde la teoría a la práctica. Y lo que descubrimos en esa investigación del inconsciente colectivo es que, lo que está pasando en el mundo, es un reflejo del actual estado de consciencia de la humanidad. Dicho de otro modo, estamos viviendo tiempos bíblicos. Ahora bien, la biblia es manipulada, como todas las religiones, para mantener al ser humano alejado de su esencia divina. Cualquier investigación más allá de la racionalidad dualista se enfrenta a los supuestos aquí descritos: buscar el sentido de la vida. Y esa búsqueda es un trabajo individual que nadie puede hacer por nosotros. Se convierte esa búsqueda espiritual en un proceso de ascensión espiritual individual desde la 3D a la 5D. Esa búsqueda espiritual me ha llevado hasta el límite de la racionalidad humana: elaborar una hermenéutica filosófica para la comprensión del misterio de la vida. Dichos presupuestos hermenéuticos, mediante artículos científicos, han sido los fundamentos de la Filosofía Transpersonal como un nuevo paradigma de conocimiento. Y ese límite de la razón dualista se constituye en una apertura hacia la transracionalidad. Es indudable que vivimos tiempos bíblicos: la falsa pandemia es la marca de la bestia para impedir la ascensión espiritual planetaria, pues esas bestias de la cuarta dimensión se alimentan de nuestra energía mediante una ignorancia sustentada en la razón dualista. Es indudable también que la humanidad vive la Gran Tribulación, y que los cuatro jinetes del apocalipsis están cabalgando sobre nosotros induciendo la muerte, el hambre y las guerras. Pero recordemos que todo ello es una ilusión, un sueño, una cárcel mental. En la medida en que cada uno de nosotros se empodere de su interioridad pensativa y espiritual, el despertar colectivo masivo estará más cerca. Algunos indicios me hacen aventurar que ese desenlace llegará entorno al año 2025. ¿Qué pasará? Nadie lo sabe, es el mayor secreto aún por desvelar. Pero una cosa hay cierta según las investigaciones de William Criado: la historia de la humanidad está en el apogeo de su batalla universal, y que la humanidad se halla inmersa en un proceso de ascensión espiritual planetaria. Esta última monografía dedicada a los tiempos bíblicos es el corolario de la Filosofía Transpersonal que defiendo y, cuyo objetivo, es ayudar a quitarnos todos los velos de la percepción para, así, sanar nuestros traumas y lograr una comprensión de la “Teoría integral de la evolución de la conciencia”, la cual implica el nacimiento de una nueva conciencia. Esa nueva conciencia inquiere una filosofía de la mente para la transformación interior, un trabajo personal que nadie puede hacer por nosotros. No obstante, tengo la esperanza de que sea posible un proyecto filosófico y pedagógico: cambiarse a sí mismo para cambiar el mundo. Y que ello es posible mediante una perspectiva transpersonal para la educación. La razón dualista nos mantiene en la ilusión de la separación entre “nosotros”, por tanto, debe ser trascendida mediante una Filosofía Transpersonal y una Educación Transracional. Sólo así será posible un giro copernicano para que el ser humano deje su minoría de edad. El imperativo kantiano está más vivo que nunca, es el mismo amor predicado por Jesucristo, aunque su misión haya sido manipulada para mantener a la humanidad en la ignorancia inducida mediante la manipulación económica, social y política para, con ello, impedir la conexión divina. Recordar y conectar con esa esencia divina es nuestro sagrado deber: recordemos que “apocalipsis” significa “revelaciones”. En consecuencia, los tiempos bíblicos que vivimos no son más que una manifestación de las verdades eternas que yacen potencialmente en el interior de cada uno de nosotros. Este trabajo de meta-investigación filosófica ha llegado al límite expresable mediante palabras y conceptos desde la razón dualista. Y ese límite racionalista enlaza con la no-dualidad como única forma de vivir y experimentar la experiencia numinosa de Dios. Esa experiencia interior no puede comunicarse, más bien es una experiencia que nos lleva más allá de la razón. Como excelsamente argumenta Ken Wilber en la conclusión de su obra Sexo, Ecología, Espiritualidad, la humanidad se halla al filo de la percepción transracional. Mi humilde labor como filósofo transpersonal, ha sido el de señalar y argumentar ese camino metafísico a recorrer por cada uno de nosotros. Y, como no puede ser de otra manera, quisiera acabar con un homenaje a mi maestro intelectual Ken Wilber, reproduciendo su conclusión final acerca de la conciencia de unidad: “La verdadera práctica espiritual no es algo que hagamos durante veinte minutos, ni durante dos horas, ni durante seis horas al día. No es algo para hacer una vez al día, por la mañana, ni una vez por semana, los domingos. La práctica espiritual no es una entre tantas otras actividades humanas; es el fundamento de todas las actividades humanas, su fuente y su validación. Es un compromiso previo con la Verdad Trascendente, vivida, respirada, intuida y practicada durante veinticuatro horas del día. Intuir lo que verdaderamente somos es comprometernos íntegramente en la realización de eso que verdaderamente somos en todos los seres, de acuerdo al voto primordial: “Por innumerables que sean los seres, hago voto de liberarlos; por incomparable que sea la Verdad, hago voto de realizarla”. Para quien sienta este profundo compromiso con la realización, el servicio, el sacrificio y la entrega, en todas las condiciones presentes y hasta el infinito mismo, la práctica espiritual será, naturalmente, el camino. Que esa persona reciba la gracia de encontrar en esta vida un maestro espiritual y de conocer la iluminación en el momento.”
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SABIDURÍA

EL MUNDO DE LAS IDEAS DE PLATÓN ESTÁ EN LA 4ª DIMENSIÓN (4D)

1 - Dimensiones, reduccionismo psicológico y reduccionismo científico Por un lado, el título de este artículo pudiera pasar como transgresor por identificar el Mundo de las Ideas de Platón con una dimensión atemporal propia de la 4ª dimensión. Hablar hoy de dimensiones es una sutil definición conceptual para referirnos a un estado vibracional en cierta frecuencia: en realidad, todo es vibración. Por otro lado, la “rígida estructura” del dualismo científico entre sujeto y objeto que ha impregnado a la civilización occidental, ha conducido a una filosofía materialista y un reduccionismo psicológico. En contraposición, como argumenta Javier Ruiz: "Se ha llegado a un agotamiento conceptual, y de ahí que muchos físicos se vuelvan a los viejos mitos en busca de un significado a lo que no deja de ser meras ecuaciones. Por otro lado, las mismas religiones tradicionales se ven refrescadas por la ciencia, ya que esta ciencia cada vez es menos materialista y dispuesta a abrirse a conceptos metafísicos." (1) ¿Y qué relación guarda las dimensiones con dicho reduccionismo psicológico y científico? Respecto a las dimensiones en forma vibratoria, ello no es ajeno a la propia ciencia, quien ha descubierto que las partículas subatómicas son energía en movimiento dentro de un gran vacío. Del mismo modo, la Teoría de Cuerdas postula más de cuatro dimensiones y un universo en vibración. Esta tesis, recogida por el físico teórico Michiu Kaku, nos habla de un Hiperespacio donde tiene cabida dimensiones más allá de nuestras experiencias cotidianas, donde la teoría del Hiperespacio tiene su derivación más reciente en la Teoría de supercuerdas. Todo un mundo de vibraciones por descubrir. Ese reduccionismo científico, mediante la filosofía cuántica, está abocado a una apertura epistemológica: ya no se puede asir la realidad mediante el método científico, es una verdad a medias; el fracaso epistemológico de Occidente es paralelo al sistema de creencias que lo ha sostenido, a saber, el materialismo científico. Y, como argumenta explicita y congruentemente Ken Wilber, este tipo de conocimiento ha devenido con el paso del tiempo en un “mundo chato” al despreciar al camino de la hermenéutica de lo inconmensurable, la cual busca interpretaciones metafísicas para aquellas cuestiones que la ciencia ortodoxa no puede responder. En ese camino de apertura cognitiva, los “místicos cuánticos” deben ser reconsiderados como “filósofos transpersonales”, por pura justicia histórica y epistemológica. 2 - Un nuevo paradigma de conocimiento El fracaso epistemológico de Occidente estriba en una tradicional separación dualista entre ciencia y espiritualidad que, además, está casi perfectamente orquestada por el enemigo invisible de la humanidad para que lo verdaderamente espiritual quede relegado a la manipulación por las religiones exotéricas, cuando, en realidad, la verdadera religión es esotérica. Recordemos el aforismo griego “Conócete a ti mismo”, o el aforismo bíblico “La verdad os hará libres”. La “verdad” no está en la ilusoria dualidad externa, sino en la percepción de la “verdad” por cada conciencia en virtud de los velos de la percepción de cada cual. Según la física cuántica, cada persona crea su propia realidad. ¿Pero qué pasa cuando la realidad colectiva está siendo secuestrada a través de la historia, la educación, la economía y la política? Ese es el fracaso psicológico de cada “uno” de “nosotros”: hemos vivido en el “yo” racional del ego, y separados del “nosotros” colectivo, un grave problema epistemológico que presento como nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica. El gran fracaso es haber dado credibilidad a unas ideas que han sido adoctrinadas desde la infancia a través de la propia cultura manipulada, pudiendo llegar a gritar que vivimos bajo una ingeniería social y mental. ¿Vemos ahora la relación entre las dimensiones y el reduccionismo psicológico? Efectivamente, vivimos en una locura aperspectivista. 3 - La razón al servicio del amor La falsa pandemia que vive actualmente la humanidad ha hecho resurgir un pensamiento crítico individual y colectivo reconociendo, tácitamente o no, de que todos somos Uno. Dicha tesis es el fundamento epistemológico de la filosofía transpersonal que defiendo. Cada “uno” de “nosotros” debe buscar la coherencia interna entre lo que se piensa, se dice y se actúa, poniendo la razón al servicio del amor. Pero dicha labor de transformación interior no es baladí pues requiere un progreso ascendente mediante el empoderamiento, el despertar espiritual y la trascendencia del ego hasta alcanzar la conciencia de unidad. 4 - La ciencia de la conciencia Nos vemos inmersos, pues, en la obligación de darle un sentido a nuestra vida en relación con la colectividad humana, ya sea en la comunión intersubjetiva (interior colectivo) o en la construcción de las estructuras sociales (exterior colectivo). Cada uno de nosotros, a su vez, interactúa desde su subjetividad (interior individual) en el mundo conductual mediante sus actos (exterior individual). Esas cuatro facetas, así definidas, constituyen el núcleo de la filosofía transpersonal de Ken Wilber, más conocido ello como los “cuatro cuadrantes”. De un modo resumido, Wilber reivindica la espiritualidad (hermenéutica) como un camino “transracional” más allá de la razón: el fracaso epistemológico de Occidentes, es el fracaso de su propio sistema de creencias, y de su ciencia, y de su educación, abocando a la caída de un sistema de creencias como otras tantas civilizaciones distópicas habidas en la historia. La evolución humana requiere inherentemente de una transcendencia paradigmática desde viejos paradigmas a nuevos paradigmas de conocimiento. La dialéctica hegeliana tiene toda su vigencia y me permite explicar mediante un esquema cognitivo a la filosofía transpersonal como ciencia de la conciencia. 5 - El Mundo de las Ideas Llegado a este punto de la disertación, podemos tener una intuición espiritual de que las dimensiones vibracionales tienen más que ver con el estado de conciencia de cada cual y que, si se potencia mediante la meditación, es factible lograr la sanación trascendental de la humanidad. Esos fundamentos epistemológicos son propios de una psicología compleja, lo cual llevó a Noemí Siverio a concluir en su Tesis Doctoral la necesidad de una inteligencia espiritual, así como una dimensión espiritual con apertura a un despertar de la conciencia. Pero, ¿no es ello una explicación científica del Mito de la Caverna de Platón? Recordemos el lúcido misticismo platónico, a través del cual se pretende enlazar nuestro conocimiento de la realidad con el Mundo de las Ideas. 6 - El mundo de las Ideas a través de las dimensiones Ese Mundo de las Ideas no es muy ajeno a nosotros, solo hay que saber escuchar nuestro subconsciente, y realizar desde ahí un camino ascendente hacia la sabiduría. Así, es posible salir de la ignorancia inducida para vislumbrar una ascensión espiritual desde la 3D, pasando por la 4D hasta lograr afianzarse en la 5D. Obviamente, 3D-4D-5D son conceptos para referirse a un estado vibracional de conciencia. En la 3D hay una percepción lineal del tiempo y el espacio, con la capacidad de recordar el pasado y proyectar el futuro estando en el presente. Se experimenta la polaridad y la ilusión de la separación en el desarrollo de la identidad individual y la pérdida del sentido grupal: en esos presupuestos se fundamentan el capitalismo, o cualquier “ismo” que divide a la humanidad, pues se desarrolla el ego creyendo que estamos separados del Todo. La diferenciación comienza alrededor del segundo año de vida, cuando el niño comienza a diferenciar su yo emocional y su mente representacional. En esa etapa de aprendizaje es donde comienza la fragmentación y el surgimiento de la dualidad entre sujeto y objeto. Esa división del Ser es lo que llamamos personalidad, y es parte de nuestro trabajo considerar la evolución de la conciencia como único camino de salvación. El despertar espiritual en la 4D (grupal) se siente como sobrepuesta a la 3D (egoica), pues a nivel humano tenemos la necesidad de compartir con grupos nuestras experiencias vitales, revisar nuestras relaciones, buscar la sanación y el crecimiento mediante las correspondientes terapias. El paso de la 3D a la 4D es lo que se ha denominado como “salto cuántico” ya que implica un profundo cambio de nuestro sistema de creencias. Ahora ya hemos identificado al enemigo invisible que convive con nosotros en la 4D y sabemos cómo manipula a las personas que viven en la ignorancia de la 3D a través de los pensamientos y las emociones, incluso con implantes físicos o etéricos. La 4D es el lugar donde se dan las pesadillas y los abusos astrales, es un lugar de conflicto entre los seres obscuros y los seres de luz y, la única salida, estriba en vibrar en la dimensión del amor que, propiamente, pertenece a la 5D. La 5D se constituye, entonces, en una frecuencia de sabiduría interna en la que se experimenta la conciencia grupal como un solo Ser, es una frecuencia energética y no física en la que se percibe el tiempo como un continuo donde solo existe el ahora eterno. En la 5D es donde se viven los sueños dotándolos de realidad espacio/temporal, donde se experimentan los sueños lúcidos y la magia blanca. Como es una dimensión de luz, se perciben formas lumínicas y muchas veces geométricas. La 5D es también descrita como la conciencia de Cristo y de Buda. 7 - El camino ascendente hacia la sabiduría La representación de los esclavos en la caverna es una alegoría en el Mito de la Caverna de Platón que, visto lo visto, se identifica con la actual Matrix o 3D. Y, como bien propone Platón, mediante la razón (4D) se puede salir de esa obscura caverna donde la ignorancia es manipulada para, acto seguido, emprender la salida mediante un camino ascendente hacia la sabiduría donde el amor es la ley suprema. Esa sabiduría se constituye en un ciencia para la sanación espiritual: la razón se espiritualiza cuando es puesta al servicio del Amor (5D), el mayor Bien según Platón. Para quien aún tenga dudas sobre ese Mundo de las Ideas en la 4D (racionalidad sin conexión amorosa), le remito a los vídeos comentados de William Criado, en los que el lector podrá descubrir un mundo racional más allá de las limitaciones espacio-temporales de la 3D. A la 4D se accede mediante la hipnosis clínica regresiva, pero también mediante la meditación como ciencia trascendental que permite la sanación trascendental de la humanidad. 8 - La 4D es una dimensión metafísica Vemos pues que, más allá de los sentidos limitados de la 3D, existe una metafísica (4D) como modo de saber transcendental, una transcendencia metafísica que es posible mediante la meditación, cuestiones ampliamente argumentadas en mi obra Ciencia, Filosofía, Espiritualidad en la que se establecen los fundamentos para la filosofía transpersonal y la educación transracional: más allá del ego y más allá de la razón. ¿Y qué hay más allá del ego y la razón? Efectivamente, el Amor, porque el saber sin amor es puro egoismo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo. NOTA (1): Recomiendo la lectura de este artículo: CAOS Y ORDEN DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA CIENCIA Y LA MITOLOGÍA Destaco la conclusión de dicho artículo: "A lo largo de estas breves páginas hemos realizado un viaje por la ciencia moderna y por la ciencia tradicional, que es la mitología. Como se ha visto, hay muchos puntos de encuentro entre ambas, pero al mismo tiempo todavía hay diferencias que salvar. Los científicos a menudo huyen de la filosofía y del mito, justificándose en que la ciencia es algo exacto, sujeto a medida. Sin embargo, una aplicación exhaustiva del método científico basado en el análisis y la experimentación ha hecho que surjan una serie de teorías que cuestionan ese método en sí mismo. Se ha llegado a un agotamiento conceptual, y de ahí que muchos físicos se vuelvan a los viejos mitos en busca de un significado a lo que no deja de ser meras ecuaciones. Por otro lado, las mismas religiones tradicionales se ven refrescadas por la ciencia, ya que esta ciencia cada vez es menos materialista y dispuesta a abrirse a conceptos metafísicos. Una ciencia que cada vez es más filosófica necesita una religión que acepte conceptos científicos en sus enseñanzas. Tanto la ciencia como la religión deben caminar juntos de la mano de la filosofía si no quieren morir aletargadas en dogmas antiguos y desfasados."
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amor

LA RAZÓN ES A LA DUALIDAD, COMO EL AMOR A LA UNIDAD

Este artículo es la conclusión final del trabajo de investigación titulado FILOSOFÍA DE LA MENTE: EMPODERAMIENTO, DESPERTAR ESPIRITUAL, TRASCENDENCIA Y CONCIENCIA 1 - El giro copernicano hacia la sabiduría Con el giro copernicano de la razón al servicio del amor, el viaje de la transformación interior se convierte, entonces, en un proceso psicológico y espiritual que requiere una ascensión de nuestra conciencia con la sabiduría adquirida mediante la razón para, acto seguido, ponerla al servicio de los demás mediante una compasión que abrace a todos los seres por igual. En suma, se trataría de vivir en la conciencia de unidad, una característica propia de la conciencia transpersonal. Y dicho camino de ascensión espiritual individual es una experiencia mística que puede lograrse mediante la meditación como ciencia trascendental. 2 - Sabiduría versus ignorancia: otra dualidad Pero, adquirir la sabiduría mediante la razón, no es un proceso baladí, pues hay que lidiar con la ignorancia y sus consecuencias epistemológicas, con la ingeniería social y mental, con la manipulación económica, social y política, y con el enemigo invisible de la humanidad. Así pues, El ideal de la sabiduría, debe transcender diversos velos de la percepción hasta que el ego trascienda los sistemas de creencias arraigados en nuestro inconsciente (individual y colectivo) hasta dejar en evidencia todas las mentiras económicas, políticas y epistemológicas que impiden a nuestra conciencia ser libre con conocimiento de causa. Es así como, cada cual, está envuelto en la búsqueda del sentido de la vida mediante el viaje de su propia transformación interior (consciente o inconscientemente) y que, en este trabajo de investigación, he intentado sintetizar como “Filosofía de la mente”. Y si una cosa debemos hacer con nuestra mente es imitar a la sabia naturaleza hasta alcanzar una sabiduría propia que procure la sanación espiritual. 3 - La sanación espiritual Para dicha sanación espiritual, es pertinente comprender que no hay caos en el universo, pues en todo caos hay un orden, sin embargo, imperceptible dicho orden para la mayoría de mis coetáneos. La sociedad de la ignorancia nos puede llevar, literalmente, al caos, a un genocidio globalizado como el que asistimos con esta falsa pandemia. Por tanto, el caos es sinónimo de ignorancia, es la ausencia de sabiduría colectiva. ¿Entonces, cómo poner orden entre tanto caos? Cada cual debe buscar su propio orden interior y, como se ha visto en este trabajo de investigación, el empoderamiento (punto 1), el despertar espiritual (punto 2) y la trascendencia (punto 3) mediante la meditación, son las herramientas psicológicas y espirituales que nos pueden llevar a comprender que, poner en orden nuestras ideas, es la única alternativa para alcanzar la sabiduría. Es decir, así como el caos es a la ignorancia, el orden es a la sabiduría. Y cuando se alcanza dicha sabiduría mediante el uso de la razón, el mecanismo de resistencia anclado en el “ver para creer” se desactiva y se produce el giro copernicano hacia el “creer para ver”: comprendemos nuestra propia transformación interior mediante el empoderamiento de nuestros pensamientos, lo cual implica acto seguido un despertar espiritual que lleva a la trascendencia de la razón hacia el amor y, así, nos rendimos a la evidencia que la máxima expresión de sabiduría es puro amor. Porque el saber sin amor, es puro egoísmo, y la causa de tanto sufrimiento en este mundo. 4 - La sabiduría es amor Concluyendo, la sabiduría y el amor no pueden ser encapsulados y prescritos por un médico, sino que deben ser aprehendidos consciente y prácticamente por todo sincero buscador de la verdad. Porque no hay mayor verdad que el amor (espiritualidad), y el amor a la verdad es el camino (filosofía), todo un reto de integración entre la razón (yo) y el espíritu (nosotros) con la salvaguarda de la naturaleza (ello). Integrar el Gran Tres es el reto todavía pendiente para la humanidad desde que fue diferenciado por Kant mediante sus Tres críticas. El gran mérito de Wilber desde la perspectiva de la historia de la filosofía, es haber delineado los cuatro Rostros del Espíritu mediante los cuatro cuadrantes, es haber cartografiado los caminos de la evolución de la conciencia y haber señalado la profundidad que debe ser descubierta por cada uno de nosotros mediante la meditación. Wilber también nos describe un mundo chato dominado por el materialismo científico que impide con su dogmatismo epistemológico la integración con el Espíritu. No obstante, Wilber nos deja un análisis hermenéutico de la historia del pensamiento y de la evolución de la conciencia como pocos en el mundo, no en vano, es considerado como el “Einstein” de la conciencia. Mi humilde labor en esta serie de artículos es apoyarme en el andamio epistemológico y hermenéutico estructurado por este inconmensurable pensador contemporáneo y, cuya obra, está siendo marginada por el establischment académico oficial. En la historia de la filosofía ha habido inconmensurables pensadores como Aristóteles, Platón y Kant entre los más grandes. Wilber no debería ocupar un rango menor pues su extensa y exhaustiva obra incluye y trasciende a todos los anteriores pensadores a él. Una trascendencia que solamente puede ser experimentada e interpretada en la profundidad de la conciencia mediante la meditación. Como apunta Wilber, todo cambio se presenta bajo los cuatro cuadrantes, y por tanto, habrá que comenzar a pulir el diamante en bruto que todos nosotros tenemos en el fondo de nuestro ser (“yo”, interior individual) mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez, un sendero de sabiduría que permitiría la integración de todos “nosotros” en una comprensión mutua (interior colectivo) y, entre todos, cambiar entonces el ajuste funcional de un sistema social (“ello”, exterior individual y colectivo) inmerso en un mundo chato o “viejo mundo”. Así fue como anduve un camino intentando rastrear la disociación entre el “yo”, el “nosotros” y el “ello” en este convulso mundo que nos ha tocado vivir. Deseo finalizar este trabajo monográfico sobre "La filosofía de la mente para la transformación interior" con una cita que encabeza mi obra La educación cuántica. Se trata de una cita de René Descartes (1596-1650), por antonomasia, el padre del racionalismo. Dice así: “Para alcanzar la verdad, es necesario, una vez en la vida, desprenderse de todas las ideas recibidas, y reconstruir de nuevo y desde los cimientos todo nuestro sistema de conocimientos”
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conciencia

ASCENSIÓN ESPIRITUAL INDIVIDUAL DESDE 3D A 5D: EMPODERAMIENTO, DESPERTAR ESPIRITUAL, TRASCENDENCIA Y CONCIENCIA

Resumen: Trabajo monográfico cuyo objetivo es describir el proceso psicológico de la transformación interior de cada individuo durante el desarrollo de su evolución espiritual, desde la salida de la “tercera dimensión”-3D (espacial y conocido más popularmente como Matrix) hacia la “cuarta dimensión”-4D (la dimensión atemporal en la que habita el enemigo invisible de la humanidad) en la que se experimenta el empoderamiento y el despertar espiritual para llegar finalmente a la “quinta dimensión”-5D mediante la experimentación de la trascendencia y la conciencia de unidad en la que solo se vive por y para el amor. Índice: 1 - INTRODUCCIÓN 2 - METODOLOGÍA 3 - SINOPSIS GENERAL: 3-1 La tercera dimensión - 3D 3-2 La cuarta dimensión - 4D 3-3 La quinta dimensión - 5D 4 - EMPODERAMIENTO, DESPERTAR ESPIRITUAL, TRASCENDENCIA Y CONCIENCIA 4-1 Empoderamiento (parte baja de la 4D) - ¿Qué tipo de pensador eres? - Pedagogía filosófica: la mayéutica - La muerte del ego - La revolución interior - Escucha tu subconsciente 4-2 Despertar espiritual (parte alta de la 4D) - La intuición espiritual - El despertar espiritual - La evolución del amor - Dimensión espiritual: un despertar de la conciencia - Inteligencia espiritual - La sabiduría como ciencia para la sanación espiritual 4-3 Trascendencia (parte baja de la 5D) - La meditación - La experiencia mística - El doble: intuiciones, premoniciones e hyperincursión - Mente cuántica: el viaje de la transformación interior - El sujeto trascendente - Visón lógica y transracionalidad 4-4 Conciencia (parte alta de la 5D) - El giro copernicano - Conciencia de sí para alcanzar la felicidad - La conciencia transpersonal - La conciencia mística: ser uno con el universo - La conciencia de unidad 1 - INTRODUCCIÓN Este trabajo monográfico tiene como objetivo describir el proceso psicológico de la transformación interior de cada individuo durante el desarrollo de su evolución espiritual, desde la salida de la “tercera dimensión”-3D (espacial y conocido más popularmente como Matrix) hacia la “cuarta dimensión”-4D (la dimensión atemporal en la que habita el enemigo invisible de la humanidad) en la que se experimenta el empoderamiento y el despertar espiritual para llegar finalmente a la “quinta dimensión”-5D mediante la experimentación de la trascendencia y la conciencia de unidad en la que solo se vive por y para el amor. Dicho proceso de evolución psicológica y espiritual se encuadra dentro de la teoría de los “cuatro cuadrantes” del inconmensurable Ken Wilber. Uno de dichos cuadrantes corresponde a la “interioridad individual”, es decir, a la subjetividad en la que cada cual debe practicar la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez como cualidades éticas que le llevarán por el camino ascendente hacia la sabiduría. Este trabajo se sustenta en una recopilación de investigaciones anteriores contempladas en mis diversas publicaciones, pero, ahora, ordenadas de tal modo que se pueda argumentar científicamente ese proceso de transformación interior hacia el empoderamiento y el despertar espiritual hasta lograr la autorrealización cuya máxima suprema es el servicio a los demás, lo cual supone un ejercicio de trascendencia psicológica Más allá del ego, hasta alcanzar la conciencia mística de ser uno con el universo. Para tal finalidad, dicho proceso psicológico y espiritual lo he dividido en cuatro bloques argumentales: empoderamiento, despertar espiritual, trascendencia y conciencia. 2 - METODOLOGÍA Para el objetivo anteriormente expuesto, los artículos e investigaciones que sustentan este trabajo monográfico están disponible cada uno de ellos individualmente y numerados en el orden preciso de la argumentación que, en el punto cuatro de más abajo, se detallan bajo estos cuatro epígrafes: empoderamiento, despertar espiritual, trascendencia y conciencia. Por tanto, el lector podrá recurrir a los correspondientes artículos numerados para ahondar en los detalles de las citas, bibliografías, pensamientos y las pertinentes argumentaciones científicas. En el citado punto cuatro se expondrá un resumen de las ideas más significativas de cada artículo a los efectos de hilvanar la argumentación teorética pretendida, a saber, la ascensión espiritual individual desde 3D a 5D. No obstante, expongo primeramente una sinopsis general como pausa reflexiva e introductoria al citado punto cuatro. Así, el lector tendrá a su disposición una sinopsis de las ideas principales presentadas con sus correspondientes enlaces para que, si así lo desea, pueda investigar también más en profundidad. La idea, pues, es que este primer artículo de presentación contenga de un modo resumido cada uno de los procesos psicológicos mediante una sinopsis general (punto 3) y, seguidamente, con mayor lujo de detalles científicos mediante los cuatro bloques argumentales (punto 4): empoderamiento, despertar espiritual, trascendencia y conciencia. 3 - SINOPSIS GENERAL 3-1 La tercera dimensión - 3D Respecto a la 3D, no voy a ahondar demasiado en ello. Vivimos en un mundo cuyo sistema piramidal de poder está abocado al fracaso, pues se sustenta en una ingeniería social y mental cuyo principal objetivo es la manipulación económica, social y política, lo cual ha llevado a la extenuación psicológica de las personas y de los pueblos. Esos poderes globalistas pretenden imponer un Nuevo Orden Mundial para la esclavitud de la humanidad mediante una falsa pandemia cuyo pretexto es imponer una dictadura sanitaria y eugenésica sobre todos nosotros. Frente a ello, el “despertar colectivo masivo” es la única solución posible, a pesar de la ingente manipulación de los medios de comunicación y los gobiernos, ya sean de izquierdas o derechas, pues todos ellos son serviles a los poderes fácticos de la oligarquía plutocrática y que, a su vez, obedecen a la agenda satánica del enemigo invisible de la humanidad. En la 3D hay una percepción lineal del tiempo y el espacio, con la capacidad de recordar el pasado y proyectar el futuro estando en el presente. Se experimenta la polaridad y la ilusión de la separación en el desarrollo de la identidad individual y la pérdida del sentido grupal: en esos presupuestos se fundamentan el capitalismo, o cualquier “ismo” que divide a la humanidad, pues se desarrolla el ego creyendo que estamos separados del Todo. La diferenciación comienza alrededor del segundo año de vida, cuando el niño comienza a diferenciar su yo emocional y su mente representacional. En esa etapa de aprendizaje es donde comienza la fragmentación y el surgimiento de la dualidad entre sujeto y objeto. Esa división del Ser es lo que llamamos personalidad, y es parte de nuestro trabajo considerar la evolución de la conciencia como único camino de salvación. 3-2 La cuarta dimensión - 4D La única solución a la anterior situación estriba en el empoderamiento de cada uno de nosotros sobre las circunstancias descritas en la 3D. Dicho empoderamiento se constituye en una salida de las sombras tal como lo describe Platón en el Mito de la Caverna. Ese empoderamiento es estrictamente necesario para dejar atrás la 3D de nuestra vida e intentar dar un sentido a la misma. Ese proceso de empoderamiento nos llevará a la 4D (parte baja) donde se toma conciencia de la integración grupal sin pérdida de la individualidad, más conocido ello como “inconsciente colectivo”, un lugar en donde residen los sentimientos, las emociones y los sueños, y en donde se percibe el tiempo en forma de espiral. En términos de Carl Gustav Jung: “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida, y tú lo llamarás destino”. Dicho empoderamiento tiene sus propios procesos como son la consideración de la filosofía de la mente, la técnica mayéutica, la “muerte del ego” y una revolución interior hasta lograr la maestría de saber escuchar nuestro subconsciente. Acto seguido en dicho proceso psicológico, debería surgir la experiencia conocida como “despertar espiritual”, la cual nos lleva a la 4D (parte alta) mediante el desarrollo de nuestra intuición espiritual, la consideración de la evolución del amor desde presupuestos de la neurobiología y la sociobiología, el despertar de la conciencia desde la perspectiva de la psicología transpersonal y la inteligencia espiritual que nos conducirá a la sabiduría como ciencia para la sanación espiritual. El despertar espiritual en la 4D (grupal) se siente como sobrepuesta a la 3D (egoica), pues a nivel humano tenemos la necesidad de compartir con grupos nuestras experiencias vitales, revisar nuestras relaciones, buscar la sanación y el crecimiento mediante las correspondientes terapias. El paso de la 3D a la 4D es lo que se ha denominado como “salto cuántico” ya que implica un profundo cambio de nuestro sistema de creencias. Ahora ya hemos identificado al enemigo invisible que convive con nosotros en la 4D y sabemos cómo manipula a las personas que viven en la ignorancia de la 3D a través de los pensamientos y las emociones, incluso con implantes físicos o etéricos. La 4D es el lugar donde se dan las pesadillas y los abusos astrales, es un lugar de conflicto entre los seres obscuros y los seres de luz y, la única salida, estriba en vibrar en la dimensión del amor que, propiamente, pertenece a la 5D. 3-3 La quinta dimensión - 5D Por tanto, el empoderamiento y el despertar espiritual vistos en la 4D se constituyen en una evolución psicológica de la persona más allá de las limitaciones 3D. De un modo científico, recomiendo estudiar dicho proceso a través de la evolución de la conciencia propuesta por Ken Wilber, pero también en mi investigación monográfica de la conciencia. Uno de esos recorridos evolutivos por descubrir es la meditación a través de la cual se logra una experiencia mística que, correlativamente en términos de filosofía cuántica, el físico francés Garnier nos propone como un “doble” a través del cual tenemos acceso a nuestras intuiciones y premoniciones, llegando así a percibir nuestra mente cuántica para realizar un auténtico viaje de la transformación interior que, inexorablemente, nos acerca al sentido de la trascendencia como parte baja de la 5D. Es así como el sujeto trascendente experimenta su propio proceso de ascensión espiritual hasta adquirir una visión lógica y la transracionalidad. El anterior proceso de ascensión psicológica y espiritual implica un giro copernicano desde el “ver para creer” al “creer para ver”, una cuestión metafísica que pertenece a la parte alta de la 5D en la que se toma conciencia de sí para alcanzar la verdadera felicidad mediante la conciencia transpersonal, una experiencia mística de la conciencia que nos hace sentir Uno con el Universo, dicho de otro modo, alcanzar la conciencia de unidad. La 5D se constituye, entonces, en una frecuencia de sabiduría interna en la que se experimenta la conciencia grupal como un solo Ser, es una frecuencia energética y no física en la que se percibe el tiempo como un continuo donde solo existe el ahora eterno. En la 5D es donde se viven los sueños dotándolos de realidad espacio/temporal, donde se experimentan los sueños lúcidos y la magia blanca. Como es una dimensión de luz, se perciben formas lumínicas y muchas veces geométricas. La 5D es también descrita como la conciencia de Cristo y de Buda. 4 – EMPODERAMIENTO, DESPERTAR ESPIRITUAL, TRASCENDENCIA Y CONCIENCIA Una vez expuesta la sinopsis general de la 3D, 4D y 5D y vistas las correspondientes interrelaciones con los conceptos de empoderamiento, despertar espiritual, trascendencia y conciencia, veamos cada uno de ellos de forma más pormenorizada con sus pertinentes argumentaciones científicas. 4-1 Empoderamiento (parte baja de la 4D) - Artículo 2: ¿Qué tipo de pensador eres? El empoderamiento debe comenzar por nuestros propios pensamientos. En un largo periodo de la historia, la fe religiosa ha supuesto la mayor ceguera para hacer del hombre un ser libre y consciente, hasta que el filósofo Descartes alumbró a la humanidad con el “cogito”, popularmente más conocido “pienso, luego existo”. Ahora bien, pensar certeramente no es una actividad baladí, al contrario, conviene aprender a pensar y, en dicho sentido, cabe preguntarse qué tipo de pensadores somos cada uno de nosotros: - ¿Eres un pensador irreflexivo? (cuando no estamos conscientes de problemas en nuestro pensamiento) - ¿Eres un pensador retado? (cuando nos enfrentamos con problemas en nuestro pensamiento) - ¿Eres un pensador principiante? (cuando tratamos de mejorar, pero sin práctica regular) - ¿Eres un pensador practicante? (cuando reconocemos la necesidad de práctica regular) - ¿Eres un pensador avanzado? (cuando avanzamos según seguimos practicando) - ¿O eres un pensador maestro? (cuando los buenos hábitos de pensamiento se vuelven parte de nuestra naturaleza) La doctora y psicóloga educativa Linda Elder junto al líder en el movimiento internacional de pensamiento crítico, el doctor Richard Paul, han desarrollado una mini-guía con conceptos y herramientas que permiten adentrarnos en los pasos del desarrollo del pensamiento crítico. Invito como primer paso para el empoderamiento el dilucidar qué tipo de pensador eres, será un buen ejercicio para iniciarse en el conocimiento de sí mismo. Dicho empoderamiento a través del conocimiento de sí mismo tiene su precedente en términos filosóficos mediante el magistral Sócrates y su procedimiento cognitivo conocido como "mayéutica". - Artículo 3: Pedagogía filosófica: la mayéutica Una vez dilucidado qué tipo de pensador es cada uno de nosotros, es pertinente recurrir a los maestros del pensamiento clásico como en su día lo fueron Platón y su maestro Sócrates. La mayéutica (del griego “técnica de asistir en los partos”) es el método aplicado por Sócrates a través del cual el maestro hace que el alumno, por medio de preguntas, descubra conocimientos. La mayéutica es la segunda de las fases del método socrático. La primera es la llamada “ironía socrática”, en la que el maestro simula ignorancia sobre la materia para, después, hacer comprender al interlocutor que lo que creía saber en realidad no lo sabe y que su conocimiento estaba basado en prejuicios o costumbres. A continuación, vendría la mayéutica, que es la acción pedagógica del método. La técnica consiste en hacer preguntas al interlocutor mediante las que este va descubriendo conceptos generales que le ayudan a ver la luz. Siguiendo dicha clásica estela pensativa, en mi obra La educación cuántica invito a volver a la filosofía como genuina productora de conocimiento, pero no a la filosofía tradicional impartida en el actual sistema educativo reconvertido en un instrumento de poder, sino con la mira puesta en la filosofía perenne para incursionar en las verdades eternas acorde a una reinterpretación de los tiempos cuánticos que vivimos. Dicho de otra manera, debemos hacer una correcta introspección cognitiva de dichas verdades perennes, una cuestión que la educación tradicional obvia totalmente. Por tanto, la verdad se halla en nuestro interior y propugno la técnica mayéutica originaria del maestro Sócrates en boca de Platón. La mayéutica se apoya sobre la teoría de la reminiscencia: el conocimiento se encuentra latente, de un modo natural, en el alma, y es necesario descubrirlo de un modo directo mediante el empoderamiento consciente, una metodología pedagógica ya puesta en práctica por las denominadas escuelas activas, porque un niño es un pozo de sabiduría si se le educa en un entorno de libertad, conocimiento y amor. El conocimiento preexiste potencialmente en cada uno de nosotros, como un roble lo está en la bellota. La naturaleza es sabia y conviene imitarla como certeramente observó Aristóteles a través de su teoría de la potencia y el acto. Todo hombre, potencialmente, debería tener acceso a la libertad y al conocimiento, dos presupuestos que niega tajantemente el sistema capitalista a la clase oprimida. Son tiempos de un revisionismo educacional, pero también de un revisionismo humano en el modo como percibimos nuestro mundo y el universo. Así, más que nunca, es necesaria La educación cuántica, una obra en la que propugno los siguientes revisionismos: un revisionismo histórico, un revisionismo filosófico, un revisionismo epistemológico, un revisionismo pedagógico, un revisionismo educativo y un revisionismo psicológico. En este trabajo de investigación nos ocupamos de la "interioridad individual" y, por tanto, de los procesos psicológicos en los que, irremediablemente como se ha visto, el ego ocupa un lugar central en la psicología del ser humano. - Artículo 4: La muerte del ego Como se ha expuesto en la sinopsis general, el empoderamiento (4D parte baja) implica la toma de conciencia de la integración grupal sin pérdida de la individualidad, lo cual equivale a una conciencia menos egocéntrica, más plural. En términos psicológicos equivale ello el paso de la conciencia personal (egoica) a la conciencia transpersonal (trans-egoica) . Pero ese proceso así definido por Ken Wilber implica un esfuerzo y tiempo para lograr la trascendencia del ego. Es por eso mismo que, en este trabajo monográfico, la conciencia transpersonal es asignada propiamente a la 5D (parte alta) como culminación de una evolución psicológica y espiritual que requiere de otros procesos previos como el despertar espiritual (4D parte alta) y la trascendencia (5D parte baja) antes de alcanzar la conciencia transpersonal (5D parte alta). La “muerte del ego” es, por tanto, un viaje iniciático hacia la percepción unitaria del sujeto cognoscente con el mundo (no dualidad entre sujeto y objeto), donde las emociones egoístas e individualistas dejan paso a la compasión. Se trataría, en suma, de un ascendente viaje iniciático-cognitivo similar al descrito como salida del mundo de las sombras en el Mito de la caverna de Platón, para luego transmitir de un modo descendente la sabiduría adquirida en el Mundo de las Ideas, donde la reina es el Amor. La "muerte del ego" es un proceso doloroso que requiere sanación y terapia como, por ejemplo, el asesoramiento filosófico, pues hay que cambiar nuestro sistema de creencias anclado a la 3D: la trascendencia del ego es un proceso psicológico y espiritual nada fácil de lograr pues es toda una revolución interior, y que conviene analizar con más detenimiento. - Artículo 5: La revolución interior Como se ha expuesto en la sinopsis general respecto de la 3D, existe una trifulca histórica, económica, política y epistemológica, pues lo que verdaderamente está en juego es la democratización del saber como reivindico en mi obra La educación cuántica, que permita el ejercicio de la libertad con conocimiento de causa. La actual guerra que se libra en el mundo es por la libertad y el conocimiento, porque solo el conocimiento puede hacernos libres. Así, La educación cuántica está estructurada cognitiva, psicológica y pedagógicamente para que cada persona se empodere de su libertad con conocimiento de causa, porque la revolución hay que hacerla en la calle, pero también en nuestro interior. Cuando dicha revolución interior se extienda como la pólvora, las religiones estarán muy cuestionadas por el racionalismo espiritual y los gobernantes por hordas de pueblos que clamarán justicia, paz y libertad para la humanidad entera, como está pasando ahora con esta falsa pandemia. En La rebelión de la consciencia, José Luis San Miguel de Pablos plantea que la humanidad se encuentra en una encrucijada que va mucho más allá de lo económico o lo político. Nos encontramos ante una verdadera disyuntiva cognitiva. Más allá de las causas próximas y reconocibles de la actual crisis socio-económica (egoísmo, codicia, ultracapitalismo), en lo más profundo se encuentra precisamente el lastre de las concepciones y paradigmas de pensamiento dominantes. La fascinante tesis del libro es que gran parte de la responsabilidad por las patologías sociales existentes reside en la metafísica materialista, presupuesto filosófico esencial de la modernidad. La rebelión de la consciencia apuesta por dejar atrás el espejismo pseudocientífico del materialismo metafísico. La trascendencia de este paradigma constituye la única salida espiritual, política y ecosistémica para superar nuestra crisis contemporánea. ¿Cómo poner orden ante tanto caos? ¿Cómo buscar cada cual su propio orden? Es indudable que para lograr dicho orden interior hay que acudir a la sabiduría y, por tanto, como se ha argumentado en la sinopsis general, hay que saber escuchar nuestro subconsciente como la fuente de nuestro conocimiento. - Artículo 6: Escucha tu subconsciente Todo lo anteriormente expuesto nos lleva sin lugar a duda a poder afirmar que la sociedad occidental se halla ante un fracaso epistemológico que disocia la razón del espíritu: con el surgimiento de la razón en la edad moderna y el posterior capitalismo, la realidad histórico-social ha devenido en una deconstrucción del “nosotros” en “yoes” egocéntricos y, así, la realidad socio-psicológica ha concluido en una fragmentación de la conciencia individual y su disociación de la conciencia colectiva: ahí reside el gran fracaso epistemológico de la filosofía occidental. Ante tal tesitura exterior histórica, epistemológica y educativa, ¿qué camino nos espera a cada uno de nosotros? ¿Cómo salvar ese abismo cultural? Afortunadamente, Ken Wilber nos alumbró que hay dos modos de saber: la racionalidad y la espiritualidad. La racionalidad ha dominado el pensamiento occidental con mucha ciencia, pero poco espíritu. Según la teoría de los “cuatro cuadrantes” de Ken Wilber, es en el cuadrante de la “interioridad individual” donde debemos descubrir dicha espiritualidad y, por tanto, conviene saber escuchar nuestro subconsciente, una cuestión apuntada anteriormente de la mano de Jung. Sin embargo, muy pocas personas saben escucharse a sí mismas, pues como ha demostrado el neurólogo estadounidense Benjamin Libet mediante experimentos, las señales cerebrales asociadas a las acciones se producen desde 0,3 a varios segundos antes de que el sujeto fuera consciente de la decisión de llevarlas a cabo. El orden de las actividades cerebrales parecía ser percepción del movimiento y luego decisión, y no a la inversa. Es decir, el cerebro consciente solo intenta ponerse al nivel de lo que ya estaba haciendo el cerebro inconsciente. ¿No requiere la evidencia científica de Libet de un revisionismo en profundidad del ser humano, como propongo mediante la filosofía transpersonal y La educación cuántica? Tal es el reto cognitivo planteado. Consecuentemente, el empoderamiento no es una cuestión baladí pues no hay asideros epistemológicos seguros. La única seguridad solamente puede provenir de nuestro propio interior, y ese recorrido reduccionista provocado por la dualidad exterior nos conduce, inexorablemente, a descubrir un mundo interior donde se produce inequívocamente el “despertar espiritual” que, inherentemente, se presenta bajo una auténtica “intuición espiritual”. 4-2 Despertar espiritual (parte alta de la 4D) Como se ha visto, el empoderamiento de la razón (parte baja de la 4D) pasa por tener un pensamiento crítico que implica el conocimiento de sí mismo a través de la técnica mayéutica, un camino introspectivo que invita a la trascendencia del ego: es toda una revolución interior con el inmenso desafío de aprender a escuchar nuestro subconsciente. Dicho de otro modo, la razón busca la conexión con el espíritu subyacente a todos nosotros. En términos platónicos: “La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma, entorno al Ser”. Entonces, la pregunta pertinente sería, ¿cómo conecta la razón con el espíritu? ¿Existe algún espíritu con el cual conectar? Estas dudas son la eterna dicotomía entre ciencia y religión. El criterio de demarcación entre ciencia y religión no ha sido aún resuelto, pues todavía hay que superar la brecha epistemológica entre ciencia y humanidades, entre los materialistas científicos y los místicos cuánticos. Por tanto, el debate entre ciencia y espiritualidad está más vivo que nunca, sobre todo, desde el surgimiento de la filosofía cuántica. Ello implica la necesidad de una nueva cosmología entre ciencia y espíritu, pues la razón ha indagado a través de la historia del pensamiento sobre las cuestiones metafísicas que han preocupado al ser humano desde tiempos inmemoriales. Esos dos modos de saber, el racional y el metafísico, implican la imperiosa necesidad de una visión integral entre ciencia y espíritu. En efecto, El espíritu de la ciencia debe dejar de estar confinado en el universo del laboratorio sino abrir el conocimiento científico a las dimensiones más profundas de la vida y la conciencia humana. Por tanto, es pertinente ahondar en La ciencia del espíritu, pues la ciencia y la espiritualidad como dos polos opuestos totalmente desconectados entre sí tiene cada vez menos sentido. Cuando la razón científica intuye al “espíritu”, como acreditan los físicos más famosos del mundo, entonces, se puede hablar de una “intuición espiritual”. Analicemos, pues, de un modo epistemológico en qué consiste dicha “intuición espiritual”. - Artículo 7: La intuición espiritual Para aquel lector interesado en profundizar en la comprensión de la intuición espiritual, le remito a mi obra Filosofía transpersonal y educación transracional , he aquí el resumen: La síntesis de saberes mediante la intuición espiritual: Esta obra postula la integración del saber científico (epistemología de lo conmensurable) con la perenne espiritualidad (hermenéutica de lo inconmensurable), una síntesis respectivamente de la razón con el espíritu en un ejercicio de trascendencia desde la no dualidad, lo cual conlleva aprehenderse a uno mismo como conciencia de unidad mediante una auténtica intuición espiritual. Esos dos modos de saber así aprehendidos mediante la intuición espiritual, posibilitan una síntesis entre la filosofía y la espiritualidad como condición para salvar el abismo cultural de la humanidad. Para tal finalidad, el autor recurre a tres inconmensurables pensadores: Platón, Kant y Wilber. Las Tres Grandes categorías platónicas -la Verdad, la Belleza y la Bondad- que fueron respectivamente diferenciadas por Kant mediante sus Tres críticas (“ello”, “yo” y “nosotros”), requieren imperativamente de una integración entre la naturaleza, la conciencia y la cultura. La intuición moral básica argumentada por Ken Wilber se constituye como una necesaria cuestión ética para la integración del “ello”, “yo” y “nosotros” y, consecuentemente, en una ética epistémica dentro de un marco de una episteme transracional para salvar así el abismo cultural de la humanidad; dicho de otro modo, se argumenta una antropología filosófica que permita trascender la brecha epistemológica entre la racionalidad y la espiritualidad mediante una renovada interpretación de la historia del pensamiento, su ciencia y la propia espiritualidad, pero, eminentemente, desde un revisionismo de la psicología cognitiva y educativa. Esta obra reivindica una antropología filosófica que contemple a la filosofía transpersonal de Ken Wilber como disciplina que estudia a la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, lo cual implica una reconstrucción epistemológica desde la sabiduría perenne para lograr la sanación trascendental del ser humano mediante una educación transracional que implemente la razón con el corazón. Así, la filosofía transpersonal y la educación transracional se vislumbran como una condición sine qua non para trascender a la crisis de conciencia en la que está inmersa la filosofía occidental. Como podrá apreciar, estimado lector, nos vemos envueltos en conceptos puramente filosóficos pero necesarios para una reconstrucción epistemológica donde tenga cabida las “intuiciones espirituales” de la mano del “Einstein de la conciencia”, tal como es considerado Ken Wilber. Una vez sabido que existe la "intuición espiritual", ella misma nos lleva de la mano hacia el “despertar espiritual”. - Artículo 8: El despertar espiritual El “despertar espiritual” no es una cuestión propiamente de la “interioridad individual” como se ha visto, sino que también se hace objetivo dicho “despertar espiritual” a través de la historia y, más concretamente, a través de la historia del pensamiento. En efecto, con la emergencia de la mente a partir de la modernidad, el Espíritu comienza a tomar conciencia de sí mismo, lo cual, entre otras cosas, introduce en el mundo la conciencia moral, una moral, por cierto, completamente ajena al mundo de la naturaleza. Por tanto, el Espíritu está comenzando a despertar a sí mismo, conocerse a sí mismo a través de los símbolos, los conceptos, dando así origen al mundo de la razón y, en particular, al mundo de las morales conscientes. Así, pues, la naturaleza es Espíritu objetivo, mientras que la mente es Espíritu subjetivo. En ese momento histórico -en el momento en que la mente y la naturaleza se diferenciaron-, el mundo parece escindirse en dos, la mente reflexiva y la naturaleza reflejada, pero la modernidad se hallaba temporalmente estancada en la batalla entre la mente y la naturaleza, entre el ego y el eco. En opinión de Shelling, esta síntesis no dual como identidad entre el sujeto y el objeto en un acto atemporal de autoconocimiento, es una intuición mística directa. Para Shelling, y también para su amigo y discípulo Hegel, el Espíritu se enajena de sí mismo para dar lugar a la naturaleza objetiva, despierta a sí mismo en la mente subjetiva y termina retornando así en la pura conciencia inmediata no dual en la que sujeto y objeto son uno, y la naturaleza y la mente se funden en la actualización del Espíritu. El Espíritu se conoce a sí mismo objetivamente como naturaleza, se conoce subjetivamente como mente y se conoce absolutamente como Espíritu. Esos tres momentos también son conocidos como subconsciente, consciente y supraconsciente o, dicho de otro modo, prepersonal, personal y transpersonal; o preracional, racional y transracional; o biosfera, noosfera y teosfera (Wilber, en Breve historia de todas las cosas). Todo ello, traducido en términos evolutivos y psicológicos, equivale a decir que El gen egoísta puede ser trascendido conscientemente Más allá del ego, dicho de otro modo, el egoísmo puede ser trascendido hacia la compasión y, respectivamente, la conciencia personal hacia la conciencia transpersonal , como objetivo final de este trabajo de investigación. Así, desde dicha perspectiva, la afirmación de Dawkins, de que “el amor universal y el bienestar de las especies consideradas en su conjunto son conceptos que simplemente carecen de sentido en cuanto a la evolución”, es un simple reduccionismo desde el materialismo científico. Dicho de otro modo, La evolución del amor ya es contemplada desde la neurobiología y la sociobiología como un fenómeno de la evolución humana pues, más allá del valor de los genes egoístas o la supervivencia del más fuerte, interviene la capacidad de elección de pareja por motivos distintos a la simple atracción física o el instinto reproductor. Para Hüther, a pesar del surgimiento de la razón y del pensamiento crítico, el sentimiento del amor sigue siendo importante por su influencia en el futuro de la especie humana pues es la fuente de nuestra creatividad y la base de nuestra existencia y nuestros logros culturales y, más decisorio aún, nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta. En definitiva, la única fuerza que puede vencer a la competencia autodestructiva es el amor mediante el compromiso de equipo y la creatividad participativa. - Artículo 9: La evolución del amor El amor así argumentado científicamente, nos remite a una evidencia filosófica trascendental que escapa de la comprensión de los materialistas científicos: el genuino “cogito” cartesiano requiere del auxilio del espíritu kantiano mediante su “imperativo categórico”, lo que perennemente se ha conocido como amor. Lo que viene a decir la historia es que no se puede vivir sin amor, porque es la más alta motivación que nos alienta a vivir, una cuestión ahora reconocida y evidenciada desde la neurobiología y la sociobiología. ¿Acaso no hacemos lo que hacemos por amor a nuestros seres queridos? Pero ese amor ha sido también desahuciado del corazón de las personas por el perverso sistema capitalista que pone todo en venta, hasta nuestras emociones y nuestros sentimientos, anulando incluso nuestra voluntad sobre nuestros actos y pensamientos, convirtiéndonos entonces en autómatas productores de bienes de consumo para la exclusiva satisfacción del ego, descuidando así plenamente al espíritu. Desolador pensamiento occidental. En contraposición, en La evolución del amor, el neurobiólogo Hüther argumenta: "El darwinismo y la teoría de la evolución y la selección natural se han convertido en pilares de la biología moderna. Gracias a ellos entendemos un poco mejor cómo se ha desarrollado la vida en sus múltiples manifestaciones. Sin embargo, cuando hablamos de animales superiores, como el ser humano, no todo parece justificarse a través de un naturalismo simple. Gerald Hüther, neurobiólogo y autor de La evolución del amor, afirma que hay que tener en cuenta también otro ingrediente crucial, que afecta a hacia dónde se dirige nuestra especie y por dónde ha transcurrido hasta la fecha. Ese ingrediente, para este prestigioso científico, es el amor. Hüther considera que el amor, como manifestación biológica, resulta crucial para explicar la historia de la evolución humana reciente, como elemento de cohesión personal, de garantía de la unión en una pareja o de cooperación en un grupo social. Sin el amor, un fenómeno creado por la propia evolución, la intrincada red de enlaces familiares que se han venido sucediendo a lo largo de la historia sería muy diferente, y distintos también, con seguridad, los rumbos seguidos por nuestra especie. Gracia a él, no solo tienen valor los genes egoístas, o la supervivencia del más fuerte, sino también la capacidad de elección de pareja por motivos distintos a la simple atracción física o el instinto reproductor. En esta obra, el también catedrático de ciencias naturales y doctor en medicina reflexiona sobre el concepto del amor y sus raíces biológicas, así como las consecuencias de su existencia. Puede decirse que nuestra comprensión del amor ha evolucionado con los tiempos, pero que a pesar del surgimiento de la razón y del pensamiento crítico, este sentimiento sigue siendo importante por su influencia en el futuro de la especie. Hüther nos cuenta como, con el auge del naturalismo y la ilustración, Darwin y otros científicos tuvieron que convivir con los nuevos descubrimientos y con conceptos ya caducos, como las explicaciones de la religión sobre el origen del hombre. Pero a pesar de la llegada de la razón en este campo, aún costaba explicar el papel que tenía en todo ello el amor. Así, del darwinismo más descarnado, se pasó al darwinismo social, y posteriormente al determinismo del comportamiento. Finalmente, la sociobiología se apoderó de la escena. Para Hüther, el amor también es la fuente de nuestra creatividad, no solo en el caso de músicos y artistas; también lo es para muchos grandes políticos y científicos. Es la base de nuestra existencia y nuestros logros culturales. Por el contrario, el estrés, la presión y la ansiedad no resultan del amor, sino de la competencia, que es la fuerza motora de la especialización, no de la creatividad. Según Hüther, todos somos “hijos del amor”, aunque a veces lo olvidamos porque la competencia y la guerra han impulsado grandes invenciones. Sin embargo, lo que nos une y lo que nos mantiene unidos a la naturaleza y a los demás es el amor, pese a la competencia. Así, el amor es nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta. Estamos a punto de agotar nuestros propios recursos naturales, al explotarlos y contaminarlos, porque competimos entre nosotros, como individuos y como naciones. La única fuerza que puede vencer esta competencia autodestructiva es el amor, o si prefieres un término más cognitivo, el compromiso de equipo y la creatividad participativa. El amor es la fuente de logros evolutivos fundamentales. La selección sexual, es decir, la elección de pareja basada en un sentimiento que llamamos amor, provocó el moldeado de nuestros cuerpos en función de las preferencias y gustos de la pareja. Además, el amor paternal permitió fomentar las capacidades de nuestros hijos. Sin el cariño no seríamos capaces de dedicarnos a los demás y comprometernos. Tampoco podríamos alentarnos e inspirarnos los unos a los otros. Para Hüther, es evidente de que para sacar provecho de nuestro potencial tenemos que encontrarnos los unos con los otros como sujetos en lugar de tratarnos como objetos. Solo la gente “amorosa” es capaz de tratar a los demás como sujetos. Pero, en la actualidad, nuestra cultura favorece a aquellos que usan y manipulan a los demás para lograr sus propósitos. A menos que este tipo de relaciones interpersonales y culturales desarrolladas a lo largo de la historia se supere, no seremos capaces de resolver ninguno de los problemas a los que nos enfrentamos ahora. La lucha por el poder y la dominación es la verdadera causa de todos nuestros problemas." Ya es posible, pues, afirmar que el papel del amor es tan importante en el devenir de nuestra especie como puedan serlo otros factores biológicos. En este libro encontraremos los argumentos que lo confirman. - Artículo 10: Dimensión espiritual: un despertar de la conciencia Y llegado a este punto de la investigación, es digno de mencionar que las anteriores tesis argumentadas, a saber, la intuición espiritual, el despertar espiritual y la evolución del amor son refrendadas por la Tesis Doctoral de Noemí Siverio (Venezuela): Psicología del Homo Complexus para una educación desde la comprensión. La novedad de esta Tesis Doctoral es que contempla la psicología transpersonal, así como la Educación Transracional, en palabras de Noemí Siverio en la introducción: "… es necesario que la psicología voltee su mirada hacia la complejidad del ser humano al considerarlo desde sus diversas dimensiones: bilógico, emocional, social, cultural, racional, irracional, psicológico y espiritual. Es por esta razón que en nuestra investigación apostamos por una psicología compleja o transpersonal, considerada la cuarta fuerza dentro del campo de la ciencia del comportamiento humano, que toma en cuenta la complejidad del ser dándole espacio en su seno a la dimensión espiritual que es inherente al mismo, y de esta forma estaría acercándose a su comprensión.….Por lo tanto, nuestro ideario se dirige a tener presente una Educación Transracional que se opone a la visión mecanicista de la educación tradicional, al enfocarse en el pensamiento que orienta la razón hacia la espiritualidad, que enfatiza en la no dualidad sujeto-objeto, conllevando al nacimiento de una nueva consciencia que se adhiere a la dimensión espiritual del hombre, resultando ser a todas luces una educación sustentada en la noción compleja de éste, y por tanto en la necesidad de su comprensión. Por lo que estamos esperanzados en esa psicología compleja, así como en la Educación Transracional." Dejo al lector el deleite de leer la citada Tesis Doctoral, sin embargo, he aquí una sinopsis significativa: La espiritualidad tiene que ver con el amor incondicional, la compasión, la comprensión del otro, la solidaridad, la apertura al infinito, transparencia en las acciones, con un sentido de pertenencia a un todo, por ello el despertar espiritual es el despertar de la consciencia, ver la vida desde el espíritu da plenitud, siendo por esto que estimamos que la verdadera espiritualidad es aquella que produce en el ser humano una transformación interior. Al respecto, si hablamos de espiritualidad, es necesario saber que se trata de transformar el corazón y la mente, que nos lleve a un profundo cambio interior y con ello un trascender el ego, a nuestra consciencia, así nos daremos cuenta que solo a partir de esta concepción estaremos en condiciones de comprendernos y comprender al resto de la humanidad. Recordemos también que la espiritualidad tiene que ver con una experiencia y no con ideas o códigos, tiene que ver con la vida, no con dogmas y doctrinas y además con el despertar de nuestras consciencias. Asimismo, la espiritualidad es propia de cada ser humano, ya que desde ella desarrollamos la capacidad de dialogar, escuchar, de acoger, de comunicarnos, comprendernos, comprender al otro, e incluir. Por lo tanto, pensamos que la verdadera espiritualidad consiste en saber entender el mundo del otro sin imponerle el nuestro lo que se traduce en empatizar con él. Concluyendo podemos destacar que hay una diferencia entre espiritualidad y religión, al respecto cuando se le preguntó a Boff (teólogo brasilero) cuál era la diferencia entre religión y espiritualidad respondió: “Las religiones producen guerras, la espiritualidad produce paz”. - Artículo 11: Inteligencia espiritual Siguiendo la estela de la citada Tesis Doctoral de Noemí Siverio, al despertar de la conciencia se le puede anexar la "inteligencia espiritual". Un extracto ilustrativo: "La inteligencia espiritual nos hace un recordatorio sobre el hecho que el despertar espiritual consiste en separar los sentimientos de la consciencia. Caer en cuenta de la identificación de la mente, de la que provenimos, y reconocer que ahí no está nuestra verdadera identidad. Requerimos entender que la espiritualidad o inteligencia espiritual al hacernos crecer en compresión de nuestra verdad, nos pone en camino de desaprobación, por eso a más espiritualidad, menos ego y menos egocentrismo. De esto deviene que el criterio decisivo de una existencia espiritual no puede ser otro que la desegocentración, la bondad, la compasión, la compresión del otro, unidos a la ecuanimidad de quien ya ha descubierto que su verdadera identidad transciende todo vaivén y toda impermanencia. Por lo que el término inteligencia espiritual puede ser definido como la capacidad de encontrar un sentido profundo de la vida, de la existencia. Por otro lado, reseñaremos sin ánimos de ser reduccionistas que existe una perspectiva, un planteamiento en torno a la existencia de un gen de Dios, de acuerdo a esto se revela que la inteligencia espiritual, procede de una base biológica que habita en el cerebro humano, al que le confieren el nombre de “punto Dios”, algunos científicos (Boff). No obstante, tal inteligencia requiere que la desarrollemos a lo largo de nuestra vida, por lo que no basta con constatar ese “punto Dios”. Hay que desarrollar la inteligencia espiritual, volviéndonos hacia nuestro interior, dialogando con nuestro centro y con lo profundo que nos contiene. Podemos así interpretar que, si la inteligencia espiritual está en nosotros, y al ser nosotros parte del universo, entonces significa que esta inteligencia constituye una propiedad del universo; por tanto, la misma al ser inherente al hombre y al cosmos nos conduce a la comprensión compleja de las personas. Lo anterior nos permite considerar que la inteligencia espiritual conecta al ser humano con el gozo estético, facilita deleitarnos con la belleza natural, con lo artístico y con la simplicidad de las pequeñas cosas. Conectándonos con el sentido del misterio, de lo insondable, lo que va más allá de lo desconocido, o se conoce mal, con lo que está oculto, lo que no se percibe con los sentidos, ni se aclara con la razón. Por eso, esta inteligencia, nos lleva a la búsqueda de la sabiduría que permite la labor de síntesis, para la mirada en conjunto. Es así como, desde la perspectiva de la espiritualidad podemos comprender que la inteligencia espiritual facilita el darnos cuenta de que existimos, experimentando una sorpresa que nos conduce a amar la vida y a gozar intensamente de ella, trascendiendo de esta forma nuestro ego y posicionándonos en un “Nosotros”, que conduzca a la compresión del ser humano (Buzan)." Consecuentemente, la intuición espiritual no es una entelequia, pues produce un despertar espiritual a través del amor y una auténtica dimensión espiritual donde se produce un despertar de la conciencia que, inherentemente, debe conectar con la inteligencia espiritual. Y dicho proceso evolutivo en la psicología humana debe desembocar en la sabiduría como ciencia para la sanación espiritual, porque el saber sin amor es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo. - Artículo 12: La sabiduría como ciencia para la sanación espiritual Y de la mano de la Tesis Doctoral de Noemi Siverio, nos vemos así envueltos en la búsqueda de una sabiduría como revulsivo de la sanación espiritual. Pero ser sabio no es una tarea fácil. En este sentido, me permito recomendar la obra El ideal de la sabiduría de Roger-Pol Droit. Aborda en este libro un acercamiento a los diversos destinos que a la figura del sabio le ha correspondido interpretar a lo largo de la historia en Europa y Asia. Su cometido consiste en discernir claramente cómo se ha llegado a la formación del ideal del sabio antiguo, destacando en paralelo la posibilidad de su regreso a nuestros días. El ideal de la sabiduría es un libro intrépido e incluso entrañable, pues intenta recoger, al modo en que lo hacen las fotografías, los momentos más característicos que a Buddha, Zhuang-Zi, Epicuro, Confucio, Montaigne, Schopenhauer, Nietzsche o Spinoza (entre otros) les valieron para entrar en el Panteón Universal de la Sabiduría. Sin embargo, El ideal de sabiduría es una cuestión que no solo constriñe a la filosofía pues, es curioso y esperanzador, que la sabiduría también sea contemplada científicamente a través de la neuropsicología. El concepto de sabiduría es posiblemente unos de los más elusivos en nuestro lenguaje. ¿Cómo caracterizamos al “sabio”? ¿Qué comportamientos hacen que consideremos a una persona como “sabia”? ¿Qué es, en definitiva, la sabiduría? Recientemente, sin embargo, la psicología -y especialmente la psicología positiva de corte empírico- ha llevado a cabo un esfuerzo por formalizar este constructo, lo que sin duda ha facilitado el abordaje de la sabiduría desde una perspectiva científica. Un claro ejemplo de ello es un artículo de Meeks y Jeste, publicado en Archives of General Psychiatry, en el que se analiza el sustrato neurobiológico de los diversos componentes que caracterizarían la sabiduría. Según Meeks y Jeste son seis los rasgos subcomponentes de la sabiduría: -primero: actitudes y conductas prosociales, es decir, la sabiduría se orienta hacia el bien común; -segundo: un conocimiento práctico de la vida y la habilidad especial para la toma de decisiones sociales, lo que implica amplios conocimientos sobre la vida y sobre el comportamiento humano, experiencia, capacidad de juicio, habilidades interpersonales, capacidad de proporcionar orientación y consejo, etcétera; -tercero: equilibrio emocional, capacidad para el manejo de las propias emociones, tolerancia a la incertidumbre, habilidad para mantener una emocionalidad de base positiva, pese a que -como cualquier ser humano- se esté expuesto también a emociones negativas; -cuarto: reflexión, autoconocimiento, auto-comprensión; -quinto: perspectivismo y tolerancia, capacidad para contemplar la realidad desde puntos de vista diferentes, de apreciar el valor de cada perspectiva y de aceptar y tolerar actitudes, visiones o comportamientos diferentes a los propios intereses, deseos y proyecciones; -sexto: reconocimiento y consciencia de lo incierto y ambiguo de la vida y manejo adecuado de estas características presentes en toda experiencia vital. Cuando una persona experimenta los procesos de empoderamiento (parte baja de la 4D) y despertar espiritual (parte alta de la 4D) tal como se ha argumento anteriormente, pareciera ser que se ha llegado a un momento “eureka”, sin embargo, apenas se ha llegado al pie de la montaña. Queda por escalar conscientemente procesos interiores de trascendencia que pasan por la meditación y experiencias místicas, todo un viaje de la transformación interior generalmente en soledad, hasta que el sujeto trascendente alcanza una “visión lógica” o “transracionalidad” (es decir, más allá de la razón, con el corazón). En ese proceso evolutivo de su psicología y de su espiritualidad, ya deja atrás el mundo 3D, aunque viva en él, pero sin estar en él. También deja atrás los miedos inconscientes de la 4D. A partir de ese momento se inicia la escalada espiritual de una sabiduría consciente, propia de la 5D. Veamos todo ello a continuación. 4-3 Trascendencia (parte baja de la 5D) - Artículo 13: La meditación Con los anteriores presupuestos científicos para alcanzar la sabiduría, toda la experiencia atesorada a lo largo de la vida se convierte, entonces, en la capacidad de cada cual de trascender su propio ego -conciencia personal en términos psicológicos- para alcanzar y actuar desde la conciencia transpersonal - más allá del ego, con el corazón- , como objetivo de esta investigación. Pero ese recorrido aún tiene obstáculos por delante. En efecto, alcanzar la sabiduría no es solamente una cuestión racional como la planteada hasta aquí, sino que requiere el ejercicio práctico de la meditación acerca de lo que pensamos, decimos y hacemos. En efecto, si vivimos en la locura esquizofrénica de un mundo exterior donde solo hay caos e ignorancia, es preciso buscar el propio orden de cada cual en la profundidad de nuestro ser. La filosofía perenne propugna la trascendencia del ilusorio dualismo entre cuerpo y mente mediante la meditación, logrando así la unicidad del propio ser humano con el universo, un camino de sabiduría que pretendidamente conduce hasta la iluminación. En dicho sentido, un equipo de psiquiatras del Hospital General de Massachusetts ha realizado el primer estudio que documenta cómo ejercitar la meditación durante ocho semanas puede afectar al cerebro. Según sus conclusiones, publicadas en Psychiatry Research, la práctica de un programa de meditación durante ocho semanas puede provocar considerables cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés. Es decir, que algo considerado espiritual, nos transforma físicamente y puede mejorar nuestro bienestar y nuestra salud. En este sentido, cabe señalar que la meditación está siendo introducida en el ámbito escolar con resultados especialmente esperanzadores. Así pues, la trascendencia del ilusorio dualismo entre cuerpo y mente mediante la meditación, se constituye en un camino de sabiduría que posibilita la sanación trascendental al lograr paz interior, mejoramiento de la salud y bienestar tanto individual como colectivo mediante la compasión. - Artículo 14: La experiencia mística La experiencia meditativa nos pone así a las puertas de la experiencia mística. El misticismo es otro modo de saber diferente pero complementario con el método científico, y se sustenta en la introspección de los propios pensamientos con la finalidad de trascender las connotaciones negativas del egocentrismo hacia la genuina espiritualidad exenta de apriorismos dogmáticos religiosos. Pero, ¿somos todos potencialmente místicos? ¿Cuál es la relación entre mística y esquizofrenia? ¿Cómo interpretar el testimonio de los grandes místicos? ¿Qué tuvieron en común el Buda, Jesús, Plotino, Dante, Santa Teresa, William Blake y Edgar Allan Poe? ¿Cuál es el influjo de las drogas? ¿Cuántos son los estados de conciencia? En La experiencia mística y los estados de conciencia, se recopila en un solo volumen los ensayos más importantes que se han escrito sobre el tema general de los estados superiores de conciencia. Contrastando las opiniones de distintos autores -algunos tan relevantes como Bucke, Huxley, Watts, Wilber o Maslow-, dicha obra intenta encontrar el denominador común de una serie de experiencias que han sido llamadas diferentemente: "conciencia cósmica", "experiencia cumbre", "inconsciente trascendental". Mientras una parte de los autores sitúa el fenómeno de los estados superiores de conciencia dentro de un contexto místico-religioso, otros optan por una descripción en términos psicológicos. La yuxtaposición de estos diversos enfoques configura un diálogo enormemente útil -y de lectura apasionante- sobre el tema eterno de la experiencia trascendental. Como complemento a dicha obra, se reproduce también a continuación una cita extraída de la Tesis Doctoral de Iker Puente, titulada Complejidad y Psicología Transpersonal: Caos, autoorganización y experiencias cumbre en psicoterapia (Universidad Autónoma de Barcelona, 2014): El pensamiento occidental, especialmente el cristianismo y la obra de algunos místicos cristianos, ejercen una influencia importante sobre el desarrollo y los planteamientos de la psicología transpersonal, sobre todo en relación a la importancia otorgada y la forma de entender conceptos como la espiritualidad, el misticismo, la unidad, el desapego y la experiencia mística (González, 2005). Especialmente influyentes fueron las obras de algunos místicos cristianos como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Maestro Eckhart, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, los relatos que realizaron de sus experiencias místicas. Durante mucho tiempo, el término empleado en Occidente para referirse a este tipo de experiencias y prácticas era el de contemplación, y solo recientemente se comenzaron a emplear de forma extensa los términos místico y misticismo. Los místicos cristianos generalmente describían el camino hacia el éxtasis o la trascendencia como una escalera que partía de la tierra hasta llegar al cielo, y que el místico tenía que recorrer peldaño a peldaño. Esta escalera tendría tres estadios principales:la vida purgativa, la vida iluminativa y la vida unitiva. La meta del místico es alcanzar la vida unitiva, que se entiende como un estado de perfecta contemplación. La vida purgativa implica la autodisciplina, el aislamiento y el ascetismo; es un estado en el que permanece la visión dualista del mundo, y en el que se concentra la atención en la propia individualidad. En la vida iluminativa se deben concentrar todos los sentimientos y pensamientos en Dios. La vida unitiva es la esencia de todo misticismo; en este estado se produce la aniquilación del yo y la unión con la divinidad, superándose todo dualismo. - Artículo 15: El doble: intuiciones, premoniciones e hyperincursión Pero la experiencia meditativa y mística tiene connotaciones metafísicas, incluso contempladas desde la filosofía cuántica. En efecto, según la La teoría del desdoblamiento del tiempo del doctor en física francés Jean-Pierre Garnier Malet, afirma que nuestro cuerpo es una energía con capacidad para proyectarse hacia el futuro, extrayendo información de una realidad paralela y traerla a nuestra existencia. Según este científico, cada instante que vivimos es una información mental que recibimos inconscientemente sobre nuestro futuro, procedente de nuestro “otro yo”, formado de energía cuántica. Según la teoría de Garnier, sería imprescindible cuidar la pureza de nuestros pensamientos pues son los malos pensamientos quienes ponen barreras a la realización de nuestro hipotético mejor futuro. Dicha información subliminal pasaría inadvertida para toda persona sin la preceptiva educación cuántica. ¿Se entiende ahora la importancia de esta? En este sentido, dice Garnier que hay que tener un pensamiento positivo en la resolución de los conflictos, ya que el “yo” de la “otra dimensión” nos dará la información correcta mediante una resolución satisfactoria de los problemas. Quien desee profundizar en la propuesta de este científico, puede consultar su obra Cambia tu futuro por las aperturas temporales. Dicho postulado científico es toda una invitación a volver a pensar sobre el pensamiento, una actividad por antonomasia perteneciente a la filosofía. Quizá tenemos ahí la primera regla del pensamiento cuántico: aprender a pensar. Según Garnier, es nuestra manera de vivir y pensar la que desencadena nuestro desequilibrio y, tan solo nuestra manera de vivir y pensar, puede volver a poner orden en nuestros desórdenes. Así, modificando los pensamientos y sus proyectos, se puede crear y actualizar posibilidades futuras. Desde la física cuántica, Garnier viene a confirmar lo ya dicho por Buda: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”, y también, “ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos”. Así, es cuestión de hacer una especulación metafísica sobre el pensamiento y deducir las reglas por las cuales se rige. Según Garnier, nuestro “doble” es verdaderamente “otro yo”. El cuerpo visible explora el espacio en nuestro tiempo, el otro, totalmente imperceptible, viaja en los diferentes tiempos de nuestro desdoblamiento. De manera esquemática, podemos decir que un cuerpo energético informa nuestro cuerpo físico. En efecto, nuestro organismo posee una característica común a todo el universo: toda partícula emite y recibe ondas. Así pues, los físicos hablan del carácter ondulatorio y corpuscular de la materia. Todo organismo emite y recibe informaciones para vivir y sobrevivir. Hecho de partículas materiales, llamadas corpusculares, nuestro cuerpo se beneficia de continuo de intercambios de informaciones por su lado ondulatorio. Podemos pues afirmar que tenemos un organismo corpuscular observable en nuestro mundo y un cuerpo ondulatorio encargado de emitir y de captar informaciones vitales, en otro. Según Garnier, los intercambios de información solo pueden ir del pasado al presente o del presente al futuro, pero nunca del pasado al futuro. Es preciso entender que el pasado, el presente y el futuro son tres realidades simultáneas que evolucionan a velocidades diferentes. El objetivo del desdoblamiento de los tiempos es que el Creador obtenga respuestas a sus preguntas antes de que sus Criatura hayan tenido tiempo de responder a ellas. Cada una de estas respuestas vive en función de las preguntas que forman su conciencia del momento. Las instrucciones que cada célula del organismo recibe a cada momento dan al cuerpo sus instintos de supervivencia. En cuanto a su mente, recibe las sugerencias del Creador en forma de intuiciones y de premoniciones, las cuales desencadenan sus propias interrogaciones. Estas generan respuestas inmediatas en el futuro que no es sino el presente de los dobles. La teoría del desdoblamiento del tiempo así propuesta por el físico Garnier, sin lugar a dudas, augura que son tiempos para el pensamiento cuántico. Garnier necesitó nueve años de trabajo intensivo, de noches en vela, para obtener la recompensa tan esperada: el Tiempo iba a ser coronado por una teoría universal pudiendo ir más allá de lo imaginable, explicando paradojas, barriendo postulados, dando por fin sólidas certezas científicas a confusas aproximaciones esotéricas o a creencias ancestrales, empíricas, metafísicas o religiosas. En 1998, los experimentos de Saul Perlmutter y Brian Schmidt, por fin le dieron la razón: una energía desconocida fue descubierta en el universo y la observación de la misma permitía decir que representaba el 66,6 % de la energía total. El teorema de Garnier (gravitación 33,3%, antigravitación 66,6 %, equilibrio 0,1%) relacionado con las tres energías de desdoblamiento, fue por fin aceptada. Ciertamente, no fue sencillo que ello fuera aceptado todo de golpe, sobre todo, el hecho de que la información se desplaza más rápido que la velocidad de la luz. Desde Einstein, este era un postulado intocable. En el año 2003, nuevos experimentos científicos, probaban la exactitud de su demostración: la información entre elementos desdoblados, o la energía necesaria para desplazarla, iba mucho más rápida que la luz. Con esta famosa propiedad del tiempo, rigurosamente puesta en evidencia, la memorización de futuros potenciales se volvió científicamente posible, lo cual confirmaba la “hyperincursión”-noción todavía demasiado reciente para ser difundida en el amplio público-, del que hablaban los científicos a la cúspide de la investigación en cibernética e informática. La hyperincursión permite anticipar y memorizar un futuro sin vivirlo en el presente. Entonces, ¿por qué no se serviría el hombre de esa facultad de anticipación? La utilizamos de continuo sin saberlo, pero tan mal que cansamos nuestro organismo y enfermamos. Este principio universal que nos hace vivir en el futuro antes de tomar acción en el presente es verdaderamente imprescindible y fundamental. Es innato en todos los seres vivos: un animal no reflexiona para sobrevivir, sus instintos naturales le mantienen con vida. La ley del desdoblamiento del tiempo, nos dice Garnier, era ya conocida al principio de nuestra era, puesto que San Juan, en el Apocalipsis, hablaba de ello sin ningún misterio: “Yo soy el Alfa y el Omega, dice el señor Dios, Él es, Él era, y Él vendrá”. Bien conocida antiguamente, esta idea del pasado, presente y futuro sigue siendo una definición perfecta del desdoblamiento de los tiempos. También Platón, como los egipcios, enseñaban la división de un Creador Único por desdoblamiento de los tiempos: “Yo soy el Ayer y yo conozco el Mañana”. “El ayer me dio la luz, he aquí que yo creo los Mañanas”. Algunos pueblos africanos también hablan de su “doble”, como los chamanes de América del Norte, o los “bushmen” de Namibia, y los aborígenes australianos utilizan su “imagen” para viajar en los sueños. De la mano del físico francés nos hemos adentrado en la filosofía cuántica, una disciplina con muchas interpretaciones que interrelacionan los presupuestos de la física cuántica con connotaciones filosóficas, incluso la espiritualidad. ¿Acaso los científicos se han vuelto todos los locos? Para nada, el materialismo científico, con el surgimiento de la ciencia cuántica, simplemente ha muerto. El cambio de paradigma de la física clásica a la física cuántica ha vislumbrado una renovada comprensión del universo y del sujeto trascendente que piensa dicho universo del cual forma parte. Los escépticos materialistas, racionalistas hasta la médula, se retuercen de dolor cuando algunos "místicos cuánticos" relacionamos la física cuántica y la espiritualidad, sin embargo, es un viaje de la transformación interior sin retorno: la mente cuántica ya es una realidad. - Artículo 16: Mente cuántica: el viaje de la transformación interior Mente cuántica es el título de una obra del doctor en ingeniería Félix Torán, quien tiene la mención de Doctor Europeo y numerosos reconocimientos internacionales. A través de esta obra, Félix Torán aborda los conceptos más asombrosos que se derivan de la física cuántica de forma clara y, lo más importante, cómo se puede aplicar a nuestro crecimiento personal. Este no es un libro de física cuántica en el más puro sentido, pues no hay fórmulas, matemáticas, etcétera. Sin embargo, se propone divulgar los principales conceptos de la física cuántica y su aplicación al crecimiento personal y profesional, a modo de viaje de transformación interior. “La felicidad no se puede medir directamente”, escribe Félix Torán. “Indirectamente, podemos medir los efectos de la felicidad, pero no la felicidad propiamente dicha. Esta tan solo se puede experimentar. Es por ello que quienes la han experimentado no pueden definirla perfectamente con palabras, puesto que eso vuelve a ser una observación, una aproximación hasta donde el lenguaje nos permite llegar. Quienes experimentan la felicidad coinciden en que se encuentra en nuestro interior y no es nada que tengamos que alcanzar ahí fuera. También coinciden en que se encuentra en el único momento que existe realmente: ahora. Y también están de acuerdo en que lo mejor que se puede hacer con nuestra felicidad es compartirla, pues al hacerlo la felicidad se multiplica”. Mente cuántica es un libro muy didáctico, claro y útil, que nos ayuda en este cambio de era del viejo mundo moribundo hacia un nuevo mundo por descubrir gracias al empoderamiento consciente de nuestro propio destino. Desde el surgimiento de la física cuántica, han sido innumerables los intentos por buscar un acercamiento y un entendimiento del viaje de la transformación interior, una cuestión que Platón dejó explicada metafóricamente mediante el Mito de la caverna. Así, la mente cuántica , sería un estado propio del místico moderno que, por un lado, hace acopio de las derivaciones cognitivas y prácticas surgidas de la física cuántica y, por otro lado, integra dichos conocimientos científicos con las enseñanzas de la filosofía perenne. Por dicho motivo, son cada vez más numerosos los investigadores y escritores que intentan, desde la racionalidad, hacer comprensible el mundo espiritual. En efecto, desde el surgimiento de la física cuántica, todas las estructuras pensativas que describen la realidad tal como la conocemos, han dado un giro copernicano en nuestra percepción y cognición de una nueva realidad por descubrir mediante la mente cuántica. La mente cuántica es un nuevo paradigma pensativo sustentado en un racionalismo espiritual que, inherentemente, requiere una reinterpretación en el modo de conocer, pensar y actuar. La mente cuántica invita a un revisionismo de la psicología cognitiva mediante el empoderamiento consciente de los pensamientos por parte del sujeto trascendente. Tales son las derivaciones que se desprenden de los postulados expuestos por los científicos Jean-Pierre Garnier Malet y Joe Dispenza en sus obras Cambia tu futuro por las aperturas temporales y Deja de ser tú, la mente crea la realidad, respectivamente. Así, con estas dos visiones científicas sustentadas en los aportes de la física cuántica, ha cambiado la cosmovisión de nuestra realidad, invitando ambos modelos de cognición al abandono del viejo mundo tal como lo conocemos y abrazar el nuevo mundo por descubrir en el interior de cada uno de nosotros. Los procesos psicológicos y espirituales argumentados hasta aquí implican y justifican los mapas evolutivos de la conciencia respecto de cada persona, desde su nacimiento hasta su muerte, consciente o inconscientemente y, consecuentemente, se puede hablar e identificar a un sujeto trascendente subyacente a cada uno de nosotros. - Artículo 17: El sujeto trascendente El viaje de la experiencia de trascendencia se inició con la meditación, prosiguió con la experiencia mística, y ello con connotaciones cuánticas mediante el “doble” de Garnier y, posteriormente, como una “mente cuántica” para el viaje de la transformación interior. Sin lugar a dudas, ya es posible afirmar que existe un “sujeto trascendente” por naturaleza y que participa de un proceso de ascensión psicológica y espiritual, una cuestión ahora avalada desde la psicología transpersonal que contempla al hombre como a un ser que trasciende estas dos dimensiones (espacial y temporal) de la existencia material. Por lo tanto, es un ser trascendente que está aquí con un fin superior a la mera existencia en este plano. Así es como la psicología transpersonal contempla un nuevo método: la fenomenología que basa su estudio en la conciencia. Aunque el término “fenomenología” fue usado muchas veces en la historia de la filosofía antes de Husserl , el uso moderno de la palabra está ligado explícitamente al método y al proyecto filosófico que este filósofo alemán denominó “fenomenología trascendental”. El uso posterior del término está basado principalmente en la fenomenología de Husserl o relacionado críticamente con ella. Para Edmund Husserl, la fenomenología trascendental es, ante todo, un proyecto de renovar a la filosofía para hacer de ella una ciencia estricta y una empresa colectiva. Como forma de entender la filosofía, la fenomenología asume la tarea de describir el sentido que el mundo tiene para nosotros antes de todo filosofar, dicho de otro modo, se trata de exponer las leyes esenciales inherentes a nuestra consciencia del mundo. Pocos de los discípulos y de los primeros lectores de Husserl compartieron el espíritu de hacer de la fenomenología un proyecto verdaderamente colectivo. Por el contrario, la historia del movimiento fenomenológico parece estar dominada por el deseo de filósofos que aspiran a superarse unos a otros. De ahí que la unidad de lo que se denomina con el título genérico de “fenomenología” sea la mayoría de las veces superficial, cuando no meramente histórica. Sin embargo, a principios del siglo XXI, esta forma colectiva de hacer filosofía y su proyecto pasan por un renacimiento en gran parte del mundo. La degeneración de los valores morales y espirituales de la sociedad occidental junto a la creciente asunción de la filosofía oriental por aquella, ha permitido a la psicología transpersonal afianzarse cada vez más en su objetivo de integrar los tres mundos que fueron diferenciados por Kant: la ciencia (“ello”), la profundidad intelectual del “yo” y la moralidad del “nosotros”. La postmodernidad no ha podido o no ha sabido integrar esos tres mundos, más bien, se ha producido una fragmentación del ego, así como su disociación de la colectividad, todo un proceso de desintegración social y humano que ha conducido al actual caos civilizatorio. Es más urgente que nunca sanar a ese ego herido de muerte, pero, sobre todo, lo que hay que sanar es su ignorancia mediante una educación en libertad y con conocimiento de causa, como pretende La educación cuántica. Llegado a este punto del “sujeto trascendente”, la pregunta pertinente es ¿hacia dónde trasciende? Como no puede ser de otra manera, el sujeto “racional” debe trascenderse más allá de la razón, es decir, hacia la “transracionalidad”: un neologismo desconocido en el ámbito académico tradicional, propio de la metafísica, sin embargo, plenamente argumentado por Ken Wilber mediante una coherencia epistemológica. - Artículo 18: Visón lógica y transracionalidad La filosofía transpersonal es una disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, sin embargo, es una actividad investigativa muy reciente en la historia del pensamiento. El filósofo transpersonal por excelencia es Ken Wilber y, por ello mismo, considero científicamente a La filosofía transpersonal de Ken Wilber como fundamento para una educación transracional de la metafísica y la sanación trascendental del sujeto cognoscente mediante la meditación, presentada dicha exposición en la 3ª edición del Congreso Razón Abierta. En su obra cumbre Sexo, Ecología, Espiritualidad, Wilber concluye magníficamente con su concepción de la "transracionalidad" en la que debe adentrarse la humanidad: “El mundo de la modernidad está un poco loco: mitos para los campesinos, naturalismo plano para la intelectualidad. Es más que irónico que sea la ciencia, la ciencia descendida la que en las últimas décadas del siglo XX redescubra la naturaleza autoorganizada y autotrascendente de la evolución misma. Es más que irónico que unir las “dos flechas” del tiempo hace de Eros el único y omnipenetrante principio de manifestación. Es más que irónico que la ciencia prepare el camino para una evolución más allá de la racionalidad, ya que ha demostrado claramente que la evolución no se detiene para nadie, que cada estadio pasa a un mañana más amplio. Y si hoy es la racionalidad, mañana será la transracionalidad; ningún argumento científico puede estar en desacuerdo con esto, y todos deben favorecerlo. Ahí estamos en la racionalidad, situados en el filo de la percepción transracional, una scientia visionis que está trayendo aquí y allá, cada vez con más claridad y a todo tipo de gente y por todas partes, poderosos destellos de un verdadero Descenso de la omnipenetrante Alma del Mundo”. La anterior postulación de la transracionalidad halla su correlato con el surgimiento de la “cuarta fuerza” de la psicología transpersonal, iniciándose un camino esperanzador de trascendencia de la conciencia egoica hacia la espiritualidad o “transpersonalidad”. Sin embargo, el término “transpersonal” no es todavía de dominio popular y menos aún su asunción académica para una futura educación generacional. No obstante, si la humanidad ha evolucionado de lo mítico a lo racional, como apunta Wilber, estamos ahora situados en el filo de la percepción transracional. En dicho sentido, cabe destacar el artículo de Álvaro B. Márquez-Fernández y Zulay C. Díaz-Montiel La complejidad: hacia una epísteme transracional, cuyo resumen es el siguiente: "En las ciencias sociales la crisis del paradigma positivista, es el resultado de su insuficiencia experimental para dar cuenta de la transformación de la experiencia del pensamiento en su interpretación de la realidad natural e histórica de la existencia. En la modernidad no fue posible consolidar un paradigma universalista que solo diera cuenta de espacios objetivados de la realidad a través de modelos racionales reduccionistas. Tal como lo señalan Morin, Najmanovich, Sotolongo-Codima Boaventura de Sousa, Reynoso, en sus postulados teóricos-metodológicos, cuando afirman que la experiencia del pensar racional es mucho más compleja y transdisciplinar, pues considera la realidad como un proceso en curso de estructuras que se recrean poiéticamente sin sujeción a causalidades predeterminadas. Esto es lo que explica, desde la perspectiva de una espíteme crítica, por qué las contingencias materiales de la experiencia racional y las formas de intercambios entre sistemas de diversa índole, le atribuyen al fenómeno del pensamiento una múltiple y transversal racionalidad a partir de la cual se desustantiva el mundo de los objetos y hace presente la subjetividad cognitiva del sujeto de pensamiento. Hacia ese inédito dominio de los procesos de la espíteme transracionales es que se orienta el pensamiento complejo como un momento de superación del positivismo." Como objetivo ilustrativo de esta nota, destacamos la conclusión final de dicho artículo: "Es necesario que esta riquísima cosmovisión que nos revela el aura de una nueva racionalidad para pensar y rehacer el mundo, se convierta en un programa transdisciplinar de investigaciones que logren desplazar nuestra experiencia deconstructiva de los fenómenos de la realidad en todos los órdenes del conocimiento hacia éticas epistémicas. La infinitud de formas posibles a las que apuntan las redes complejas de conocimiento, no es más que la posibilidad humana y natural de entender los ciclos y procesos de la vida en sentido generativo, nunca progresivo ni lineal." Lamentablemente, Ken Wilber, considerado como el "Einstein de la conciencia", es un gran desconocido en el sistema académico tradicional, basta como prueba mi artículo científico titulado La conciencia como problema histórico: la filosofía transpersonal de Ken Wilber como una hermenéutica complementaria a la epistemología y como fundamento para una educación transracional, el cual no fue admitido a revisión científica bajo la siguiente excusa: "Respetado autor Amador Martos García, reciba un cordial saludo. Según se le informó en correo pasado, su artículo fue remitido a instancias del Comité Científico de la Revista Ciencia y Humanidades. Dicho Comité está compuesto por más de 50 académicos ubicados en diferentes países de habla hispana, a los cuales se les asignan artículos dependiendo de sus áreas de estudio.Ahora bien, respecto a su artículo en cuestión, a la fecha no se ha podido ubicar un evaluador que posea el conocimiento académico/investigativo necesario para hacer un dictamen justo de dicho texto, por lo que la Revista Ciencia y Humanidades, desde su Comité Editorial en sesión del 5 de junio de 2019, teniendo en cuenta la responsabilidad editorial y científica que atañe a la Revista Ciencia y Humanidades, ha declarado que para el octavo número su artículo no podrá ser teniendo en cuenta debido a los motivos anteriormente expuestos. De antemano pedimos disculpas por cualquier problema causado. Cordialmente." ¿Cómo interpretar dicha respuesta? Ello invita a pensar que 50 académicos y una revista científica no saben prácticamente nada sobre el filósofo contemporáneo por excelencia: Ken Wilber. Tampoco saben nada de psicología transpersonal, ni de filosofía transpersonal, y menos de educación cuántica, y menos aún de educación transracional…. Son neologismos que no han entrado en el sistema académico tradicional. Y por eso no han podido interpretar mi artículo, menos comprenderlo, y ni tan siquiera un atisbo de intención en intentarlo. Lo más fácil es rechazar aquello que no se comprende, en vez de promover la tarea de investigar aquello de lo cual no sabemos. La inquisición religiosa ha sido sustituida por la inquisición racional: la del ego. Con todo ello, he averiguado que vivo bajo un pensamiento divergente. Un “raro” según algunos y un incomprendido por los señores académicos. Es el precio a pagar por pensar a contracorriente. La sabiduría popular ha sido desposeída de su intuición espiritual, un reduccionismo que nos ha conducido solamente a la visión materialista. Son tiempos de dar un salto cuántico en el modo de pensar pues, como indica Ken Wilber, estamos al filo de la percepción transracional. 4-4 Conciencia (parte alta de la 5D) - Artículo 19: El giro copernicano Sin embargo, la trascendencia desde la “racionalidad” a la “transracionalidad” no es una cuestión de la incipiente y moderna epistemología. En efecto, cabe recordar el giro copernicano kantiano: en filosofía, el giro copernicano o revolución copernicana hace referencia a la propuesta realizada por Kant para entender cómo es posible el conocimiento sintético a priori que da lugar al Idealismo Trascendental. Kant explica el cambio que supone su filosofía en la concepción del conocimiento basándose en una analogía con la revolución copernicana. En astronomía, Copérnico comprendió que no se podía entender el movimiento de los objetos celestes con la tesis según la cual la Tierra está en el centro del universo y el Sol y los demás objetos celestes giran a su alrededor; comprendió que para entender el movimiento de los objetos celestes era necesario cambiar la relación poniendo al Sol en el centro y suponiendo que es la Tierra la que gira a su alrededor. De un modo análogo, Kant considera que en filosofía es preciso una revolución semejante a la copernicana: en filosofía el problema consiste en explicar el conocimiento sintético a priori ; la filosofía anterior a Kant suponía que en la experiencia de conocimiento el sujeto cognoscente es pasivo, que el objeto conocido influye en el sujeto y provoca en él una representación fidedigna. Con esta explicación podemos entender, en todo caso, el conocimiento empírico, pero no el conocimiento a priori pues lo extraordinario de este último es que con él podemos saber algo de las cosas antes de experimentarlas, es decir, antes de que puedan influir en nuestra mente. Kant propone darle la vuelta a la relación y aceptar que en la experiencia cognoscitiva el sujeto cognoscente es activo, que en el acto de conocimiento el sujeto cognoscente modifica la realidad conocida (en un sentido metafísico más amplio y con ayuda de la mecánica cuántica, es el mismo objetivo que pretende demostrar este ensayo). Según Kant, podemos entender el conocimiento sintético a priori si negamos que nosotros nos sometemos a las cosas, si aceptamos que son más bien las cosas las que se deben someter a nosotros: dado que para conocer un objeto antes ha de someterse a las condiciones de posibilidad de toda experiencia posible, es decir a las condiciones formales –a priori– impuestas por la estructura de nuestras facultades cognoscitivas, es posible saber a priori alguno de los rasgos que ha de tener cuando esté presente ante nosotros, precisamente los rasgos que dependen de dichas condiciones. Por ejemplo, a priori no podemos saber nunca si la figura que vamos a ver en la pizarra es un triángulo, ni las características contingentes de dicha figura (como su tamaño, su forma concreta, etcétera) pero sí podemos saber a priori que si es un triángulo ha de poseer todas las propiedades descritas por la geometría, ya que –según Kant– estas son una consecuencia de la peculiar estructura de nuestra mente, y a ellas se debe someter todo objeto del cual podamos tener experiencia. Estas ideas las resume Kant con la siguiente frase: “solo podemos conocer a priori de las cosas aquello que antes hemos puesto en ellas”. En resumen, el giro copernicano hace mención al hecho de que solo podemos comprender el conocimiento a priori si admitimos que solo conocemos los fenómenos y no las cosas en sí mismas o noúmenos, si admitimos el Idealismo Trascendental como la filosofía verdadera. Siguiendo la estela del pensamiento kantiano y merced a la física cuántica, este ensayo propugna asimismo un giro copernicano desde la filosofía tradicional occidental (en la cual Kant ocupa un lugar preeminente) hacia la filosofía perenne, y cuyo esquema epistemológico puede ser contemplado al final del prólogo. El giro copernicano propuesto en esta obra es, por tanto, todo un giro epistemológico desde la dualidad sujeto-objeto mantenida por el materialismo científico, a la no-dualidad del sujeto-objeto a la que aboga el genuino misticismo contemplativo exento de apriorismos dogmáticos procedentes de las religiones. En suma, el verdadero giro copernicano puede apreciarse en la psicología humana -de la psicología tradicional a la psicología transpersonal - , como un viaje iniciático de la transformación interior que ya Platón nos iluminó mediante su alegoría del Mito de la caverna. - Artículo 20: Conciencia de sí para alcanzar la felicidad Mediante el giro copernicano kantiano hacia el Idealismo Trascendental se produce una trascendencia desde el “ver para creer” al “creer para ver”, de la razón a la espiritualidad. Consecuentemente, lo que conviene hacer es ser muy consciente de nuestro doble como propone Garnier, o del Logos que, según Heráclito, nos habla y no sabemos escucharlo. Principalmente, porque no somos conscientes (recordemos los experimentos de Benjamín Libet) de que, desde nuestro subconsciente, surgen todas las órdenes en función de las creencias de cada cual para constituirse así en actos derivados de nuestros pensamientos con una directa repercusión en nuestra propia vida. Bien es conocido por la medicina la influencia de los pensamientos positivos o efecto placebo (amor, altruismo, solidaridad, empatía, etcétera) y negativos o efecto nocebo (odio, egoísmo, individualidad, rencor, etcétera) en la respuesta corporal y emocional. Entonces, ¿no va siendo hora de superar la visión materialista de la ciencia, limitada exclusivamente al ente corporal? ¿No es hora de que la ciencia, como propone Garnier, atienda a los aspectos mentales y sus reglas de funcionamiento? En función de todo lo anterior, es necesario ser consciente que el pensamiento está sometido a la ley de la causa y el efecto (karma) y que, por lo tanto, cada persona es responsable de su libertad de pensamiento y acción en el devenir vital. La vida viene a ser como un libro abierto que hay que saber leer, pero que pocos consiguen. La conciencia, en esa labor existencial y cognitiva, siguiendo la ley de la polaridad, se manifiesta mediante la conciencia personal (egocéntrica) y la conciencia transpersonal (compasiva), neologismos que pertenecen propiamente a la filosofía transpersonal y la psicología transpersonal. Pero, para saber leer el libro de la vida, son necesarios dos mapas, a saber, el mapa sociológico y el mapa psicológico, el de ese mundo de ahí fuera y el de ese mundo de ahí dentro, el del viejo mundo moribundo y ese nuevo mundo por descubrir, el del racionalismo pragmático y el racionalismo espiritual. Dos mundos a nuestro alcance para que cada cual decida dónde y cómo vivir, pensar y amar. Dos visiones hermenéuticas presentadas como dinámica espiral en el capítulo El nuevo mundo. Saber ello es el camino hacia la felicidad, pues como sentencia Sócrates: “El saber es la parte principal de la felicidad”. En la medida de que cada persona se empodere conscientemente de sí mismo en orden a dirigir libremente sus pensamientos y actos en beneficio de la humanidad, estará en el camino de la experimentación conocida como “experiencia cumbre” en la Pirámide de Maslow. Es la necesidad psicológica más elevada del ser humano que se halla en la cima de las jerarquías de las necesidades humanas, y es a través de su satisfacción que se encuentra una justificación o un sentido válido a la vida mediante el desarrollo potencial de una actividad. En suma, alcanzar la felicidad. Porque, como aseverara Platón, “buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”. Entonces, inexorablemente, nuestra felicidad, según Platón, pero también Buda, Jesucristo, Garnier y Maslow, está condicionada a la de nuestros semejantes, es decir, a la humanidad como especie, y denominada como felicidad transpersonal en el constructo de La educación cuántica. - Artículo 21: La conciencia transpersonal Con las anteriores exposiciones llegamos, por tanto, al nudo gordiano de mi obra La educación cuántica, la cual argumenta con más extensión y profundidad las cuestiones apenas esbozadas hasta aquí, a saber, un nuevo paradigma de conocimiento que puede resumirse del siguiente modo: “Desde el surgimiento de la física cuántica, la erudición ha dado un salto cualitativo y trascendente desde el universo material (objeto) a la conciencia humana (sujeto), como lo acreditan diversas áreas de la ciencia que, inapelablemente, remiten a la rehabilitación de la filosofía perenne. Las categorías científicas están convergiendo en la ciencia por excelencia, a saber, la ciencia de la conciencia. Y en ese campo, la filosofía transpersonal desarrollada por el filósofo Ken Wilber y la psicología transpersonal como la “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista, se postulan como un nuevo paradigma de conocimiento que, inherentemente, requiere de una renovada cosmovisión de la historia, la ciencia y la espiritualidad pero, eminentemente, desde un revisionismo de la psicología cognitiva y educativa.” Desde el surgimiento de la física cuántica, existe ese debate entre los materialistas científicos (método científico) y los mal llamados “místicos cuánticos”(método trascendental). Una cuestión dilucidada por Ken Wilber como dos modos de saber. Dicha dicotomía cognitiva, en realidad, es una réplica epistemológica entre la ciencia como medio de conocimiento objetivo y el misticismo como conocimiento revelado que plantean las diversas religiones. Por tanto, el debate que se plantea desde el surgimiento de la física cuántica es el encontronazo entre la racionalidad y la espiritualidad, una cuestión de hondo calado abordada pedagógicamente como La educación cuántica y que propugna ese nuevo paradigma de conocimiento donde el “misticismo cuántico” debe ser reconsiderado como filosofía transpersonal. Sin embargo, dicha cuestión también puede ser consultada en Cuestiones cuánticas, una obra de Ken Wilber que recopila los escritos místicos de los físicos más famosos del mundo. Son unos escritos místicos de los científicos más eminentes de nuestra era, los padres fundadores de la relatividad y de la física cuántica. Todos ellos, con un lenguaje asequible y ajeno a la terminología técnica, expresan su convicción de que la física y la mística, de alguna manera, son complementarias. Sin lugar a dudas, son cada vez más los científicos que escapan de la exclusiva mirada del materialismo científico y abrazan a la espiritualidad. Todo ello, traducido en términos evolutivos y psicológicos como se ha citado anteriormente, equivale a decir que El gen egoísta puede ser trascendido conscientemente Más allá del ego dicho de otro modo, el egoísmo puede ser trascendido hacia la compasión y, respectivamente, la conciencia personal hacia la conciencia transpersonal. Etimológicamente el término transpersonal significa “más allá” o “a través” de lo personal, y en la literatura transpersonal se suele utilizar para hacer referencia a inquietudes, motivaciones, experiencias, estadios evolutivos, modos de ser y otros fenómenos que incluyen, pero trascienden la esfera de la individualidad y de la personalidad humana, el yo o ego. Entre sus intereses centrales se encuentran “los procesos, valores y estados transpersonales, la conciencia unitiva, las experiencias cumbre, el éxtasis, la experiencia mística, la trascendencia, las teorías y prácticas de la meditación, los caminos espirituales, la realización (...) y los conceptos, experiencias y actividades con ellas relacionados”. Entre sus objetivos principales se encuentra la delimitación de las fronteras y las variedades de la experiencia humana consciente. (Cita extraída del trabajo de investigación de Doctorado titulado Complejidad y Psicología Transpersonal: Caos, autoorganización y experiencia cumbre en psicoterapia, de Iker Puente Vigiola, Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Barcelona, 16 de febrero de 2007). Consecuentemente, el paso de la conciencia personal (egoica) a la conciencia transpersonal (trans-egoica), debe interpretarse como la “muerte del ego” en su viaje iniciático hacia la percepción unitaria del sujeto cognoscente con el mundo (no dualidad entre sujeto y objeto), donde las emociones egoístas e individualistas dejan paso a la compasión. Se trataría, en suma, de un ascendente viaje iniciático-cognitivo similar al descrito como salida del mundo de las sombras en el Mito de la Caverna de Platón, para luego transmitir de un modo descendente la sabiduría adquirida en el Mundo de las Ideas, donde la reina es el Amor. - Artículo 22: La conciencia mística: ser uno con el universo La conciencia transpersonal consiste, por tanto, en una percepción unitaria del sujeto cognoscente con el mundo, una experiencia mística de ser uno con el universo, una cuestión excelsamente argumentada por Gemma Rodríguez, licenciada en filosofía, docente y con un postgrado en “Pensamiento filosófico Contemporánea”. A continuación, un artículo de su autoría sobre la cuestión argumentada hasta aquí: La superación de los límites del ego, fue una de las batallas ganadas por S. Freud: su influencia en el pensamiento postmoderno ha sido determinante en la apertura hacia un nuevo paradigma de comprensión de la psique. Las investigaciones científicas a lo largo del s. XX han apuntado cada vez más a la posibilidad de desentrañar los secretos de la mente humana, en un deseo cuasi divino de reproducir la inteligencia. Es innegable que la multitud de avances en neurociencia nos hace vivir actualmente inmersos en un paradigma neuro-explicativo en el que el alma está en el cerebro y en el que mantenemos una relación con nuestro cuerpo y con nuestro entorno entendida bajo el esquema de la lógica computacional. Parecería chocante y de un misticismo abrumador sostener la existencia de un yo cuántico con el que intercambiamos información y que posibilita las diferentes aperturas de sentido en nuestra existencia. En innumerables ocasiones se queja el filósofo Amador Martos del desprestigio que sufren los llamados místicos cuánticos al sostener estas teorías. A lo largo del libro se incide especialmente en la del físico Garnier: sus teorías sobre el desdoblamiento del tiempo nos hacen cambiar nuestra visión sobre la conciencia, haciéndonos partícipes de la fusión entre ciencia y espiritualidad que emerge en nuestra era. Superado el paradigma dicotómico dual de la física clásica, entendemos que “el sujeto no puede manipular al objeto porque el sujeto y el objeto son en definitiva una y la misma cosa”. Pero, preguntémonos en este punto, ¿qué consecuencias efectivas pueden tener estas teorías en el panorama educativo? Educar desde un planteamiento que presuponga esta unicidad del todo y que tenga en cuenta los avances de una ciencia que cada vez más vuelve la mirada sobre presupuestos pertenecientes a la filosofía perenne se hace urgente ya que, si tomáramos conciencia de este racionalismo espiritual, nos encontraríamos un paso más cerca de alcanzar uno de los cometidos fundamentales de cualquier filosofía de la conciencia o reflexión mística: desentrañar qué papel juega en la especie el conocimiento que esta alcanza sobre sí misma. Y es que dar un sentido a la existencia individual y colectiva es uno de los supuestos inherentes a cualquier pedagogía que se pretenda regeneracionista y a la altura de las circunstancias. Por otra parte, nuestra dotación de sentido individual no es posible al margen de un sentido colectivo, como nos recuerda una de las tesis más básicas de la política Aristotélica. La filosofía práctica se ha ocupado tradicionalmente de sacar a la palestra la pregunta por la felicidad y el bienestar individual y colectivo. Si tenemos esto en cuenta, es evidente que un sistema educativo que destierre la posibilidad de armonizar el conocimiento humanístico con los avances neurocientíficos está desechando de entrada la potencialidad de establecer una auténtica comprensión del sentido de la existencia, nuestra posición en el universo y, lo que es más importante, de las enormes capacidades de transformación que el pensamiento posee como parte de la realidad que él mismo conforma. Y es que el bienestar individual y colectivo pasa por una regeneración consciente de la humanidad a la luz de la unión de estos paradigmas (espiritual y científico). Una concepción trascendente de la realidad donde la dualidad mente-materia quede superada transformaría radicalmente los presupuestos sobre los que se asienta nuestra forma de educar, ya que eliminaría la distancia entre las conciencias individuales y aquello que hoy comúnmente llamamos “contenidos educativos”. Los contenidos ya no podrían entenderse más como objetivos externos al estudiante, sino como parte de su propio proceso evolutivo. La falta de motivación es uno de los problemas más frecuentes entre el alumnado: ven como lejano y externo lo que se les trata de enseñar cada día en el aula, y no es extraño que así sea desde el momento en que el conocimiento se presenta al alumno como un constructo ya conformado en cuyo proceso de constitución no ha habido ningún tipo de interacción creativa con él. Los alumnos son meros espectadores externos de su propio proceso de conocimiento, receptores de un esquema mental calcado del exterior. ¿Cómo no habría de sentirse alguien desmotivado con algo tan alienante en su día a día como es el hecho de que otro te cuente cómo es la realidad? - Artículo 23: La conciencia de unidad Para rematar este trabajo de investigación, solamente queda por argumentar esa “conciencia de unidad” a la que solamente se accede desde la conciencia transpersonal. Y tal efecto, no hay mejor corolario que finalizar con una reflexión del inconmensurable Ken Wilber. Ken Wilber en La conciencia sin fronteras, argumenta que la conciencia de unidad es conciencia del momento intemporal, está totalmente presente en el ahora, y como es obvio, no hay manera de alcanzar el ahora, de llegar a lo que ya es. En efecto, la iluminación resplandece en toda su claridad en este momento y en todos los demás. No hay sendero hacia la conciencia de unidad pues no se trata de una experiencia entre otras, no es una experiencia que se oponga a una experiencia ínfima, sino más bien la experiencia presente. ¿Y cómo se puede entrar en contacto con la experiencia presente? Los verdaderos sabios proclaman que no hay sendero hacia el Absoluto, no hay camino para alcanzar la conciencia de unidad. Al parecer, nuestra dificultad es la misma que la del individuo que va saltando de ola en ola en busca de la acuosidad. No nos aquietamos durante el tiempo suficiente para entender nuestra condición presente, y al buscar en otra parte, en realidad nos apartamos de la respuesta. Nuestra búsqueda misma, nuestro propio deseo, nos impide el descubrimiento. En otras palabras, siempre estamos intentando apartarnos de la experiencia presente, cuando en realidad esta experiencia es la que siempre constituye la clave de nuestra búsqueda: en lugar de buscar la respuesta lo que hacemos es huir de ella. He aquí la gran paradoja de la conciencia de unidad: no se puede hacer nada para conseguirla, y creo que esto, por el momento, está totalmente claro. Llegamos así a un punto esencial de las principales tradiciones místicas, a saber, que hay condiciones especiales apropiadas, pero no necesarias, para la realización de la conciencia de unidad. Y además, estas condiciones no conducen a la conciencia de unidad, sino que ellas mismas son una expresión de la conciencia de unidad. La conciencia de unidad no es un estado futuro que resulte de alguna práctica, porque la conciencia de unidad está eternamente presente. La conciencia de unidad es nuestra “iluminación original”, original no porque haya ocurrido en tiempos pasados, sino porque es el origen y fundamento de este instante. La iluminación es el origen de la firma presente y la práctica espiritual es el movimiento o actividad de este origen. La verdadera práctica espiritual surge de la iluminación, no va hacia ella. Pero lo anterior plantea una cuestión. ¿Por qué, entonces, debemos practicar, si ya tenemos la naturaleza búdica, la iluminación original o el Cristo interior? Lo verdaderamente importante es que ejercitar las condiciones especiales de la práctica espiritual es una expresión apropiada de la conciencia de unidad. A medida que una persona va ejercitando las condiciones especiales de una práctica espiritual, empieza a darse cuenta, cada vez con mayor claridad y certidumbre, de un hecho exasperante, pero inconfundible: nadie quiere la conciencia de unidad. En términos teológicos, estamos siempre resistiéndonos a la presencia de Dios, que no es otra cosa que el presente total, en todas sus formas. Si le disgusta algún aspecto de la vida es que hay algún aspecto de la conciencia de unidad al cual está resistiéndose. Así, activamente aunque en secreto, negamos la conciencia de unidad y nos resistimos a ella. La comprensión de esta resistencia es la clave fundamental para la iluminación. En realidad, cada nivel importante del espectro de conciencia está constituido de un modo particular de resistencia. Al analizar el descenso desde el nivel de la persona al nivel del ego, lo primero con que tropezamos fue la resistencia a la sombra. Por eso Freud, investigador genial de la sombra, escribió: “Toda la teoría psicoanalítica se asienta, en efecto, en la percepción de la resistencia que ejerce el paciente cuando intentamos hacer que tome conciencia de su inconsciente”. Lo que confunde especialmente al individuo atrapado en esta resistencia, es que él, como persona, no cree, sinceramente, ofrecer resistencia. Lo hace de una manera por entero inconsciente. Ese fue el primer tipo de resistencia que descubrimos. La persona se resiste a la sombra, con lo que impide el descubrimiento y la emergencia de un ego preciso. Y cuando descendemos al siguiente nivel importante del espectro de la conciencia, nos encontramos con que el propio ego exhibe una resistencia: la del ego a la atención sensible del centauro. Esta resistencia es en parte una incapacidad de mantener la percepción verdaderamente centrada en el presente (o atención sensible) durante el tiempo que sea. Como la percepción consciente del centauro se asienta en el presente pasajero, la resistencia del ego al centauro es una resistencia al aquí y ahora inmediato. Empezamos así a ver que cada nivel del espectro se caracteriza, entre otras muchas cosas, por una manera distinta de resistencia: en el nivel de la persona, nos resistíamos a la unidad con la sombra en todas sus formas; en el nivel del ego, nos resistíamos a la unidad con el centauro y a todas sus cualidades; y extendiéndonos hasta las bandas transpersonales, encontramos la resistencia fundamental y primordial: la resistencia a la conciencia de unidad. Así, nos encontramos de nuevo en el punto que nos importa: mediante las prácticas espirituales apropiadas, empezamos a aprender exactamente de qué manera nos resistimos a la conciencia de unidad. La práctica espiritual hace que esta resistencia fundamental aflore a la superficie de nuestra conciencia y comenzamos a ver que en realidad no queremos la conciencia de unidad, sino que estamos siempre eludiéndola. Ver nuestra resistencia a la conciencia de unidad es ser capaz, por primera vez, de enfrentarnos con ella y, finalmente, de desprendernos de ella, con lo que apartaremos el obstáculo secreto a nuestra propia liberación. Mientras que no veamos exactamente de qué manera nos resistimos a la conciencia de unidad, todos nuestros esfuerzos por “alcanzarla” serán en vano, pues lo que tratamos de alcanzar es también aquello a lo que, inconscientemente, ofrecemos resistencia y tratamos de impedir. Nos resistimos secretamente a la conciencia de unidad, fabricamos de manera encubierta los “síntomas” de la no-iluminación, de la misma manera que producíamos en secreto todos nuestros demás síntomas en los diferentes niveles del espectro. Y el hecho de entenderlo así puede proporcionar un atisbo de la conciencia de unidad, porque aquello que ve la resistencia está, en sí mismo, libre de resistencia. La resistencia primaria, como las demás resistencias que operan en toda la extensión del espectro, no es algo que nos sucede, ni que sucedió en el pasado, ni tampoco nada que sucede sin nuestro consentimiento. Es más bien una actividad presente, algo que estamos haciendo sin darnos cuenta, y esta actividad primaria es la que tiende a bloquear la conciencia de unidad. Brevemente enunciado, es una falta de disposición global a mirarlo todo, tal como es, en este momento. En concreto, en este presente hay algo que no queremos mirar. Tenemos, pues, una mala disposición global a mirarlo todo, en conjunto, exactamente tal como es, en este momento. Tendemos a desviar la vista, a retirar la atención de lo que es, a evitar el presente en todas sus formas. Y como tendemos a mirar hacia otra parte, tendemos a movernos hacia otra parte, a apartarnos. Con esta resistencia sutil, con ese mirar y movernos hacia otra parte, parece que bloqueamos la conciencia de unidad, que “perdemos” nuestra verdadera naturaleza. Y esta “perdida” de la conciencia de unidad nos arroja a un mundo de demarcaciones, espacio, tiempo, sufrimiento y mortalidad. De modo que aunque lo único que desea fundamentalmente el individuo es la conciencia de unidad, lo único que siempre hace es resistirse a ella. Siempre estamos en busca de la conciencia de unidad, pero de tal manera que siempre obstaculizamos el descubrimiento: buscamos la conciencia de unidad apartándonos del presente. Imaginamos que, de alguna manera, este presente no está bien del todo, no es exactamente lo que queremos, y por eso no descansamos globalmente en él, sino que empezamos a apartarnos de él hacia lo que imaginamos que será un presente nuevo y mejor. En otras palabras, empezamos a saltar olas, a movernos en el espacio y en el tiempo para asegurarnos una ola fundamental y definitiva, la que finalmente extinga nuestra sed, la que nos dé por fin “acuosidad”. Al buscar la acuosidad en la próxima ola de experiencias, nos la perdemos siempre en la ola presente. Buscar eternamente es errar eternamente. En el momento en que nos resistimos al único mundo de la experiencia presente, necesariamente lo dividimos en una experiencia interior, que sentimos como el que ve, experimenta y actúa, opuesto a una experiencia externa, que sentimos como lo que vemos y experimentamos, como aquello sobre lo cual actuamos. Nuestro mundo se escinde en dos, y entre lo que uno es, el que experimenta, y lo que uno no es, lo experimentado, se establece una demarcación ilusoria. La evolución del espectro ha comenzado: se ha iniciado la guerra de los opuestos. Apartarse continuamente del presente global implica que hay un futuro que aceptará este movimiento. Nos apartamos porque imaginamos la existencia de otro tiempo hacia el cual podemos movernos. Apartarse es, por tanto, un mero moverse en el tiempo. En realidad, es crear tiempo, pues al apartarnos de la experiencia intemporal y presente (o más bien, al intentar apartarnos), generamos la ilusión de que, de alguna manera, la experiencia misma pasa junto a nosotros. Mediante nuestra resistencia, el presente global y eterno se reduce al presente fugitivo. Por tanto, apartarse es crear un antes y un después, un punto de partida en el pasado, desde donde nos movemos, y un puerto de destino en el futuro, hacia el cual nos movemos. Nuestro presente se reduce al movimiento, a la huida silenciosa. Nuestros momentos pasan. Desde cualquier ángulo que se mire, apartarnos es separarnos de la experiencia presente y proyectarnos en el tiempo, la historia, el destino y la muerte. Esta es, pues, nuestra resistencia primaria: la mala disposición a contemplar la experiencia, como un todo, tal como es, en este momento. Esta resistencia global es lo que se descubre, y luego se frustra, con las condiciones especiales de la práctica espiritual. Cuando una persona asume las condiciones, empieza a darse cuenta de que siempre está apartándose del presente global. Comienza a ver que al apartarse siempre, no hace más que resistirse e impedir la conciencia de unidad… o la voluntad de Dios, el fluir del Tao, el amor del Gurú o la iluminación original. De cualquier manera que lo llame, se resiste a su presente. Mira hacia otra parte, se va hacia otro lado y, por consiguiente, sufre. Llegado a este punto, las cosas parecen realmente desalentadoras. El individuo no parece ser más que una trampa montada para atraparse perpetuamente a sí mismo. Se inicia la noche oscura del alma, y parece como si la luz de la conciencia le diera la espalda hasta desaparecer sin dejar rastro alguno. Todo parece perdido, y en cierto sentido, lo está. La oscuridad sigue a la oscuridad, el vacío conduce al vacío, la medianoche se eterniza. En este punto mismo donde absolutamente todo parece desacertado, todo se arregla de un modo espontáneo. Cuando el individuo ve realmente que todo movimiento que haga es un apartarse, una resistencia, el mecanismo de la resistencia se queda sin cuerda. Cuando uno ve esta resistencia en cada movimiento que hace, entonces, de manera totalmente espontánea, abandona por completo la resistencia. Y el abandono de esta resistencia es la apertura a la conciencia de unidad, la realización de la conciencia de aquello que no tiene fronteras. Como si despertara de un sueño largo e incierto, se encuentra con lo que siempre supo: él, como ser separado, no existe. Su verdadero ser, el Todo, jamás ha nacido y jamás morirá. Solo hay, en todas direcciones, Conciencia como Tal, absoluta y omnímoda, que irradia en y a través de toda condición, la fuente y esencia de todo lo que surge a cada momento, absolutamente anterior a este mundo, pero no distinta a él. Todas las cosas no son más que una onda en este estanque, todo surgimiento es un gesto de este uno. Cuando ya no se resiste a la experiencia presente, ya no tiene motivo para separarse de ella. El mundo y el yo regresan como una única experiencia, no como dos diferentes. Dejamos de saltar de ola en ola, porque no hay más que una ola, y está en todas partes. Dejar de resistir al presente es ver que no hay nada más que el presente; sin comienzo, sin fin, sin nada por detrás ni nada por delante. Cuando tanto el pasado de la memoria como el futuro de esperanza se ven como hechos presentes, los límites de este presente se derrumban. Las demarcaciones que rodean a este momento se hunden dentro de este momento, y entonces no hay nada más que este momento, y ningún otro lugar adónde ir. Así vemos claramente por qué la búsqueda de la conciencia de sí era tan exasperante. Todo lo que intentábamos estaba mal porque todo estaba ya, y eternamente, bien. Nunca hubo, ni jamás habrá, ningún momento más que Ahora. La verdadera práctica espiritual no es algo que hagamos durante veinte minutos, ni durante dos horas, ni durante seis horas al día. No es algo para hacer una vez al día, por la mañana, ni una vez por semana, los domingos. La práctica espiritual no es una entre tantas otras actividades humanas; es el fundamento de todas las actividades humanas, su fuente y su validación. Es un compromiso previo con la Verdad Trascendente, vivida, respirada, intuida y practicada durante veinticuatro horas del día. Intuir lo que verdaderamente somos es comprometernos íntegramente en la realización de eso que verdaderamente somos en todos los seres, de acuerdo al voto primordial: “Por innumerables que sean los seres, hago voto de liberarlos; por incomparable que se la Verdad, hago voto de realizarla”. Para quien sienta este profundo compromiso con la realización, el servicio, el sacrificio y la entrega, en todas las condiciones presentes y hasta el infinito mismo, la práctica espiritual será, naturalmente, el camino. Que esa persona reciba la gracia de encontrar en esta vida un maestro espiritual y de conocer la iluminación en el momento.
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LA SOCIEDAD DE LA IGNORANCIA Y LAS REPERCUSIONES EPISTEMOLÓGICAS

1 - La sociedad de la ignorancia El texto siguiente es una reproducción de la nota número 19 de LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.) En este ensayo, el lector podrá apreciar que, en reiteradas ocasiones, aludiré a La sociedad de la ignorancia. No debe interpretarse dicha alusión en un sentido peyorativo hacia mis coetáneos, o como una postura de soberbia de quien escribe esto, sino más bien, como un pensamiento crítico, tomando prestada la expresión de los autores intelectuales (Mayos, Brey, Campàs, Innerarity, Ruiz y Subirats) de la obra con el mismo título: La sociedad de la ignorancia. En el prólogo de dicha obra, se justifica ya plenamente el por qué dicho título: por paradójico que resulte, la potente y exitosa sociedad del conocimiento que están construyendo las avanzadas sociedades postindustriales conlleva un riesgo creciente de incultura. En términos cuantitativos, ningún individuo puede competir con el ritmo hiperbólico actual en la producción de información, pues esa producción crece exponencialmente gracias a que -como nunca antes- es una labor colectiva potenciada porque estamos continuamente entrelazados mediante Internet, lo cual excede a la capacidad de los individuos para procesar dicha información. Así, cada vez más individuos tienden a percibir tras la sociedad del conocimiento la sombra amenazante de una “sociedad de la incultura” que les condena a una inevitable obsolescencia cognitiva. Cualquier solución o enmienda, dicen los autores, que nos planteemos pasa por entender a fondo el vínculo radical que existe entre la sociedad del conocimiento y los “nuevos analfabetos”, es decir, los nuevos tipos de ignorantes, incultos y marginados. Por desgracia, ni en Internet ni en la sociedad del conocimiento se asegura la visibilidad a quien tenga algo que decir o un conocimiento valiosos que aportar. ¿Quién es hoy el genio o el sabio que no necesita especializarse con todo el saber colectivo que generamos o, simplemente, dispone de una amplia y suficiente “cultura general”? Como respuesta, se dice, de un modo un tanto irónico, que los “filósofos”. ¿Está aumentando de manera inevitable y acelerada la distancia entre lo que los individuos -cada uno de nosotros- puede conocer o controlar con un mínimo de solvencia crítica y el conocimiento que produce la humanidad en su conjunto? Por todo ello, orientarse con criterio y sentido personal dentro de la cultura o conocimiento colectivos resulta cada vez más difícil, costoso y problemático (tal es el objetivo pretendido por este ensayo: ofrecer un mapa epistemológico con una finalidad pedagógica, como está reproducido esquemáticamente en el prólogo). Los autores de La sociedad de la ignorancia sostienen que la obsolescencia cognitiva que el crecimiento exponencial del conocimiento disponible ha producido en los individuos no amenaza tanto su campo profesional y especializado, sino sobre todo las coordenadas generales que estos precisan para decidir de manera democrática y con conocimiento de causa sobre los procesos crecientemente complejos que configuran la vida humana actual. Por eso, la otra cara de la sociedad del conocimiento es, sobre todo, la “sociedad de la incultura” y “de la ignorancia” (de ahí la imperiosa necesidad de reivindicar a la filosofía como baluarte para dar un sentido a la vida, y a La educación cuántica como su pedagógica función). Concluyen estos autores de que el poder y el dominio también acechan, ocultas tras Internet y la “sociedad del conocimiento” (prueba de ello son las escuchas ilegales a escala mundial realizadas por la NSA estadounidense). Para minimizar esos riesgos y poder “empoderarnos” democráticamente en esas nuevas posibilidades, todos tenemos que estar vigilantes, atentos y decididos a ejercer nuestros derechos ciudadanos (como se verá en este ensayo, la filosofía de la mente propuesta aboga por el empoderamiento “consciente” de la consciencia, un “ despertar de la conciencia” que ya Platón anticipó en su Mito de la Caverna). 2 - Las repercusiones epistemológicas de La sociedad de la ignorancia El texto siguiente es una reproducción del capítulo 5-3 de la primera parte de LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.) Las consecuencias de La sociedad de la ignorancia son visibles en este decadente sistema capitalista de producción: predomina un egoísmo propulsor del infinito crecimiento en un planeta finito, lo cual invita al decrecimiento (Latouche, 2011) ya que plantea graves consecuencias humanas en la globalización en la que se halla inmersa este mundo (Bauman, 2003); también la libertad de los mercados está por encima de la de las personas; sin olvidar el acopio del conocimiento científico para el belicismo y la manipulación de la humanidad por una minoría de peligrosos psicópatas que gobiernan en la sombra (Estulin, 2007) (1) . Vuelvo a insistir, nos hallamos antes un caos civilizatorio en toda regla, principalmente, porque todavía no se ha logrado la integración de esos tres mundos diferenciados por Kant: ciencia, ego y moralidad. La ciencia es usada servil y criminalmente por los poderes fácticos; el ego está sodomizado por el sistema capitalista; y la moralidad social está supeditada a los dogmas religiosos y a la oligarquía plutocrática. Kant (2007) fue consciente de los riesgos de la diferenciación entre la ciencia, el ego y la moralidad, y así lo expresó en su ensayo ¿Qué es la ilustración? La integración de esos tres mundos -ciencia, ego y moralidad-, sin lugar a dudas, se vislumbra como posible gracias al movimiento “transpersonal” surgido como “cuarta fuerza” de la psicología: tiene como objetivo integrar la racionalidad con la espiritualidad. Este racionalismo espiritual ha sido conceptuado en un magistral sistema de pensamiento por Ken Wilber (2005) mediante su obra cumbre Sexo, Ecología, Espiritualidad, erguido así este pensador como el representante más emblemático de la filosofía transpersonal y psicología transpersonal. Siguiendo la estela de Wilber, mi obra Pensar en ser libre, de la filosofía tradicional a la filosofía transpersonal es una humilde revisión de la historia del pensamiento al propugnar que el “movimiento transpersonal” debe ser rehabilitado históricamente más allá del misticismo cuántico, término acuñado peyorativamente por los caducos materialistas científicos. Evidencio en dicha obra que el pasado pertenece a la razón individualista, pero el futuro pertenece al espíritu colectivo. Así, esa razón egocéntrica, muy a su pesar, se está retorciendo de dolor (Jara, 2007), un daño causado por el hombre al hombre, todo un contra sentido holístico de la naturaleza. Así, el giro natural, nunca mejor dicho, es que el genuino cogito cartesiano se auxilie con el espíritu kantiano mediante su imperativo categórico, lo que perennemente se ha conocido como amor. Lo que viene a decir la historia es que no se puede vivir sin amor (Hüther, 2015), porque es la más alta motivación que nos alienta a vivir, una cuestión ahora reconocida y evidenciada desde la neurobiología y la sociobiología (2) . ¿Acaso no hacemos lo que hacemos por amor a nuestros seres queridos? Pero ese amor ha sido también desahuciado del corazón de las personas por el perverso sistema capitalista que pone todo en venta, hasta nuestras emociones y nuestros sentimientos, anulando incluso nuestra voluntad sobre nuestros actos y pensamientos, convirtiéndonos entonces en autómatas productores de bienes de consumo para la exclusiva satisfacción del ego, descuidando así plenamente al espíritu. Desolador pensamiento occidental. NOTAS: (1) Los señores de las sombras (Estulin, 2007) es una investigación que pone al descubierto los vínculos entre los gobiernos, Servicios de Inteligencia, traficantes de drogas, terroristas internacionales y grandes empresas petroleras. Descubre toda la verdad sobre: El asesinato con polonio del ex espía ruso Alexander Litvinenko. El beneficio que, protegidos por la CIA, obtienen del negocio mundial de la droga las grandes corporaciones y los bancos occidentales. Cómo Roman Abramovich, actual propietario del Chelsea F. C., y Boris Berezovsky, el mayor oligarca de Rusia, robaron más de 2.800 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional. Cómo las ONG están expoliando Darfur (Sudán) con la ayuda de las grandes multinacionales, que quieren hacerse con los yacimientos petrolíferos de todo el país. La estrecha relación de Victor Bout, el mayor traficante de armas del mundo, y el gobierno de George W. Bush. Cómo el fundamentalismo cristiano estadounidense está relacionado con Al Qaeda y el tráfico de drogas en Afganistán. La relación de la Hermandad Musulmana -que mantiene fuertes vínculos con la Casa Blanca- con los atentados del 11 de marzo en Madrid. (2) El darwinismo y la teoría de la evolución y la selección natural se han convertido en pilares de la biología moderna. Gracias a ellos entendemos un poco mejor cómo se ha desarrollado la vida en sus múltiples manifestaciones. Sin embargo, cuando hablamos de animales superiores, como el ser humano, no todo parece justificarse a través de un naturalismo simple. Gerald Hüther (2015), neurobiólogo y autor de La evolución del amor, afirma que hay que tener en cuenta también otro ingrediente crucial, que afecta a hacia dónde se dirige nuestra especie y por dónde ha transcurrido hasta la fecha. Ese ingrediente, para este prestigioso científico, es el amor. Hüther considera que el amor, como manifestación biológica, resulta crucial para explicar la historia de la evolución humana reciente, como elemento de cohesión personal, de garantía de la unión en una pareja o de cooperación en un grupo social. Sin el amor, un fenómeno creado por la propia evolución, la intrincada red de enlaces familiares que se han venido sucediendo a lo largo de la historia sería muy diferente, y distintos también, con seguridad, los rumbos seguidos por nuestra especie. Gracia a él, no solo tienen valor los genes egoístas, o la supervivencia del más fuerte, sino también la capacidad de elección de pareja por motivos distintos a la simple atracción física o el instinto reproductor. En esta obra, el también catedrático de ciencias naturales y doctor en medicina reflexiona sobre el concepto del amor y sus raíces biológicas, así como las consecuencias de su existencia. Puede decirse que nuestra comprensión del amor ha evolucionado con los tiempos, pero que a pesar del surgimiento de la razón y del pensamiento crítico, este sentimiento sigue siendo importante por su influencia en el futuro de la especie. Hüther nos cuenta como, con el auge del naturalismo y la ilustración, Darwin y otros científicos tuvieron que convivir con los nuevos descubrimientos y con conceptos ya caducos, como las explicaciones de la religión sobre el origen del hombre. Pero a pesar de la llegada de la razón en este campo, aún costaba explicar el papel que tenía en todo ello el amor. Así, del darwinismo más descarnado, se pasó al darwinismo social, y posteriormente al determinismo del comportamiento. Finalmente, la sociobiología se apoderó de la escena. Para Hüther, el amor también es la fuente de nuestra creatividad, no solo en el caso de músicos y artistas; también lo es para muchos grandes políticos y científicos. Es la base de nuestra existencia y nuestros logros culturales. Por el contrario, el estrés, la presión y la ansiedad no resultan del amor, sino de la competencia, que es la fuerza motora de la especialización, no de la creatividad. Según Hüther, todos somos “hijos del amor”, aunque a veces lo olvidamos porque la competencia y la guerra han impulsado grandes invenciones. Sin embargo, lo que nos une y lo que nos mantiene unidos a la naturaleza y a los demás es el amor, pese a la competencia. Así, el amor es nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta. Estamos a punto de agotar nuestros propios recursos naturales, al explotarlos y contaminarlos, porque competimos entre nosotros, como individuos y como naciones. La única fuerza que puede vencer esta competencia autodestructiva es el amor, o si prefieres un término más cognitivo, el compromiso de equipo y la creatividad participativa. El amor es la fuente de logros evolutivos fundamentales. La selección sexual, es decir, la elección de pareja basada en un sentimiento que llamamos amor, provocó el moldeado de nuestros cuerpos en función de las preferencias y gustos de la pareja. Además, el amor paternal permitió fomentar las capacidades de nuestros hijos. Sin el cariño no seríamos capaces de dedicarnos a los demás y comprometernos. Tampoco podríamos alentarnos e inspirarnos los unos a los otros. Para Hüther, es evidente de que para sacar provecho de nuestro potencial tenemos que encontrarnos los unos con los otros como sujetos en lugar de tratarnos como objetos. Solo la gente “amorosa” es capaz de tratar a los demás como sujetos. Pero, en la actualidad, nuestra cultura favorece a aquellos que usan y manipulan a los demás para lograr sus propósitos. A menos que este tipo de relaciones interpersonales y culturales desarrolladas a lo largo de la historia se supere, no seremos capaces de resolver ninguno de los problemas a los que nos enfrentamos ahora. La lucha por el poder y la dominación es la verdadera causa de todos nuestros problemas. Ya es posible pues afirmar que el papel del amor es tan importante en el devenir de nuestra especie como puedan serlo otros factores biológicos. En este libro encontraremos los argumentos que lo confirman. BIBLIOGRAFÍA: Bauman, Zygmunt. La globalización: consecuencias humanas. México: Fondo de Cultura Económica de España, 2003. Estulin, Daniel. Los señores de las sombras. Madrid: Del Bronce, 2007. Hüther, Gerald. La evolución del amor. Barcelona: Plataforma, 2015. Jara, Miguel. Conspiraciones tóxicas. Cómo atentan contra nuestra salud y el medio ambiente los grupos empresariales. Barcelona: Martinez Roca, 2007. Kant, Inmanuel. ¿Qué es la ilustración? Madrid: Alianza, 2007. Latouche, Serge. La hora del decrecimiento. Barcelona: Octaedro, 2011. Wilber, Ken. Sexo, Ecología, Espiritualidad. Madrid: Gaia Ediciones, 2005.
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Filosofia transpersonal

LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL: UN NUEVO PARADIGMA DE CONOCIMIENTO

Este artículo es una reproducción del capítulo 5 del preámbulo metodológico de la obra CIENCIA, FILOSOFÍA, ESPIRITUALIDAD (gratis en PDF) 1 - Génesis de la filosofía transpersonal La filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento fue inicialmente argumentada, en enero de 2015, en mi obra La educación cuántica, he aquí el resumen: “Desde el surgimiento de la física cuántica, la erudición ha dado un salto cualitativo y trascendente desde el universo material (objeto) a la conciencia humana (sujeto), como lo acreditan diversas áreas de la ciencia que, inapelablemente, remiten a la rehabilitación de la filosofía perenne. Las categorías científicas están convergiendo en la ciencia por excelencia, a saber, la ciencia de la conciencia. Y en ese campo, la filosofía transpersonal desarrollada por el filósofo Ken Wilber y la psicología transpersonal como la “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista, se postulan como un nuevo paradigma de conocimiento que, inherentemente, requiere de una renovada cosmovisión de la historia, la ciencia y la espiritualidad, pero, eminentemente, desde un revisionismo de la psicología cognitiva y educativa.” Posteriormente, en noviembre de 2015, la filosofía transpersonal fue argumentada, asimismo, como un nuevo paradigma filosófico en mi segundo artículo científico titulado El mándala epistemológico y los nuevos paradigmas de la humanidad. Desde enero de 2015 a septiembre de 2018, La educación cuántica fue objeto de hasta cuatro ediciones revisadas y ampliadas, las cuales incorporaron diversos conceptos del pensamiento de Ken Wilber a modo de notas añadidas, entre las más importantes: la conciencia de unidad, La evolución de la conciencia según Ken Wilber, los veinte principios, y diversas notas menores en alusión a los cuatro cuadrantes. Nunca fue mi intención original convertirme en un experto del pensamiento de Ken Wilber, pero, ciertamente, a medida que se profundiza en la obra de este inconmensurable pensador considerado como el “Einstein de la conciencia”, se hace muy difícil soslayarse de sus investigaciones filosóficas, psicológicas y antropológicas. Es así como, poco a poco, me convertí en wilberiano, sin ninguna connotación peyorativa, más bien al contrario, ha sido todo un honor comprender la historia del pensamiento como nadie me la ha explicado durante los cinco años que estudié filosofía en la Universidad Central de Barcelona. Sobre el andamiaje epistemológico y hermenéutico del pensamiento de Wilber, fui construyendo artículo tras artículo y libro tras libro, mi propio pensamiento; y no con la intención de pretender destacar como filósofo, sino como terapia personal para superar y trascender el sufrimiento padecido con ocasión del desahucio de mi familia tras el embargo de nuestra vivienda: cuando el Estado salva a los bancos en detrimento de los ciudadanos, es síntoma de que algo no funciona bien en la sociedad, es una evidencia de que el perverso sistema capitalista solo sirve a los intereses de la jerarquía plutocrática. Ciertamente, el sufrimiento puede ser un revulsivo para el despertar espiritual, para dejar atrás a la noche oscura del alma, en definitiva, para investigar más en profundidad sobre el sentido de la vida y de nuestro lugar en este planeta y en el universo. Así es como me vi envuelto en cada vez más profundas investigaciones que concluyeron con publicaciones de artículos en diversas revistas científicas y congresos . Esos son los precedentes del libro que obra en sus manos estimado lector, en un intento de que mi experiencia existencial, mi sufrimiento psicológico y mis investigaciones filosóficas puedan ser de utilidad para las demás personas. Y lo que descubrí en ese deambular por las nubes del pensamiento es que, el saber sin amor, es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo: ahí radica la génesis del nuevo paradigma de conocimiento. De hecho, no descubrí nada nuevo, simplemente debía retornar a los clásicos como Platón y Kant, reinterpretados a luz de Ken Wilber, para darme cuenta que nacemos y vivimos bajo una jerarquía de dominio desde una perspectiva histórica, política, económica y educativa. Dicho de otro modo, la historia cultural que nos enseñan en el sistema educativo tradicional solo sirve a los intereses de la agenda oculta del “Estado profundo”: la humanidad vive esclavizada por fuerzas oscuras imperceptibles para la mayoría, sin embargo, vivimos tiempos de divulgación cósmica que puede dar lugar a un despertar colectivo masivo. Analógicamente y como argumento en mi primer artículo titulado La evolución de la conciencia desde un análisis político, social y filosófico-transpersonal, nos hallamos a las puertas de un segundo renacimiento humanístico (el “nosotros” colectivo) como trascendencia al primer renacimiento humanístico (el “yo” individual). La conciencia sigue siendo el problema histórico por resolver de un modo filosófico, psicológico, científico y espiritual. Para tal tarea, seguí el proverbial aforismo “la verdad os hará libres” y asumí como misión espiritual investigar todos los límites hasta donde me permitiera la razón. Y de esa extenuante investigación ha surgido este noveno libro Ciencia, Filosofía, Espiritualidad. En esta obra, como corolario a todas las anteriores, establezco los fundamentos de la filosofía transpersonal y la educación transracional, dos neologismos inauditos en el ámbito académico tradicional, como he explicado en el séptimo artículo del capítulo anterior. 2 - Argumentación de la filosofía transpersonal Con dicha génesis y objetivos puestos en claro, esta obra se divide en tres partes: en la primera parte, se reproducen los siete artículos que fueron arbitrados y revisados por comités científicos para su publicación en revistas y congresos, todos ellos alusivos a la filosofía transpersonal y la educación transracional: la sinopsis de esos siete artículos ha sido expuesta en el capítulo anterior de este preámbulo metodológico. En la segunda parte, se argumenta a modo de glosario y epistemológicamente los conceptos más importantes de la filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento. En la tercera parte, la filosofía transpersonal es contemplada, consecuentemente, como una cuestión de sentido para argumentar epistemológica y pedagógicamente a la educación transracional como misión espiritual. La fundamentación de la filosofía transpersonal se inicia en la segunda parte, como no podía ser de otra manera, con la interpretación del pensamiento platónico en el primer capítulo: el camino ascendente es el camino descendente. Es indiscutible que en el pensamiento de Platón -y especialmente en el centro de su pensamiento, esto es, en su doctrina de las ideas- se contienen motivos en los que se advierte y anticipa la empresa kantiana de examinar críticamente la razón humana, por lo que respecta a su capacidad y sus límites. En ese punto crucial de la historia del pensamiento, ya en el segundo capítulo, Wilber propone su teoría de los cuatro cuadrantes, entro los cuales se halla situado el Gran Tres diferenciado por Kant mediante sus Tres críticas: el arte (yo), la ciencia (ello) y la moral (nosotros). Dicho de otro modo, estamos hablando de las tres grandes categorías platónicas, de la Bondad (la moral, el “nosotros”), la Verdad (la verdad proposicional, la verdad objetiva propia del “ello”) y la Belleza (la dimensión estética percibida por cada “yo”). Wilber trata de desvelar Los logros superiores del Espíritu-en-acción, de describir la evolución de la conciencia que conduce desde los estadios inferiores hasta los estadios más elevados, los estadios espirituales o transpersonales, cuestiones todas ellas orientadas a partir de los cuatro cuadrantes. Dicho de otro modo, Wilber demuestra que estamos asistiendo en Occidente a un completo olvido de la profundidad espiritual, cuya realidad ha sido reducida a la visión de un mundo chato dominado por el materialismo científico. La filosofía se escindió así en dos senderos cognitivos: la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable, es decir, una divergencia entre ciencia y espiritualidad. Según Ken Wilber, son dos modos de saber diferentes pero complementarios, pues han sido reconocidos de una forma u otra en diversos momentos y lugares a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, la filosofía occidental se decantó por una razón materialista, despreciando la metafísica como “causa primera” en palabras de Aristóteles y, es por ello, que en el tercer capítulo es pertinente una argumentación específica sobre la metafísica. En dicho capítulo, se argumentan investigaciones desde la biología, las neurociencias y la física cuántica, para demostrar que los materialistas científicos han agotado su metodología empírica sustentada en el “ver para creer” y, como apuntan las citadas ciencias, hay un cambio de paradigma hacia el “creer para ver”, es decir, hacia la metafísica. Consecuentemente, esos dos modos de saber (racionalidad versus espiritualidad) inquieren ser estudiados y argumentados epistemológicamente en el cuarto capítulo. Los dos modos de saber argumentados por Ken Wilber, lleva a los más críticos a plantearse las siguientes cuestiones: ¿cómo se relaciona la física cuántica con lo místico?, ¿cómo evidenciar las raíces científicas que entronan con la espiritualidad? Para dar respuesta a ello, es pertinente remitirse a la obra El espectro de la conciencia de Ken Wilber. Wilber nos introduce a los conceptos de la no-dualidad, a los tres niveles de conciencia (ego, existencial y mental), y a la filosofía perenne. Ken Wilber, en esta magistral clase de filosofía de la ciencia, nos demuestra que hay dos modos de conocer: el método científico y el trascendental, diferentes pero complementarios. Esos dos modos de saber así argumentados y demostrados por Ken Wilber, permiten vislumbrar una trascendencia desde la epistemología de lo conmensurable (ciencia) hacia la hermenéutica de lo inconmensurable (espíritu) , lo cual implica el estudio de la evolución de la conciencia desde la dualidad entre sujeto-objeto hacia la no-dualidad, y ese será el objetivo del quinto capítulo: La evolución de la conciencia según Ken Wilber: hacia la no-dualidad. En dicho capítulo, Ken Wilber argumenta que la visión-lógica (una estructura de conciencia muy global e integradora) es aperspectivista en el sentido de que dispone de una multiplicidad de puntos de vista y no privilegia automáticamente ninguno de ellos sobre los demás. Pero cuando uno empieza a tener en cuenta todas las posibles perspectivas, todo comienza a moverse vertiginosamente. La conciencia aperspectivista que proporciona la visión-lógica puede llegar a ser muy desconcertante porque todos los puntos de vista empiezan a parecer relativos e interdependientes, no hay nada absolutamente fundacional, ningún lugar en el que apoyar la cabeza y decir ¡he llegado! Si tenemos en cuenta la relatividad de las distintas perspectivas, correremos el peligro de caer en una locura aperspectivista que termine paralizando la voluntad y el juicio. Y, en el sexto capítulo, realizo una dilucidación del concepto locura aperspectivista, argumentando que la evolución de la conciencia más allá de la razón presupone la necesidad de una psicología que vaya, por tanto, también más allá de la razón: una psicología transracional. En ese sexto capítulo, se alude en varias ocasiones a la conciencia de unidad, pero, dicho estado de conciencia, no es fácil lograr. Por lo tanto, en el séptimo capítulo se explica por qué no es fácil dicha tarea y cuáles deben ser las “resistencias” que debemos abandonar para alcanzar la conciencia de unidad, propio de un estado no-dual. Consecuentemente, en el octavo capítulo trato de explicar de una forma sencilla la esencia de mis pensamientos acerca de los conceptos “dualidad” y “no-dualidad” para todo aquel que no quiera perderse en lecturas complejas desde un punto de vista argumental en esta obra. En ese octavo capítulo se argumenta la sanación trascendental del ser humano mediante la experiencia mística. La cuestión es: ¿somos todos potencialmente místicos? La anterior cuestión acerca de las experiencias místicas, son desarrolladas en amplitud en el noveno capítulo, donde se concluye que la experiencia mística es un camino de introspección que permite una elevación hacia una experiencia trascendental y que, una de las puertas de acceso a ese estado inefable, es la meditación. Ello lleva a postular, en el décimo capítulo, la sanación trascendental de la humanidad mediante la meditación gracias al aval de estudios científicos. Entonces, la meditación ya no es una cuestión propia de los gurús espirituales, sino que, hay muchos estudios científicos que avalan los beneficios de la meditación, es decir, que algo considerado espiritual, nos transforma físicamente y puede mejorar nuestro bienestar y nuestra salud. Consecuencia de lo anterior, en el onceavo capítulo, se argumenta que el despertar espiritual ya no es una cuestión individual solamente, sino, también, un inherente deber de la colectividad humana: es imperativa una educación transracional que posibilite la sanación trascendental desde la infancia gracias a la aplicación práctica de la meditación en los centros escolares, pues quedan demostrados sus espectaculares resultados. Y dicho despertar espiritual, tanto individual como colectivo, conduce ineludiblemente a considerar al amor como nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta. Pero, como el amor y la sabiduría son dos caras de la misma moneda (según la tradición platónica excelsamente explicada por Ken Wilber), es pertinente, entonces, en el doceavo capítulo argumentar a la sabiduría como ciencia para la sanación espiritual, lo cual lleva ineludiblemente a argumentar, en el treceavo capítulo, el camino ascendente hacia la sabiduría. Efectivamente, la sabiduría y el amor son los bálsamos para la sanación trascendental, y no pueden ser encapsulados y prescritos por un médico, sino que deben ser aprehendidos consciente y prácticamente por todo sincero buscador de la verdad. Porque no hay mayor verdad que el amor (espiritualidad), y el amor a la verdad es el camino (filosofía). El catorceavo capítulo argumenta cómo la filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento visto en la segunda parte, se constituye en un fundamento epistemológico y pedagógico para una educación transracional como misión espiritual : la incorporación de la sabiduría perenne es un trampolín para la sanación trascendental del ser humano desde la infancia, tal será el objetivo de la tercera parte de esta obra.
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nosotros

EL GIRO COPERNICANO

Este artículo es una reproducción de las notas 34 y 35 de la obra LA EDUCACIÓN CUÁNTICA (4ª ed.). Extracto de la página 36: Si el cambio comienza por uno mismo, ¿por dónde comenzar? Hay personas quienes pensamos que otro mundo es posible desde el surgimiento de la física cuántica, pues es todo un giro copernicano (1) en la mirada desde el “ver para creer” al “creer para ver”, de la razón a la espiritualidad, de ahí los peyorativamente denominados “místicos cuánticos” por la comunidad científica servil a los poderes fácticos. Sin embargo, son cada vez más los díscolos científicos que escapan del materialismo científico para convertirse en “pensadores cuánticos”, cuyo único pecado es haber aunado la razón con la espiritualidad, no entendida exclusivamente en su acepción religiosa, sino como la intersubjetividad kantiana magníficamente expuesta en su imperativo categórico (2) , un amor también profesado por santos, budas, yoguis o místicos. En suma, se trata de una metamorfosis de la racionalidad pragmática a la racionalidad espiritual, de una trascendencia desde la filosofía tradicionalmente impartida en el actual sistema educativo hacia la filosofía transpersonal: un cambio de paradigma magistralmente argumentado por Ken Wilber (2005) en su obra Sexo, Ecología, Espiritualidad. NOTAS: (1) En filosofía, el giro copernicano o revolución copernicana hace referencia a la propuesta realizada por Kant para entender cómo es posible el conocimiento sintético a priori que da lugar al Idealismo Trascendental. Kant explica el cambio que supone su filosofía en la concepción del conocimiento basándose en una analogía con la revolución copernicana. En astronomía, Copérnico comprendió que no se podía entender el movimiento de los objetos celestes con la tesis según la cual la Tierra está en el centro del universo y el Sol y los demás objetos celestes giran a su alrededor; comprendió que para entender el movimiento de los objetos celestes era necesario cambiar la relación poniendo al Sol en el centro y suponiendo que es la Tierra la que gira a su alrededor. De un modo análogo, Kant considera que en filosofía es preciso una revolución semejante a la copernicana: en filosofía el problema consiste en explicar el conocimiento sintético a priori ; la filosofía anterior a Kant suponía que en la experiencia de conocimiento el sujeto cognoscente es pasivo, que el objeto conocido influye en el sujeto y provoca en él una representación fidedigna. Con esta explicación podemos entender, en todo caso, el conocimiento empírico, pero no el conocimiento a priori pues lo extraordinario de este último es que con él podemos saber algo de las cosas antes de experimentarlas, es decir, antes de que puedan influir en nuestra mente. Kant propone darle la vuelta a la relación y aceptar que en la experiencia cognoscitiva el sujeto cognoscente es activo, que en el acto de conocimiento el sujeto cognoscente modifica la realidad conocida (en un sentido metafísico más amplio y con ayuda de la mecánica cuántica, es el mismo objetivo que pretende demostrar este ensayo). Según Kant, podemos entender el conocimiento sintético a priori si negamos que nosotros nos sometemos a las cosas, si aceptamos que son más bien las cosas las que se deben someter a nosotros: dado que para conocer un objeto antes ha de someterse a las condiciones de posibilidad de toda experiencia posible, es decir a las condiciones formales –a priori– impuestas por la estructura de nuestras facultades cognoscitivas, es posible saber a priori alguno de los rasgos que ha de tener cuando esté presente ante nosotros, precisamente los rasgos que dependen de dichas condiciones. Por ejemplo, a priori no podemos saber nunca si la figura que vamos a ver en la pizarra es un triángulo, ni las características contingentes de dicha figura (como su tamaño, su forma concreta, etcétera) pero sí podemos saber a priori que si es un triángulo ha de poseer todas las propiedades descritas por la geometría, ya que –según Kant– estas son una consecuencia de la peculiar estructura de nuestra mente, y a ellas se debe someter todo objeto del cual podamos tener experiencia. Estas ideas las resume Kant con la siguiente frase: “solo podemos conocer a priori de las cosas aquello que antes hemos puesto en ellas”. En resumen, el giro copernicano hace mención al hecho de que solo podemos comprender el conocimiento a priori si admitimos que solo conocemos los fenómenos y no las cosas en sí mismas o noúmenos, si admitimos el Idealismo Trascendental como la filosofía verdadera. Siguiendo la estela del pensamiento kantiano y merced a la física cuántica, este ensayo propugna asimismo un giro copernicano desde la filosofía tradicional occidental (en la cual Kant ocupa un lugar preeminente) hacia la filosofía perenne, y cuyo esquema epistemológico puede ser contemplado al final del prólogo. El giro copernicano propuesto en esta obra es, por tanto, todo un giro epistemológico desde la dualidad sujeto-objeto mantenida por el materialismo científico, a la no-dualidad del sujeto-objeto a la que aboga el genuino misticismo contemplativo exento de apriorismos dogmáticos procedentes de las religiones. En suma, el verdadero giro copernicano puede apreciarse en la psicología humana -de la psicología tradicional a la psicología transpersonal - , como un viaje iniciático de la transformación interior que ya Platón nos iluminó mediante su alegoría del Mito de la caverna. (2) El imperativo categórico kantiano, nacido en la razón y con una finalidad eminentemente moral, tiene tres formulaciones. El imperativo categórico es un concepto central en la ética kantiana, y de toda la ética deontológica moderna posterior. Pretende ser un mandamiento autónomo (no dependiente de ninguna religión ni ideología) y autosuficiente, capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones. Kant empleó por primera vez el término en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). Según Kant, del imperativo categórico existen tres formulaciones: 1- “Obra solo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal”. 2- “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca solo como un medio”. 3- “Obra como si, por medio de tus máximas, fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines”. Bibliografía: Wilber, Ken. Sexo, Ecología, Espiritualidad. Madrid: Gaia Ediciones, 2005.
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DOS MODOS DE SABER: RACIONALIDAD VERSUS ESPIRITUALIDAD

LA CIENCIA DE LA CONCIENCIA: DOS MODOS DE SABER: RACIONALIDAD VERSUS ESPIRITUALIDAD

Este artículo está reproducido en el capítulo 8 de la tercera parte de la obra FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL Este artículo está reproducido en la segunda parte de la obra CIENCIA, FILOSOFÍA, ESPIRITUALIDAD “La filosofía ha sido sustituida por un reduccionismo psicológico, en sentido positivista, que no es capaz de dar razones sobre el verdadero sentido de la vida, pues deja de lado la visión espiritual inherente al ser humano” (Amador Martos, filósofo transpersonal). El artículo Dos modos de saber: la falacia del sistema educativo occidental ha motivado preguntas como éstas: ¿ Cómo se relaciona la física cuántica con los místico?, ¿Cómo evidenciar las raíces científicas que entronan con la espiritualidad? Para dar respuesta a ello, reproduzco a continuación un capítulo-resumen de esos Dos modos de saber, extraído de La educación cuántica y a su vez de El espectro de la conciencia de Ken Wilber. 1 - No dualidad Desde el surgimiento de la física cuántica, han sido innumerables los intentos por buscar un acercamiento y un entendimiento del viaje de la transformación interior, una cuestión que Platón dejó explicada metafóricamente mediante el Mito de la Caverna. La educación cuántica postulada en este ensayo no pretende ser un manual más de autoayuda y de crecimiento personal, aunque también, sino pretende evidenciar las raíces científicas que entronan con la espiritualidad. En esa dirección, Ken Wilber, mediante su obra El espectro de la conciencia, realiza un sesudo esfuerzo y explica que la conciencia, al igual que la radiación y la luz, se proyecta en una multitud de “longitudes de ondas” al descender hacia el tiempo y el espacio. En consecuencia, diversas religiones y terapias se corresponden con distintas zonas del “espectro de la conciencia”. La obra de Wilber es una magnífica síntesis de religión, física y psicología que refuta la filosofía del materialismo, convirtiéndose en el esfuerzo más serio y documentado para conciliar en un solo cuerpo de doctrina las dos grandes tradiciones de Oriente y Occidente. A partir de la obra de Wilber, la física cuántica (método científico) y el misticismo (método trascendental), se evidencian como dos modos de saber, diferentes pero complementarios. Así, el pensamiento cuántico (no dualidad entre sujeto y objeto) se presenta como una alternativa epistemológica al tradicional materialismo científico (dualidad entre sujeto y objeto), aunque los escépticos lo descalifiquen peyorativamente como “misticismo cuántico”. 2 - Tres niveles de conciencia: ego, existencial y mental Sin embargo, para zanjar esa dicotomía cognitiva, es preciso argumentar debidamente el giro copernicano en la mirada del “ver para creer” (materialismo científico) al “creer para ver” (fenomenología de la conciencia). Para tal objetivo, voy a argumentar dicha cuestión con los razonamientos argüidos por Wilber en la citada obra El espectro de la conciencia. De un modo sinóptico, Wilber distingue entre tres niveles en el espectro de la conciencia: el del ego, el existencial y el mental. El nivel del ego es aquella banda de la conciencia que abarca nuestro papel, la idea que tenemos de nosotros mismos, nuestra imagen, con sus aspectos conscientes e inconscientes, así como la naturaleza analítica y discriminatoria de nuestro intelecto, de nuestra “mente”. El segundo nivel principal, el nivel existencial, incluye la totalidad de nuestro organismo, tanto somático como psíquico, y por consiguiente comprende nuestro sentido básico de la existencia, de nuestro ser, unido a nuestras premisas culturales que, en muchos sentidos, moldean esta sensación básica de la existencia. El tercer nivel, el mental, es conocido comúnmente como “conciencia mística”, y comprende la sensación de ser fundamentalmente uno con el universo. Así como el nivel del ego incluye la mente, y el nivel existencial incluye la mente y el cuerpo, el nivel mental incluye la mente, el cuerpo y el resto del universo . En resumen, el nivel del ego es lo que uno experimenta cuando se siente padre, madre, abogado, ejecutivo, norteamericano, o asume cualquier otro papel o imagen. El nivel existencial es lo que uno siente “bajo” la imagen de uno mismo; es decir, la sensación de una existencia orgánica total, la convicción profunda de que uno existe como sujeto independiente de todas sus experiencias. El nivel mental es exactamente lo que uno siente en este mismo momento antes de sentir cualquier otra cosa: la sensación de ser uno con el cosmos. El nivel del ego y el existencial unidos constituyen nuestra sensación general de ser un individuo autoexistente e independiente: este es el nivel al que se dirigen la mayoría de los enfoques occidentales. Las escuelas orientales, por otra parte, suelen mostrar un mayor interés por el nivel mental, eludiendo así por completo los niveles egocéntricos. En pocas palabras, el propósito de las psicoterapias occidentales es el de “reparar” el yo individual, mientras que en los enfoques orientales se proponen trascender el yo. Si deseamos ir más allá de los confines del yo individual, encontrar un nivel de conciencia todavía más rico y generoso, aprendamos entonces de los investigadores del nivel mental, en su mayoría “orientales”, que se ocupan del concienciamiento místico y de la conciencia cósmica. La inmensa mayoría de la gente, especialmente la sociedad occidental, no está preparada, dispuesta o capacitada para seguir una experiencia mística, ni es conveniente empujarla a dicha aventura. El objetivo primordial de los enfoques orientales no son el de reforzar el ego, sino el de trascenderlo de un modo total y completo, para alcanzar la liberación y la iluminación. Estos enfoquen pretenden conectar con un nivel de conciencia que ofrece una libertad total y la liberación completa de la raíz de todo sufrimiento. Los enfoques orientales y occidentales son, por consiguiente, asombrosamente dispares. Tras esta breve introducción al espectro de la conciencia según Ken Wilber, veamos a continuación su argumentación acerca de los dos modos de saber. Dada la actual superabundancia de técnicas, métodos, escuelas, filosofías y disciplinas psicológicas, el auténtico problema, tanto para el terapeuta como para el lego, consiste en descubrir una similitud ordinal, una lógica interna, un hilo de continuidad en esta vasta complejidad de sistemas psicológicos distintos y frecuentemente contradictorios. En términos generales, podemos por consiguiente afirmar que los campos principales de la psicoterapia oriental y occidental se ocupan de diferentes niveles del espectro. Por consiguiente, una psicología auténticamente integradora y compaginadora puede y debe servirse de las introspecciones complementarias procedentes de cada una de esas escuelas psicológicas. 3 - La filosofía perenne Dada nuestra voluntad experimental de investigar todos los niveles de la conciencia, desembocamos en la filosofía perenne, ya que en realidad no se trata de una filosofía basada en la especulación, sino de una experiencia basada en uno de nuestros niveles de la conciencia: el mental. En todo caso, siguiendo dicha filosofía perenne, es inevitable considerar el yo individual, en cierto sentido, como una ilusión y su mundo como un sueño. No obstante, con esto no se menosprecian en absoluto los enfoques occidentales, ya que, aunque las disciplinas orientales puedan despertarnos de dicho sueño, los occidentales pueden evitar, entretanto, que el sueño se convierta en una pesadilla. Aprovechemos ambas. Así es como hay dos modos de saber. 4 - Dos modos de saber Del mismo modo que un cuchillo no puede cortarse a sí mismo, el universo tampoco es capaz de verse en su totalidad como objeto, sin mutilarse por completo. Todo intento de asimilar el universo como objeto de conocimiento es, por consiguiente, profunda e inextirpablemente contradictorio; y cuando mayor parece su éxito, mayor es en realidad su fracaso. No obstante, es curioso que ese tipo de conocimiento dualista según el cual el universo se divide en sujeto y objeto (así como verdad y mentira, bueno y malo, etcétera) constituya la base fundamental de la filosofía, la teología y la ciencia de Occidente. La filosofía occidental, en general, es la filosofía griega, y la filosofía griega es la filosofía de los dualismos. La mayoría de los principales temas filosóficos debatidos todavía hoy fueron creados y modelados por los filósofos de la antigua Grecia. De ahí que Whitehead afirmara que la filosofía occidental es una esmerada nota a pie de página en la obra de Platón. Lamentablemente, la investigación de la historia del “tronco principal” del pensamiento occidental en busca de una solución convincente al problema del dualismo equivale tan solo a aproximarse todo lo posible a la muerte por aburrimiento. Solo en la historia reciente hemos comenzado a presenciar la eliminación de los dualismos que impregnan el pensamiento occidental desde hace veinticinco siglos. Esta increíble historia empezó en Europa durante el siglo XII. Fue la época de los descubrimientos, del Renacimiento, de las exploraciones, de hombres como Gutenberg, Petrarca, Vasco de Gama, Colón, Cortés, Da Vinci, Miguel Ángel, Tiziano, Marco Polo, Copérnico. El hombre dejó de considerarse como un peón pasivo en un juego divino, para dedicarse a la exploración y a la investigación en un sinfín de direcciones distintas: nuevos ideales, nuevos conceptos geográficos, nuevas formas de experimentar su existencia personal. Sin embargo, este ímpetu explorador colectivo siguió siendo oscuro, difuso y descoordinado hasta que se introdujo el concepto dualista más influyente concebido por la mente humana: alrededor de 1600, Kepler y Galileo formularon simultánea e independientemente el principio de que las leyes de la naturaleza pueden ser descubiertas a través de las mediciones, y aplicaron dicho principio a su propio trabajo. Así como Aristóteles se había dedicado a clasificar, Kepler y Galileo se propusieron medir. En el transcurso de un siglo, el hombre europeo se quedó plenamente intoxicado con este nuevo concepto de la medición, la cuantificación; no era solo una mejora progresiva de la humanidad, ni la felicidad garantizada, lo que prometía la nueva ciencia de la medición, sino el conocimiento de la realidad absoluta y definitiva que jamás había estado al alcance del hombre en épocas anteriores. Los científicos de aquella época habían empezado a construir una metodología a partir del dualismo cartesiano del sujeto frente al objeto, de tal persistencia que acabaría por desintegrar el propio dualismo en el que se basaba. La ciencia clásica estaba destinada a ser autoaniquilada. A pesar de negar rotundamente todo lo no medible, no objetivo y no verificable, la ciencia estaba dispuesta a seguir su propio rumbo con rigor y honradez hasta sus últimas consecuencias, que no tardarían en manifestarse. En 1900, la ciencia estaba convencida de que había llegado casi al fin de la realidad. Había, sin embargo, dos fenómenos importantes para los que la mecánica clásica no ofrecía explicación alguna. Uno de ellos era el efecto fotoeléctrico; el otro es el que ahora, sin poder evitar una carcajada, se denomina catástrofe ultravioleta. Fue verdaderamente una catástrofe, ya que introdujo la primera fisura en la “rígida estructura” del dualismo científico. El problema hace referencia a la radiación de energía procedente de ciertos cuerpos térmicos y los datos experimentales no correspondían a las teorías físicas existentes. A esta incógnita acudió el ingenio de Max Planck que, en un audaz y radical salto genial, propuso que la energía no era continua, como se suponía, sino que aparecía en discretos paquetes o quanta. Albert Einstein tomó la teoría de Planck y la aplicó con éxito al efecto fotoeléctrico, al tiempo que Neils Bohr la aplicaba a la física subatómica. Louis de Broglie supo aprovechar estos acontecimientos para demostrar que la materia, al igual que la energía, producía ondas, lo cual indujo a Erwin Schroedinger a formular la monumental mecánica cuántica. Y todo ello en el plazo escaso de una generación. Todos estos formidables descubrimientos culminaron en la ineludible y sin embargo devastadora conclusión, formulada como principio de indeterminación de Heisenberg, cuyo alcance fue (y sigue siendo) enorme. Recordemos que la ciencia había progresado basándose en el dualismo de un sujeto frente a un objeto, un observador frente a un acontecimiento, considerando que la realidad era aquello susceptible de ser medido y verificado objetivamente. Esta investigación dualista se extendió por fin al mundo de la física subatómica y, como es natural, el objetivo de los científicos era el de señalar y medir las “partículas”, tales como los electrones, que componía el átomo, ya que se las suponía la realidad de las realidades, los componentes finales e irreductibles de toda la naturaleza. He ahí precisamente la clave del problema. Los físicos en cuestión habían llegado al punto de aniquilación y el supuesto que les había conducido hasta el mismo, el de que el observador es independiente del acontecimiento, y el de que se puede manipular dualmente el universo sin alterarlo, resultó ser insostenible. De algún modo misterioso, el sujeto y el objeto estaban íntimamente unidos, y las múltiples teorías que habían supuesto lo contrario se tambaleaban. Como el físico Eddington declaró: “Algo desconocido hace algo que no comprendemos; he ahí a lo que se reduce nuestra teoría. No parece una teoría particularmente esclarecedora”. Esta incapacidad de definir totalmente las “realidades definitivas” del universo halló su expresión matemática en el principio de indeterminación de Heisenberg, y marcó el fin del enfoque clásico y puramente dualista de la realidad. En este sentido, Whitehead afirmó: “El progreso de la ciencia ha llegado ahora a un nuevo punto de partida. Los sólidos cimientos de la física se han desmoronado. Los viejos cimientos del pensamiento científico se convierten en incomprensibles. Tiempo, espacio, materia, material, éter, electricidad, mecanismo, organismo, configuración, estructura, pauta, función; todo ello debe ser reinterpretado. ¿Qué sentido tiene hablar de explicación mecánica cuando no sabemos lo que se entiende por mecánica?”. La revolución cuántica fue tan cataclísmica debido a que no atacó una o dos conclusiones de la física clásica, sino sus propios cimientos, la base que servía de soporte para la totalidad de su estructura, es decir, el dualismo sujeto-objeto. Estas últimas realidades se desplazan cada vez que uno intenta medirlas. Quedó perfectamente claro para dichos físicos que la medición objetiva y la verificación no podían ser ya determinantes de la realidad absoluta, debido a que el objeto medido no se podía separar nunca por completo del sujeto medidor; lo medido y el medidor, lo verificado y el verificador, a este nivel, son una y la misma cosa. El sujeto no puede manipular el objeto, porque el sujeto y el objeto son en definitiva una y la misma cosa. Al mismo tiempo que se desintegraba la “rígida estructura” del dualismo científico en la física, un joven matemático llamado Kurt Gödel elaboraba lo que fue sin duda el tratado más increíble en su género. En esencia, es una especie de analogía lógica del principio físico de indeterminación de Heisenberg. Conocido en la actualidad como “teorema de Gödel”, consiste en una rigurosa demostración matemática de que todo sistema lógico cerrado debe poseer por lo menos una premisa, que no se puede demostrar o verificar sin contradecirse a sí misma. Así pues, tanto desde un punto de vista lógico como físico, la verificación “objetiva” no es prueba de la realidad. Si todo debe ser verificado, ¿cómo se verifica al verificador, ya que sin duda forma parte del todo? En otras palabras, cuando el universo se divide en sujeto y objeto, en un estado que ve y otro que es visto, algo queda siempre al margen. En el fondo del mundo físico, el principio de indeterminación; en el fondo del mundo mental, el teorema de Gödel: la misma brecha, el mismo universo que se alude a sí mismo, el mismo “algo falta” (nos encontramos asimismo con el mismo principio a nivel psicológico en la generación del inconsciente). Cuando la ciencia empezó con el dualismo entre el sujeto y el objeto cometió un error y en las primeras décadas del siglo XX había llegado al borde de la aniquilación. ¿Es la conciencia en realidad materia, o es la materia en realidad conciencia? La decisión final dependía por lo general de la inclinación individual. Bertrand Rusell lo resumió sucintamente: “Podemos denominar al mundo físico o mental, o ambas cosas, según se nos antoje; en realidad las palabras no cumplen ningún propósito”. En breve, la física cuántica había conducido a otro dualismo, el de lo mental frente a lo material, al borde de la aniquilación, donde se había desvanecido. Son numerosas las conclusiones que se pueden sacar de la introspección de la revolución cuántica: a decir verdad, tan numerosas que la mayoría de los filósofos modernos utilizan el principio de indeterminación de Heisenberg y la mecánica cuántica de Schroedinger como prueba irrefutable de cualquier teoría en la que, a la sazón, crean. La conclusión de Heisenberg es clara: “Desde el primer momento participamos en el debate entre el hombre y la naturaleza, en el que la ciencia solo juega una parte, de modo que la división habitual del mundo entre sujeto y objeto, mundo interno y mundo externo, cuerpo y alma, ha dejado de ser adecuada y crea dificultades”. Erwin Schroedinger coincide plenamente con ello y se limita a afirmar: “Es imposible evitar dichas dificultades, a no ser que se abandone el dualismo”. “Abandonar el dualismo” era exactamente lo que la nueva física había hecho. Además de eliminar la barrera ilusoria entre sujeto y objeto, onda y partícula, mente y cuerpo, mental y material, con la brillante ayuda de Albert Einstein, la nueva física abandonó también el dualismo de espacio y tiempo, energía y materia, e incluso espacio y objetos. Al eliminar el dualismo fundamental entre sujeto y objeto, dichos físicos abandonaron en principio todos los dualismos. Es precisamente en el dualismo de “crear dos mundos de uno solo” donde el universo se divide y mutila. Y la propia base de esta “creación de dos mundos de uno solo” la constituye la ilusión dualista de que el sujeto es fundamentalmente distinto e independiente del objeto. Como hemos visto, esto fue precisamente lo que los mencionados físicos acabaron por descubrir, la introspección culminante de trescientos años de investigación científica consistente y persistente. Este descubrimiento es de suma importancia, ya que permitió que los científicos en cuestión comprendieran lo inadecuado del conocimiento dualista, a condición de reconocer (aunque solo fuera vagamente) la posibilidad de otro modo de conocer la realidad, que no separe al conocedor de lo conocido, ni al sujeto del objeto. Respecto a este segundo modo, Eddington dice: “Tenemos dos géneros de conocimiento que yo denomino conocimiento simbólico y conocimiento íntimo. Las formas más comunes de razonar han sido desarrolladas exclusivamente para el conocimiento simbólico. El conocimiento profundo no es susceptible de codificación ni análisis; o mejor dicho, cuando intentamos analizarlo se pierde su intimidad y la remplaza el simbolismo”. Eddington denomina el segundo modo de conocimiento “íntimo”, porque el sujeto y el objeto están íntimamente unidos en dicha operación. La física, y para el caso la mayoría de las disciplinas intelectuales occidentales, no trataban del “mundo propiamente dicho” debido a que operaban a través del modo dualista del conocimiento, y de lo que se ocupaban por consiguiente era de las representaciones simbólicas de dicho mundo. Por consiguiente, nuestras palabras, nuestras ideas, nuestros conceptos, nuestras teorías, e incluso nuestro lenguaje cotidiano no son más que “mapas” del mundo real. Así, nuestras ideas científicas y filosóficas sobre la realidad no son la realidad propiamente dicha. Por consiguiente, de acuerdo con lo descubierto por los mencionados físicos, disponemos de dos modos básicos de conocer: el primero denominado mapa, conocimiento simbólico, inferencial o dualista (“método científico” a partir del cual se puede inferir el “mapa sociológico”), y el segundo conocido como íntimo, directo o conocimiento no dual (“misticismo contemplativo” como corolario al “mapa psicológico”). Como hemos visto, la ciencia en general partió exclusivamente del conocimiento simbólico y dualista “estilo mapa”, concentrándose en las “sombras”, pero como consecuencia de los últimos descubrimientos en las ciencias físicas, este modo de conocer ha resultado inadecuado, por lo menos en ciertos aspectos, para el “conocimiento auténtico” tan falazmente prometido. Dicha insuficiencia ha inducido a numeroso físicos a recurrir al segundo modo, o íntimo, de conocer, o por lo menos a plantearse la necesidad de dicho tipo de conocimiento. Estas dos formas de conocimiento se distinguen también con toda claridad en el hinduismo, que en el Mundaka Upanishad (1.1.4) declara: “Existen dos modos de conocimiento que podemos alcanzar, que los conocedores de Brahma denominan superior e inferior”. El mundo inferior corresponde a lo que nosotros hemos denominado mapa simbólico del conocimiento. El mundo superior “no se alcanza avanzando progresivamente a través de las órdenes inferiores del conocimiento, como si se tratara de la última etapa de una serie, sino de golpe, de un modo, por así decirlo, intuitivo e inmediato”. Esto corresponde a nuestro segundo modo de conocimiento, o no dual, ya que se trata de una visión intuitiva de la no dualidad. Quizá ningún filósofo moderno ha hecho tanto hincapié en la importancia fundamental de distinguir dichos dos modos de conocimiento como Alfred North Whitehead, que ha señalado insistentemente que las características fundamentales del conocimiento simbólico son la abstracción y la bifurcación (es decir, la dualidad), haciendo caso omiso de todo lo demás, por lo que “la abstracción no es más que la omisión de parte de la verdad”. El conocimiento simbólico o representativo es un modo de conocimiento con el que todos estamos familiarizados: se considera al sujeto “independiente” del objeto y el “saber” consiste en establecer una cadena externa de intermediarios físicos o mentales que vinculen el pensamiento con el objeto. Sin embargo, el segundo modo de conocimiento no contiene dicha duplicidad ya que, en palabras de William James, “cuando el conocimiento es inmediato e intuitivo, el contenido mental y el objeto son idénticos”. Ahora bien, si es cierto que al dividir el universo en sujeto y objeto, en conocedor y conocido, al crear “dos mundos de uno solo”, el universo queda desgarrado y aislado de sí mismo, nuestra única esperanza de conectar con la realidad-si es que efectivamente existe- dependerá necesariamente del abandono total del modo dualista de conocimiento, que no hace más que repetir dicho acto primigenio de mutilación en cada uno de sus pasos. En tal caso, debemos abandonar el modo simbólico-dualista de conocimiento, que desgarra la textura de la realidad en el propio intento de comprenderla. En otras palabras, lo que debemos hacer es salir de las tinieblas del conocimiento crepuscular, para entrar en el resplandor del conocimiento diurno; si nuestro propósito es conocer la realidad, es al segundo modo de conocimiento al que debemos recurrir. De momento nos basta con saber que poseemos dicho conocimiento diurno, pero nuestra satisfacción será enorme cuando logremos despertarlo plenamente. 5 - Un nuevo paradigma de conocimiento: la conciencia transpersonal Hasta aquí la argumentación, pienso, magistralmente expuesta por Ken Wilber respecto a los dos modos de saber. Desde el surgimiento de la física cuántica, tal es el debate entre los materialistas científicos (método científico) y los mal llamados “místicos cuánticos”(método trascendental). Dicha dicotomía cognitiva, en realidad, es una réplica epistemológica entre la ciencia como medio de conocimiento objetivo y el misticismo como conocimiento revelado que plantean las diversas religiones. Por tanto, el debate que se plantea desde el surgimiento de la física cuántica es el encontronazo entre la racionalidad y la espiritualidad (Laszlo, 2007), una cuestión de hondo calado abordada pedagógicamente como La educación cuántica y que propugna ese nuevo paradigma de conocimiento donde el “misticismo cuántico” debe ser reconsiderado como filosofía transpersonal. Sin embargo, dicha cuestión también puede ser consultada en Cuestiones cuánticas, una obra de Ken Wilber (2013) que recopila los escritos místicos de los físicos más famosos del mundo. Son unos escritos místicos de los científicos más eminentes de nuestra era, los padres fundadores de la relatividad y de la física cuántica. Todos ellos, con un lenguaje asequible y ajeno a la terminología técnica, expresan su convicción de que la física y la mística, de alguna manera, son complementarias. Sin lugar a dudas, son cada vez más los científicos que escapan de la exclusiva mirada del materialismo científico y abrazan a la espiritualidad. Ken Wilber, en esta magistral clase de filosofía de la ciencia, nos demuestra que hay dos modos de conocer: el método científico y el trascendental, diferentes pero complementarios. El primero languidece con el pensamiento occidental al proyectarse el sujeto en el objeto, el materialismo, el poder de la razón destruyendo la biosfera, en definitiva, todo un racionalismo pragmático; y el segundo, el racionalismo espiritual, es el artífice de un nuevo mundo que vislumbra el empoderamiento consciente de las personas, y cuya primera condición es trascender el ego para ver la vida de un modo compasivo, y que para cambiar el mundo, hay que comenzar precisamente por uno mismo, uniendo la sabiduría (Droit, 2011) y el amor (Hüther, 2015) en una nueva percepción consciente no dual, pues conocimiento y amor son como dos caras de la misma moneda donde, el saber sin amor, es puro egoísmo. Es dicho proceso de autopoiesis desde la razón al espíritu colectivo el causante del problema epistemológico entre los materialistas científicos y los místicos cuánticos. El método científico como único medio de llegar al conocimiento, mediante la física cuántica, ha llegado a los confines del universo: el propio sujeto, pues objeto y sujeto son una y la misma cosa. Todo un giro copernicano del “ver para creer” al “creer para ver”, uno nuevo paradigma de conocimiento propuesto por los místicos cuánticos al aunar ciencia y espiritualidad, restando así supremacía respectivamente a los poderes fácticos quienes controlan la ciencia, y a las religiones quienes obnubilan la razón de sus fieles. Dicha introspección inquiere, inexorablemente, de un nuevo paradigma de conocimiento, una tarea ya emprendida por científicos como Ken Wilber (2005a), Fritjof Capra (2000), Amit Goswami (2010), Rupert Sheldrake (1994), Deepak Chopra (2007), Joe Dispenza (2012), Jean-Pierre Garnier Malet (2012), Bruce Lipton (2007), Félix Torán (2011), Pim Van Lommel (2012), Alexander Eben (2013), Michio Kaku (2007), Eduardo Zancolli (2003), Francisco Barsonell (2012), José Miguel Gaona (2012), etcétera. Hay dos modos de saber. Que cada cual, según sus convicciones, elija el suyo. Sin embargo, mediante la sabia argumentación de Ken Wilber, esos dos modos de saber se constituyen en sustratos epistemológicos y permiten diferenciar respectivamente entre la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable (Martos, 2015), entre la ciencia y la religión, entre la razón y el espíritu. Con la emergencia de la mente a partir de la modernidad, el Espíritu comienza a tomar conciencia de sí mismo, lo cual, entre otras cosas, introduce en el mundo la conciencia moral, una moral, por cierto, completamente ajena al mundo de la naturaleza. Por tanto, el Espíritu está comenzando a despertar a sí mismo, conocerse a sí mismo a través de los símbolos, los conceptos, dando así origen al mundo de la razón y, en particular, al mundo de las morales conscientes. Así, pues, la naturaleza es Espíritu objetivo, mientras que la mente es Espíritu subjetivo. En ese momento histórico -en el momento en que la mente y la naturaleza se diferenciaron-, el mundo parece escindirse en dos, la mente reflexiva y la naturaleza reflejada, pero la modernidad se hallaba temporalmente estancada en la batalla entre la mente y la naturaleza, entre el ego y el eco. En opinión de Shelling, esta síntesis no dual como identidad entre el sujeto y el objeto en un acto atemporal de autoconocimiento, es una intuición mística directa. Para Shelling, y también para su amigo y discípulo Hegel, el Espíritu se enajena de sí mismo para dar lugar a la naturaleza objetiva, despierta a sí mismo en la mente subjetiva y termina retornando así en la pura conciencia inmediata no dual en la que sujeto y objeto son uno, y la naturaleza y la mente se funden en la actualización del Espíritu. El Espíritu se conoce a sí mismo objetivamente como naturaleza, se conoce subjetivamente como mente y se conoce absolutamente como Espíritu. Esos tres momentos también son conocidos como subconsciente, consciente y supraconsciente, o dicho de otro modo, prepersonal, personal y transpersonal; o preracional, racional y transracional; o biosfera, noosfera y teosfera (Wilber, 2005b: 396-398). Todo ello, traducido en términos evolutivos y psicológicos (Laszlo, 2004), equivale a decir que El gen egoísta (Dawkins, 2002) puede ser trascendido conscientemente Más allá del ego (Vaughan y Walsh,2000), dicho de otro modo, el egoísmo puede ser trascendido hacia la compasión y, respectivamente, la conciencia personal hacia la conciencia transpersonal (1) (Martos, 2008). Así, desde dicha perspectiva, la afirmación de Dawkins (2002: 3) de que “el amor universal y el bienestar de las especies consideradas en su conjunto son conceptos que, simplemente, carecen de sentido en cuanto a la evolución”, es un simple reduccionismo desde el materialismo científico, obnibulado por una prepotencial racional en cuanto causa explicativa al obviar que el Kosmos (2) es autotrascendente y regido por los veinte principios (3). Dicho de otro modo, La evolución del amor (Hüther, 2015) ya es contemplada desde la neurobiología y la sociobiología como un fenómeno de la evolución humana pues, más allá del valor de los genes egoístas o la superviviencia del más fuerte, interviene la capacidad de elección de pareja por motivos distintos a la simple atracción física o el instinto reproductor. Para Hüther, a pesar del surgimiento de la razón y del pensamiento crítico, el sentimiento del amor sigue siendo importante por su influencia en el futuro de la especie humana pues es la fuente de nuestra creatividad y la base de nuestra existencia y nuestros logros culturales y, más decisorio aún, nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta. En definitiva, la única fuerza que puede vencer a la competencia autodestructiva es el amor mediante el compromiso de equipo y la creatividad participativa. NOTAS: (1) Etimológicamente el término transpersonal significa “más allá” o “a través” de lo personal, y en la literatura transpersonal se suele utilizar para hacer referencia a inquietudes, motivaciones, experiencias, estadios evolutivos, modos de ser y otros fenómenos que incluyen pero trascienden la esfera de la individualidad y de la personalidad humana, el yo o ego (Ferrer, 2002). Entre sus intereses centrales se encuentran “los procesos, valores y estados transpersonales, la conciencia unitiva, las experiencias cumbre, el éxtasis, la experiencia mística, la trascendencia, las teorías y prácticas de la meditación, los caminos espirituales, la realización (...) y los conceptos, experiencias y actividades con ellas relacionados” (Walsh y Vaughan, 1982:14). Entre sus objetivos principales se encuentra la delimitación de las fronteras y las variedades de la experiencia humana consciente (Rowan, 1996). (Cita extraída del trabajo de investigación de Doctorado titulado Complejidad y Psicología Transpersonal: Caos, autoorganización y experiencia cumbre en psicoterapia, de Iker Puente Vigiola, Facultad de Psicología, Universidad Autónoma de Barcelona, 16 de Febrero de 2007). Sin embargo, a los efectos prácticos de este ensayo, el concepto de conciencia transpersonal se implementa también con la siguiente definición: En los estados modificados de consciencia estudiados por la psicología transpersonal se producen cambios en el flujo del pensamiento, en la percepción de la realidad y a nivel emocional. En estos estados pueden ocurrir experiencias de catarsis y, sobre todo, experiencias místicas o extáticas, que diversos autores han definido como religiosas, trascendentes, transpersonales o experiencias cumbre. En estas vivencias el mundo se percibe como una totalidad, en la que el propio individuo está inmerso. Se produce, al mismo tiempo, una sensación subjetiva de unidad, en la que el Yo individual se diluye, desapareciendo toda distinción significativa entre el Yo y el mundo exterior. Esta experiencia es vivida por la persona como algo positivo, y autores como Maslow o Grof señalan que puede tener efectos beneficiosos y terapéuticos. Sin embargo, la disolución del Yo previa a la sensación subjetiva de unidad, puede ser vivida por el sujeto como un momento de caos, de desequilibrio y desestructuración, de pérdida de los puntos de referencia habituales. Diversos autores se han referido a esta experiencia como muerte del ego. (Grof, 1988; Wilber, 1996; Fericgla, 2006). (Cita extraída del artículo titulado Psicología Transpersonal y Ciencias de la Complejidad: Un amplio horizonte interdisciplinar a explorar, de Iker Puente, Journal of Transpersonal Research, 2009, Vol. 1 (1), pp 19-28 ISSN: 1989-6077). Por tanto, en este ensayo, el paso de la conciencia personala la conciencia transpersonal, debe interpretarse como la muerte del ego en su viaje iniciático hacia la percepción unitaria del sujeto cognoscente con el mundo (no dualidad entre sujeto y objeto), donde las emociones egoístas e individualistas dejan paso a la compasión. Se trataría, en suma, de un ascendente viaje iniciático-cognitivo similar al descrito como salida del mundo de las sombras en el Mito de la Caverna de Platón, para luego transmitir de un modo descendente la sabiduría adquirida en el Mundo de las Ideas, donde la reina es el Amor. (2) Wilber examina el curso del desarrollo evolutivo a través de tres dominios a los que denomina materia (o cosmos), vida (o biosfera) y mente (o noosfera), y todo ello en conjunto es referido como “Kosmos”. Wilber pone especial énfasis en diferenciar cosmos de Kosmos, pues la mayor parte de las cosmologías están contaminadas por el sesgo materialista que les lleva a presuponer que el cosmos físico es la dimensión real y que todo lo demás debe ser explicado con referencia al plano material, siendo un enfoque brutal que arroja a la totalidad del Kosmos contra el muro del reduccionismo. Wilber no quiere hacer cosmología sino Kosmología. (3) Wilber en Sexo, Ecología, Espiritualidad,72-119: 1- La realidad como un todo no está compuesta de cosas u de procesos, sino de holones. 2- Los holones muestran cuatro capacidades fundamentales: autopreservación, autoadaptación, autotrascendencia y autodisolución. Estas cuatros características son muy importantes y las vamos a estudiar una a una. 3- Autopreservación. Los holones se definen no por la materia de que están hechos (puede no haber materia) ni por el contexto en el que viven (aunque son inseparables de él), sino por el patrón relativamente autónomo y coherente que presenta. La totalidad del holón se muestra en la capacidad de preservar su patrón. 4- Autoadaptación. Un holón funciona no solo como una totalidad autopreservadora sino también como parte de otro todo mayor, y en su capacidad de ser una parte debe adaptarse o acomodarse a otros holones (no autopoiesis sino alopoiesis; no asimilación sino acomodación). 5- Autotrascendencia (o autotransformación). La autotrascendencia es simplemente la capacidad que tiene un sistema de llegar más allá de lo dado, e introducir en cierta medida algo novedoso; una capacidad sin la cual es seguro que la evolución no hubiera podido ni siquiera comenzar. El universo tiene la capacidad intrínseca de ir más allá de lo que fue anteriormente. 6- Autodisolución. Dado que cada holón es también un supraholón, cuando es borrado –cuando se autodisuelve en sus subholones- tiende a seguir el mismo camino descendente que éstos han seguido en el camino ascendente: las células se descomponen en moléculas, que a su vez se descomponen en átomos, y éstos en partículas que desaparecen en las probabilidades nubes transfinitas de “burbujas dentro de burbujas”. 7- Los holones emergen. Emergen nuevos holones debido a la capacidad de autotrascendencia. Primero las partículas subatómicas; después los átomos, moléculas, los polímeros; después las células, y así sucesivamente. 8- Los holones emergen holárquicamente. Es decir, jerárquicamente, como una serie ascendente de totalidades/partes. Los organismos contienen células, pero no al revés; las células contienen moléculas, pero no al revés; las moléculas contienen átomos, pero no al revés. 9- Cada holón emergente trasciende pero incluye a sus predecesores. Todas las estructuras básica y funciones son preservadas y llevadas a una identidad mayor, pero todas las estructuras de exclusividad y las funciones que existían debido, al aislamiento, a la separación, a la parcialidad, a la individualidad separada, son simplemente abandonadas y reemplazadas por una individualidad más profunda que alcanza una comunión más amplia de desarrollo. 10- Lo inferior establece las posibilidades de lo superior; lo superior estable las probabilidades de lo inferior. Aunque un nivel superior va “más allá” de lo dado en el nivel inferior, no viola las leyes o patrones del nivel inferior; no está determinado por el nivel inferior, pero tampoco puede ignorarlo. Mi cuerpo sigue las leyes de la gravedad, mi mente se rige por otras leyes, las de comunicación simbólica y la sintaxis lingüística; pero si mi cuerpo se cae por un precipicio, mi mente va con él. 11- El número de niveles que comprende una jerarquía determinada si esta es “superficial” o “profunda”; y al número de holones en su nivel dado le llamaremos su “extensión”. Esto es importante porque establece que no es solo el tamaño de una población lo que estable el orden de riqueza (u orden de emergencia cualitativa), sino más bien viene dado por su profundidad. Veremos que una de las confusiones más generalizadas de las teorías ecológicas generales o del nuevo paradigma (ya sean “pop” o “serias”) es que a menudo confunden gran extensión con gran profundidad. 12- Cada nivel sucesivo de la evolución produce MAYOR profundidad y MENOR extensión. Así, el número de moléculas de agua en el universo siempre será menor que el número de átomos de hidrógeno y de oxígeno. El número de células en el universo siempre será menor que el de moléculas, y así sucesivamente. Simplemente quiere decir que el número de totalidades siempre será menor que el número de partes, indefinidamente. Cuando mayor sea la profundidad de un holón, tanto mayor será su nivel de conciencia. El espectro de la evolución es un espectro de conciencia. Y se puede empezar a ver que las dimensiones espirituales constituyen el tejido mismo de la profundidad del Kosmos. 13- Destruye un holón de cualquier tipo y habrás destruido todos sus holones superiores y ninguno de sus inferiores. Es decir: cuando menos profundidad tiene un holón, tanto más fundamental es para el Kosmos, porque es un componente de muchos otros holones. 14- Las holoarquías coevolucionan. Significa que la “unidad” de evolución no es el holón aislado (molécula individual, planta, o animal), sino un holón más dentro del entorno inseparablemente ligado a él. Es decir, la evolución es ecológica en el sentido más amplio. 15- Lo micro está en una relación de intercambio con lo macro en todos los niveles de su profundidad. Por ejemplo, el ser humano y los tres niveles de materia, vida y mente: todos estos niveles mantienen su existencia a través de una red increíblemente rica de relaciones de intercambio con holones de la misma profundidad en su entorno. 16- La evolución tiende a seguir la dirección de mayor complejidad. El biólogo alemán Woltereck acuño el término anamorfosis – significa, literalmente, “no ser conforme”- para definir lo que vio como rasgo central y universal de la naturaleza: la emergencia de una complejidad cada vez mayor. 17- La evolución tiende a seguir la dirección de mayor diferenciación/integración. Este principio fue dado en su forma actual, por primera vez, por Herbert Spencer (en First principles, 1862): la evolución es un “cambio desde una homogeneidad incoherente e indefinida a una heterogeneidad coherente y definida, a través de continuas diferenciaciones e integraciones”. 18- La organización/estructuración va en aumento. La evolución se mueve del sistema más simple al más complejo y desde el nivel de organización menor hacia el mayor. 19- La evolución tiende a seguir la dirección de autonomía relativa creciente. Este es un concepto muy poco comprendido. Simplemente hace referencia a la capacidad de un holón para autopreservarse en medio de las fluctuaciones ambientales (autonomía relativa es otra forma de decir individualidad). Y de acuerdo con las ciencias de la complejidad, cuando más profundo es un holón, mayor es su autonomía relativa. La autonomía relativa simplemente se refiere a cierta flexibilidad ante el cambio de las condiciones ambientales. 20- La evolución tiende a seguir la dirección de un Telos creciente. El régimen, canon, código o estructura profunda de un holón actúa como un imán, un atractor, un punto omega en miniatura, para la realización de ese holón en el espacio y el tiempo. Es decir, el punto final del sistema tiene a “atraer” la realización (o desarrollo) del holón en esa dirección, ya sea un sistema físico, biológico o mental. Ha surgido toda una disciplina dentro de la teoría general de sistemas para dedicarse al estudio de las propiedades de los atractores caóticos y de los sistemas por ellos gobernados; se le conoce popularmente como la teoría del caos. BIBLIOGRAFÍA: Barnosell, Francisco. Entre dos aguas. Barcelona: Luciernaga, 2012. Capra, Fritjof. El tao de la física. Malaga: Sirio, 2000. Chopra, Deepak. Las siete leyes espirituales del éxito. Madrid: Edaf, 2007. Dawkins, Richard. 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España: Amazon, 2008 (1ª ed.), 2015 (2ª ed.), 2017 (3ª ed.). Martos, A (2015). “El mándala epistemológico y los nuevos paradigmas de la humanidad”. En GIRUM, Revista de Investigación Científica Humanística, Universidad Antropológica de Guadalajara (México), 2015, Vol.1, 29-48, ISSN: 2328-7894 Sheldrake, Rupert. El renacimiento de la naturaleza: la nueva imagen de la ciencia y de Dios. Barcelona: Paidós Ibérica, 1994. Torán, Félix. Mente cuántica. Málaga: Corona Borealis , 2011. Van Lommel, Pim. Consciencia más allá de la vida. Girona: Atalanta, 2012. Vaughan, F y Walsh, R. Más allá del ego. Barcelona: Kairós, 2000. Wilber, Ken. Sexo, Ecología, Espiritualidad. Madrid: Gaia Ediciones, 2005a. Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairós, 2005b. Wilber, Ken. Cuestiones cuánticas. Barcelona: Kairós, 2013. Zancolli, Eduardo R. El misterio de las coincidencias. Barcelona: RBA libros, 2003.  
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El declive de Occidente: De las “Tres críticas

LAS “TRES CRÍTICAS" DE KANT Y LOS “CUATRO CUADRANTES” DE KEN WILBER

Este artículo está reproducido como capítulo 2 en la primera parte de la obra FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL “La enfermedad más grave de todos los tiempos: un ego fragmentado y disociado de la colectividad, que está herido de muerte y no puede sobrevivir sino con la contemplación de una unión con el “nosotros” kantiano” (Amador Martos, filósofo transpersonal). Este artículo está reproducido en la segunda parte de la obra CIENCIA, FILOSOFÍA, ESPIRITUALIDAD En Breve historia de todas las cosas (2005), Wilber aborda en una visión coherente las verdades procedentes de la física, la biología, las ciencias sociales, las ciencias sistémicas, el arte, la estética, la psicología evolutiva y el misticismo contemplativo, y también incorpora movimientos filosóficos tan opuestos como el neoplatonismo, el modernismo, el idealismo y el postmodernismo. Y todo ello es abordado mediante la noción de los cuatro cuadrantes del desarrollo, magníficamente resumido por Tony Schwartz en el prólogo de Breve historia de todas las cosas (Wilber, 2005: 9): “El estudio de los centenares de mapas del desarrollo que han bosquejado los diversos pensadores a lo largo de los años- mapas del desarrollo biológico, del desarrollo psicológico, del desarrollo cognitivo y del desarrollo espiritual, por nombrar solo a unos pocos- llevó a Wilber al reconocimiento de que, muy a menudo, estos mapas estaban describiendo diferentes versiones de la “verdad”. Las formas exteriores del desarrollo, por ejemplo, pueden ser valoradas de manera objetiva y empírica pero, como afirma explícitamente Wilber, este tipo de verdad no lleva muy lejos. En su opinión, todo desarrollo comprehensivo también posee una dimensión interna, una dimensión subjetiva e interpretativa que está ligada a la conciencia y la introspección. Pero además, el desarrollo interno y el desarrollo externo, según Wilber, no tienen lugar aisladamente y de manera individual sino que acontecen en el seno de un contexto social y cultural. Éstos son los cuatro cuadrantes de los que hablamos. Ninguna de estas formas de la verdad puede ser reducida a las demás”. La visión racional-industrial del mundo sostenida por la Ilustración cumplió con funciones muy importantes como la aparición de la democracia, la abolición de la esclavitud, el surgimiento del feminismo liberal, la emergencia de la ecología y las ciencias sistémicas, entre algunas más, pero sin duda, la más importante puesta en escena fue la diferenciación entre el arte (yo), la ciencia (ello) y la moral (nosotros), el Gran Tres diferenciado por Kant a través de sus Tres críticas (1). Wilber asevera que, para trascender la “modernidad” hacia la “postmodernidad”, hay que trascender e incluir al racionalismo y la industrialización, lo cual implica abrirnos a modalidades de conciencia que trasciendan la mera razón y participar en estructuras tecnológicas y económicas que vayan más allá de la industrialización. El racionalismo y la industrialización han terminado convirtiéndose en cánceres del cuerpo político, crecimientos desmedidos de consecuencias malignas, derivando ello en jerarquías de dominio. Por tanto, cualquier transformación futura deberá trascender e incluir a la modernidad incorporando sus elementos compositivos fundamentales, pero también limitando su poder. En ese punto crucial de la evolución de las “visiones del mundo”, Wilber propone su teoría de los cuatro cuadrantes, entro los cuales se halla situado el Gran Tres diferenciado por Kant mediante sus Tres críticas: el arte (yo), la ciencia (ello) y la moral (nosotros). Dicho de otro modo, estamos hablando de las tres grandes categorías platónicas, de la Bondad (la moral, el “nosotros”), la Verdad (la verdad proposicional, la verdad objetiva propia del “ello”) y la Belleza (la dimensión estética percibida por cada “yo”). La tarea de la modernidad fue la diferenciación del Gran Tres y la misión de la postmodernidad es la de llegar a integrarlos. El gran reto al que se enfrenta la postmodernidad es la integración , es decir, formas de integrar la mente, la cultura y la naturaleza, formas de respetar al Espíritu en los cuatro cuadrantes, formas de reconocer los cuatro rostros del Espíritu -o simplemente Gran Tres- para honrar por igual a la Bondad, la Verdad y la Belleza. En la segunda parte de Breve historia de todas las cosas, Wilber desarrolla en profundidad su teoría de los cuatro cuadrantes hasta llegar a los estadios superiores de la evolución de la conciencia, estadios que pueden ser aludidos como espirituales desde una perspectiva no dual (2) en que, el Espíritu, deviene consciente de sí mismo, despierta de sí mismo y comienza a tomar conciencia de su auténtica naturaleza. Suele hablarse de esos estadios superiores del desarrollo como estadios místicos o “avanzados” pero, en realidad según Wilber, se trata de estadios muy concretos, muy tangible, muy reales, estadios asequibles para usted y para mí, estadios que constituyen nuestros potenciales más profundos. Y esos estadios -que en el pasado, han sido alcanzados por algunos individuos, los más extraños, los más avanzados, los más dotados, la vanguardia de su tiempo- pueden proporcionarnos pistas sobre lo que la evolución colectiva nos depara a cada uno de nosotros al día de mañana. Según Ken Wilber (2005:139) en Breve historia de todas las cosas: “La hermenéutica es el arte de la interpretación. La hermenéutica se originó como una forma de comprender la interpretación misma porque cuando usted interpreta un texto hay buenas y malas formas de proceder. En general, los filósofos continentales, especialmente en Alemania y en Francia, se han interesado por los aspectos interpretativos de la filosofía, mientras que los filósofos anglosajones de Gran Bretaña y Estados Unidos han soslayado la interpretación y se han dedicado fundamentalmente a los estudios pragmáticos y empírico-analíticos. ¡La vieja disputa entre el camino de la Mano Izquierda y el camino de la Mano Derecha!” ( la Mano Izquierda se refiere a “lo intencional” y a “lo cultural”, que tienen que ver con la profundidad interior a la que solo se puede acceder mediante la interpretación; y la Mano Derecha se refiere a “lo empírico” y “perceptual”). Así pues, recuerde, que la “hermenéutica” es la clave que nos permite adentrarnos en las dimensiones de la Mano Izquierda. La Mano Izquierda es profundidad y la interpretación es la única forma de acceder a las profundidades. Como diría Heidegger, la interpretación funciona en todo el camino de descenso para el cual el mero empirismo resulta casi completamente inútil”. Según Ken Wilber (2005:141), “el conocimiento interpretativo es tan importante como el conocimiento empírico y, en cierto sentido, más importante todavía. Pero, evidentemente, es más complejo y requiere más sofisticación que las obviedades a que nos tiene acostumbrados la observación monológuica”. Para Wilber, “toda interpretación depende del contexto, que a su vez está inmerso en contextos mayores y así sucesivamente mientras nos vamos moviendo dentro de un círculo hermenéutico”. Es así, pues, que la interpretación desempeña un papel muy importante en las experiencias espirituales, probablemente el contexto más complejo a desentrañar por nuestra actual civilización. En palabras de Wilber (2005: 148): “Dado que el Espíritu-en-acción se manifiesta en los cuatro cuadrantes, cualquier interpretación adecuada de la experiencia espiritual debería tenerlos en consideración a todos ellos. No es solo que nosotros estemos compuestos de niveles diferentes (materia, cuerpo, mente, alma, y Espíritu) sino que cada uno de esos niveles, a su vez, se manifiesta en cuatro facetas distintas (intencional, conductual, cultural y social). Prosigue Wilber (2005:163): “No es de extrañar, pues, que la teoría de sistemas no nos hable de principios éticos, valores intersubjetivos, actitudes morales, comprensión mutua, veracidad, sinceridad, profundidad, integridad, estética, interpretación, hermenéutica, belleza, arte o cualquier otro aspecto de este tipo”. Para Wilber (2005:167), cada cuadrante posee un tipo diferente de verdad, una forma distinta de verificar su verdad, un criterio distinto de validez: “Las cuatro verdades son los cuatro rostros a través de los cuales se manifiesta el Espíritu mientras que los criterios de validez son las formas en que conectamos con el Espíritu, las formas en que sintonizamos con el Kosmos”(3). Una de las cuestiones que resultó iluminadora al estudiar el pensamiento de Wilber, fue la interpretación de Kant, como nunca antes me lo habían enseñado en la facultad de filosofía: la diferenciación del Gran Tres a partir de las Tres críticas de Kant, la diferenciación entre el arte, la moral y la ciencia, respectivamente el “yo”, el “nosotros” y el “ello”. Esta diferenciación, al decir de Wilber (2005: 176), reportó sus respectivos beneficios: -“La diferenciación entre sí mismo (yo) y la cultura (nosotros) permitió que el individuo escapase del sometimiento a las jerarquías de dominio míticos propias de la Iglesia o del Estado y pudiendo participar, con su voto, en la aparición de la democracia”. -“La diferenciación entre la mente (yo) y la naturaleza (ello) posibilitó la separación entre el poder biológico y el derecho noosférico, contribuyendo, de ese modo, al desarrollo de los grandes movimientos de liberación (incluidas las mujeres y los esclavos). La aparición, pues, del feminismo liberal y del abolicionismo y la difusión de los movimientos culturales”. -“La diferenciación entre la cultura (nosotros) y la naturaleza (ello), permitió que la verdad dejara de estar sometida a las mitologías de la Iglesia y el Estado, lo cual contribuyó al surgimiento de la ciencia empírica, de la medicina, de la física y de la biología. El surgimiento de las ciencias ecológicas, etcétera”. Sin embargo, todo no iban a ser buenas noticias. Wilber (2005: 177): “Los grandes e innegables avances de las ciencias empíricas que tuvieron lugar en el periodo que va desde el Renacimiento hasta la Ilustración, nos hicieron creer que toda realidad podía ser abordada y descrita en los términos objetivos propios del lenguaje monológuico del “ello” e, inversamente, que si algo no podía ser estudiado y descrito de un modo objetivo y empírico, no era “realmente real”. Así fue como el Gran Tres terminó reducido al “Gran Uno” del materialismo científico, las exterioridades, los objetos y los sistemas científicos [denominado por Wilber como una visión chata del mundo]”. De modo que, si la tarea de la modernidad fue la diferenciación del Gran Tres, la misión de la postmodernidad es la de llegar a integrarlos, ese sería su gran reto, según Wilber (2005: 183): “En mi opinión, las corrientes más genuinas de la postmodernidad-desde Hegel hasta Heidegger, Habermas, Foucault y Taylor- están intentando recuperar el equilibro respetando por igual a la ciencia, la moral y la estética y no simplemente reducir la una a la otra en un desenfreno de violencia teórica. Eso es precisamente lo que estoy buscando, formas de integrar la mente, la cultura y la naturaleza en el mundo postmoderno, formas de respetar al Espíritu en los cuatro cuadrantes, formas de reconocer los cuatro rostros del Espíritu- o simplemente el Gran Tres- y sintonizarnos con él, de ubicarnos en él y de honrar, por igual, a la Bondad, la Verdad y la Belleza”. Ante esta encrucijada en la historia del pensamiento, Wilber propone adentrarse en el dominio espiritual, investigar la evolución de la conciencia hasta los dominios superiores, supraconscientes o transpersonales del Gran Tres. Se trata de una evolución que tiene lugar en los dominios del “yo”, del “nosotros” y del “ello”. Wilber trata de desvelar Los logros superiores del Espíritu-en-acción, de describir la evolución de la conciencia que conduce desde los estadios inferiores hasta los estadios más elevados, los estadios espirituales o transpersonales, cuestiones toda ellas orientadas a partir de los cuatro cuadrantes, según Wilber (2005: 439 y 441): “El hecho de que el Espíritu se manifieste realmente en los cuatro cuadrantes (o, dicho de modo resumido, en los dominios del “yo, del “nosotros” y del “ello”) supone también que la auténtica intuición espiritual es aprehendida como el deseo de expandir la profundidad del “yo” a la amplitud del “nosotros” y al estado subjetivo de cosas propias del “ello”. En definitiva, proteger y promover la mayor profundidad a la mayor amplitud posible. (…) Esto significa, entre otras muchas cosas, la necesaria emergencia de un nuevo tipo de sociedad que integre la conciencia, la cultura y la naturaleza, y abra paso al arte, la moral, la ciencia, los valores personales, la sabiduría colectiva y el conocimiento técnico”. Sin embargo, para tal finalidad según Wilber, deberemos emanciparnos de la visión chata del mundo, es decir, de los fervorosos defensores de un dios fragmentado, dualista y estéril, de la exaltación de la mera naturaleza empírica. En palabras de Wilber (2005:441): -“Solo podremos establecer contacto con las resplandecientes manifestaciones del Espíritu cuando rechacemos la visión chata del mundo”. -“Solo podremos alumbrar una auténtica ética medioambiental y una comprensión respetuosa entre todos los seres, que tenga en consideración la perfección de cada uno de ellos, cuando rechacemos la visión chata del mundo”. -“Solo podremos salvar el abismo cultural y llegar a ser individuos libres que expresan sus posibilidades más profundas en el seno de una cultura realmente abierta cuando rechacemos la visión chata del mundo”. -“Solo podremos liberarnos de las garras de la mononaturaleza y, de ese modo, integrar la naturaleza y respetarla de verdad en lugar de convertirla en un ídolo que paradójicamente contribuye a su propia destrucción cuando rechacemos la visión chata del mundo”. -“Solo podremos construir nuestros objetivos comunes en un intercambio libre de comunicación alejado del egocentrismo, del etnocentrismo y del imperialismo nacionalista que nos aboca a las guerras raciales, el derramamiento de sangre y el saqueo cuando rechacemos la visión chata del mundo”. -“Solo podremos actualizar los potenciales visión-lógicos que permiten integrar la fisiosfera, la biosfera y la noosfera en el radical despliegue de su propio goce intrínseco cuando rechacemos la visión chata del mundo”. -“Solo será posible que la autopista de la información escape a la anarquía digital y se ponga al servicio de la auténtica relación y, de ese modo, se convierta en el heraldo de una era de convergencia y no de fragmentación cuando rechacemos la visión chata del mundo”. -“Solo podrá emerger una auténtica federación mundial, una verdadera familia de naciones en el seno de una emergencia holoárquica que gire en torno al Alma del Mundo y se halle decididamente comprometida con la protección del espacio mundicéntrico, la voz misma del Espíritu moderna, gloriosa en su compasivo abrazo, cuando rechacemos, en fin, la visión chata del mundo”. -“Solo -por regresar a tópicos específicamente espirituales y transpersonales- quienes se hallen interesados en la espiritualidad, podrán comenzar a integrar las corrientes ascendentes y descendentes cuando rechacemos la visión chata del mundo”. Se cierra así el círculo, volviendo a la batalla arquetípica que tiene lugar en el mismo corazón de la tradición occidental, la lucha entre los ascendentes y los descendentes, según Wilber (2005: 30): “El camino ascendente es el camino puramente trascendental y ultramundano. Se trata de un camino puritano, ascético y yóguico, un camino que suele despreciar- e incluso negar- el cuerpo, los sentidos, la sexualidad, la Tierra y la carne. Este camino busca la salvación en un reino que no es de este mundo. El camino ascendente glorifica la unidad no la multiplicidad. (…). El camino descendente, por su parte afirma exactamente lo contrario, Éste es un camino esencialmente intramundano, un camino que no glorifica la unidad sino la multiplicidad. El camino descendente enaltece la Tierra, el cuerpo, los sentidos e incluso la sexualidad, un camino que llega incluso a identificar el espíritu con el mundo sensorial. Se trata de un camino puramente inmanente que rechaza la trascendencia”. En suma, estamos asistiendo en Occidente a un completo olvido de la profundidad espiritual. En la tercera parte de Breve historia de todas las cosas, Wilber aborda en extensión los ascendentes y los descendentes como rivales antagónicos que necesitan de una integración, y nos explica la génesis histórica de este rechazo de lo espiritual, la razón histórica concreta que explica los motivos por los cuales el Occidente moderno ha llegado a negar la validez de los estadios transpersonales. La posibilidad y necesidad de una filosofía hermenéutica está meridianamente demostrada por Wilber en Breve historia de todas las cosas, a partir de la cual hemos esbozado los parámetros históricos y hermenéuticos, a saber, la diferenciación de los Tres Grandes a partir de Kant, y el colapso del Kosmos al ser reducidos al Gran Uno: el materialismo científico. Cabe señalar que la diferenciación del “yo” (el arte), “nosotros” (moral) y “ello” (ciencia) son el punto de inflexión epistemológica que, ni la modernidad, ni la postmodernidad han logrado integrar. Wilber lo intenta con una filosofía hermenéutica adentrándose en las profundidades de la conciencia mediante una erudición sin paragón en la historia de la filosofía. Podríamos distinguir en Wilber dos filósofos en uno. Por un lado, como un filósofo que nos describe la historia del pensamiento de la cual deberían aprender muchos profesores de filosofía, y por otro lado, como un filósofo que nos presenta una elaborada estructura hermenéutica acerca de la evolución de la conciencia quien, irremisiblemente, remite a la consideración de la espiritualidad como único camino de integración entre el “yo”, el “nosotros” y el “ello”. Ken Wilber ha sabido contextualizar como nadie el problema epistemológico de Occidente, principalmente asentado en la ausencia de espiritualidad, proponiéndonos como solución una interpretación hermenéutica de la historia de la filosofía, lo cual posibilitará a todo buscador de sabiduría sumergirse en la profundidad de la conciencia. Por decirlo de otra manera, Wilber alumbra la historia de la filosofía a una renovada comprensión de nuestro viejo mundo en el que, su mayor carencia, es haber descuidado la genuina espiritualidad de la Mano Izquierda: “lo intencional” y “lo cultural”, que tienen que ver con la profundidad interior a la que solo se puede acceder mediante una interpretación de los cuatro cuadrantes. REFERENCIAS Wilber, Ken. Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairos, 2005. (1) Tras el Renacimiento surgió la Edad de la Razón o Filosofía Moderna cuyo uno de sus máximo exponente fue Kant. Con las Tres críticas de Kant (La crítica de la razón pura, La crítica de la razón práctica y La crítica del juicio), se produce una diferenciación de tres esferas: la ciencia, la moralidad y el arte. Con esta diferenciación, ya no había vuelta atrás. En el sincretismo mítico, la ciencia, la moralidad y el arte, estaban todavía globalmente fusionados. Por ejemplo: una “verdad” científica era verdadera solamente si encajaba en el dogma religioso. Con Kant, cada una de estas tres esferas se diferencia y se liberan para desarrollar su propio potencial: -La esfera de la ciencia empírica trata con aquellos aspectos de la realidad que pueden ser investigados de forma relativamente “objetiva” y descritos en un lenguaje, es decir, verdades proposicionales y descriptivas (ello). -La esfera práctica o razón moral, se refiere a cómo tú y yo podemos interactuar pragmáticamente e interrelacionarnos en términos que tenemos algo en común, es decir, un entendimiento mutuo (nosotros). -La esfera del arte o juicio estético se refiere a cómo me expreso y qué es lo que expreso de mí, es decir, la profundidad del yo individual: sinceridad y expresividad (yo). (2) Wilber en su obra el Espectro de la conciencia aborda de un modo epistemológico dos modos de saber: el conocimiento simbólico (dualidad sujeto-objeto) y el misticismo contemplativo (no dualidad entre sujeto-objeto), dos modos de saber diferentes pero complementarios. Según Wilber (55-56): “Esos dos modos de conocer son universales, es decir, han sido reconocidos de una forma u otra en diversos momentos y lugares a lo largo de la historia de la humanidad, desde el taoísmo hasta William James, desde el Vedanta hasta Alfred North Whitehead y desde el Zen hasta la teología cristiana. (…) También con toda claridad en el hinduismo”. Sin embargo, la civilización occidental es la historia del primer modo de saber que ha evolucionado hasta la extenuación de su “rígida estructura” dualista con el surgimiento de la mecánica cuántica. Esos dos modos de saber también son contemplados por los padres fundadores de la relatividad y de la física cuántica (Wilber en Cuestiones cuánticas) y, correlativamente, aluden los mundos antagónicos entre la ciencia y la religión, respectivamente, entre el saber racional y el metafísico, ambos aunados por los “místicos cuánticos” en un racionalismo espiritual adoptado como filosofía transpersonal, y convirtiéndose en un fundamento epistemológico para un nuevo paradigma de conocimiento integrador de la filosofía con la espiritualidad. (3) Wilber examina el curso del desarrollo evolutivo a través de tres dominios a los que denomina materia (o cosmos), vida (o biosfera) y mente (o noosfera), y todo ello en conjunto es referido como “Kosmos”. Wilber pone especial énfasis en diferenciar cosmos de Kosmos, pues la mayor parte de las cosmologías están contaminadas por el sesgo materialista que les lleva a presuponer que el cosmos físico es la dimensión real y que todo lo demás debe ser explicado con referencia al plano material, siendo un enfoque brutal que arroja a la totalidad del Kosmos contra el muro del reduccionismo. Wilber no quiere hacer cosmología sino Kosmología.  
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LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL INCURSIONA EN EL SISTEMA EDUCATIVO INTERNACIONAL

Este artículo ha sido publicado en el Magazine número 9 de la ASOCIACIÓN TRANSPERSONAL IBEROAMERICANA (ATI) Magazine número 9 en PDF En mi libro La educación cuántica argumento que la filosofía transpersonal desarrollada por Ken Wilber, así como la psicología transpersonal como la “cuarta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y la psicología humanista, se constituyen ambas en un nuevo paradigma de conocimiento que, inherentemente, requiere de una renovada cosmovisión de la historia, la ciencia y la espiritualidad, pero, eminentemente, desde un revisionismo de la psicología cognitiva y educativa. Siguiendo la estela de dicha argumentación, voy a citar los trabajos publicados (Tesis Doctorales y de Maestría, artículos científicos y ponencias) que, todos ellos en conjunto, vislumbran no solamente postulados teóricos sino actividades prácticas orientadas a la introducción de la visión transpersonal en la educación con rango de internacionalidad. En primer lugar, la piscología transpersonal y la educación transracional son postuladas y argumentadas en la Tesis Doctoral de Noemí Siverio, titulada: Psicología del Homo Complexus para una educación desde la comprensión (Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Instituto Pedagógico “Rafael Alberto Escobar Lara”, Venezuela). En segundo lugar, la Tesis de Maestría de Marely Figueroa, titulada Una visión transpersonal en la educación, se postula como un revulsivo a la educación académica tradicional. En efecto, Marely Figueroa es pionera en el mundo con la impartición de una asignatura de filosofía transpersonal en el Grado Universitario de Educación (Instituto Ateneo de Colima, México). ¿Acaso esas dos Tesis Académicas citadas son las primeras piedras de un gran edificio educativo-espiritual? Que la filosofía transpersonal incursione en el sistema educativo internacional no es un sueño sino una realidad cada vez más extendida internacionalmente, como veremos a continuación. Cabe citar, en tercer lugar, la Tesis Doctoral de Morelia Valencia Medina (Colombiana pero vinculada profesionalmente a la Universidad de Granada, España), titulada: Una perspectiva transpersonal para la educación. Morelia Valencia en colaboración con el también doctor Gabriel Carmona, han sido los impulsores de la Asociación de Pedagogía Transpersonal en España a través del Departamento de Pedagogía de la Universidad de Granada (España). La educación académica tradicional está quedando obsoleta y requiere de una nueva mirada pedagógica acorde a las citadas investigaciones académicas de rango internacional pues, en efecto, es necesaria una renovación moral y espiritual sustentada en el empoderamiento consciente de los alumnos, desde una renovada psicología cognitiva dentro de un nuevo paradigma educativo amparado por la filosofía transpersonal. Desde 1948, el artículo veintiséis de los Derechos Humanos referente al derecho de la educación, como en otras facetas sociales, económicas y políticas, ha sido ninguneado por los poderes fácticos. Sin embargo, novedosas iniciativas de hacer pedagogía están llegando al estamento educacional. Son tiempos de un revisionismo educacional como se ha visto, pero también de un revisionismo humano en el modo como percibimos nuestro mundo y el universo. En definitiva, son tiempos de repensar la relación entre la racionalidad y la espiritualidad. Son tiempos de integración entre la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable. Como filósofo transpersonal, dichas cuestiones epistemológicas y hermenéuticas fueron argumentadas en el II Coloquio Internacional sobre las posibilidades de la resignificación del Episteme en las Ciencias de la Educación (Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio IMPM UPEL, Tucupita, Venezuela). Y más recientemente, todo ello tuvo su corolario con la publicación del artículo científico titulado La filosofía transpersonal como una hermenéutica complementaria a la epistemología: fundamentos para una educación transracional (Revista de Investigación Científica Humanística GIRUM de la Universidad Antropológica de Guadalajara, México). A la vista de todo lo anteriormente argumentado, el reto más importante que tienen actualmente los profesores, los educadores, la educación en general, los científicos en particular y las humanidades es orientar la cultura humana más allá del reduccionismo psicológico y de la filosofía materialista que ha imperado en Occidente. El despertar colectivo es posible, y lo es gracias a la meditación y sus beneficios demostrados científicamente, y aplicados prácticamente en las aulas como demuestran muchas experiencias vanguardistas en el ámbito educativo. El conocimiento es una riqueza intelectual que debe ser gestionada, auspiciada, educada y transmitida por los profesionales de la epistemología, pues necesitamos aún de genuinos epistemólogos para intentar dar un sentido a la vida y de saber cuál es nuestro lugar en este mundo. La humanidad se halla ante tantos cambios de paradigmas (filosófico, psicológico, sociológico, educativo, científico y espiritual) que son los propios maestros, profesores y la educación en general, quienes deberían coger las riendas del conocimiento para debatir su epistemología y consensuar lo que hay que saber, y lo que hay que enseñar en la transmisión del conocimiento. Ahí queda el reto para nuestra civilización y sus mentes pensantes: integrar la espiritualidad en el sistema educativo.
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