"La conciencia, esa gran desconocida y, paradójicamente, tan presente en nosotros como ausente en el mundo"
(Amador Martos)

Blog de Amador

Filtrar por categorías:
Que contenga las palabras:
Dios a través de la meditación

6 - DIOS A TRAVÉS DE LA MEDITACIÓN

Resumen del artículo anterior: 5 – DIOS COMO UNA EXPERIENCIA MÍSTICA

La experiencia mística es una experiencia personal e intransferible, pero, guarda relación con los estados de conciencia, tal como aborda la obra La experiencia mística y los estados de conciencia, avalada dicha tesis por renombrados investigadores como Bucke, Huxley, Watts, Wilber o Maslow.

Como complemento a lo anterior, los estados de conciencia son estudiados por el movimiento transpersonal, y también por la psicología transpersonal mediante la Tesis Doctoral de Iker Puente. La psicología transpersonal, dentro del pensamiento occidental, está fundamentada con algunos místicos cristianos como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Maestro Eckahrt, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Esos iniciales estadios de conciencia son delimitados mediante una escalera ascendente con tres estadios: la vida purgativa, la vida iluminativa y la vida unitiva.

Uno de los estudios clásicos sobre el misticismo cristiano fue realizado por Evelyn Underhyll, la cual postula una perspectiva espiritual-transcendental con cuatro pruebas de la experiencia mística: 1) el misticismo es práctico, se caracteriza por la experiencia directa y la acción; 2) es una actividad complementaria espiritual y trascendente; 3) la tarea y el método del misticismo es el amor; 4) entraña una experiencia psicológica concreta.

Los defensores modernos de la filosofía perenne (o filosofía del misticismo) han hallado cinco principios fundamentales: 1) el Espíritu es el fundamento primordial ontológico, epistemológico y axiológico del cosmos; 2) la realidad es ontológicamente idéntica al Espíritu que la origina; 3) creencia en una cosmología involutiva, donde, el universo físico es el resultado de la involución del Espíritu; 4) ontología y axiologías jerárquicas: la realidad está organizada jerárquicamente y es conocida como Gran Cadena del Ser; 5) epistemología jerárquica: teoría del conocimiento que afirma que el conocimiento de los reinos superiores de la ontología jerárquica es un conocimiento más valioso y verdadero.

Como se ha visto, la experiencia mística tiene un sustrato cristiano en la cultura occidental, también en la psicología transpersonal, así como en las neurociencias, cuyo corolario son las aportaciones desde la física cuántica, en boca del Premio Nobel Wolfgang Pauli: “La racionalidad tiene que ser complementada por la mística”. Pauli recupera el lúcido misticismo platónico, y Wilber en su obra Cuestiones cuánticas recoge los escritos místicos de los físicos más famoso del mundo.

Llegamos así a este punto de la disertación en que la ciencia y la mística son vistas, no como opuestas, sino como complementarias para trascender la fractura dualista entre los ascendentes y los descendentes. Ahora bien, ¿cómo realizar el puente cognitivo entre la ciencia como conocimiento empírico y el conocimiento revelado a través de la mística? ¿Cómo enlazar el conocimiento dual exterior a través de los sentidos y la experiencia mística no-dual? La meditación es la respuesta, y vamos a ver ello en el siguiente artículo.

1 - LA TRASCENDENCIA METAFÍSICA MEDIANTE LA MEDITACIÓN

En filosofía, la metafísica estudia los aspectos de la realidad que son inaccesibles a la investigación científica. La razón, a través de la historia del pensamiento, siempre ha indagado sobre las cuestiones metafísicas que han preocupado al ser humano desde tiempos inmemoriales, aunque histórica y psicológicamente, esa genuina actitud de hacer metafísica ha sido obnubilada por el materialismo científico. Dicho de otro modo, el materialismo científico y la metafísica se han convertido en una dualidad antagónica aparentemente irreconciliable.

Una de las características del siglo XX ha sido la crítica sin contemplaciones a este tipo de filosofía eterna y sistemática que asociamos al término metafísica. Y, sin embargo, nada más actual que las cuestiones metafísicas. No hay manera de evitar que una y otra vez vuelva ese tipo de preguntas primeras sobre Dios, el hombre o el mundo, que quieren saber qué es lo que podemos conocer, qué es lo que debemos hacer o qué es lo que nos cabe esperar. Con la constatación heideggeriana de que “todo comprender es comprenderse”, cabe destacar el papel positivo de la subjetividad en la hermenéutica, lo cual implica distinguir la subjetividad metafísica de lo que sería el ser humano individual, al que no se opone la hermenéutica. La metafísica, aunque problemática, es inevitable: el ser “humano” (cualquier ser con determinado grado de consciencia) es un ser metafísico, y la desaparición de la metafísica solo es posible con la desaparición del humano (o vivos semejantes de otros planetas).

Según Kant, una afirmación es metafísica cuando afirma algo sustancial o relevante sobre un asunto (“cuando emite un juicio sintético sobre un asunto”) que por principio escapa a toda posibilidad de ser experimentado sensiblemente por el ser humano. Algunos filósofos han sostenido que el ser humano tiene una predisposición natural hacia la metafísica. Kant la calificó de “necesidad inevitable”. Arthur Schopenhauer incluso definió al ser humano como “animal metafísico”. ¿No es la metafísica el modo de saber trascendental?

En efecto, las ciencias empíricas pueden dar explicaciones sobre los fenómenos naturales, pero son incapaces de dar una explicación coherente acerca de la conciencia y la espiritualidad y, por tanto, no es de extrañar que los beneficios de la meditación sean objeto de investigación científica, y que haya también una aproximación investigativa a las experiencias cercanas a la muerte, las ciencias noéticas y la psicología transpersonal. Dichos campos de investigación enlazan, obviamente, con la metafísica, es decir, más allá de los sentidos físicos. La metafísica es, por tanto, el reto que tiene la humanidad por delante para hallar un conocimiento más allá de las ciencias naturales, es decir, un conocimiento transracional al que se puede acceder mediante la meditación y, cuyos beneficios, han sido ampliamente demostrados científicamente, posibilitando con ello la sanación trascendental del ser humano desde la infancia, pues puede ser impartida educacionalmente mediante la filosofía transpersonal argüida por Ken Wilber, una cuestión argumentada en el 3º Congreso Razón Abierta donde tuve el placer de exponer mi artículo titulado La filosofía transpersonal de Ken Wilber como fundamento para una educación transracional de la metafísica y la sanación trascendental del sujeto cognoscente mediante la meditación.

A la vista de lo anterior, la pregunta pertinente es: ¿Qué lugar ocupa hoy la metafísica en nuestra cultura? He ahí quizá el escollo más difícil por transcender, pues la humanidad se halla ante nuevos paradigmas invisibles aún para la mayoría de coetáneos. Sin embargo, la sanación trascendental del ser humano está en su interior mediante la práctica de la meditación. En efecto, como nos recuerda el sabio aforismo griego “Conócete a ti mismo”, se precisa de un conocimiento introspectivo para conectar con el Espíritu que vive en nosotros y que puede vislumbrarse mediante la conciencia de unidad. Sin embargo, la filosofía se escindió en dos senderos cognitivos: la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable, es decir, una divergencia entre ciencia y espiritualidad. Tradicionalmente se ha separado la epistemología y a la hermenéutica, puesto que la primera trata de lo conmensurable y la segunda de lo inconmensurable. Sin embargo, hoy en día es posible unir la epistemología y la hermenéutica, permitiendo justificar lo conmensurable y entender lo inconmensurable. Esos dos modos de saber posibilitan vislumbrar una conexión de la filosofía con la espiritualidad, o la ciencia con la metafísica.

Esos dos modos de saber, aprehendidos mediante la conciencia de unidad bajo una visión no-dual, posibilitan la sanación trascendental del ser humano mediante la filosofía transpersonal de Ken Wilber como nuevo paradigma de conocimiento, y es postulada como asignatura educativa para una educación transracional que implemente la razón con el corazón mediante la meditación. Por tanto, la síntesis entre la filosofía transpersonal y la educación transracional es una condición sine qua non para trascender así la crisis de conciencia en la que está inmersa la filosofía occidental. Con ello, podemos concluir consecuentemente que la filosofía transpersonal de Ken Wilber como nuevo paradigma de conocimiento, es un fundamento para una educación transracional de la metafísica para la sanación transcendental del sujeto cognoscente mediante la meditación.

Esa incipiente transracionalidad donde el prefijo “trans” nos impele a ir más allá de la racionalidad, posibilita a este pensador la justificación epistemológica de una filosofía “trans”-personal (más allá del ego), así como una educación “trans”-racional (más allá de la razón), dicho de otro modo, sienta las bases para adentrarnos en la metafísica a partir de experiencias interiores del sujeto cognoscente, tales como las experiencias cercanas a la muerte, la reencarnación, las ciencias noéticas, la psicología transpersonal, las experiencias místicas y la meditación. Dichas cuestiones son estudiadas mediante la metodología científica por cada vez más científicos que se atreven a ir más allá (“trans”) de la racionalidad convencional. Este humilde pensador, en sus procesos investigativos, ha introducido las conclusiones científicas de aquellos investigadores que se han atrevido a transcender la ortodoxa ciencia materialista mediante la incorporación de la espiritualidad en la comprensión del origen y el sentido de la vida más allá de los reduccionismos materialistas y psicológicos, cientificismos dogmáticos que abocan en el nihilismo. Tal es el trasfondo epistemológico que subyace en los siete artículos publicados en revistas científicas y congresos, y que se constituyen en el fundamento epistemológico y pedagógico para la filosofía transpersonal y la educación transracional .

Consecuentemente, la visión espiritual inherente al ser humano precisa de un giro participativo a la espiritualidad, el misticismo y el estudio de las religiones, cuestiones que pertenecen propiamente a la metafísica. Pero el estudio de la metafísica no debe abordarse exclusivamente mediante el uso de la razón, pues esta es solo una expresión simbólica a modo de “mapa” de un territorio más profundo que reside en la profundidad de la conciencia, es decir, inquiere una actitud proactiva hacia la introspección mediante la meditación, dicho de otro modo, emprender un camino ascendente hacia la sabiduría que es propio del cuadrante superior izquierdo de la subjetividad individual, una trascendencia metafísica a la que se puede acceder mediante la meditación, tal como demuestra Ken Wilber:

“Los arquetipos, los auténticos arquetipos, son una experiencia meditativa imposible de comprender hasta que se realice la experiencia. No se trata de imágenes que se muevan en el espacio mítico ni de conceptos filosóficos que existan en el espacio racional, sino de experiencias meditativas que aparecen en el espacio sutil. De modo que la experiencia meditativa puede proporcionarle los datos arquetipos que luego deberá interpretar. Y la interpretación más comúnmente aceptada es que usted está contemplando las formas básicas y los fundamentos del mundo manifiesto, contemplando directamente el Rostro de lo Divino. Como decía Emerson, que los intrusos se quiten los zapatos porque nos adentramos ahora en los dominios del Dios interior.

Pero el hecho es que, para ello [contemplar el Rostro de lo Divino mediante los arquetipos], usted debería llevar a cabo el experimento y descubrir los datos por sí mismo y luego tendría que interpretarlos. Si no lleva a cabo el experimento -la meditación, el modelo, el paradigma- carecerá de los datos necesarios para llevar a cabo la interpretación. Si usted trata de explicarle a alguien que se halle en la visión mágica o mítica del mundo que la suma de los cuadrados de los catetos de un triángulo rectángulo es igual al cuadrado de la hipotenusa, no llegará muy lejos, porque se trata de un algo ajeno al mundo empírico y que carece, en consecuencia, de localización simple. Y no por ello, sin embargo, su afirmación dejará de ser completamente cierta. Usted está realizando un experimento matemático en el interior de su conciencia, una experiencia cuyos resultados pueden ser verificados por quienes lleven a cabo el mismo experimento. Se trata de algo público, reproducible y falsable, de un conocimiento comunal cuyos resultados existen en el espacio racional del mundo y pueden ser fácilmente corroborados por todos aquellos que realicen el experimento. Y esto mismo es aplicable para cualquier otro tipo de experiencia interior de la conciencia, de los cuales la meditación es uno de los más antiguos, estudiados y reproducidos. Mantener, pues, una actitud escéptica es sumamente saludable, pero yo le invito a llevar a cabo ese experimento interior conmigo, a descubrir los datos por sí mismo, y luego le ayudaré a interpretarlos. Pero, en el caso de que no quiera llevar a cabo el experimento, no deberá reírse de quienes sí lo hacen.”

Es gracia a la sapiencia de Ken Wilber como puedo afirmar que, la trascendencia metafísica mediante la meditación, es el fundamento para la filosofía transpersonal, la cual es postulada en una cuestión de sentido para la argumentación epistemológica y pedagógica de una educación tranracional como misión espiritual . Solamente de ese modo se me antoja que será posible salvar el abismo cultural de la humanidad desde que Kant diferenció mediante sus Tres críticas al “ello” (ciencia), el “yo” (conciencia) y el “nosotros” (moral), dicho ello en términos socráticos: “Aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a sí mismo”. La integración de esas tres esferas kantianas solo es posible en el interior de cada uno de nosotros mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez como premisas que deben ser aprehendidas en el camino ascendente de la sabiduría propio del cuadrante superior izquierdo de la interioridad individual.

Con la anterior argumentación, la meditación queda habilitada desde la hermenéutica filosófica. Ahora bien, ¿qué tienen que decir las investigaciones científicas acerca de la meditación? ¿La meditación desde la hermenéutica filosófica puede ser avalada epistemológicamente por la ciencia? ¿Es posible, por tanto, una integración entre la epistemología y la hermenéutica? Así creo haberlo demostrado en mi artículo científico La filosofía transpersonal como una hermenéutica complementaria a la epistemología: fundamentos para una educación transracional. No obstante, veamos en el siguiente artículo las aportaciones científicas que avalan la meditación como camino metafísico de introspección, así como una herramienta para la sanación transcendental de la humanidad.

2 - LA SANACIÓN TRASCENDENTAL DE LA HUMANIDAD MEDIANTE LA MEDITACIÓN

1 - LA MEDITACIÓN COMO SANACIÓN TRASCENDENTAL

La filosofía perenne propugna la trascendencia del ilusorio dualismo entre cuerpo y mente mediante la meditación, logrando así la unicidad del propio ser humano con el universo, un camino de sabiduría que pretendidamente conduce hasta la iluminación. En dicho sentido, un equipo de psiquiatras del Hospital General de Massachusetts ha realizado el primer estudio que documenta cómo ejercitar la meditación durante ocho semanas puede afectar al cerebro. Según sus conclusiones, publicadas en Psychiatry Research, la práctica de un programa de meditación durante ocho semanas puede provocar considerables cambios en las regiones cerebrales relacionadas con la memoria, la autoconciencia, la empatía y el estrés. Es decir, que algo considerado espiritual, nos transforma físicamente y puede mejorar nuestro bienestar y nuestra salud.

En dicho sentido, cabe señalar que la meditación, aplicada prácticamente en los centros escolares, tiene espectaculares resultados: estimula la creatividad de los niños, ayuda en el desarrollo de la inteligencia emocional, reduce la violencia conocida como bullying, mejora los procesos de aprendizaje, aminora la sobre estimulación propia de la era de Internet y mejora la convivencia escolar. La meditación, pues, es una herramienta esencial para aumentar la inteligencia emocional, transformar emociones y alcanzar un estado de paz y concentración. Muchos colegios están integrando ya estas técnicas en sus dinámicas educativas en busca de los beneficios que aporta a su alumnado. No en vano, unos doscientos colegios públicos españoles han incorporado el “mindfulness” al horario escolar. Es una práctica de raíces budistas, pero sin sus connotaciones religiosas, y que consiste en tomar consciencia del momento presente, atendiendo a las emociones. La meditación aplicada prácticamente en los centros escolares, será aludida más extensamente en la tercera parte de esta obra. La meditación se convierte, así, en un medio para la sanación trascendental del ser humano desde la infancia Como aseveró el matemático griego Pitágoras: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”.

2 - LA MEDITACIÓN COMO EXPERIENCIA INTERIOR

Si, como se ha visto anteriormente, vivimos en la locura esquizofrénica de un mundo exterior donde solo hay caos e ignorancia, es preciso buscar el propio orden de cada cual en la profundidad de nuestro ser. Ahora bien, ¿por dónde empezar a poner orden en nuestras ideas?, ¿a quién acudir? Obviamente, hay que acudir a la Fuente que lo sabe todo, incluso lo que más nos conviene. Solo hay que dirigirse a la fuente de sabiduría con humildad y sinceridad, y preguntar sobre aquello que nos atormenta o nos preocupa. Preguntar se convierte en el método más directo para hallar soluciones a nuestros problemas o preocupaciones. Y ello se puede llevar a cabo mediante la meditación, según Wilber:

“Los arquetipos, los auténticos arquetipos, son una experiencia meditativa imposible de comprender hasta que se realice la experiencia. No se trata de imágenes que se muevan en el espacio mítico ni de conceptos filosóficos que existan en el espacio racional, sino de experiencias meditativas que aparecen en el espacio sutil. De modo que la experiencia meditativa puede proporcionarle los datos arquetipos que luego deberá interpretar. Y la interpretación más comúnmente aceptada es que usted está contemplando las formas básicas y los fundamentos del mundo manifiesto, contemplando directamente el Rostro de lo Divino. Como decía Emerson, que los intrusos se quiten los zapatos porque nos adentramos ahora en los dominios del Dios interior.”

Efectivamente, en nuestro interior es donde debemos hallar las respuestas, donde se nos está permitido contemplar el Rostro de lo Divino, algo que los modernos investigadores desdeñan como “mera metafísica” porque no puede ser demostrado. Una cuestión que Wilber rebate con la siguiente argumentación:

“Pero el hecho es que, para ello [contemplar el Rostro de lo Divino mediante los arquetipos], usted debería llevar a cabo el experimento y descubrir los datos por sí mismo y luego tendría que interpretarlos. Si no lleva a cabo el experimento -la meditación, el modelo, el paradigma- carecerá de los datos necesarios para llevar a cabo la interpretación. Si usted trata de explicarle a alguien que se halle en la visión mágica o mítica del mundo que la suma de los cuadrados de los catetos de un triángulo rectángulo es igual al cuadrado de la hipotenusa, no llegará muy lejos, porque se trata de un algo ajeno al mundo empírico y que carece, en consecuencia, de localización simple. Y no por ello, sin embargo, su afirmación dejará de ser completamente cierta. Usted está realizando un experimento matemático en el interior de su conciencia, una experiencia cuyos resultados pueden ser verificados por quienes lleven a cabo el mismo experimento. Se trata de algo público, reproducible y falsable, de un conocimiento comunal cuyos resultados existen en el espacio racional del mundo y pueden ser fácilmente corroborados por todos aquellos que realicen el experimento. Y esto mismo es aplicable para cualquier otro tipo de experiencia interior de la conciencia, de los cuales la meditación es uno de los más antiguos, estudiados y reproducidos. Mantener, pues, una actitud escéptica es sumamente saludable, pero yo le invito a llevar a cabo ese experimento interior conmigo, a descubrir los datos por sí mismo, y luego le ayudaré a interpretarlos. Pero, en el caso de que no quiera llevar a cabo el experimento, no deberá reírse de quienes sí lo hacen.”

Así, pues, la trascendencia del ilusorio dualismo entre cuerpo y mente mediante la meditación, se constituye en un camino de sabiduría que posibilita la sanación trascendental al lograr paz interior, mejoramiento de la salud y bienestar individual. Sin embargo, también es posible mediante la meditación alcanzar un bienestar colectivo para la humanidad, como se demuestra a continuación.

3 - EL EFECTO SUPER RADIANCE DE LA MEDITACIÓN

¿Qué es el efecto Super Radiance?

Super Radiance es el extraordinario efecto positivo irradiado al resto de la sociedad por un grupo de meditadores especialmente entrenados. Este efecto único solo tiene lugar cuando un número suficiente de estos meditadores forman un grupo para practicar meditación juntos al mismo tiempo y diariamente. La meditación particular requerida para crear este poderoso efecto social es una forma avanzada de Meditación Trascendental conocida como el programa TM-Sidhi.

Una característica fascinante del programa TM-Sidhi es que estimula las ondas cerebrales altamente coherentes para el meditador individual o TM-Sidha como se les llama. La importancia de esto es que un cerebro altamente coherente tiene acceso a facultades mentales y emocionales superiores que generalmente se encuentran inactivas cuando el cerebro está en un estado más estresado. Pero eso no es todo. Cuando se realiza en grupo esta meditación TM-Sidhi, no solo genera ondas cerebrales altamente coherentes para cada TM-Sidha, sino que también irradia este poderoso efecto de ondas cerebrales a la población circundante que no medita.

Sin embargo, para crear el efecto deseado para cualquier población dada, tenemos que tener números suficientes en el grupo. Super Radiance ocurre en el momento preciso en que los números en un grupo de TM-Sidhas alcanzan un tamaño equivalente a la raíz cuadrada del 1% de una población dada. En ese punto crucial hay una reducción inmediata y dramática de la hostilidad y la violencia dentro de la comunidad anfitriona, así como un aumento en la actividad creativa y la positividad.

Este cambio repentino en las tendencias sociales, activado en el momento en que una comunidad llega a Super Radiance, es tan consistente que el efecto se controla fácilmente a partir de estadísticas sociales disponibles al público.

El primer estudio de Super Radiance

El primer estudio de Super Radiance se realizó en junio de 1978 en el Estado de Rhode Island, EE. UU. Los investigadores predijeron que habría una mejora en un índice compuesto de calidad de vida (QOL) en Rhode Island cuando un grupo de 300 TM-Sidhas practicara su técnica de meditación en el Estado durante un período de tres meses desde junio de 1978 hasta septiembre de 1978.

La llegada de los TM-Sidhas aumentó la capacidad de la población de 5.045 personas que medita en TM para alcanzar el umbral de Super Radiancia para todo el Estado. Los investigadores compararon los datos durante el período de intervención de tres meses con datos mensuales similares disponibles para un período de siete años entre 1974 y 1980. El análisis de series de tiempo se utilizó para mejorar la precisión de los hallazgos. Los resultados confirmaron exactamente las predicciones hechas al comienzo del proyecto. Las estadísticas mostraron que el período del proyecto mostró una mejora significativa en un índice de calidad de vida en ocho factores variables. Estas variables fueron:

-Tasa de criminalidad total, estadísticas del FBI.
-Tasa de mortalidad, Oficina del Censo de los Estados Unidos.
-Tasa de mortalidad de vehículos automotores, Departamentos de Transporte RI y Delaware.
-Índice de accidentes automovilísticos, Departamentos de Transporte RI y Delaware.
-Tasa de desempleo, Departamento de Seguridad del Empleo, RI; Departamento de Trabajo, Delaware.
-Contaminación (partículas), Departamento de Gestión Ambiental, RI; Departamento de Recursos Naturales y Control Ambiental, Delaware.
-Tasa de consumo de cerveza, Asociación de Cerveceros de los Estados Unidos.
-Tasa de consumo de cigarrillos, Tobacco Tax Council, Richmond Virginia.

La investigación indica claramente una relación causal entre el número de TM-Sidhas que participan en el proyecto y la mejora de la calidad de vida en el Estado. Esta mejora de la calidad de vida contrastaba con los resultados observados para Delaware, el Estado utilizado como control para el estudio.

Autores de la investigación:
Dillbeck MC; Foss APO; y Zimmermann WJ, Maharishi University of Management, Fairfield, Iowa, EE. UU., y el Instituto de Investigación MERU, Mentmore, Buckinghamshire, Inglaterra, 1983.

Título de la investigación:
La conciencia como campo: el programa de Meditación Trascendental y TM-Sidhi y los cambios en los indicadores sociales.

Publicaciones:
The Journal of Mind and Behavior 8: 67-103, 1987. Investigación científica sobre la meditación trascendental de Maharishi y la prensa MERU del programa TM-Sidhi, volumen 4 de los documentos recopilados. Documento 321.

Amplia investigación sobre Super Radiance

Como resultado, cincuenta y tres proyectos de investigación llevados a cabo en numerosos países de todo el mundo durante los últimos cuarenta años muestran menos muertes por guerra, menos terrorismo, menos criminalidad, menos llamadas de emergencia, menos suicidios y accidentes, incluso menos consumo de alcohol.

En el aspecto económico, cuando una población en particular alcanza el umbral de Super Radiance, hay más empresas nuevas, más solicitudes de patentes, mejores índices bursátiles, menor inflación, mayores tasas de empleo, mayores tasas de crecimiento económico, etc.

Es importante señalar que esta transformación en las tendencias sociales negativas no es generada por ninguna interacción social o física por parte de los TM-Sidhas con el resto de la población. El efecto se crea de forma silenciosa y anónima e incluso se puede transmitir desde otros países.

Una característica importante del efecto Super Radiance es que cuanto más grande es el grupo, más desproporcionado es el impacto. Cuanto más grande es el grupo de TM-Sidhas, más amplio se extiende el efecto. Entonces, por ejemplo, para producir el efecto deseado para un país del tamaño del Reino Unido, necesitamos alrededor de 750 TM-Sidhas, para los Estados Unidos necesitamos alrededor de 1.800. Pero para todo el mundo de 7 mil millones de personas solo necesitamos unos 9.300 TM-Sidhas.

9.300 TM-Sidhas es todo lo que se requiere para lograr un cese inmediato de la guerra y la violencia política en todo el mundo. Esta es la razón por lo cual el objetivo final del Grupo de Paz Mundial es establecer un grupo global Super Radiance permanente.

La transición de fase

La transformación inmediata generada por la raíz cuadrada del efecto 1% a veces se denomina “transición de fase". Los científicos usan el término transición de fase para denotar el cambio en una característica de un sistema físico que resulta en una transición discreta de ese sistema a otro estado. Por ejemplo, la ebullición del agua es una transición de fase del agua de una fase líquida a una fase gaseosa y se activa exactamente a 100 grados, no antes.

La transición de la fase Super Radiance comienza inmediatamente, la raíz cuadrada de la cifra del 1% se ha alcanzado para cualquier población dada, no antes. El proceso, una vez iniciado, es realmente muy rápido. Las personas que lo han experimentado dicen que es casi como encender un interruptor de luz.

El fenómeno de la raíz cuadrada del efecto 1% se ha llamado efecto Super Radiance debido a su paralelo con el fenómeno de super radiance en física. La súper radiancia se ejemplifica con la generación de luz altamente coherente en los láseres. Mientras que, en la luz ordinaria, la intensidad es proporcional al número de fotones, la intensidad de la luz láser es proporcional al cuadrado del número de fotones.

Meditación para la paz mundial

El efecto de la Super Radiance inspiró un ambicioso proyecto de investigación de paz global. Aunque el período de estudio duró solo tres semanas desde diciembre de 1983 hasta enero de 1984, los resultados fueron profundamente dramáticos y demostraron una vez más el increíble poder del efecto Super Radiance.

El proyecto atrajo a un máximo de 8.000 TM-Sidhas de 50 países diferentes que se unieron para meditar en el campus de la Universidad de Administración de Maharishi en Iowa. En ese momento, 6.900, era la raíz cuadrada del 1% para la población mundial de aproximadamente 5 mil millones de personas. Esta cifra era el número mínimo requerido para mantener la coherencia y la positividad en la conciencia mundial.

Aunque la duración del proyecto de paz global fue de tres semanas, la cifra de coherencia global solo se alcanzó durante un total de nueve días durante ese período. Los investigadores predijeron que habría mejoras en los nueve indicadores sociales y eso fue exactamente lo que sucedió. Obviaremos aquí la extensión técnica del estudio, pero, para aquellos lectores interesados, reproducimos a continuación los datos esenciales de dicho estudio:

Autores de la investigación:
Orme-Johnson DW; Cavanaugh KL; Alexander CN; Gelderloos P; Dillbeck M; Lanford AG; y Abou Nader TM.

Institutos de investigación:
-Departamento de Psicología y Departamento de Gestión y Asuntos Públicos, Universidad de Gestión de Maharishi, Fairfield, Iowa, EE. UU.,
-Departamento de Nutrición y Ciencias de los Alimentos, Instituto de Tecnología de Massachusetts, Cambridge, Massachusetts, EE. UU., 1984.

Título del estudio:
La influencia de la Tecnología Maharishi del Campo Unificado en los eventos mundiales y los indicadores sociales globales: Los efectos de la Asamblea “Taste of Utopia”.

Publicación:
Los artículos recopilados de Investigación científica sobre la meditación trascendental de Maharishi y el programa TM-Sidhi Volumen 4, documento 337.

Fuente de la información: www.worldpeacegroup.org/super_radiance.html

4 - BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN SEGÚN ESTUDIOS CIENTÍFICOS

Este trabajo es de una gran extensión por su profundidad investigativa, por tanto, voy a obviar las citas completas de las investigaciones científicas, las cuales estarán disponible en el artículo original, y tan solo citaré los beneficios y las conclusiones de la meditación según la ciencia corrobora mediante sus investigaciones empíricas. Veamos pues, a continuación, la investigación científica de la meditación.

Beneficios de la meditación en la felicidad

Conclusiones de la investigación:
BKRM ayuda a aumentar significativamente la autosatisfacción y la felicidad en la vida al mejorar el pensamiento positivo. Independientemente de la edad y los años de práctica de meditación a corto o largo plazo, el pensamiento positivo mejorado aumenta la autosatisfacción y la felicidad en la vida.

La meditación combate la depresión

Conclusiones de la investigación:
Una gran cantidad de evidencia indica que las terapias de meditación pueden tener efectos saludables en pacientes con trastornos depresivos clínicos durante las fases aguda y subaguda del tratamiento. Debido a deficiencias metodológicas y heterogeneidad de los ensayos, se necesitan ensayos controlados aleatorios a gran escala con intervenciones comparativas bien descritas y medidas de expectativa para aclarar el papel de la meditación en el arsenal de tratamiento de la depresión.

La meditación reduce la ansiedad

Conclusiones de la investigación:
Los médicos deben ser conscientes de que los programas de meditación pueden dar como resultado reducciones pequeñas o moderadas de múltiples dimensiones negativas del estrés psicológico. Por lo tanto, los médicos deben estar preparados para hablar con sus pacientes sobre el papel que podría tener un programa de meditación para abordar el estrés psicológico. Se necesitan diseños de estudio más sólidos para determinar los efectos de los programas de meditación en la mejora de las dimensiones positivas de la salud mental y el comportamiento relacionado con el estrés.

Muchas personas usan la meditación para tratar el estrés y las afecciones relacionadas con el estrés y para promover la salud general. Para aconsejar adecuadamente a los pacientes, los médicos necesitan saber más sobre los programas de meditación y cómo pueden afectar los resultados de salud. Los programas de capacitación en meditación varían de varias maneras, incluido el tipo de actividad mental promovida, la cantidad de capacitación recomendada, el uso y las calificaciones de un instructor y el grado de énfasis en la religión o la espiritualidad. Algunas técnicas meditativas se integran en un enfoque alternativo más amplio que incluye terapias dietéticas y/o de movimiento (p. Ej., Ayurveda o yoga).

La meditación alivia el estrés

Conclusiones de la investigación:
MBSR es moderadamente efectivo para reducir el estrés, la depresión, la ansiedad y la angustia y para mejorar la calidad de vida de las personas sanas; sin embargo, se justifica más investigación para identificar los elementos más efectivos de MBSR.

Beneficios de la meditación en el cerebro

Conclusiones de la investigación:
Los participantes del grupo de meditación informaron que pasaron un promedio de 27 minutos cada día practicando ejercicios de atención plena, y sus respuestas a un cuestionario de atención plena indicaron mejoras significativas en comparación con las respuestas previas a la participación. El análisis de imágenes de RM, que se centró en áreas donde se observaron diferencias asociadas a la meditación en estudios anteriores, encontró una mayor densidad de materia gris en el hipocampo, que se sabe que es importante para el aprendizaje y la memoria, y en estructuras asociadas con la autoconciencia, la compasión y la introspección. Las reducciones del estrés informadas por los participantes también se correlacionaron con una disminución de la densidad de la materia gris en la amígdala, que se sabe que juega un papel importante en la ansiedad y el estrés. Aunque no se observaron cambios en una estructura asociada a la autoconciencia llamada ínsula, que habían sido identificados en estudios anteriores, los autores sugieren que la práctica de meditación a largo plazo podría ser necesaria para producir cambios en esa área. Ninguno de estos cambios se observó en el grupo de control, lo que indica que no fueron resultado simplemente del paso del tiempo.

La meditación despliega la creatividad

Conclusiones de la investigación:
El objetivo de nuestro estudio es evaluar la posibilidad de que diferentes tipos de meditación (OM vs. FA) induzcan o sesguen a las personas hacia estados particulares de control cognitivo. Se suponía que la meditación OM inducía un estado de control cognitivo relativamente “distribuido” que se caracteriza por un sesgo débil de arriba hacia abajo del procesamiento de la información y una competencia local débil entre pensamientos alternativos, mientras que se suponía que la meditación FA inducía un estado de control cognitivo relativamente centrado caracterizado por un fuerte control de arriba hacia abajo y una fuerte competencia local. Si es así, se esperaría que la práctica de meditación OM facilite el pensamiento divergente, según lo evaluado por el AUT, pero no el pensamiento convergente. Y esto es exactamente lo que muestran los datos: las personas sobresalen en la tarea AUT después de la meditación OM.

Nuestra segunda predicción fue que la práctica de meditación FA debería facilitar el pensamiento convergente, según lo evaluado por la RAT, pero no el pensamiento divergente. Aunque el rendimiento RAT fue mejor después de la meditación FA, este aumento estuvo lejos de ser significativo. Sin embargo, los puntajes del estado de ánimo muestran que ambos tipos de meditación practican el estado de ánimo elevado de maneras comparables. Dado que el estado de ánimo elevado facilita el pensamiento divergente, en lugar de convergente, e incluso puede interferir con este último ( Akbari Chermahini y Hommel, en prensa), es posible que la práctica de la meditación haya afectado el pensamiento convergente de dos maneras opuestas: el carácter enfocado de la meditación podría haber mejorado el rendimiento del pensamiento convergente, mientras que el aspecto relajante del procedimiento podría haberlo obstaculizado. Sin embargo, en este punto, esto sigue siendo una especulación que requiere más investigación, tal vez utilizando una práctica más extensa.

La meditación reduce el dolor físico

Conclusiones de la investigación:
Después de 4 días de entrenamiento de meditación de atención plena, la meditación en presencia de estimulación nociva redujo significativamente la incomodidad del dolor en un 57% y las calificaciones de intensidad del dolor en un 40% en comparación con el descanso. Se utilizó un ANOVA de medidas repetidas de dos factores para identificar las interacciones entre la meditación y la activación cerebral relacionada con el dolor. La meditación redujo la activación relacionada con el dolor de la corteza somatosensorial primaria contralateral. El análisis de regresión múltiple se usó para identificar regiones cerebrales asociadas con diferencias individuales en la magnitud de las reducciones de dolor relacionadas con la meditación. Las reducciones inducidas por la meditación en las clasificaciones de intensidad del dolor se asociaron con una mayor actividad en la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, áreas involucradas en la regulación cognitiva del procesamiento nociceptivo. Las reducciones en los índices de desagrado del dolor se asociaron con la activación de la corteza orbitofrontal, un área implicada en la reformulación de la evaluación contextual de los eventos sensoriales. Además, las reducciones en el dolor desagradable también se asociaron con la desactivación talámica, que puede reflejar un mecanismo de activación límbico involucrado en la modificación de las interacciones entre la entrada aferente y las áreas cerebrales de orden ejecutivo. Juntos, estos datos indican que la meditación involucra múltiples mecanismos cerebrales que alteran la construcción de la experiencia del dolor subjetivamente disponible a partir de información aferente.

Beneficios de la meditación para fumadores

Conclusiones de la investigación:
El 88% de las personas que recibieron MT y el 84% de las personas que recibieron FFS completaron el tratamiento. En comparación con los asignados al azar a la intervención FFS, las personas que recibieron MT mostraron una mayor tasa de reducción en el uso de cigarrillos durante el tratamiento y mantuvieron estas ganancias durante el seguimiento (F = 11.11, p = .001). También mostraron una tendencia hacia una mayor tasa de abstinencia de prevalencia puntual al final del tratamiento (36% frente a 15%, p = 0,063), que fue significativa en el seguimiento de 17 semanas (31% frente a 6%, p = .012). Esta prueba inicial del entrenamiento de atención plena puede conferir beneficios mayores que los asociados con los tratamientos estándar actuales para dejar de fumar.

La meditación reduce el riesgo de sufrir una enfermedad del corazón

Conclusiones de la investigación:
Una intervención seleccionada mente-cuerpo, el programa TM, redujo significativamente el riesgo de mortalidad, infarto de miocardio y accidente cerebrovascular en pacientes con enfermedad coronaria. Estos cambios se asociaron con una presión arterial más baja y factores de estrés psicosocial. Por lo tanto, esta práctica puede ser clínicamente útil en la prevención secundaria de enfermedades cardiovasculares.


Resumen de este artículo:

Es gracia a la sapiencia de Ken Wilber como puedo afirmar que, la trascendencia metafísica mediante la meditación, es el fundamento para la filosofía transpersonal, la cual es postulada en una cuestión de sentido para la argumentación epistemológica y pedagógica de una educación tranracional como misión espiritual . Solamente de ese modo se me antoja que será posible salvar el abismo cultural de la humanidad desde que Kant diferenció mediante sus Tres críticas al “ello” (ciencia), el “yo” (conciencia) y el “nosotros” (moral), dicho ello en términos socráticos: “Aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a sí mismo”. La integración de esas tres esferas kantianas solo es posible en el interior de cada uno de nosotros mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez como premisas que deben ser aprehendidas en el camino ascendente de la sabiduría propio del cuadrante superior izquierdo de la interioridad individual.

Con la anterior argumentación, la meditación queda habilitada desde la hermenéutica filosófica. Ahora bien, ¿qué tienen que decir las investigaciones científicas acerca de la meditación? ¿La meditación desde la hermenéutica filosófica puede ser avalada epistemológicamente por la ciencia? ¿Es posible, por tanto, una integración entre la epistemología y la hermenéutica? Así creo haberlo demostrado en mi artículo científico La filosofía transpersonal como una hermenéutica complementaria a la epistemología: fundamentos para una educación transracional. No obstante, las aportaciones científicas avalan la meditación como camino metafísico de introspección, así como una herramienta para la sanación transcendental de la humanidad.

Los beneficios de la meditación, avalados científicamente, constituyen una puerta de acceso a la espiritualidad, a esa metafísica que, hasta ahora, estaba desahuciada por los materialistas científicos. Dicho de otro modo, la epistemología de lo conmensurable (ciencia) y la hermenéutica de lo inconmensurable (espíritu) hallan un punto de intersección mediante los beneficios de la meditación demostrados científicamente. He ahí, precisamente, en la síntesis de saberes entre la epistemología y la hermenéutica, donde cada cual puede aprehenderse a uno mismo como conciencia de unidad mediante una auténtica intuición espiritual. Y, ello, se constituye entonces en un anclaje epistemológico para considerar a la filosofía transpersonal de Ken Wilber como un nuevo paradigma de conocimiento, cuyo objeto de estudio es la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia.

Dicho despertar espiritual ya no es una cuestión individual solamente, sino también un inherente deber de la colectividad humana, de ahí la necesidad de una educación transracional, pues como se ha visto anteriormente, es posible la sanación trascendental desde la infancia gracias a la aplicación práctica de la meditación en los centros escolares. Y dicho despertar espiritual, tanto individual como colectivo, conduce ineludiblemente a considerar al amor como nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta, una cuestión que es preciso abordar en el siguiente capítulo.
Ver más


Dios como una experiencia mística

5 - DIOS COMO UNA EXPERIENCIA MÍSTICA

Resumen del artículo anterior: 4 - DIOS Y EL MISTERIO DE LA VIDA

La fractura dualista entre la ciencia y la espiritualidad, que dura más de dos mil años, ha abocado en un callejón sin salida para la razón humana, hasta que la filosofía cuántica transcendió el paradigma de la física clásica, lo cual llevó a muchos científicos espirituales buscar la integración de la ciencia y Dios desde la no-dualidad.

Desde el surgimiento de la física cuántica, se ha producido un giro copernicano desde el “ver para creer” al “creer para ver”, abriendo así las puertas de la genuina espiritualidad no-dual: la filosofía perenne o filosofía del misticismo. En ese intento de resolver el misterio de la vida han intervenido muchos científicos espirituales como Fritjof Capra, Ken Wilber, Amit Goswami, Rupert Sheldrake, Joe Dispenza, Jean-Pierre Garnier Malet, por citar algunos de los más importantes pensadores que nos proporcionan una renovada racionalidad envuelta en una espiritualidad cuántica.

Esos vanguardistas investigadores abrieron una brecha para transcender la racionalidad hacia la espiritualidad de un modo psicológico e histórico, una brecha cognitiva que daría consistencia epistemológica a la psicología transpersonal, así como a la filosofía transpersonal.

Ese viaje espiritual fue denostado como “misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, sin embargo, la historia ha llegado a un punto de inflexión donde, la fractura dualista entre la ciencia y Dios, solamente se puede salvar con la contemplación de la no-dualidad: un misterio desvelado en un esquema epistemológico para argumentar a la filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica.

La dualidad entre razón y metafísica durante más de dos mil años, ha sido un problema epistemológico que ha perdurado en la filosofía occidental y su ciencia, y que solamente se puede resolver desde la filosofía del misticismo para alcanzar una conciencia de unidad cuya máxima expresión es el amor.

Por tanto, la experiencia mística (no-dual) es un camino ascendente hacia la sabiduría para, seguidamente, expresar dicha sabiduría como amor: ahí reside todo misterio de la vida. Aprehender dicho conocimiento es una intuición espiritual no-dual que permite la sanación transcendental del ser humano al implementar la razón con el corazón.

Consecuentemente, se hace necesario asimismo abordar la experiencia de Dios como una experiencia mística, una profunda cuestión para el próximo artículo.

1 – LA EXPERIENCIA MÍSTICA

Si bien la experiencia mística es una experiencia personal e intransferible, hay que investigar si es posible sacar conclusiones comúnmente válidas para hallar unos parámetros objetivos de comprensión, incluso certezas científicas por aquellos que han investigados dichos estados numinosos.

¿Somos todos potencialmente místicos? ¿Cuál es la relación entre mística y esquizofrenia? ¿Cómo interpretar el testimonio de los grandes místicos? ¿Qué tuvieron en común el Buda, Jesús, Plotino, Dante, Santa Teresa, William Blake y Edgar Allan Poe? ¿Cuál es el influjo de las drogas? ¿Cuántos son los estados de conciencia?

En La experiencia mística y los estados de conciencia, se recopila en un solo volumen los ensayos más importantes que se han escrito sobre el tema general de los estados superiores de conciencia. Contrastando las opiniones de distintos autores -algunos tan relevantes como Bucke, Huxley, Watts, Wilber o Maslow-, dicha obra intenta encontrar el denominador común de una serie de experiencias que han sido llamadas diferentemente: "conciencia cósmica", "experiencia cumbre", "inconsciente trascendental". Mientras una parte de los autores sitúa el fenómeno de los estados superiores de conciencia dentro de un contexto místico-religioso, otros optan por una descripción en términos psicológicos. La yuxtaposición de estos diversos enfoques configura un diálogo enormemente útil -y de lectura apasionante- sobre el tema eterno de la experiencia trascendental.

Como complemento a dicha obra, se reproduce también a continuación citas extraídas de la Tesis Doctoral de Iker Puente, titulada Complejidad y Psicología Transpersonal: Caos, autoorganización y experiencias cumbre en psicoterapia (Universidad Autónoma de Barcelona, 2014):

El pensamiento occidental, especialmente el cristianismo y la obra de algunos místicos cristianos, ejercen una influencia importante sobre el desarrollo y los planteamientos de la psicología transpersonal, sobre todo en relación a la importancia otorgada y la forma de entender conceptos como la espiritualidad, el misticismo, la unidad, el desapego y la experiencia mística. Especialmente influyentes fueron las obras de algunos místicos cristianos como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Maestro Eckhart, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, los relatos que realizaron de sus experiencias místicas. Durante mucho tiempo, el término empleado en Occidente para referirse a este tipo de experiencias y prácticas era el de contemplación, y solo recientemente se comenzaron a emplear de forma extensa los términos místico y misticismo. Los místicos cristianos generalmente describían el camino hacia el éxtasis o la trascendencia como una escalera que partía de la tierra hasta llegar al cielo, y que el místico tenía que recorrer peldaño a peldaño. Esta escalera tendría tres estadios principales:la vida purgativa, la vida iluminativa y la vida unitiva. La meta del místico es alcanzar la vida unitiva, que se entiende como un estado de perfecta contemplación. La vida purgativa implica la autodisciplina, el aislamiento y el ascetismo; es un estado en el que permanece la visión dualista del mundo, y en el que se concentra la atención en la propia individualidad. En la vida iluminativa se deben concentrar todos los sentimientos y pensamientos en Dios. La vida unitiva es la esencia de todo misticismo; en este estado se produce la aniquilación del yo y la unión con la divinidad, superándose todo dualismo. (pp. 210-211).

Uno de los estudios clásicos sobre el misticismo cristiano fue realizado a principio de siglo por Evelyn Underhyll. Esta autora parte de una perspectiva espiritual-trascendental, ya que considera que la esencia del misticismo es la conciencia directa y la unión última con lo Absoluto, con la Realidad Divina. Asimismo, señala cuatro pruebas de la experiencia mística: 1) el misticismo es práctico, se caracteriza por la experiencia directa y la acción; 2) es una actividad complementaria espiritual y trascendente; 3) la tarea y el método del misticismo es el amor; 4) entraña una experiencia psicológica concreta. (p. 212).

Huxley afirma que la Verdad única y universal de la filosofía perenne se puede hallar en el núcleo de las enseñanzas místicas de las diferentes tradiciones religiosas. Los místicos de las diferentes épocas y culturas pueden trascender los esquemas conceptuales propios de su cultura durante sus experiencias místicas, accediendo a una comprensión directa e intuitiva de la realidad. Por lo tanto, los perennialistas distinguen entre la experiencia mística, que es universal y atemporal, y su interpretación, que estaría determinada por la cultura y el momento histórico. La experiencia mística es siempre la misma, aunque las interpretaciones sean diferentes. (p.217).

Ferrer resume las características comunes compartidas por las diferentes tradiciones religiosas que señalan los defensores modernos de la filosofía perenne. Los principios fundamentales que se encuentran en el núcleo de la filosofía perenne serían los siguientes (pp.217-218):

1 - El Espíritu es el fundamento primordial ontológico, epistemológico y axiológico del cosmos. El Espíritu, la Conciencia Pura o la Mente Universal es la esencia fundamental de la naturaleza humana y de la totalidad de la realidad.

2 - La realidad es ontológicamente idéntica al Espíritu que la origina. Este espíritu es inmanente y trascendente al mismo tiempo y es, en esencia, idéntico a la consciencia humana más profunda.

3 - Creencia en una cosmología involutiva, que afirma que el universo físico es el resultado de un proceso de emanación, restricción o involución del Espíritu.

4 - Ontología y axiología jerárquicas. Creencia en que la realidad está compuesta por varias capas o niveles de existencia jerárquicamente organizados, idea conocida como la Gran Cadena del Ser. Los niveles superiores de la jerarquía están más próximos al espíritu, y por tanto son más reales y valiosos.

5 - Epistemología jerárquica. Teoría del conocimiento que afirma que el conocimiento de los reinos superiores de la ontología jerárquica es más esencial y revela más sobre la realidad. Por lo tanto, es un conocimiento más valioso y verdadero.

Las ideas y principios de la filosofía perenne influyeron de diversas formas en numerosos psicólogos transpersonales, incluyendo a Stanislav Grof y Ken Wilber. Pero posteriormente la filosofía perenne ha sido criticada dentro del movimiento transpersonal por diversas razones, entre ellas, por hacer hincapié en las similaridades entre las experiencias místicas y la filosofía de diferentes culturas, pasando por alto y menospreciando las diferencias que se encuentran entre ellas. (pp. 217-218).

Francisco Rubia, en su libro sobre la experiencia mística desde el campo de la neurobiología afirma: “A pesar de la dificultad que encuentran los místicos para traducir sus experiencias en palabras, lo que se conoce como inefabilidad, tenemos, sin embargo, muchos informes que atestiguan su enorme carga afectiva y su capacidad de transformación de la conducta posterior de los sujetos de estas experiencias”. (p.340).

A las anteriores aportaciones científicas desde campos como la psicología y la neurobiología, cabe sumar otras consideraciones desde la filosofía cuántica como, por ejemplo, las realizadas por el Premio Nobel de Física Wolfgang Pauli, quien nos remite a la consideración del lúcido misticismo platónico. Veamos ellos en el siguiente artículo.

2 - EL LÚCIDO MISTICISMO PLATÓNICO

Wolfgang Pauli, premio Nobel de Física en 1945, realizó profundas contribuciones positivas a la física, incluyendo el famoso “principio de exclusión” y la predicción de la existencia del neutrino veinte años antes de que fuera descubierto. Pauli insistía en que la racionalidad tenía que venir complementada por la mística, y su amigo personal y colega Werner Heisenberg escribió un bello resumen que es recogido por Ken Wilber en Cuestiones cuánticas, una obra que recoge los escritos místicos de los físicos más famosos del mundo.

Para Pauli, un primer tema central de reflexión filosófica fue el proceso mismo de conocimiento, especialmente del conocimiento natural, que encuentra su última expresión racional en el establecimiento de leyes de la naturaleza matemáticamente formuladas. Pauli no se daba por satisfecho con la concepción puramente empirista, según la cual las leyes naturales únicamente pueden derivarse de los datos experimentales. Más bien estaba de parte de quienes “subrayan el papel de la intuición y el manejo de la atención en la estructuración de los conceptos e ideas necesarias para establecer un sistema de leyes naturales”. Ideas que, por lo general, van mucho más allá de la mera experiencia. Pauli, por tanto, buscaba el lazo de la conexión entre las percepciones sensoriales, por una parte, y los conceptos, por otra.

Todos los pensadores consecuentes han llegado a la conclusión de que la pura lógica es fundamentalmente incapaz de construir dicho lazo entre las percepciones sensoriales y los conceptos. Lo más satisfactorio, al entender de Pauli, es introducir en este punto el postulado de que en el cosmos existe un orden distinto del mundo de las apariencias, y que escapa a nuestra capacidad de elección. Lo cierto es que la relación entre la percepción sensible y la Idea sigue siendo una consecuencia del hecho de que tanto el alma como lo que se conoce por medio de la percepción están sujetos a un orden objetivamente concebido. El puente que conduce desde los datos experimentales, inicialmente desordenados, hasta las Ideas, lo ve Pauli en ciertas imágenes primigenias que preexisten en el alma, los arquetipos de que habla Kepler y también la psicología moderna. Estas imágines primordiales -aquí Pauli está de acuerdo en gran medida con Jung- no están localizadas en la conciencia, ni están relacionadas con ideas concretas formuladas racionalmente. Son, más bien, formas que pertenecen a la región inconsciente del alma humana, imágines dotadas de un poderoso contenido emocional y que no brotan a través del pensamiento, sino que son contempladas, por así decir, imaginativamente. Esta concepción del conocimiento natural proviene, obviamente, en lo esencial, de Platón.

Como dice Pauli: “La mente parece moverse a partir de un centro interior hacia fuera, por un movimiento como de extraversión hacia el mundo físico, donde se supone que todo sucede de modo automático, de manera que se diría que el espíritu abarca serenamente al mundo físico con sus Ideas”. Así pues, la ciencia natural de la época moderna implica una elaboración cristiana del “lúcido misticismo” platónico, para el cual el fundamento unitario del espíritu y la materia reside en las imágenes primordiales, donde tiene también lugar la comprensión, en sus diversos grados y clases, incluso hasta el conocimiento de la palabra de Dios. Pero Pauli añade una advertencia: “Este misticismo es tan lúcido que es capaz de ver más allá de numerosas oscuridades, cosa que los modernos no podemos ni nos atrevemos a hacer”.

En el centro del pensamiento filosófico de Pauli estaba el deseo de una comprensión unitaria del mundo, una unidad en la que estuviese incorporada la tensión de los opuestos, por lo cual saludó a esa interpretación de la teoría cuántica como a la inauguración de un nuevo modo de pensar, que permita expresar aquella unidad con mayor facilidad que entonces. Pauli llegó a pensar que el terreno árido atravesado por la moderna física atómica y por la psicología moderna permitía intentar una vez más emplear ese único lenguaje: “En la física actual tenemos una realidad invisible (la de los objetos atómicos) en la que el observador interviene con una cierta libertad (viéndose por ello enfrentado a alternativas de “elección y sacrificio”); por otra parte, en la psicología del inconsciente nos encontramos con procesos que no pueden atribuirse siempre sin ambigüedad alguna a un sujeto determinado. Habríamos encontrado así un modo de expresar la unidad entre todos los seres, que trascendería la causalidad de la física clásica como forma de correspondencia (Bohr); unidad, de la cual son casos especiales la interrelación psicofísica y la coincidencia de las formas instintivas de ideación a priori con las percepciones externas.

Sin embargo, dice Pauli, creo que a todo aquel para quien un racionalismo estrecho ha perdido todo atractivo, y para quien tampoco resulta suficientemente poderoso el encanto de una actitud mística, que considera sencillamente ilusoria la oprimente multiplicidad del mundo exterior, no le queda más remedio que exponerse a la intensa acción de los opuestos y sufrir los conflictos consiguientes. Precisamente obrando así, puede el sujeto encontrar más o menos conscientemente un camino interior de salvación. Lentamente surgen entonces imágenes, fantasías o Ideas internas que compensan la situación exterior y revelan como posible la aproximación entre los polos de la antítesis. Considera Pauli que el anhelo de superación de los opuestos, extensivo al logro de una síntesis que abarque a un tiempo a la comprensión racional y a la experiencia mística de la unidad, constituye el mito, confesado o no, de nuestro tiempo y de la época actual.

Se puede gritar más alto, pero no decirlo más claro: el Premio Nobel de Física Wolfgang Pauli nos dice que la racionalidad debe complementarse con la mística, y que solo así se puede transcender la fractura dualista creada por los opuestos, en el caso que nos ocupa, entre los ascendentes (Dios) y los descendentes (ciencia). A dichas aseveraciones, recordémoslo una vez más, la obra de Ken Wilber Cuestiones cuánticas recoge los escritos místicos de los físicos más famosos del mundo.

Llegamos así a este punto de la disertación en que la ciencia y la mística son vistas, no como opuestas, sino como complementarias para trascender la fractura dualista entre los ascendentes y los descendentes. Ahora bien, ¿cómo realizar el puente cognitivo entre la ciencia como conocimiento empírico y el conocimiento revelado a través de la mística? ¿Cómo enlazar el conocimiento dual exterior a través de los sentidos y la experiencia mística no-dual? La meditación es la respuesta, y vamos a ver ello en el siguiente artículo.


Resumen de este artículo:

La experiencia mística es una experiencia personal e intransferible, pero, guarda relación con los estados de conciencia, tal como aborda la obra La experiencia mística y los estados de conciencia, avalada dicha tesis por renombrados investigadores como Bucke, Huxley, Watts, Wilber o Maslow.

Como complemento a lo anterior, los estados de conciencia son estudiados por el movimiento transpersonal, y también por la psicología transpersonal mediante la Tesis Doctoral de Iker Puente. La psicología transpersonal, dentro del pensamiento occidental, está fundamentada con algunos místicos cristianos como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Maestro Eckahrt, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Esos iniciales estadios de conciencia son delimitados mediante una escalera ascendente con tres estadios: la vida purgativa, la vida iluminativa y la vida unitiva.

Uno de los estudios clásicos sobre el misticismo cristiano fue realizado por Evelyn Underhyll, la cual postula una perspectiva espiritual-transcendental con cuatro pruebas de la experiencia mística: 1) el misticismo es práctico, se caracteriza por la experiencia directa y la acción; 2) es una actividad complementaria espiritual y trascendente; 3) la tarea y el método del misticismo es el amor; 4) entraña una experiencia psicológica concreta.

Los defensores modernos de la filosofía perenne (o filosofía del misticismo) han hallado cinco principios fundamentales: 1) el Espíritu es el fundamento primordial ontológico, epistemológico y axiológico del cosmos; 2) la realidad es ontológicamente idéntica al Espíritu que la origina; 3) creencia en una cosmología involutiva, donde, el universo físico es el resultado de la involución del Espíritu; 4) ontología y axiologías jerárquicas: la realidad está organizada jerárquicamente y es conocida como Gran Cadena del Ser; 5) epistemología jerárquica: teoría del conocimiento que afirma que el conocimiento de los reinos superiores de la ontología jerárquica es un conocimiento más valioso y verdadero.

Como se ha visto, la experiencia mística tiene un sustrato cristiano en la cultura occidental, también en la psicología transpersonal, así como en las neurociencias, cuyo corolario son las aportaciones desde la física cuántica, en boca del Premio Nobel Wolfgang Pauli: “La racionalidad tiene que ser complementada por la mística”. Pauli recupera el lúcido misticismo platónico, y Wilber en su obra Cuestiones cuánticas recoge los escritos místicos de los físicos más famoso del mundo.

Llegamos así a este punto de la disertación en que la ciencia y la mística son vistas, no como opuestas, sino como complementarias para trascender la fractura dualista entre los ascendentes y los descendentes. Ahora bien, ¿cómo realizar el puente cognitivo entre la ciencia como conocimiento empírico y el conocimiento revelado a través de la mística? ¿Cómo enlazar el conocimiento dual exterior a través de los sentidos y la experiencia mística no-dual? La meditación es la respuesta, y vamos a ver ello en el siguiente artículo.
Ver más


Dualidad y no-dualidad

4 - DIOS Y EL MISTERIO DE LA VIDA

Resumen del artículo anterior: 3 - DIOS EN LA CIENCIA

El criterio de demarcación entre ciencia y religión, o la relación entre la ciencia y Dios, ha sido un arduo debate en la filosofía de la ciencia occidental. El ejemplo más emblemático ha sido la posición contrapuesta entre Richard Dawkins y Rupert Sheldrake, respectivamente, con sus obras El espejismo de Dios y El espejismo de la ciencia.

Sin embargo, lo que pocos ortodoxos científicos caen en cuenta es que la física cuántica desintegró la “rígida estructura” del conocimiento dualista en la que se sustenta el materialismo científico. Y que, la consideración de la filosofía perenne (filosofía del misticismo) desde el surgimiento de la filosofía cuántica, inauguró una nueva época en la que cada vez más científicos integraron a Dios en la ecuación del conocimiento.

En dicha línea de pensamiento, el biólogo Bruce Lipton con su obra La biología de la creencia, asestó un golpe definitivo al darwinismo oficial al afirmar que no somos víctimas de nuestros genes sino los dueños y señores de nuestros destinos, a la vez que proporcionó las bases para la ciencia y la filosofía de las medicinas alternativas, así como para la sabiduría espiritual. Bruce Lipton se define a sí mismo como un científico espiritual, y que debemos considerar al espíritu si queremos mejorar nuestra salud mental y física.

Bruce Lipton es un ejemplo muy relevante en la integración de Dios en la ciencia, pero es digno de considerar a otros pensadores como, por ejemplo, Fritjof Capra, cuyas numerosas publicaciones establecieron las relaciones entre el universo descubierto por la física moderna y el misticismo antiguo, principalmente oriental. También Ken Wilber, en su obra El espectro de la conciencia, realiza una síntesis de religión, física y psicología, refutando la filosofía del materialismo. Del mismo modo, Wilber en su obra Ciencia y Religión, muestra de qué manera la ciencia es perfectamente compatible con las grandes tradiciones espirituales del mundo y abre con ello la visión occidental a las grandes tradiciones de la sabiduría perenne. Wilber es un pionero en establecer que existen dos modos de saber: el saber científico (epistemología de lo conmensurable) y la perenne espiritualidad (hermenéutica de lo inconmensurable).

La contienda ideológica entre la ciencia y la espiritualidad, entre el saber empírico y el saber revelado, entre la razón y el espíritu, es resuelta mediante esos dos modos de saber: el conocimiento simbólico (dualidad entre sujeto-objeto) y el misticismo contemplativo (no-dualidad entre sujeto-objeto). El modo espiritual de conocimiento ha sido peyorativamente tildado como “misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, sin embargo, argumentado como un nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica.

Con lo anteriormente expuesto, es imperativa una nueva cosmología entre ciencia y espíritu, ya que la historia del pensamiento ha devenido dogmáticamente en una filosofía materialista y en reduccionismo psicológico al dejar a Dios fuera de la ecuación del conocimiento. Las diferentes interpretaciones de la mecánica cuántica que aúnan ciencia y espiritualidad mediante la recuperación de la filosofía perenne, posibilitan fortalecer el movimiento transpersonal como “cuarta fuerza” psicológica. Esa trascendencia holística desde la razón hacia el espíritu permite la tan deseada integración del “yo” (subjetividad), el “nosotros” (intersubjetividad cultural) y el “ello” (ciencia y naturaleza) que fueron diferenciados por Kant mediante sus Tres críticas.

La aprehensión cognitiva de todo lo argumentado como criterio de demarcación entre ciencia y espiritualidad, se constituye en un nuevo paradigma de conocimiento amparado en la filosofía transpersonal como disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, cuestión argumentada pedagógica y epistemológicamente en mi obra La educación cuántica.

La ciencia clásica se construyó con el método cartesiano de analizar el mundo descomponiéndolo en partes: un reduccionismo determinista del universo relacionado con la imagen de la naturaleza funcionando como un reloj preciso, una idea muy querida por Einstein. Sin embargo, desde el surgimiento de la física cuántica, esa figura mecánica y determinista ya no es posible, en palabras de Hawking: “ Dios juega a los dados con el universo”.

Si una cosa queda clara, es que el milagro de la vida sigue siendo un misterio por resolver, y que la ciencia materialista ha quedado obsoleta si no es con la contemplación de nuestra relación con Dios. En el siguiente artículo analizaremos esa relación de Dios con el misterio de la vida.


1- EL MISTERIO DE LA VIDA

La paradoja de nuestro tiempo es que la física cuántica remite al sujeto cognoscente como centro del universo por conocer, remitiendo a su profundidad intelectual y espiritual. Así fue como en los años setenta del siglo pasado, el doctor en física teórica Fritjof con su obra El Tao de la física, explora los paralelismos entre la física cuántica y los principios del aprendizaje místico oriental.

Fritjof Capra considera que en el intento por comprender el misterio de la vida, el ser humano ha seguido diferentes caminos, entre ellos el del científico y el del místico, una cuestión vista en los dos modos de saber de la mano de Ken Wilber. La tesis que plantea Capra es: los conceptos de la física moderna llevan a una visión del mundo muy similar a la de los místicos de todas las épocas y tradiciones. La finalidad del ensayo es explorar la relación entre tales conceptos, motivado por la creencia de que los temas básicos que utiliza para comparar la física con el misticismo serán confirmados, más que invalidados por futuras investigaciones. Capra aclara la naturaleza del conocimiento que se va a comparar y el lenguaje en el cual ha sido expresado dicho conocimiento. Compara el conocimiento racional con el intuitivo: en la física se utiliza el método científico y como técnica la experimentación; en el misticismo el método es el yoga o la devoción y la técnica, la meditación. Una magistral lección de Capra.

Así, son cada vez más los científicos que se alinean con dicha visión que aúna la ciencia con la espiritualidad, como es el caso de Amit Goswami, uno de los pensadores pioneros en ciencia y espiritualidad. Lleva enseñando física cuántica desde hace más de treinta años. Fue profesor de Ciencia Teórica en la Universidad de Oregón, y actualmente es investigador residente en el mundialmente reconocido Instituto de Ciencias Noéticas. Goswami es autor de numerosos libros, entre los que se encuentra La física del alma , una obra donde la ciencia y el alma se dan la mano. El doctor Amit Goswami utiliza el lenguaje y los conceptos de la física cuántica para estudiar y demostrar científicamente las teorías metafísicas de la reencarnación y la inmortalidad. En su otra obra La ventana del visionario: física cuántica para la iluminación espiritual, nos ayuda a comprender el modelo de realidad de la física cuántica y las profundas creencias de las milenarias tradiciones espirituales y religiosas del mundo, demostrando que se apoyan esencialmente las unas a las otras. El resultado es una visión cosmogónica amplia, excitante y rica que integra por primera vez en un sistema coherente mente, espíritu y ciencia. En Ciencia y espiritualidad: una integración cuántica, Goswami muestra no solo que las paradojas de la física cuántica pueden resolverse tomando como base un universo espiritual, sino también las paradojas de la vida, la mente y la salud. Con una igualmente competente exposición de teoría científica y datos experimentales, y prácticas y cosmologías espirituales, nos conduce a una exploración científica de la espiritualidad realmente impresionante. Se abordan incluso ideas relativas a la supervivencia después de la muerte, la reencarnación y la inmortalidad. Las monumentales tradiciones de la India, el Vedanta, el Yoga y el Tantra se tornan vivas en su conexión con esta nueva ciencia en el seno de la conciencia. En la obra Dios no ha muerto, Goswami demuestra que la existencia de Dios se puede descubrir a través de los indicios que nos ofrece la física cuántica, ayudando a superar el condicionamiento materialista basado en el paradigma newtoniano, y a liberarse de él mediante la comprensión y la experiencia cuántica. En dicha obra, aboga por un activismo cuántico que nos lleve a una vida equilibrada y a una visión integral y a experimentar la naturaleza de la realidad, la existencia del alma, el poder de los sueños, la universalidad del amor, la posibilidad de la percepción extrasensorial y la propia mente de Dios.

Desde luego, hay una revolución en marcha en la ciencia, un genuino cambio de paradigma. Mientras que la ciencia tradicional se mantiene en su visión materialista, cada vez crece un mayor número de científicos que apoyan y desarrollan un nuevo paradigma basado en la supremacía de la conciencia. Estamos en los albores de dejar de ver a la mente humana como puramente biológica sino abierta a otras interpretaciones con connotaciones cuánticas, es decir con conexión al universo entero.

Imperceptiblemente todavía para muchos, hay un subyacente cambio de paradigma pensativo: la contraposición entre la racionalidad y la espiritualidad, de un modo psicológico e histórico, ha consistido en el sometimiento de la razón a la fe religiosa durante más de veinte siglos. Sin embargo, la supremacía espiritual en manos de las religiones está puesta en cuestión por los propios científicos, como Fritjof Capra, Amit Goswami, Rupert Sheldrake, Joe Dispenza, Jean-Pierre Garnier Malet, por citar solo algunos pensadores que nos proporcionan una renovada racionalidad envuelta en una espiritualidad cuántica. Sin olvidar en ese viaje espiritual, a la psicología transpersonal (Jung, Maslow, Grof, etcétera), ni a Ken Wilber como propulsor de la filosofía transpersonal.

En ese viaje espiritual, los científicos peyorativamente denominados como “místicos cuánticos” desde el materialismo científico, están despejando el horizonte del conocimiento y la espiritualidad mediante un activismo cuántico que proporciona una renovada visión de la naturaleza, del ser humano y del universo.

Una vez despejado el criterio de demarcación entre ciencia y espiritualidad, podemos establecer dos conclusiones muy evidentes:

-El materialismo científico es una verdad a medias, pues solo obtiene el conocimiento a través de los ilusorios sentidos, aunque, no por ello, hay que desmerecer el método científico como camino de investigación. Bien al contrario, el camino descendente de la razón hacia la materia ha fracturado al ser humano al separarlo del camino ascendente hacia Dios, una búsqueda de Dios que no debe estar en la dualidad exterior sino, más bien, en la profundidad de cada cual, en una inmersión mística como experiencia individual e intransferible.

-En segundo lugar, y fruto de la anterior conclusión, habrá que investigar y comprender racionalmente cómo se puede trascender esa fractura dualista entre la ciencia y Dios, entre la razón y el espíritu, y a ello va dedicado el siguiente artículo.


2 - DUALIDAD Y NO-DUALIDAD: ¿DÓNDE ESTÁ EL MISTERIO?

La pregunta fundamental es: ¿Cómo superar la fractura dualista entre la ciencia y Dios? Como ya se argumentó en el artículo Dios en la dialéctica histórica-cultural, la única solución estriba en la unión de la sabiduría y la compasión, cuando los ascendentes y descendentes se reconcilien bajo el sustrato de la auténtica espiritualidad no-dual entre Dios y la divinidad. Así pues, solamente se puede trascender la fractura dualista entre la ciencia y Dios volviendo a una unificación no-dual de la razón y el espíritu en la propia consciencia del sujeto, un trabajo por cierto nada fácil como tendremos la oportunidad de ver más adelante. De momento, veamos cuales son los límites racionales a los que nos lleva pensar acerca de la dualidad y la no-dualidad.

En la página 38 del prólogo de LA EDUCACIÓN CUÁNTICA , se halla el esquema epistemológico, el cual ha requerido 710 páginas de profusa argumentación. No obstante, voy a tratar de sintetizar dicha investigación en un lenguaje lo más explícito y sencillo posible. Vamos allá.

1 - Dualidad entre razón y metafísica

Nadie puede poner en duda que el ser humano está dotado de razón y espíritu, excepto los escépticos materialistas científicos quienes niegan a la metafísica misma. La metafísica, aunque problemática, es inevitable: el ser “humano” (cualquier ser con determinado grado de consciencia) es un ser metafísico, y la desaparición de la metafísica solo es posible con la desaparición del humano (o vivos semejantes de otros planetas). Una de las características del siglo XX ha sido la crítica sin contemplaciones a este tipo de filosofía eterna y sistemática que asociamos al término metafísica. Y, sin embargo, nada más actual que las cuestiones metafísicas. No hay manera de evitar que una y otra vez vuelva ese tipo de preguntas primeras sobre Dios, el hombre o el mundo, que quieren saber qué es lo que podemos conocer, qué es lo que debemos hacer o qué es lo que nos cabe esperar.

Tradicionalmente, la razón ha sido la herramienta por antonomasia que nos ha permitido conocer el mundo mediante la filosofía y la ciencia. En la razón interviene un sujeto que piensa (yo) en algo pensado (objeto). Es decir, cada vez que surge un pensamiento, se produce un dualismo entre el sujeto que piensa y el objeto pensado. Dicho de otra manera, la razón quiere conocer a la naturaleza (fisiosfera), a la naturaleza biológica (biosfera) así como a la naturaleza humana (noosfera), por no hablar de la teosfera (divinidad). Toda la filosofía occidental está sustentada en el dualismo que divide al ser humano entre ese mundo interior que pregunta y ese otro mundo exterior por conocer.

Por otro lado, tenemos al espíritu. Según las posturas religiosas tanto exotéricas como esotérica, el espíritu (o Dios) es inmanente a la naturaleza, es decir, está presente en toda manifestación física (nuestro planeta, galaxias y el universo en general); también Dios es omnipresente, es decir, está presente entre todos nosotros, pero también ha sido presente en el pasado y, cómo no, lo estará en el futuro. El espíritu es también omnisciente, es decir, está presente en toda inteligencia manifestada y, particularmente, en la humana mediante la razón.

Consecuentemente, el ser humano está dotado por un lado de una razón que divide al mundo en su intento de conocerlo (recuerde: un sujeto que piensa al mundo como objeto), lo cual crea un dualismo. Y por otro lado, todo ser humano tiene acceso al espíritu que mora en el interior de todos nosotros.

2 - El problema epistemológico

El problema desde un punto de vista de la cronología histórica, es que la ciencia se ha adueñado de la razón humana como único método de conocimiento humano buscando hallar la “verdad” en la naturaleza. Y por otro lado, las religiones se han apoderado del espíritu, convirtiendo a Dios en un dogma de fe. Con dicha dicotomía entre razón y espíritu, el ser humano sufre una división ontológica entre lo que piensa (razón) y lo que cree (espíritu divino). Y ahí está el gran problema epistemológico de la filosofía occidental. Analicemos pues esa dicotomía que fragmenta al ser humano.

Cuando alguien piensa en Dios (o espíritu), ¿qué operación está haciendo el pensamiento? El sujeto que piensa en Dios (ya sea creyente o ateo), por el acto mismo de pensar, está convirtiendo a Dios en un objeto pensado, es decir, el pensamiento está haciendo un reduccionismo del espíritu inmanente. Dicho de otro modo, Dios que es inmanente, omnipresente y omnisciente es reconvertido en un objeto de pensamiento y, por tanto, su unicidad subyacente en todos los seres vivos del universo es fragmentada.

¿Cómo es posible pensar a Dios si, el pensamiento, es la manifestación inteligible de Dios mismo? Pensar a Dios implica crear un dualismo mediante el pensamiento, pues Dios es intrínsecamente indivisible ya que todo lo integra, hasta nuestros pensamientos. Incluso la física cuántica apunta a la posibilidad de que todos somos uno y remite, por tanto, a esa unidad divina. Consecuentemente, la ciencia cuántica evidencia el fracaso de la razón humana en su intento de crear un dualismo entre el sujeto que piensa y el espíritu como objeto pensado. En última instancia, la grandeza de la mecánica cuántica es hacer patente la presencia de la conciencia como un observador que “ve” y que no puede manipular al objeto, pues sujeto y objeto son una y la misma cosa: Dios ve a través de nuestra conciencia, Dios y tú sois uno; tú y yo somos uno; todos somos uno.

3 - El misterio de la no-dualidad

Dicha unidad intrínseca donde Dios y el sujeto pensante se reconocen como unidad es conocida como misticismo contemplativo en la filosofía perenne, y cuya máxima devoción es expresada mediante el amor: se trata de una conciencia de unidad desde un estado de no-dualidad. Dicho de otro modo, yo como sujeto pensante ya no divido al espíritu entre un sujeto que piensa y Dios como objeto pensado. Cuando hacemos esa división, estamos creando un dualismo que genera un estado de ilusión al creer erróneamente que nuestra personalidad (lo que pensamos que somos: nuestro ego) puede apoderarse del mundo, y de ahí surge el sufrimiento propugnado por la razón porque nos apartamos de la unidad divina.

El ego, en su ilusión de estar separado del espíritu, vive como en un sueño y se lanza a la conquista del mundo mediante el poder, el dinero, la fama, las posesiones, etcétera y, así, se genera un sufrimiento mediante el apego a los sentidos físicos, lo cual nos aparta del camino de la conciencia de unidad y del amor a nuestros semejantes. Ahí reside todo el misterio de la vida. Un misterio que los materialistas científicos niegan pues niegan la existencia misma del espíritu. Un misterio que los dirigentes de las religiones ocultan a sus fieles ya sea conscientemente con el objetivo de manipularlos, ya sea inconscientemente por ignorancia de las tesis aquí defendidas.

4 - La experiencia mística

Ahora que el misterio ha sido desvelado, ¿cómo debemos enfrentarnos a esa nueva realidad? Lo difícil y más conveniente es dejar de pensar dualmente, es decir, no pensar en el espíritu (o Dios) como algo alejado o ajeno a uno mismo, sino como conciencia de unidad (donde el espíritu y nosotros somos uno). Dicho de otro modo, la experiencia mística (es decir: no-dual) sería la actitud correcta. ¿Y qué compromiso implica ello?

Muchas respuestas acerca de la no-dualidad pueden ser halladas aquí en esta página de la mano de muchos sabios, quienes han experimentado de un modo similar dicho tránsito desde la dualidad a la no-dualidad. No obstante, explicado de un modo sencillo, la no-dualidad implica aceptar a los demás como son, con sus virtudes y sus defectos, implica aceptar que todo lo que ocurre en nuestra vida es una oportunidad para aprender una lección, implica que no debemos forzar las cosas mediante nuestro ego, sino pedir respuestas a nuestras más profundas preguntas y, ello, en una atmósfera sagrada inherentemente asociada a una actitud ética.

5 - La meditación

Cuando aprendamos a vivir en la no-dualidad, entonces, estaremos preparados para vivir en el “no esfuerzo”, es decir, que nos llegarán señales o respuestas a nuestras peticiones, lo que Carl Jung acuño como “sincronicidades”, siempre y cuando sintamos al espíritu (o Dios) como algo interno y no como un objeto de nuestro pensamiento. Entonces viene la gran pregunta: ¿qué hacer para vivir acorde al desvelamiento de dicho misterio? La meditación y el silencio interior son el camino.

La meditación es un retiro de la vida exterior hacia el mundo interior, es aislarnos por unos momentos del ajetreo diario para adentrarnos en la contemplación del Ser. Y la práctica de la meditación es un camino espiritual consciente de nuestra unión con el espíritu (o Dios). No se trata de una “reflexión” con Dios, ni un pensamiento sobre Dios, sino sentirse uno con Dios mientras meditamos, es decir, vemos el “rostro” de Dios mediante arquetipos o señales que nos son desvelados mediante la meditación. Platón ya lo expresó certeramente: “La filosofía es un silencioso diálogo del alma entorno al ser”.

6 - El camino ascendente hacia la sabiduría

Probablemente lo explicado hasta aquí sea algo difícil de comprender mediante la “razón”, pero si cree que lo explicado hasta aquí es posible, entonces le invito a la posibilidad de iniciar un camino de sabiduría en la experiencia del Dios interior mediante la meditación. No se trata de un Dios “pensado” o basado en la “fe”, sino experimentado las 24 horas del día cuando el camino espiritual se convierte en un propósito de vida. En ese camino espiritual se hallarán a personas que sentirán sus mismas experiencias y que pueden ser compartidas.

Cuando se abandona a la dualidad como camino existencial basado en un mundo de ilusión, creencias o simple fe, y se reconvierte a uno mismo a la no-dualidad, entonces, se estará en presencia de la divinidad y cada cual será el creador de su propia realidad para alcanzar la libertad y felicidad: el objetivo por antonomasia perseguido por todo ser humano.

7 - El camino descendente: la compasión

Una libertad y una felicidad que solo pueden hallarse cuando coincidan con la libertad y a felicidad de los demás seres humanos a través del amor. Por eso mismo dijo Jesucristo: “Ama a los demás como a ti mismo”. Aquí está el secreto de toda enseñanza referida al misterio de la vida. El espíritu vive en nosotros, se expresa a través de nosotros, y nosotros somos la expresión de su amor divino como unidad. Y ese camino espiritual no se puede alcanzar simplemente con la razón (dualidad entre un sujeto pensante y un Dios pensado), sino con la experiencia de la no-dualidad donde todos somos una expresión del espíritu divino. Se trata de un genuino misticismo vivido conscientemente mediante el amor y desde el silencio, un camino de sabiduría que nos adentra en el misterio de la vida.

8 - La sanación trascendental del ser humano

Aquí acaba esta reflexión. Puede aceptar o rechazar todo lo dicho hasta aquí. Puede incluso investigar, como lo he realizado yo a través de mis diversas publicaciones. Haga lo que haga, será su propio camino hacia Dios o el espíritu. Pero, decida lo que decida, el hecho mismo que lea este artículo ya es de por sí una situación de no-dualidad donde, sencillamente, lo que tenía que ocurrir ha ocurrido, aunque nuestra razón no alcance a escrudiñar la verdad más allá de nuestros sentidos físicos. Y, aunque “los caminos del Señor son inescrutables”, el actual estadio evolutivo de la humanidad permite vislumbrar la integración de la epistemología de lo conmensurable (ciencia) con la hermenéutica de lo inconmensurable (espíritu) mediante una intuición espiritual desde la no-dualidad.

Y dicha síntesis de saberes mediante la intuición espiritual es una apertura, entonces, a la sanación trascendental del ser humano como posibilidad para una educación transracional que implemente la razón con el corazón pues, el saber sin amor, es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo.

Como conclusión, pues, el misterio de la vida es que el espíritu vive en nosotros, se expresa a través de nosotros, y nosotros somos la expresión del amor divino como unidad. Se trata de un genuino misticismo vivido conscientemente mediante el amor y desde el silencio, un camino de sabiduría que nos adentra en el misterio de la vida, como camino de sanación trascendental que cada cual debe recorrer por sí mismo. En consecuencia, será pertinente abordar la experiencia de Dios como una experiencia mística, una profunda cuestión para el próximo artículo.


Resumen de este artículo:

La fractura dualista entre la ciencia y la espiritualidad, que dura más de dos mil años, ha abocado en un callejón sin salida para la razón humana, hasta que la filosofía cuántica transcendió el paradigma de la física clásica, lo cual llevó a muchos científicos espirituales buscar la integración de la ciencia y Dios desde la no-dualidad.

Desde el surgimiento de la física cuántica, se ha producido un giro copernicano desde el “ver para creer” al “creer para ver”, abriendo así las puertas de la genuina espiritualidad no-dual: la filosofía perenne o filosofía del misticismo. En ese intento de resolver el misterio de la vida han intervenido muchos científicos espirituales como Fritjof Capra, Ken Wilber, Amit Goswami, Rupert Sheldrake, Joe Dispenza, Jean-Pierre Garnier Malet, por citar algunos de los más importantes pensadores que nos proporcionan una renovada racionalidad envuelta en una espiritualidad cuántica.

Esos vanguardistas investigadores abrieron una brecha para transcender la racionalidad hacia la espiritualidad de un modo psicológico e histórico, una brecha cognitiva que daría consistencia epistemológica a la psicología transpersonal, así como a la filosofía transpersonal.

Ese viaje espiritual fue denostado como “misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, sin embargo, la historia ha llegado a un punto de inflexión donde, la fractura dualista entre la ciencia y Dios, solamente se puede salvar con la contemplación de la no-dualidad: un misterio desvelado en un esquema epistemológico para argumentar a la filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica.

La dualidad entre razón y metafísica durante más de dos mil años, ha sido un problema epistemológico que ha perdurado en la filosofía occidental y su ciencia, y que solamente se puede resolver desde la filosofía del misticismo para alcanzar una conciencia de unidad cuya máxima expresión es el amor.

Por tanto, la experiencia mística (no-dual) es un camino ascendente hacia la sabiduría para, seguidamente, expresar dicha sabiduría como amor: ahí reside todo misterio de la vida. Aprehender dicho conocimiento es una intuición espiritual no-dual que permite la sanación transcendental del ser humano al implementar la razón con el corazón.

Consecuentemente, se hace necesario asimismo abordar la experiencia de Dios como una experiencia mística, una profunda cuestión para el próximo artículo.
Ver más


CIENCIA Y ESPIRITUALIDAD

LA IMPORTANCIA DE DIOS EN LA FILOSOFÍA (ÍNDICE Y RESÚMENES)

ÍNDICE:

1 - Dios en la dialéctica histórica-cultural

2 - Dios en la filosofía occidental

3 - Dios en la ciencia

4 - Dios y el misterio de la vida

5 - Dios como una experiencia mística

6 - Dios a través de la meditación

7 - Dios como un camino de sabiduría

8 - Dios: una luz en tu camino

9 - Dios en la psicología humana

10 - Dios en los mapas evolutivos de la conciencia

11 - Dios en la educación

12 - Dios y los tiempos bíblicos



1 - DIOS EN LA DIALÉCTICA HISTÓRICA-CULTURAL

Resumen:

El camino ascendente de Platón trata de la conciencia mística y trascendental que huye de los Muchos (mundo sombrío e ilusorio) y encuentra al Uno. Los Muchos volviendo al Uno y uniéndose a él es lo Bueno, y es conocido como sabiduría; el Uno de vuelta y abrazando los Muchos es Bondad, y es conocido como compasión en el camino descendente.

Platón destacaba ambos movimientos, el camino ascendente y el camino descendente, pero la civilización occidental ha sido una batalla entre ellos: entre los que querían vivir en “este mundo” de la Multiplicidad y quienes quieren solo vivir en el “otro mundo” de la Unidad Trascendental. Platón da a ambos movimientos la misma importancia, porque ambos están basados en el Uno no expresado (Dios).

Sin embargo, cuando se olvida a ese Uno no expresado (Dios), ambos movimientos se enfrentan en una guerra de opuestos: la dialéctica histórica-cultural hallaría su punto culminante con la gran inversión desde la búsqueda de lo inconmensurable (Dios) a la investigación de lo conmensurable (ciencia). Esa fractura dualista, según Wilber, duraría dos mil años.

Durante el milenio que va de Agustín a Copérnico, Occidente persiguió un ideal casi exclusivamente ascendente en la búsqueda de Dios, recomendado por la Iglesia. Pero todo cambió radicalmente con el Renacimiento y la emergencia de la Modernidad, cuyo punto culminante se alcanzaría con la Ilustración y la Edad de la Razón. De tal forma que, los ascendentes, fueron reemplazados por los descendentes.

En la Modernidad, Kant diferenció a los Tres Grandes: conciencia (yo), cultura (nosotros) y naturaleza (ello-ciencia) y, ésta última, se convertiría en un materialismo científico que derivó en un desastre cultural sin consideraciones éticas, pues la razón-egoica se impondría a la conciencia del yo (subjetividad) y a la moralidad (intersubjetividad).

Como la visión materialista no reconoce la existencia de grados de conciencia, de profundidades, de valores y méritos, el abismo cultural no podrá ser resuelto pues niega la existencia de la dimensión vertical (ascendente), de la transformación interior, de la trascendencia.

Según Wilber, la solución al abismo cultural, la integración vertical y la ética medioambiental, gira en torno al rechazo del materialismo científico. Una nueva transformación postmoderna solo puede proseguir si logramos integrar el Gran Tres diferenciado por Kant: “yo”, “nosotros” y “ello”, lo cual implica la necesaria emergencia de un nuevo tipo de sociedad que integre la conciencia, la cultura y la naturaleza. Y, dicha integración, solamente puede provenir cuando los ascendentes y descendentes se reconcilien, una salvación que solamente puede provenir de la unión entre la sabiduría y la compasión: ese es el sustrato de toda auténtica espiritualidad como visión no-dual entre Dios y la Divinidad.

Así pues, la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de Dios) es un necesario camino emprendido por muchos científicos, y que requiere un obligado revisionismo de la historia, la educación y la ciencia: el fundamente epistemológico pretendido por La educación cuántica como nuevo paradigma de conocimiento.

En efecto, desde el surgimiento de la física cuántica, hay una evidencia del fracaso del materialismo científico como unívoca explicación de la realidad, siendo necesaria la filosofía del misticismo como una disciplina conciliadora para unir los ascendentes y los descendentes. En esa línea de pensamiento, el físico y astrónomo Sir James Jeans afirma que la naturaleza es mental, pues los pensamientos o las ideas, para existir, necesitan de una mente en la cual existan, de algún Espíritu Eterno (Dios), apuntando con ello al lúcido misticismo platónico .


2 - DIOS EN LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL

Resumen:

Las Tres Grandes categorías platónicas (Bondad, Verdad y Belleza) son diferenciadas por Kant mediante sus Tres críticas y, posteriormente, identificadas por Ken Wilber como cuatro cuadrantes : la dimensión interior subjetiva, la dimensión conductual objetiva del sujeto, la dimensión intersubjetiva (cultural) y la dimensión funcional social colectiva.

Dicha dialéctica histórica-cultural desemboca en un abismo de conciencia en la cultura occidental al imponerse el materialismo científico sobre las dimensiones subjetiva e intersubjetiva, siendo ello su gran fracaso epistemológico al no lograr la integración del “yo” (conciencia), “nosotros” (moralidad) y la naturaleza (ciencia).

Dicho fracaso epistemológico abocaría en una pesadilla de odio entre Razón y Espíritu, entre los descendentes y los ascendentes. Y, la única solución, estriba en la integración de la sabiduría y la compasión, de tal modo que, este mundo y sus seres sean englobados por el amor del Espíritu.

Ahora bien, ¿Quién maneja los hilos de la historia, la cultura, la filosofía y la educación? Ya Descartes nos habló del “genio maligno”, pero con el surgimiento de la filosofía cuántica, la realidad se presentaba como una ilusión a la vez que se vislumbraba un universo holográfico más allá de nuestra percepción sensorial. Y en esa metafísica por descubrir, la hipnosis clínica regresiva nos demostraba que existe un enemigo invisible de la humanidad, el cual habita en la cuarta dimensión desde donde ejerce un control sobre la humanidad, más conocido popularmente ese control como Matrix.

Lo anteriormente expuesto solamente se puede comprender desde los postulados de la filosofía transpersonal como ciencia de la conciencia, la cual aborda la metafísica como una condición necesaria al estudiar las dimensiones alternativas más allá de los sentidos físicos. Así, habrá que proseguir con nuestras investigaciones, y buscar cuál es la relación de Dios con la ciencia y cuál es el criterio de demarcación entre ciencia y religión, cuestión que se analizará en el siguiente artículo.


3 – DIOS EN LA CIENCIA

Resumen:

El criterio de demarcación entre ciencia y religión, o la relación entre la ciencia y Dios, ha sido un arduo debate en la filosofía de la ciencia occidental. El ejemplo más emblemático ha sido la posición contrapuesta entre Richard Dawkins y Rupert Sheldrake, respectivamente, con sus obras El espejismo de Dios y El espejismo de la ciencia.

Sin embargo, lo que pocos ortodoxos científicos caen en cuenta es que la física cuántica desintegró la “rígida estructura” del conocimiento dualista en la que se sustenta el materialismo científico. Y que, la consideración de la filosofía perenne (filosofía del misticismo) desde el surgimiento de la filosofía cuántica, inauguró una nueva época en la que cada vez más científicos integraron a Dios en la ecuación del conocimiento.

En dicha línea de pensamiento, el biólogo Bruce Lipton con su obra La biología de la creencia, asestó un golpe definitivo al darwinismo oficial al afirmar que no somos víctimas de nuestros genes sino los dueños y señores de nuestros destinos, a la vez que proporcionó las bases para la ciencia y la filosofía de las medicinas alternativas, así como para la sabiduría espiritual. Bruce Lipton se define a sí mismo como un científico espiritual, y que debemos considerar al espíritu si queremos mejorar nuestra salud mental y física.

Bruce Lipton es un ejemplo muy relevante en la integración de Dios en la ciencia, pero es digno de considerar a otros pensadores como, por ejemplo, Fritjof Capra, cuyas numerosas publicaciones establecieron las relaciones entre el universo descubierto por la física moderna y el misticismo antiguo, principalmente oriental. También Ken Wilber, en su obra El espectro de la conciencia, realiza una síntesis de religión, física y psicología, refutando la filosofía del materialismo. Del mismo modo, Wilber en su obra Ciencia y Religión, muestra de qué manera la ciencia es perfectamente compatible con las grandes tradiciones espirituales del mundo y abre con ello la visión occidental a las grandes tradiciones de la sabiduría perenne. Wilber es un pionero en establecer que existen dos modos de saber: el saber científico (epistemología de lo conmensurable) y la perenne espiritualidad (hermenéutica de lo inconmensurable).

La contienda ideológica entre la ciencia y la espiritualidad, entre el saber empírico y el saber revelado, entre la razón y el espíritu, es resuelta mediante esos dos modos de saber: el conocimiento simbólico (dualidad entre sujeto-objeto) y el misticismo contemplativo (no-dualidad entre sujeto-objeto). El modo espiritual de conocimiento ha sido peyorativamente tildado como “ misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, sin embargo, argumentado como un nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica.

Con lo anteriormente expuesto, es imperativa una nueva cosmología entre ciencia y espíritu, ya que la historia del pensamiento ha devenido dogmáticamente en una filosofía materialista y en reduccionismo psicológico al dejar a Dios fuera de la ecuación del conocimiento. Las diferentes interpretaciones de la mecánica cuántica que aúnan ciencia y espiritualidad mediante la recuperación de la filosofía perenne, posibilitan fortalecer el movimiento transpersonal como “cuarta fuerza” psicológica. Esa trascendencia holística desde la razón hacia el espíritu permite la tan deseada integración del “yo” (subjetividad), el “nosotros” (intersubjetividad cultural) y el “ello” (ciencia y naturaleza) que fueron diferenciados por Kant mediante sus Tres críticas.

La aprehensión cognitiva de todo lo argumentado como criterio de demarcación entre ciencia y espiritualidad, se constituye en un nuevo paradigma de conocimiento amparado en la filosofía transpersonal como disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, cuestión argumentada pedagógica y epistemológicamente en mi obra La educación cuántica.

La ciencia clásica se construyó con el método cartesiano de analizar el mundo descomponiéndolo en partes: un reduccionismo determinista del universo relacionado con la imagen de la naturaleza funcionando como un reloj preciso, una idea muy querida por Einstein. Sin embargo, desde el surgimiento de la física cuántica, esa figura mecánica y determinista ya no es posible, en palabras de Hawking: “ Dios juega a los dados con el universo”.

Si una cosa queda clara, es que el milagro de la vida sigue siendo un misterio por resolver, y que la ciencia materialista ha quedado obsoleta si no es con la contemplación de nuestra relación con Dios. En el siguiente artículo analizaremos esa relación de Dios con el misterio de la vida.


4 - DIOS Y EL MISTERIO DE LA VIDA

Resumen:

La fractura dualista entre la ciencia y la espiritualidad, que dura más de dos mil años, ha abocado en un callejón sin salida para la razón humana, hasta que la filosofía cuántica transcendió el paradigma de la física clásica, lo cual llevó a muchos científicos espirituales buscar la integración de la ciencia y Dios desde la no-dualidad.

Desde el surgimiento de la física cuántica, se ha producido un giro copernicano desde el “ver para creer” al “creer para ver”, abriendo así las puertas de la genuina espiritualidad no-dual: la filosofía perenne o filosofía del misticismo. En ese intento de resolver el misterio de la vida han intervenido muchos científicos espirituales como Fritjof Capra, Ken Wilber, Amit Goswami, Rupert Sheldrake, Joe Dispenza, Jean-Pierre Garnier Malet, por citar algunos de los más importantes pensadores que nos proporcionan una renovada racionalidad envuelta en una espiritualidad cuántica.

Esos vanguardistas investigadores abrieron una brecha para transcender la racionalidad hacia la espiritualidad de un modo psicológico e histórico, una brecha cognitiva que daría consistencia epistemológica a la psicología transpersonal, así como a la filosofía transpersonal.

Ese viaje espiritual fue denostado como “misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, sin embargo, la historia ha llegado a un punto de inflexión donde, la fractura dualista entre la ciencia y Dios, solamente se puede salvar con la contemplación de la no-dualidad: un misterio desvelado en un esquema epistemológico para argumentar a la filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica.

La dualidad entre razón y metafísica durante más de dos mil años, ha sido un problema epistemológico que ha perdurado en la filosofía occidental y su ciencia, y que solamente se puede resolver desde la filosofía del misticismo para alcanzar una conciencia de unidad cuya máxima expresión es el amor.

Por tanto, la experiencia mística (no-dual) es un camino ascendente hacia la sabiduría para, seguidamente, expresar dicha sabiduría como amor: ahí reside todo misterio de la vida. Aprehender dicho conocimiento es una intuición espiritual no-dual que permite la sanación transcendental del ser humano al implementar la razón con el corazón.

Consecuentemente, se hace necesario asimismo abordar la experiencia de Dios como una experiencia mística, una profunda cuestión para el próximo artículo.


5 - DIOS COMO UNA EXPERIENCIA MÍSTICA

Resumen:

La experiencia mística es una experiencia personal e intransferible, pero, guarda relación con los estados de conciencia, tal como aborda la obra La experiencia mística y los estados de conciencia, avalada dicha tesis por renombrados investigadores como Bucke, Huxley, Watts, Wilber o Maslow.

Como complemento a lo anterior, los estados de conciencia son estudiados por el movimiento transpersonal, y también por la psicología transpersonal mediante la Tesis Doctoral de Iker Puente. La psicología transpersonal, dentro del pensamiento occidental, está fundamentada con algunos místicos cristianos como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Maestro Eckahrt, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Esos iniciales estadios de conciencia son delimitados mediante una escalera ascendente con tres estadios: la vida purgativa, la vida iluminativa y la vida unitiva.

Uno de los estudios clásicos sobre el misticismo cristiano fue realizado por Evelyn Underhyll, la cual postula una perspectiva espiritual-transcendental con cuatro pruebas de la experiencia mística: 1) el misticismo es práctico, se caracteriza por la experiencia directa y la acción; 2) es una actividad complementaria espiritual y trascendente; 3) la tarea y el método del misticismo es el amor; 4) entraña una experiencia psicológica concreta.

Los defensores modernos de la filosofía perenne (o filosofía del misticismo) han hallado cinco principios fundamentales: 1) el Espíritu es el fundamento primordial ontológico, epistemológico y axiológico del cosmos; 2) la realidad es ontológicamente idéntica al Espíritu que la origina; 3) creencia en una cosmología involutiva, donde, el universo físico es el resultado de la involución del Espíritu; 4) ontología y axiologías jerárquicas: la realidad está organizada jerárquicamente y es conocida como Gran Cadena del Ser; 5) epistemología jerárquica: teoría del conocimiento que afirma que el conocimiento de los reinos superiores de la ontología jerárquica es un conocimiento más valioso y verdadero.

Como se ha visto, la experiencia mística tiene un sustrato cristiano en la cultura occidental, también en la psicología transpersonal, así como en las neurociencias, cuyo corolario son las aportaciones desde la física cuántica, en boca del Premio Nobel Wolfgang Pauli: “La racionalidad tiene que ser complementada por la mística”. Pauli recupera el lúcido misticismo platónico, y Wilber en su obra Cuestiones cuánticas recoge los escritos místicos de los físicos más famoso del mundo.

Llegamos así a este punto de la disertación en que la ciencia y la mística son vistas, no como opuestas, sino como complementarias para trascender la fractura dualista entre los ascendentes y los descendentes. Ahora bien, ¿cómo realizar el puente cognitivo entre la ciencia como conocimiento empírico y el conocimiento revelado a través de la mística? ¿Cómo enlazar el conocimiento dual exterior a través de los sentidos y la experiencia mística no-dual? La meditación es la respuesta, y vamos a ver ello en el siguiente artículo.


6 - DIOS A TRAVÉS DE LA MEDITACIÓN

Resumen:

Es gracia a la sapiencia de Ken Wilber como puedo afirmar que, la trascendencia metafísica mediante la meditación, es el fundamento para la filosofía transpersonal, la cual es postulada en una cuestión de sentido para la argumentación epistemológica y pedagógica de una educación tranracional como misión espiritual . Solamente de ese modo se me antoja que será posible salvar el abismo cultural de la humanidad desde que Kant diferenció mediante sus Tres críticas al “ello” (ciencia), el “yo” (conciencia) y el “nosotros” (moral), dicho ello en términos socráticos: “Aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a sí mismo”. La integración de esas tres esferas kantianas solo es posible en el interior de cada uno de nosotros mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez como premisas que deben ser aprehendidas en el camino ascendente de la sabiduría propio del cuadrante superior izquierdo de la interioridad individual.

Con la anterior argumentación, la meditación queda habilitada desde la hermenéutica filosófica. Ahora bien, ¿qué tienen que decir las investigaciones científicas acerca de la meditación? ¿La meditación desde la hermenéutica filosófica puede ser avalada epistemológicamente por la ciencia? ¿Es posible, por tanto, una integración entre la epistemología y la hermenéutica? Así creo haberlo demostrado en mi artículo científico La filosofía transpersonal como una hermenéutica complementaria a la epistemología: fundamentos para una educación transracional. No obstante, las aportaciones científicas avalan la meditación como camino metafísico de introspección, así como una herramienta para la sanación transcendental de la humanidad.

Los beneficios de la meditación, avalados científicamente, constituyen una puerta de acceso a la espiritualidad, a esa metafísica que, hasta ahora, estaba desahuciada por los materialistas científicos. Dicho de otro modo, la epistemología de lo conmensurable (ciencia) y la hermenéutica de lo inconmensurable (espíritu) hallan un punto de intersección mediante los beneficios de la meditación demostrados científicamente. He ahí, precisamente, en la síntesis de saberes entre la epistemología y la hermenéutica, donde cada cual puede aprehenderse a uno mismo como conciencia de unidad mediante una auténtica intuición espiritual. Y, ello, se constituye entonces en un anclaje epistemológico para considerar a la filosofía transpersonal de Ken Wilber como un nuevo paradigma de conocimiento, cuyo objeto de estudio es la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia.

Dicho despertar espiritual ya no es una cuestión individual solamente, sino también un inherente deber de la colectividad humana, de ahí la necesidad de una educación transracional, pues como se ha visto anteriormente, es posible la sanación trascendental desde la infancia gracias a la aplicación práctica de la meditación en los centros escolares. Y dicho despertar espiritual, tanto individual como colectivo, conduce ineludiblemente a considerar al amor como nuestra única perspectiva de supervivencia en este planeta, una cuestión que es preciso abordar en el siguiente capítulo.
Ver más

DIOS EN LA CIENCIA

3 - DIOS EN LA CIENCIA

Resumen del artículo anterior: 2 - DIOS EN LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL

Las Tres Grandes categorías platónicas (Bondad, Verdad y Belleza) son diferenciadas por Kant mediante sus Tres críticas y, posteriormente, identificadas por Ken Wilber como cuatro cuadrantes : la dimensión interior subjetiva, la dimensión conductual objetiva del sujeto, la dimensión intersubjetiva (cultural) y la dimensión funcional social colectiva.

Dicha dialéctica histórica-cultural desemboca en un abismo de conciencia en la cultura occidental al imponerse el materialismo científico sobre las dimensiones subjetiva e intersubjetiva, siendo ello su gran fracaso epistemológico al no lograr la integración del “yo” (conciencia), “nosotros” (moralidad) y la naturaleza (ciencia).

Dicho fracaso epistemológico abocaría en una pesadilla de odio entre Razón y Espíritu, entre los descendentes y los ascendentes. Y, la única solución, estriba en la integración de la sabiduría y la compasión, de tal modo que, este mundo y sus seres sean englobados por el amor del Espíritu.

Ahora bien, ¿Quién maneja los hilos de la historia, la cultura, la filosofía y la educación? Ya Descartes nos habló del “genio maligno”, pero con el surgimiento de la filosofía cuántica, la realidad se presentaba como una ilusión a la vez que se vislumbraba un universo holográfico más allá de nuestra percepción sensorial. Y en esa metafísica por descubrir, la hipnosis clínica regresiva nos demostraba que existe un enemigo invisible de la humanidad, el cual habita en la cuarta dimensión desde donde ejerce un control sobre la humanidad, más conocido popularmente ese control como Matrix.

Lo anteriormente expuesto solamente se puede comprender desde los postulados de la filosofía transpersonal como ciencia de la conciencia, la cual aborda la metafísica como una condición necesaria al estudiar las dimensiones alternativas más allá de los sentidos físicos. Así, habrá que proseguir con nuestras investigaciones, y buscar cuál es la relación de Dios con la ciencia y cuál es el criterio de demarcación entre ciencia y religión, cuestión que se analizará en el siguiente artículo.

1 - CIENCIA Y RELIGIÓN

Richard Dawkins y Rupert Sheldrake son los ejemplos más emblemáticos de la contraposición científica respecto a Dios. El primero, con El espejismo de Dios afirma que la creencia en un creador supernatural se puede calificar como un delirio: “Cuando una persona sufre delirio lo llamamos locura. Cuando mucha gente sufre el mismo delirio lo llamamos religión”. El segundo, con El espejismo de la ciencia , dice es la creencia en que la ciencia ya comprende la naturaleza de la realidad. Las preguntas fundamentales habrían sido ya respondidas y solo quedarían los detalles por completar. En este apasionante libro, el bioquímico británico Rupert Sheldrake, uno de los científicos más innovadores del mundo, muestra que la ciencia está oprimida por supuestos que se han consolidado como dogmas. La “perspectiva científica” se ha convertido en un sistema de creencias: toda realidad es material o física; el mundo es una máquina constituida por materia muerta; la naturaleza carece de propósito; la conciencia no es sino la actividad física del cerebro; el libre albedrío es una ilusión; Dios existe solo como una idea en las mentes humanas. Sheldrake examina científicamente estos dogmas y muestra, de forma tan amena como convincente, que la ciencia estaría mejor sin ellos: sería más libre, más interesante y más divertida. Este científico es conocido principalmente por su promoción de lo que llama “resonancia mórfica”, una variante de la antigua hipótesis de la memoria colectiva. También dedica parte de sus escritos a otros aspectos de la parapsicología, como la telepatía o la percepción extrasensorial. Sin embargo, sus ideas son ampliamente rechazadas por la comunidad científica, que considera sus ideas como pseudocientíficas.

Como se puede apreciar hay una brecha abierta entre los propios científicos: los materialistas científicos y los místicos cuánticos . El tiempo y la historia, como siempre, pondrá a cada cual en su sitio. Ante tal incertidumbre científica sobre la realidad total susceptible de ser conocida, las divergencias cognitivas se presentan aparentemente como insalvables, como siglos atrás lo fueron el racionalismo frente al empirismo. Así es como durante más de tres siglos, la humanidad se ha precipitado en la caverna empírica, excavando y buscando la piedra filosofal mediante el método científico (“ver para creer”). Pero en los inicios del siglo XX, la física cuántica desintegró la “rígida estructura” del conocimiento dualista a la vez que iluminó la mente de algunos díscolos científicos, quienes comenzaron a considerar aunar el conocimiento empírico con la filosofía perenne (“creer para ver”), es decir, fusionar la filosofía tradicional con la oriental como magistralmente ha efectuado Ken Wilber, entre otros muchos. Por ello, esos díscolos científicos fueron peyorativamente tachados de “místicos cuánticos” por la comunidad científica manipulada desde los poderes fácticos. Estos místicos cuánticos han sido tan osados como en su día lo fueron Copérnico, Bruno, Kepler o Galileo. Estos revolucionarios científicos, tuvieron que luchar contra el dogmatismo religioso, pero los actuales místicos cuánticos tienen el enemigo en su propia casa: los escépticos materialistas científicos. Este pensador reivindica justicia histórica en el reordenamiento de la historia donde, el misticismo cuántico, debe ser reconsiderado como filosofía transpersonal.

2 - LA BIOLOGÍA DE LA CREENCIA

No obstante la discrepancia científica acerca de Dios, son cada vez más los científicos que ponen a Dios en la ecuación del conocimiento, tal es el caso del biólogo Bruce Lipton a través de su obra La biología de la creencia.

El Profesor Titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid, Ángel Llamas, en el prólogo de La biología de la creencia, nos invita a conocer las propuestas de esta obra:

En primer lugar, Bruce Lipton asesta un golpe definitivo al darwinismo oficial sin dogmatismo; en segundo lugar, nos recuerda que la noción de “sistema” en varias disciplinas partió de los descubrimientos en el campo de la biología. Sin embargo, desde la mística oriental hasta la física cuántica, en el organicismo de Platón, desde la economía hasta el campo jurídico, la idea de sistema ha encontrado su punto de anclaje en la consideración de la comunidad de elementos que interaccionan en la especialización del trabajo y en la cooperación para la resolución de sus problemas; en tercer lugar, el de mayor impacto en el libro, de que no somos víctimas de nuestros genes sino los dueños y señores de nuestros destinos.

Concluye Ángel Llamas así el prólogo:

Es el mismo camino que Karl Pribram en su denostado esfuerzo por cuestionar las creencias fijadas de antemano, o que el propio David Bohm realizó por considerar la totalidad del orden implicado, la mirada de Fritjot Capra en su Tao de la Física hace más de veinticinco años, el cambio que propuso Stanislav Grof respecto a los niveles de la conciencia humana, avalado por Campbell, Huston Smith o el propio Wilber en su visión integral de la psicología. Cómo no asociarlo con Michael Talbot cuando en sus propuestas de un universo holográfico detuvo un instante las creencias sobre un mundo que nos permitía plegar los niveles de realidad en múltiples planos.

Ya en el prefacio, el propio Lipton nos cuenta cómo experimentó una epifanía científica que hizo añicos sus creencias acerca de la naturaleza de la vida; cómo su investigación ofrece una prueba irrefutable de que los preciados dogmas de la biología con respecto al determinismo genético albergan importantes fallos; cómo, el hecho de reconocer por fin la importancia del entorno genético le proporcionó una base para la ciencia y la filosofía de las medicinas alternativas, para la sabiduría espiritual de las creencias (tanto modernas como antiguas) y para la medicina alopática. Concluye Lipton en que la ciencia está a punto de desintegrar los viejos mitos y de reescribir una creencia básica de la civilización humana. La creencia de que no somos más que frágiles máquinas bioquímicas controladas por genes, está dando paso a la comprensión de que somos los poderosos artífices de nuestra propia vida y del mundo en el que vivimos.

Luego en la introducción de la obra, asesta un golpe más al materialismo científico, y cito textualmente:

El Génesis dice que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Sí, el racionalista que os habla está citando ahora a Jesús, a Buda y a Rumi. He vuelto al punto de partida y he pasado de ser un científico reduccionista enfrentado a la vista a ser un científico espiritual. Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y es necesario que volvamos a introducir el espíritu en la ecuación si queremos mejorar nuestra salud mental y física.

Finalmente, en el epílogo de la obra, explica cómo abandonó su pasado como científico agnóstico por una visión de la nueva biología que le llevó a comprender la importancia que tiene integrar los reinos de la ciencia y el espíritu, invitándonos a dejar de lado las creencias arcaicas inculcadas en las instituciones científicas y los medios de comunicación para considerar la emocionante visión que ofrece la ciencia vanguardista. Imperceptiblemente todavía para muchos, un nuevo paradigma de conocimiento aparece en el horizonte.

3 - VIEJOS Y NUEVOS PARADIGMAS: DEL MATERIALISMO CIENTÍFICO A LA SABIDURÍA PERENNE

Occidente, con el cambio de paradigma desde la física clásica a la física cuántica, ha visto resquebrajada su “rígida estructura” epistemológica: el dualismo entre sujeto y objeto. Y desde entonces, unos atrevidos “místicos cuánticos" se atrevieron a trascender el racionalismo pragmático y la filosofía materialista de Occidente mediante la espiritualidad presente en la filosofía perenne .

En esa línea de pensamiento, Fritjof Capra supuso el punto de partida de numerosas publicaciones sobre la interrelación entre el universo descubierto por la física moderna y el misticismo antiguo, principalmente oriental. Sin embargo, a mi entender, Ken Wilber es el autor más prolífico en la citada tarea: en El espectro de la conciencia, realiza una síntesis de religión, física y psicología, refutando la filosofía del materialismo; en Ciencia y religión, muestra de qué manera la ciencia es perfectamente compatible con las grandes tradiciones espirituales del mundo y abre con ello la visión occidental del mundo a las grandes tradiciones de la sabiduría perenne. Pero, sin lugar a dudas, Sexo, Ecología, Espiritualidad es su obra magna donde analiza la evolución de todo lo existente, desde la materia a la vida, concluyendo con su teoría conocida como los cuatro cuadrantes: interior individual (yo), exterior individual (ello), interior colectivo (nosotros cultural) y exterior colectivo (ello).

Desde el surgimiento de la mecánica cuántica, no son pocos los científicos que intentan una reconstrucción epistemológica de la realidad por conocer, postulando universos paralelos y otras dimensiones como, por ejemplo, Michio Kaku, también de que el cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico. Se impone la pregunta: ¿Cómo sabemos lo que sabemos? , y si ese saber es cierto. El pensamiento de la humanidad se halla ante una brecha epistemológica entre dos modos de saber: el saber científico (epistemología de lo conmensurable) y la perenne espiritualidad (hermenéutica de lo inconmensurable). Albert Einstein expresó certeramente dicha divergencia cognitiva: “Cada día sabemos más y entendemos menos”.

Si existen dos modos de saber; si Occidente es la historia de mucha ciencia pero poco espíritu; si Occidente es una pesadilla de odio entre razón y espíritu ; si la sanación trascendental del ser humano se presenta como necesaria; en suma, si hay un fracaso epistemológico de Occidente y que la filosofía transpersonal puede ser una alternativa al caos pensativo de Occidente: ¿tiene sentido la arrogancia de los materialistas científicos en tildar peyorativamente de “ místicos cuánticos” a los científicos que emprendieron un camino de reconciliación entre la razón y el espíritu?

El espíritu de la ciencia debe dejar de estar confinado en el universo del laboratorio sino abrir el conocimiento científico a las dimensiones más profundas de la vida y de la conciencia humana. Así, es pertinente ahondar en La ciencia del espíritu, pues la ciencia y espiritualidad como dos polos opuestos totalmente desconectados entre sí tiene cada vez menos sentido. La dualidad ciencia-espiritualidad que nos atraviesa desde los albores de la historia debe ser trascendida en un intento de reconciliación de ambos extremos para alcanzar La pura conciencia de ser pues, desde el surgimiento de la física cuántica, se vislumbra una nueva cosmología entre la ciencia y el espíritu.

Desde el cambio de paradigma de la física clásica a la cuántica, han corrido ríos de tinta contra los “místicos cuánticos” procedentes de los científicos ortodoxos. Se abrió así una brecha epistemológica que aún perdura a día de hoy y que deja al Criterio de demarcación científico más dividido que nunca entre los materialistas científicos y los místicos cuánticos. Tras más de un siglo de diálogo entre filósofos de la ciencia y científicos en diversos campos, y a pesar de un amplio consenso acerca de las bases del método científico, los límites que demarcan lo que es ciencia, y lo que no lo es, continúan siendo profundamente debatidos. Dicha dicotomía cognitiva es un tema apasionante: en El paradigma holográfico, eminentes pensadores de diversas tendencias afrontan el gran tema de la relación entre Cerebro y Mente, Materia y Espíritu.

Irremediablemente, hay una contienda ideológica que puede remover los cimientos de nuestra civilización, pues se hallan en disputa dos pesos pesados de la historia: la ciencia y la religión -espiritualidad- , el saber empírico y el saber revelado, la razón y el espíritu. Desde el surgimiento de la física cuántica, esa divergencia cognitiva se presenta como dos modos de saber : el conocimiento simbólico (dualidad sujeto-objeto) y el misticismo contemplativo (no dualidad entre sujeto-objeto). Este último modo de saber, aunque peyorativamente denominado “misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, posibilita hablar de un racionalismo espiritual como paradigmático contrario al racionalismo pragmático que ha conducido a esta civilización a la degeneración moral y miseria planetaria, una cuestión argumentada como un nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica.

A lo largo de la historia de Occidente, la unidad entre lo ascendente (Dios) y lo descendente (ciencia) terminaría resquebrajándose y enfrentando, de manera frecuentemente violenta, a los ultramundanos ascendentes y los intramundanos descendentes, un conflicto que ha terminado convirtiéndose en el problema central característico de la mente occidental. Para el mundo moderno, la salvación se hallaría en la política, la ciencia, el marxismo, la industrialización, el consumismo, la sexualidad, el materialismo científico, etcétera. La salvación solo puede ser encontrada en esta tierra, en el mundo de los fenómenos, en suma, en un marco de referencia puramente descendente donde no existe ninguna verdad superior, ninguna corriente ascendente, nada que sea realmente trascendente, dicho de otra manera, es una religión de mucha compasión, pero poca sabiduría, de mucha Divinidad, pero poco Dios, en suma, la visión chata del mundo.

Y, la única manera de reunificar el camino ascendente con el descendente, es integrar a la ciencia y el espíritu en una renovada cosmología, cuestión que se analizará seguidamente.

4 - UNA NUEVA COSMOLOGÍA ENTRE CIENCIA Y ESPÍRITU

La razón a través de la historia del pensamiento, siempre ha indagado sobre las cuestiones metafísicas que han preocupado al ser humano desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, histórica y psicológicamente, esa genuina actitud de hacer metafísica ha sido obnubilada por el materialismo científico. No obstante según Hegel, las “astucias de la razón” y la “burla de la historia” crean símbolos ocultos solo accesibles a los cognoscentes, como el mándala epistemológico propuesto en este artículo científico, para hacer fácil la filosofía: el rigor epistemológico unido a una interpretación hermenéutica de la historia del pensamiento posibilita, en palabras de Carter Phipps , “una visión evolucionaria del mundo para proporcionar una nueva cosmología (…) entre la ciencia y el espíritu”. Según Martos en su artículo científico:

“La historia del pensamiento, devenida dogmáticamente en una filosofía materialista y en un reduccionismo psicológico, aboca a una crisis epistemológica entre ciencia y espiritualidad desde que la física cuántica irrumpió en el tablero cognitivo. Las diferentes interpretaciones de la mecánica cuántica que aúnan la ciencia y la espiritualidad mediante la recuperación de la filosofía perenne, introducen la primera fisura en la “rígida estructura” del dualismo científico entre sujeto y objeto que ha impregnado a la civilización occidental. Así, la filosofía perenne sumada al movimiento transpersonal como “cuarta fuerza” psicológica, es un nuevo paradigma de conocimiento que puede ser aprehendido mediante un mándala epistemológico, el cual posibilita una interpretación hermenéutica de la historia, la ciencia y la espiritualidad pero, eminentemente, desde un revisionismo de la psicología cognitiva y educativa. Tantos cambios de paradigmas contribuyen a la trascendencia holística de la razón hacia el espíritu a modo de un segundo renacimiento humanístico: la integración del “yo” y el “nosotros” con la salvaguarda de la naturaleza -“ello”-; una integración que permitiría sanar y trascender la racionalidad hacia la “postracionalidad” o “visión-lógica” según Wilber, y para tal fin, es imperativa la evolución paradigmática de la filosofía, la psicología, la sociología, la ciencia, la educación y la espiritualidad”.

La exhaustiva argumentación desarrollada en este trabajo de investigación acerca de la crisis en la filosofía occidental, concluye imperativamente con una propuesta de integración entre la epistemología y la hermenéutica, entre el saber científico (epistemología de lo conmensurable) y la perenne espiritualidad (hermenéutica de lo inconmensurable), respectivamente desde la razón hacia el espíritu en un ejercicio de trascendencia desde la no-dualidad. Tradicionalmente se ha separado la epistemología y la hermenéutica, puesto que la primera trata de lo conmensurable y la segunda de lo inconmensurable. Sin embargo, hoy en día es posible unir a la epistemología y la hermenéutica, permitiendo justificar lo conmensurable y entender lo inconmensurable. La epistemología y la hermenéutica, como disciplinas filosóficas, se hallan diferenciadas, pero, sin embargo, no integradas, y dicho objetivo de integración pretende la propuesta de una epistemología hermenéutica simbolizada en un mándala epistemológico.

Así, esos dos modos de saber posibilitan vislumbrar una trascendencia de la filosofía hacia la espiritualidad, es decir, una síntesis de saberes entre la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable desde una percepción no dual por el sujeto cognoscente, una auténtica intuición espiritual descrita por Wilber como intuición moral básica que se constituye en una ética epistémica dentro de un marco de una episteme transracional y como fundamento para salvar el abismo cultural de la humanidad. Cabe recordar en dicho sentido que el abismo cultural de Occidente es un abismo de conciencia y, esta, es una dimensión subjetiva e intersubjetiva que requiere de una correcta interpretación hermenéutica complementariamente al rigor epistemológico, siendo por ello que en este trabajo de investigación se ha cuidado la meticulosidad investigativa para atender certeramente, al menos así lo cree este autor, a las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento.

En suma, la aprehensión cognitiva desde la no-dualidad (misticismo contemplativo), se constituye en un nuevo paradigma de conocimiento amparado en la filosofía transpersonal como disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia. Ese nuevo paradigma de conocimiento ha sido fundamentado pedagógica y epistemológicamente en La educación cuántica. ¿Sería posible educar todo ello en una asignatura filosófica?

La filosofía como disciplina del amor por el saber, no debe constreñirse solo al conocimiento de la naturaleza sino, a través del hombre mismo, ascender hasta el Ser en término filosófico o hasta Dios en término teológico. Solo así se puede humanizar esta tierra y dar un sentido a la convulsa época histórica que nos ha tocado vivir. Aquel hombre que busque la verdad a través de la historia, no solo se le debe suponer una honestidad intelectual sino también una actitud ética consigo mismo, así como un amor incondicional que implementará esa inquisitiva búsqueda. Sería de una actitud ingenua ampararse parcialmente en las verdades científicas cuando estas han nacido del saber filosófico, sería como si un hijo repudiase a su padre, como si la parte pudiera ser algo desgarrada del Todo. De ahí que este trabajo de investigación apele a una integración entre la epistemología de lo conmensurable y la hermenéutica de lo inconmensurable en una síntesis de saberes mediante una genuina intuición espiritual (intuición moral básica), vuelvo a insistir una vez más como sustrato ético de nuestros actos, pensamientos y sentimientos. Solo así se me antoja que será posible un repensar humano para salvar el abismo cultural desde que Kant diferenció la ciencia (ello), la conciencia (yo) y la moralidad (nosotros) , Dios libre de culpa a este inconmensurable pensador.

Una cuestión ética así aprehendida desde la no-dualidad por el sujeto cognoscente es el fundamento epistemológico por excelencia para una educación transracional que implemente la razón con el corazón, y se presenta como un imperativo para trascender la crisis de conciencia en la que está inmersa la filosofía occidental. El abismo cultural de Occidente es un abismo de conciencia , y debiera ser salvado coadyuvado por una educación que contemple una síntesis de saberes mediante la intuición espiritual (intuición moral básica) o, dicho de otro modo, considerando a la educación como una misión espiritual al impartir un nuevo paradigma de conocimiento integrador de la filosofía con la espiritualidad, tan necesario para la actual sociedad visión-lógica informática. Por tanto, desde un punto de vista pedagógico, también inquiere un nuevo paradigma educativo sustentado en una filosofía transpersonal integradora de la sabiduría y el amor pues, el saber sin amor, es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo.

5 - DIOS JUEGA A LOS DADOS CON EL UNIVERSO

Desde el surgimiento de la física cuántica, los científicos se han enfrentado a un quebradero de cabeza: la teoría cuántica cuestiona la naturaleza de la realidad. El Principio de Determinismo de la Física no es aplicable a los sistemas descritos a través de la Teoría Cuántica. Cuánticamente, el proceso de la medida afecta al estado sobre el que se mide, haciéndolo además de manera impredecible. Ese problema de interpretación es uno de los problemas más serios que plantea la física cuántica. Un experimento llevado a cabo por Aspect, Dalibard y Roger en 1982 supuso, después de cuarenta y siete años, la materialización práctica del experimento “mental” expuesto en el argumento EPR en 1935. La paradoja de Einstein-Podolsky-Rosen, denominada “Paradoja EPR”, consiste en un experimento mental propuesto por Albert Einstein, Boris Podolsky y Nathan Rosen en 1935. Es relevante históricamente, puesto que pone de manifiesto un problema aparente de la mecánica cuántica, y en las décadas siguientes se dedicaron múltiples esfuerzos a desarrollarla y resolverla.

El argumento EPR no pretendía mostrar que la Teoría Cuántica fuese incorrecta, sino “incompleta”, y que, por lo tanto, debía completarse introduciendo una serie de elementos de realidad (denominados “variables ocultas”) que, debidamente acomodados dentro del formalismo de la teoría, permitiesen elaborar predicciones deterministas, no probabilistas, ya que Einstein pensaba que las probabilidades cuánticas tenían un origen subjetivo como consecuencia de carecer de una información completa relativa a las propiedades de los sistemas estudiados.

La conclusión del experimento “mental” es clara: la descripción física del mundo basada en la idea de una realidad separable ¡falla! Es decir, el primer modo de conocimiento, el dualismo sujeto-objeto en el que está enfrascado el materialismo científico, remite inexorablemente al segundo modo de saber, la no dualidad, la aprehensión mental de la realidad (misticismo), una cuestión que los escépticos reniegan ya sea por ignorancia o por orgullo. La mecánica cuántica ha cambiado radicalmente la noción que tenemos de la realidad, lo cual, también, implica una nueva noción del concepto de causalidad que es posible que tenga profundas implicaciones, incluso de naturaleza filosófica. La ciencia clásica se construyó con el método cartesiano de analizar el mundo descomponiéndolo en partes, y uniendo después esas partes de acuerdo a leyes causales: el reduccionismo. La figura determinista del universo que así resulta estaba íntimamente relacionada con la imagen de la naturaleza funcionando como un reloj preciso, idea muy querida por Einstein. Sin embargo, en física cuántica esa figura mecánica y determinista ya no es posible. En palabras de Hawking: “Dios juega a los dados con el universo. Toda la evidencia lo señala como un jugador empedernido, que tira los dados siempre que tiene ocasión”. Podríamos añadir que, además, y como jugador honrado, no juega con ventaja y hasta él mismo desconoce el resultado que se obtendrá, como postula Garnier en su teoría del desdoblamiento del tiempo.


Resumen de este artículo:

El criterio de demarcación entre ciencia y religión, o la relación entre la ciencia y Dios, ha sido un arduo debate en la filosofía de la ciencia occidental. El ejemplo más emblemático ha sido la posición contrapuesta entre Richard Dawkins y Rupert Sheldrake, respectivamente, con sus obras El espejismo de Dios y El espejismo de la ciencia.

Sin embargo, lo que pocos ortodoxos científicos caen en cuenta es que la física cuántica desintegró la “rígida estructura” del conocimiento dualista en la que se sustenta el materialismo científico. Y que, la consideración de la filosofía perenne (filosofía del misticismo) desde el surgimiento de la filosofía cuántica, inauguró una nueva época en la que cada vez más científicos integraron a Dios en la ecuación del conocimiento.

En dicha línea de pensamiento, el biólogo Bruce Lipton con su obra La biología de la creencia, asestó un golpe definitivo al darwinismo oficial al afirmar que no somos víctimas de nuestros genes sino los dueños y señores de nuestros destinos, a la vez que proporcionó las bases para la ciencia y la filosofía de las medicinas alternativas, así como para la sabiduría espiritual. Bruce Lipton se define a sí mismo como un científico espiritual, y que debemos considerar al espíritu si queremos mejorar nuestra salud mental y física.

Bruce Lipton es un ejemplo muy relevante en la integración de Dios en la ciencia, pero es digno de considerar a otros pensadores como, por ejemplo, Fritjof Capra, cuyas numerosas publicaciones establecieron las relaciones entre el universo descubierto por la física moderna y el misticismo antiguo, principalmente oriental. También Ken Wilber, en su obra El espectro de la conciencia, realiza una síntesis de religión, física y psicología, refutando la filosofía del materialismo. Del mismo modo, Wilber en su obra Ciencia y Religión, muestra de qué manera la ciencia es perfectamente compatible con las grandes tradiciones espirituales del mundo y abre con ello la visión occidental a las grandes tradiciones de la sabiduría perenne. Wilber es un pionero en establecer que existen dos modos de saber: el saber científico (epistemología de lo conmensurable) y la perenne espiritualidad (hermenéutica de lo inconmensurable).

La contienda ideológica entre la ciencia y la espiritualidad, entre el saber empírico y el saber revelado, entre la razón y el espíritu, es resuelta mediante esos dos modos de saber: el conocimiento simbólico (dualidad entre sujeto-objeto) y el misticismo contemplativo (no-dualidad entre sujeto-objeto). El modo espiritual de conocimiento ha sido peyorativamente tildado como “misticismo cuántico” por los escépticos materialistas científicos, sin embargo, argumentado como un nuevo paradigma de conocimiento en mi obra La educación cuántica.

Con lo anteriormente expuesto, es imperativa una nueva cosmología entre ciencia y espíritu, ya que la historia del pensamiento ha devenido dogmáticamente en una filosofía materialista y en reduccionismo psicológico al dejar a Dios fuera de la ecuación del conocimiento. Las diferentes interpretaciones de la mecánica cuántica que aúnan ciencia y espiritualidad mediante la recuperación de la filosofía perenne, posibilitan fortalecer el movimiento transpersonal como “cuarta fuerza” psicológica. Esa trascendencia holística desde la razón hacia el espíritu permite la tan deseada integración del “yo” (subjetividad), el “nosotros” (intersubjetividad cultural) y el “ello” (ciencia y naturaleza) que fueron diferenciados por Kant mediante sus Tres críticas.

La aprehensión cognitiva de todo lo argumentado como criterio de demarcación entre ciencia y espiritualidad, se constituye en un nuevo paradigma de conocimiento amparado en la filosofía transpersonal como disciplina que estudia la espiritualidad y su relación con la ciencia, así como los estudios de la conciencia, cuestión argumentada pedagógica y epistemológicamente en mi obra La educación cuántica.

La ciencia clásica se construyó con el método cartesiano de analizar el mundo descomponiéndolo en partes: un reduccionismo determinista del universo relacionado con la imagen de la naturaleza funcionando como un reloj preciso, una idea muy querida por Einstein. Sin embargo, desde el surgimiento de la física cuántica, esa figura mecánica y determinista ya no es posible, en palabras de Hawking: “ Dios juega a los dados con el universo”.

Si una cosa queda clara, es que el milagro de la vida sigue siendo un misterio por resolver, y que la ciencia materialista ha quedado obsoleta si no es con la contemplación de nuestra relación con Dios. En el siguiente artículo analizaremos esa relación de Dios con el misterio de la vida.
Ver más


Dios en la Filosofía Occidental

2 - DIOS EN LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL

Resumen del artículo anterior: 1 - DIOS EN LA DIALÉCTICA HISTÓRICA-CULTURAL

El camino ascendente de Platón trata de la conciencia mística y trascendental que huye de los Muchos (mundo sombrío e ilusorio) y encuentra al Uno. Los Muchos volviendo al Uno y uniéndose a él es lo Bueno, y es conocido como sabiduría; el Uno de vuelta y abrazando los Muchos es Bondad, y es conocido como compasión en el camino descendente.

Platón destacaba ambos movimientos, el camino ascendente y el camino descendente, pero la civilización occidental ha sido una batalla entre ellos: entre los que querían vivir en “este mundo” de la Multiplicidad y quienes quieren solo vivir en el “otro mundo” de la Unidad Trascendental. Platón da a ambos movimientos la misma importancia, porque ambos están basados en el Uno no expresado (Dios).

Sin embargo, cuando se olvida a ese Uno no expresado (Dios), ambos movimientos se enfrentan en una guerra de opuestos: la dialéctica histórica-cultural hallaría su punto culminante con la gran inversión desde la búsqueda de lo inconmensurable (Dios) a la investigación de lo conmensurable (ciencia). Esa fractura dualista, según Wilber, duraría dos mil años.

Durante el milenio que va de Agustín a Copérnico, Occidente persiguió un ideal casi exclusivamente ascendente en la búsqueda de Dios, recomendado por la Iglesia. Pero todo cambió radicalmente con el Renacimiento y la emergencia de la Modernidad, cuyo punto culminante se alcanzaría con la Ilustración y la Edad de la Razón. De tal forma que, los ascendentes, fueron reemplazados por los descendentes.

En la Modernidad, Kant diferenció a los Tres Grandes: conciencia (yo), cultura (nosotros) y naturaleza (ello-ciencia) y, ésta última, se convertiría en un materialismo científico que derivó en un desastre cultural sin consideraciones éticas, pues la razón-egoica se impondría a la conciencia del yo (subjetividad) y a la moralidad (intersubjetividad).

Como la visión materialista no reconoce la existencia de grados de conciencia, de profundidades, de valores y méritos, el abismo cultural no podrá ser resuelto pues niega la existencia de la dimensión vertical (ascendente), de la transformación interior, de la trascendencia.

Según Wilber, la solución al abismo cultural, la integración vertical y la ética medioambiental, gira en torno al rechazo del materialismo científico. Una nueva transformación postmoderna solo puede proseguir si logramos integrar el Gran Tres diferenciado por Kant: “yo”, “nosotros” y “ello”, lo cual implica la necesaria emergencia de un nuevo tipo de sociedad que integre la conciencia, la cultura y la naturaleza. Y, dicha integración, solamente puede provenir cuando los ascendentes y descendentes se reconcilien, una salvación que solamente puede provenir de la unión entre la sabiduría y la compasión: ese es el sustrato de toda auténtica espiritualidad como visión no-dual entre Dios y la Divinidad.

Así pues, la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de Dios) es un necesario camino emprendido por muchos científicos, y que requiere un obligado revisionismo de la historia, la educación y la ciencia: el fundamente epistemológico pretendido por La educación cuántica como nuevo paradigma de conocimiento.

En efecto, desde el surgimiento de la física cuántica, hay una evidencia del fracaso del materialismo científico como unívoca explicación de la realidad, siendo necesaria la filosofía del misticismo como una disciplina conciliadora para unir los ascendentes y los descendentes. En esa línea de pensamiento, el físico y astrónomo Sir James Jeans afirma que la naturaleza es mental, pues los pensamientos o las ideas, para existir, necesitan de una mente en la cual existan, de algún Espíritu Eterno (Dios), apuntando con ello al lúcido misticismo platónico .

Una vez dilucidada la dialéctica histórica-cultural a través de Platón, Kant y Wilber, veamos a continuación la importancia de Dios en la filosofía occidental. A tal efecto, entraremos en materia para la comprensión de los Tres Grandes diferenciados por Kant mediante sus Tres Críticas, insertadas dentro de los cuatro cuadrantes de Ken Wilber.

1- LAS “TRES CRÍTICAS" DE KANT Y LOS “CUATRO CUADRANTES” DE KEN WILBER

Para Wilber, las diferentes versiones de la “verdad” se presentan bajo cuatro aspectos:

-Las formas exteriores del desarrollo, por ejemplo, pueden ser valoradas de manera objetiva e empírica.
-Pero todo desarrollo comprehensivo también posee una dimensión interna, una dimensión subjetiva e interpretativa que está ligada a la conciencia y la introspección.
-Pero, además, el desarrollo externo y el interno, no tienen lugar aisladamente y de manera individual, sino que acontecen en el seno de un contexto social y cultural.

Esos son los cuatro cuadrantes, y ninguna de esas formas de la “verdad” puede ser reducida a las demás.

En su teoría de los cuatro cuadrantes, Wilber incluye al Gran Tres diferenciado por Kant mediante sus Tres Críticas: el arte (yo), la ciencia (ello) y la moral (nosotros); dicho de otro modo, estamos hablando de las Tres Grandes categorías platónicas: la Bondad (la moral, el “nosotros”), la Verdad (la verdad proposicional, la verdad objetiva propia del “ello”) y la Belleza (la dimensión estética percibida por cada “yo).

La tarea de la Modernidad fue la diferenciación del Gran Tres, y la misión de la postmodernidad es la de llegar a integrarlos, es decir, formas de integrar la mente, la cultura y la naturaleza, formas de respetar al Espíritu en los cuatro cuadrantes.

Dado que, el Espíritu-en-acción se manifiesta en los cuatro cuadrantes, cualquier interpretación adecuada de la experiencia espiritual debería tenerlos en consideración a todos ellos. No es solo que nosotros estemos compuestos de niveles diferentes (materia, cuerpo, mente, alma y Espíritu) sino que cada uno de esos niveles, a su vez, se manifiesta en cuatro facetas (intencional, conductual, cultural y social).

Sin embargo, con el avance de las ciencias empíricas que tuvieron lugar en el periodo que va desde el Renacimiento hasta la Ilustración, nos hicieron creer que toda realidad podía ser abordada y descrita en los términos objetivos propios del lenguaje monológuico del “ello” e, inversamente, que si algo no podía ser estudiado y descrito de un modo objetivo y empírico, no era “realmente real”. Así fue como el Gran Tres terminó reducido al “Gran Uno” del materialismo científico: una visión chata del mundo.

Según Wilber, solamente quienes se hallen interesados en la espiritualidad, podrán comenzar a integrar las corrientes ascendentes y descendentes, cuando rechacemos la visión chata del mundo. Por tanto, de la mano de Ken Wilber, estamos asistiendo en Occidente a un completo olvido de la profundidad espiritual y, consecuentemente, nos permite concluir que el abismo cultural de Occidente es un abismo de conciencia, cuestión que vamos a analizar seguidamente más en profundidad.

2 - EL ABISMO CULTURAL DE OCCIDENTE ES UN ABISMO DE CONCIENCIA

El supuesto básico de la Teoría de la relatividad de Einstein es que la localización de los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al estado de movimiento del observador. Si fuera posible viajar a la velocidad de la luz, seríamos viajeros en el tiempo.

Pero esa cuestión intenta resolver el desplazamiento físico a través del tiempo, es decir, en el universo material. Sin embargo, como postula el físico y astrónomo Sir James Jean, la naturaleza es mental. Si además como dice Pauli: “La mente parece moverse a partir de un centro interior hacia fuera, por un movimiento como de extraversión hacia el mundo físico, donde se supone que todo sucede de modo automático, de manera que se diría que el espíritu abarca serenamente al mundo físico con sus Ideas”. Así pues, la ciencia natural de la época moderna implica una elaboración cristiana del lúcido misticismo platónico, para el cual el fundamento unitario del espíritu y la materia reside en las imágenes primordiales, donde tiene también lugar la comprensión, en sus diversos grados y clases, incluso hasta el conocimiento de la palabra de Dios. Pero Pauli añade una advertencia: “Este misticismo es tan lúcido que es capaz de ver más allá de numerosas oscuridades, cosa que los modernos no podemos ni nos atrevemos a hacer”.

El misticismo contemplativo es un modo de saber contemplado por los padres de la física moderna, y nos hablan de Dios, del espíritu, de Platón, de la naturaleza mental, en definitiva, de un camino hermenéutico a investigar como camino complementario al dogmático materialismo científico que ha dominado a Occidente. Ahora son los propios científicos quienes ponen el espíritu en la ecuación del conocimiento, dando por sentado que existen dos modos de saber tal como ha demostrado epistemológicamente Ken Wilber en su obra El espectro de la conciencia.

El primer modo de saber (epistemología de lo conmensurable), se deriva del dominio del “ello” sobre el “yo” y el “nosotros”, es decir un dominio cognitivo del materialismo científico quien debería habernos explicado esa “realidad” de ahí fuera. Sin embargo, al decir de las neurociencias, es ilusión. El mundo de ahí fuera es pura ilusión, una cuestión que ya Einstein profetizó: “La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es una ilusión persistente”. Para Einstein, los conceptos de espacio y tiempo son construcciones nuestras, lo cual le indujo a elaborar su monumental Teoría de la relatividad.

Pero además de que la “realidad” de ahí fuera es una ilusión, el modo de conocerla, el materialismo científico que reniega del Espíritu, ha visto resquebrajada su “rígida estructura” dualista que ha dominado a la mente occidental. No en vano las filosofías orientales, quienes están más orientadas al mundo interior, han sido integradas en la psicología occidental, dando nacimiento a la psicología humanista mediante la Pirámide de Maslow para vislumbrar la posibilidad de experiencias cumbres o trascendentales. Posteriormente nació la psicología transpersonal como la “cuarta fuerza”, presentándose como un nuevo paradigma de conocimiento que, inherentemente, requiere de una renovada visión de la historia, la ciencia y la espiritualidad pero, eminentemente, desde un revisionismo de la psicología cognitiva y educativa.

Es evidente que las viejas estructuras sociales, educativas, psicológicas, espirituales, científicas, pero sobre todo, filosóficas, deben ser reemplazadas por nuevos paradigmas de pensamientos en todos esos respectivos campos del saber. Ahora bien, como he creído demostrar anteriormente, el camino de las exterioridades, del mundo sensible, no es el más certero pues obvia al espíritu encarnado como un racionalismo espiritual o “nosotros” (imperativo categórico kantiano), una cuestión que solo puede ser aprehendida desde una visión hermenéutica de lo inconmensurable. Por tanto, solo nos queda poner el foco de sabiduría en el mundo interior, en el mismo sentido como ya lo reivindicaba el inconmensurable Sócrates: ““Aquel que quiera cambiar el mundo debe empezar por cambiarse a sí mismo”.

La filosofía occidental nacida en Grecia hace aproximadamente 2.500 años, ha dado una vuelta de tuerca mediante la dialéctica histórica. Desde la época que va desde San Agustín a Copérnico, Occidente se movió siguiendo un ideal puramente ascendente, un ideal esencialmente ultramundano, un ideal según el cual la salvación y la liberación final no pueden ser halladas en este mundo, en esta Tierra y en esta vida, de modo que, desde ese punto de vista, las cosas realmente importantes solo ocurren después de la muerte, en el dominio de lo ultramundano. Con el advenimiento de la modernidad y la postmodernidad, en cambio, asistimos a una profunda subversión de este punto de vista, una transformación en la que los ascendentes desaparecen de escena y dejan su lugar a los descendentes, la idea de que el único mundo que existe es el mundo sensorial, empírico y material, un mundo que niega dimensiones superiores y más profundas y, negando por tanto, estadios superiores de la evolución de la conciencia, negando la trascendencia. Bienvenidos, por tanto, al mundo chato a decir de Wilber, al dios del capitalismo, del marxismo, del industrialismo, de la ecología profunda, del consumismo o del ecofeminismo, al Gran Uno asentado sobre el reduccionismo del materialismo científico o “ello” como jerarquía de dominio sobre el “yo” y el “nosotros”.

Sin lugar a dudas, el abismo cultural de Occidente es un abismo de conciencia, y ese sería su gran fracaso epistemológico.

3 - EL FRACASO EPISTEMOLÓGICO DE OCCIDENTE

El fracaso epistemológico de Occidente es evidente al no haber logrado la integración del “yo” (arte), el “nosotros” (moral) y el “ello” (ciencia) , tal es la conclusión de la primera parte de Breve historia de todas las cosas a decir de Wilber: “No deberíamos, pues, buscar la solución regresando a la indisociación mítica o mágica del Gran Tres en la que el yo, la cultura y la naturaleza todavía no se habían diferenciado. Debemos desembarazarnos de la miseria de la Modernidad (la disociación) sin renunciar, en cambio, a sus facetas más esplendorosas (la diferenciación). De modo que, si la tarea del la Modernidad fue la diferenciación del Gran Tres, la misión de la postmodernidad es la de llegar a integrarlos”.

Wilber considera que Occidente ha completamente olvidado las dimensiones espirituales, abocando con ello a un “mundo chato” dominado por los ascendentes y los descendentes, y que han llevado al colapso de la Modernidad. Wilber explica la génesis de dicho problema Occidental: “Todo comenzó a cambiar radicalmente con el Renacimiento y la emergencia de la Modernidad, un cambio que alcanzaría su punto culminante con la Ilustración y la Edad de la Razón y que bien podríamos resumir diciendo que los ascendentes fueron reemplazados por los descendentes”.

La obra de Wilber aborda en extensión los ascendentes y los descendentes como rivales antagónicos que necesitan de una integración, y nos explica la génesis histórica de este rechazo de lo espiritual, la razón histórica concreta que explica los motivos por los cuales el Occidente moderno ha llegado a negar la validez de los estadios transpersonales. La posibilidad y necesidad de una filosofía hermenéutica está meridianamente demostrada por Wilber en Breve historia de todas las cosas, a partir de la cual hemos esbozado los parámetros históricos y hermenéuticos, a saber, la diferenciación de los Tres Grandes a partir de Kant, y el colapso del Kosmos al ser reducidos al Gran Uno: el materialismo científico. En suma, estamos asistiendo en Occidente a un completo olvido de la profundidad espiritual.

Los ascendentes y los descendentes, al fragmentar el Kosmos, están alimentando la brutalidad de la contienda y no hacen más que tratar de contagiar al otro bando sus enfermedades. Pero no es en la lucha sino en la unión entre los ascendentes y los descendentes donde podremos encontrar armonía, porque solo podremos salvarnos, por así decirlo, cuando ambas facciones se reconcilien. Y tal salvación solo puede provenir de la unión entre la sabiduría y la compasión.

Y esa ausencia de conciliación entre la sabiduría y la compasión, se convertiría en una pesadilla de odio entre Razón y Espíritu.

4 - OCCIDENTE: UNA PESADILLA DE ODIO ENTRE RAZÓN Y ESPÍRITU

Desde hace unos dos mil años, los ascendentes y los descendentes se hallan enzarzados en la misma batalla, una batalla en la que cada bando reclama ser la Totalidad y acusa al otro de ser el Mal, fracturando así el mundo en una pesadilla de odio y rechazo. Después de tantos años de lucha, los ascendentes y los descendentes siguen atrapados en la misma locura, en una pesadilla de odio entre razón y espíritu como fundamento del fracaso epistemológico de la filosofía occidental.

La solución a esta contienda consiste en integrar y equilibrar las corrientes ascendentes y descendentes en el ser humano, de forma que la sabiduría y la compasión puedan aunar sus fuerzas en la búsqueda de un Espíritu que trascienda e incluya este mundo, que englobe este mundo y todos sus seres con su amor, una compasión, un cuidado y un respeto infinito, la más tierna de las misericordias y la más resplandeciente de las miradas. Sin embargo, como denuncia Stephane Hessel, miembro del comité que redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, hay razones más que suficientes para una insurrección pacífica y para la indignación en contra de la dictadura de los mercados, requiriéndose con urgencia una economía humanista que dé prioridad muy especialmente al empeño de humanizar una ciencia que suele ser representada con una frialdad impasible. Ese ideal humanista reivindicado por José Luis Sampedro, paradójicamente, está imbuido de la sabiduría perenne tanto de Occidente como de Oriente. Los pensamientos y los sentimientos de José Luis Sampedro son una luminaria humanista en los que Occidente debería ilustrarse para trascender la crisis de su filosofía y de su ciencia.

Ahora bien, y aquí está la cuestión fundamental: ¿Quién maneja los hilos de la historia, la cultura, la filosofía y la educación? Ya Descartes nos anticipó que existía un “genio maligno” que manipulaba al ser humano. Veamos quién está detrás de esa mano negra.

5 - IDENTIFICADO Y LOCALIZADO EL “GENIO MALIGNO” DE DESCARTES

1 – El “genio maligno” en la filosofía de Descartes

El “genio maligno” es un recurso empleado por Descartes en la duda metódica para radicalizar la búsqueda de un conocimiento evidente. Consiste en la hipótesis de que tal vez nos ha creado un dios que busca engañarnos aún en aquellos conocimientos que nos parecen más evidentes; que nos haya hecho de tal forma que cuando nos parezca vivir en la verdad más manifiesta no estemos en la verdad sino en el error. Tras el descubrimiento del “cogito”, la demostración de la existencia de Dios y la demostración de su bondad, Descartes rechaza la hipótesis del genio maligno.

2 – El “genio maligno” y la filosofía cuántica

Sin embargo, Descartes no iba mal encaminado pues, con los descubrimientos de la filosofía cuántica -de que la realidad es una ilusión-, habría que buscar en dimensiones alternativas la naturaleza de la “realidad”, lo cual dio lugar al surgimiento del paradigma holográfico. Según los descubrimientos de Karl Pribam, el cerebro opera como un holograma. Por otro lado, el trabajo de David Bohm en la física subatómica, le llevó a la conclusión de que las entidades físicas que parecían separadas y discretas en el espacio y el tiempo, estaban realmente vinculadas o unificadas de una manera implícita o subyacente. Y como culmen a dichos planteamientos, convendría leer la obra El universo holográfico de Michael Talbot, en la que nos desvela curiosos fenómenos que no tienen explicación para la ciencia moderna, pero que sí pueden interpretarse mediante la física cuántica o modelos teóricos como el paradigma holográfico. De esta manera, el tiempo y el espacio no son más que productos de nuestra manera de percibir, pero estamos tan “programados” para aceptar estos conceptos como categorías absolutas que nos cuesta incluso imaginarlo. El paradigma holográfico no sólo sirve para explicar fenómenos de la física y la neurología que la ciencia clásica es incapaz de interpretar, sino que pone de manifiesto que la ciencia no está libre de prejuicios ni es tan objetiva como nos quieren hacer creer los científicos, ya que el universo abarca bastante más de lo que nos permite percibir nuestra cosmovisión actual.

Si tenemos en cuenta dicha distopia temporal desde la filosofía cuántica, podríamos aseverar que somos viajeros en el tiempo a través de la reencarnación y que la naturaleza es mental. En efecto, el tiempo se vuelve entonces relativo, y el pasado, el presente y el futuro coexisten. De hecho, el supuesto básico de la Teoría de la relatividad de Einstein es que la localización de los sucesos físicos, tanto en el tiempo como en el espacio, son relativos al estado de movimiento del observador. Y de ello se desprende que, si fuera posible viajar a la velocidad de la luz, seríamos viajeros en el tiempo. Pero esa cuestión intenta resolver el desplazamiento físico a través del tiempo, es decir en el universo material. Sin embargo, como postula el físico y astrónomo Jean, la naturaleza es mental. A tenor de ello, según el asombroso fenómeno cuántico conocido como entrelazamiento cuántico, el físico John S. Bell demostró que existe un oscuro mecanismo no-local por el cual, el espacio y el tiempo tal como los concebimos, son irreales: es como si no existieran. Einstein había apuntado a que debían existir algunas variables locales desconocidas que lograban que apareciera ese efecto falsamente. Pero Bell proponía que no es así. Proponía que existe cierta energía que no conocemos, y que logra transmitir la información de una partícula a la otra. Así una partícula sabe inmediatamente lo que le está ocurriendo a la otra.

Sin embargo, en las últimas décadas, se han realizado diferentes experimentos muy serios y rigurosos, que han demostrado científicamente que Bell tenía razón, y por tanto han dado la victoria a la física cuántica frente a lo que defendía Einstein. Desde luego, si algo se puede afirmar es que la teoría cuántica es muy robusta, y se encuentra sostenida por infinidad de rigurosas demostraciones experimentales, que demuestran su validez, y su elevado grado de precisión.

Obviamente, uno de los principales problemas que veía Einstein era que el entrelazamiento cuántico parece violar la teoría de la relatividad. Si se puede transmitir a años luz una información entre partículas, de forma inmediata, entonces la velocidad máxima ya no es la luz… ¿Es eso cierto? Bueno, es necesaria alguna explicación. Si hablamos de ondas, es decir, de energía, entonces es así. Pero de lo que habla Bell no es de energía, sino de información. La energía se transmite en el vacío a la velocidad de la luz, pero la información parece poderlo hacer de forma instantánea. Por ello, no está violando necesariamente la teoría de la relatividad.

Tenemos ahí, pues, la gran clave: es la información quien viaja fuera del espacio/tiempo que percibimos mediante nuestros sentidos. Si además, tenemos en cuenta el universo holográfico antes señalado, nos permite adentrarnos en dimensiones más allá de la tercera dimensión (espacial), es decir, en la cuarta dimensión (temporal) tal como específicamente reconoce la física a dichas dimensiones.

3 – El “genio maligno” habita en la cuarta dimensión

Entonces, la gran pregunta sería: ¿cómo adentrarnos en esa dimensión fuera de nuestro espacio/tiempo percibido? Esa cuestión ha quedado expuesta en mi artículo FILOSOFÍA TRANSPERSONAL: DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA, en la que aludo al subconsciente como puerta de acceso por el ser humano a una dimensión alternativa a nuestros tradicionales sentidos físicos. Una cuestión demostrada por el médico venezolano William Criado mediante la hipnosis clínica regresiva. Este médico nos adentra en la cuarta dimensión donde habita el enemigo invisible de la humanidad: sí, estamos hablando de las fuerzas oscuras como reptilianos, dragones y otras razas interdimensionales que interfieren y controlan el mundo tridimensional que habitamos o Matrix, tal como demuestra David Icke, uno de los pioneros en esas cuestiones. David Icke lo resume certera y estupendamente en su obra Hijos de matrix:

“Este libro se ha escrito con el objetivo de reunir las pruebas y antecedentes del control extraterrestre, intraterrestre e interdimensional que ha dominado el planeta Tierra durante miles de años hasta el día de hoy, intentando presentar la imagen más clara posible de las fuerzas que diariamente manipulan y dirigen las vidas del género humano. Los linajes que hoy controlan el mundo y nuestras vidas son los mismos que dominaron Lemuria, la Atlántida, Sumeria, Egipto, Babilonia, el Imperio romano, el británico y los demás imperios europeos. Ellos son los presidentes de Estados Unidos, los primeros ministros, las familias que controlan bancos y empresas, los propietarios de los medios de comunicación y aquellos que controlan el ejército. Hemos sido dominados por la misma tribu entrecruzada de híbridos extraterrestres o intraterrestres, los nefilim, durante miles de años y ahora estamos enfrentándonos a un momento crucial de su vasto plan.”

Concluyendo pues, gracias a las investigaciones de la filosofía cuántica, podemos afirmar que, dicho “genio maligno”, sí existe, y se identifica con los seres obscuros como reptilianos y dragones y están localizados en la cuarta dimensión. Una cuestión filosófica aparentemente estéril como el “genio maligno” argumentado en la filosofía de Descartes, siglos más tarde y mediante la física cuántica, así como la hipnosis regresiva, nos permite aseverar que el “genio maligno” existe y es muy peligroso para la supervivencia de la humanidad.

Quizá, algún día, se podrá explicar este artículo como una asignatura de filosofía transpersonal a los estudiantes del futuro. De momento, bastante trabajo habrá para hacer comprender ello a los escépticos materialistas científicos.


Resumen de este artículo:

Las Tres Grandes categorías platónicas (Bondad, Verdad y Belleza) son diferenciadas por Kant mediante sus Tres críticas y, posteriormente, identificadas por Ken Wilber como cuatro cuadrantes : la dimensión interior subjetiva, la dimensión conductual objetiva del sujeto, la dimensión intersubjetiva (cultural) y la dimensión funcional social colectiva.

Dicha dialéctica histórica-cultural desemboca en un abismo de conciencia en la cultura occidental al imponerse el materialismo científico sobre las dimensiones subjetiva e intersubjetiva, siendo ello su gran fracaso epistemológico al no lograr la integración del “yo” (conciencia), “nosotros” (moralidad) y la naturaleza (ciencia).

Dicho fracaso epistemológico abocaría en una pesadilla de odio entre Razón y Espíritu, entre los descendentes y los ascendentes. Y, la única solución, estriba en la integración de la sabiduría y la compasión, de tal modo que, este mundo y sus seres sean englobados por el amor del Espíritu.

Ahora bien, ¿Quién maneja los hilos de la historia, la cultura, la filosofía y la educación? Ya Descartes nos habló del “genio maligno”, pero con el surgimiento de la filosofía cuántica, la realidad se presentaba como una ilusión a la vez que se vislumbraba un universo holográfico más allá de nuestra percepción sensorial. Y en esa metafísica por descubrir, la hipnosis clínica regresiva nos demostraba que existe un enemigo invisible de la humanidad, el cual habita en la cuarta dimensión desde donde ejerce un control sobre la humanidad, más conocido popularmente ese control como Matrix.

Lo anteriormente expuesto solamente se puede comprender desde los postulados de la filosofía transpersonal como ciencia de la conciencia, la cual aborda la metafísica como una condición necesaria al estudiar las dimensiones alternativas más allá de los sentidos físicos. Así, habrá que proseguir con nuestras investigaciones, y buscar cuál es la relación de Dios con la ciencia y cuál es el criterio de demarcación entre ciencia y religión, cuestión que se analizará en el siguiente artículo.
Ver más


Platón, Kant, Wilber

1 - DIOS EN LA DIALÉCTICA HISTÓRICA-CULTURAL

En esta investigación, el concepto “Dios” no debe entenderse en la acepción dogmática de la religión católica sino como una referencia a la Inteligencia Universal, llamada Fuente por algunos. “Dios” es universal y necesario para dar comprensión al misterio de la existencia, y es una referencia para iniciar la trascendencia del ser humano, sin la cual el hombre quedaría ensimismado en la dualidad externa de los sentidos donde todo es una ilusión. Pero, lo anterior, quedará debidamente argumentado a medida que vaya desarrollando las diferentes conceptuaciones de “Dios” desde la visión cultural, desde la filosofía, desde la ciencia y desde la percepción psicológica de cada individuo. Tal es, pues, el objetivo de este trabajo de investigación: establecer la relación de Dios con cada una de dichas categorías cognitivas del ser humano, en aras de que cada cual saque sus propias conclusiones porque, al fin y al cabo, creer o no en una Divinidad que nos trasciende y de la cual participamos, es una cuestión muy personal, incluso una experiencia mística como se argumentará. De momento, vamos a iniciar ese recorrido con el estudio de la dialéctica histórica-cultural para comprender el lugar otorgado a Dios desde el punto de vista de la interpretación filosófica de la mano de los más grandes pensadores como Platón, Kant y Ken Wilber, entre otros.

Para tal finalidad expuesta, me voy a valer de artículos ya publicados para transponer el concepto “Dios” en términos filosóficos, como he dicho, a través de los que considero algunos de los más ilustres pensadores de la historia: Platón, Kant y Wilber. De un modo metodológico, iré citando cronológicamente esos artículos en cuestión, pero dejaré a criterio del lector la extensión y profundidad de sus lecturas; en lo que a mí respecta, iré hilvanando los resúmenes de dichos artículos para lograr una coherencia expositiva estructurada, de modo que, el lector pueda aprehender la organización conceptual que deseo exponer. Así pues, comenzaremos con el primero de dichos artículos:

1 - PLATÓN: EL CAMINO ASCENDENTE ES EL CAMINO DESCENDENTE

El camino ascendente de Platón trata de la conciencia mística y trascendental que huye de los Muchos (mundo sombrío e ilusorio) y encuentra al Uno. Según Wilber:

“El camino del Ascenso es el camino de lo Bueno; el camino del Descenso es el camino de la Bondad. Los Muchos volviendo al Uno y uniéndose a Él es lo Bueno, y es conocido como sabiduría; el Uno de vuelta y abrazando los Muchos es Bondad, y es conocido como compasión”.

“Eros es el amor de lo inferior que alcanza lo superior (Ascenso), y Ágape es el amor de lo superior que alcanza lo inferior (Descenso).

“El Ágape de una dimensión superior es un tirón omega para nuestro Eros que nos invita a ascender, a través de la sabiduría, y por tanto a expandir el círculo de nuestra compasión a más seres cada vez”. “Esta noción general- de un Kósmos multidimensional entretejido por estructuras ascendentes y descendentes de Amor (Eros y Ágape)- sería el tema dominante de las escuelas neoplatónicas y ejercerá una profunda influencia en todas las corrientes del pensamiento subsiguiente hasta (y más allá) de la Ilustración. A través de Nicolás de Cusa y Giordano Bruno ayudó a impulsar el paso de la Edad Media al Renacimiento”.

Prosigue Wilber así:

“El mayor logro de la Ilustración fue la revolución colectiva de lo mítico a lo racional; el innecesario colapso del Kósmos en una planicie holística fue su gran y duradero delito. Precisamente este Kósmos no-dual quedó dividido en dos, tullido y caído, dentro de la pesadilla que sería la espiritualidad occidental, su filosofía y su ciencia.

Las notas fragmentadas a Platón empezaron a ensuciar el paisaje con sus parcialidades y dualismos favoritos, y es ahora, sólo ahora, cuando hemos comenzado a recoger los pedazos.

La primera gran nota fragmentada a Platón, según Wilber sería la filosofía aristotélica:

“Aristóteles, por tanto, aparte de sus extraordinarios contribuciones a la comprensión de “este mundo”, está en la raíz del ascendente occidental arquetipo. El peso de la opinión, por tanto, ya estaba un poco inclinado hacia el lado de los ascendentes. Si no se evocaba a la totalidad de Platón, era muy poco lo quedaba para mantenerse en la tierra. Y precisamente sobre esta plataforma (que ahora se tambalea entre este mundo y el otro) se iba a construir la cultura occidental”.

“Así fue como se instauró el reinado de mil años del Dios mitológicamente ascendido. A partir de entonces vino lo más interesante: empezando en el Renacimiento y a lo largo de la Ilustración, ocurrió lo que podríamos llamar “la gran inversión”. De repente, muy de repente, los ascendentes salieron de la escena y entraron los descendentes; la transición fue sangrienta, posiblemente la transformación cognitiva más sangrienta de la historia europea”.

“Y mientras los ascendentes habían estado en escena hasta el Renacimiento, todo lo que hizo falta fue un cambio decisivo de conciencia para desarrollar el camino descendente, un camino que, saliendo de su confinamiento de mil años, explotó en escena con una furia creativa que, en pocos siglos, reconstruiría todo el mundo occidental y en el proceso sustituiría, de forma más o menos permanente, a un Dios roto por el otro”.

Wilber nos explica dicho cambio de conciencia:

“El catalizador del cambio fue la emergencia de la Razón (formal operacional) no únicamente en unos pocos individuos (lo que había ocurrido en el pasado), sino como principio organizativo básico de la sociedad misma (lo que nunca había ocurrido en el pasado); una Razón que era de hecho una ascensión o trascendencia del mito; una Razón que, harta de un milenio de un (frustrado) mirar hacia arriba, volvió sus ojos hacia las glorias del mundo manifestado, y siguió a ese Dios descendente que encuentra su pasión y deleite, y su perfecta consumación, en las maravillas de la diversidad”.

“El movimiento de la modernidad (desde la Ilustración hasta la actualidad) contuvo, y contiene, dos tendencias muy diferentes. La primera tendencia definitoria de la modernidad fue: “no más mitos” (los filósofos de la ilustración usaron exactamente esa frase para describir sus tareas). Pero “no más mitos” llegó a significar también (y esta es la segunda gran tendencia que define a la modernidad) “no más ascensos”. Comprensiblemente frustrados por uno o dos milenios de anhelar (frustradamente) lo superior y de aspirar al “pastel del cielo”, la Razón tiró por la borda al niño trascendental con el agua mítica del baño”.

“El positivismo, que ahora pedía pruebas reconocibles racionalmente, permitió que se tirara por la borda el Ascenso hacia lo superior, incluso lo pidió. La ciencia empírica podía honestamente, incluso decentemente, pero sin embargo de forma equivocada, imaginar que registrando el componente empírico había cubierto todas las posibilidades”.

“La primera tendencia (“no más mitos”) fue, por así decirlo, un paso hacia adelante, un cambio en el centro de gravedad de la sociedad desde la estructura de participación mítica a la racional-egoica; fue un paso importante en el Ascenso, guiado por Eros. Trajo la diferenciación de los Tres Grandes (ciencia-“ello”, arte-“yo” y moralidad-“nosotros” diferenciados por Kant mediante sus Tres críticas)”.

“La modernidad había finalmente diferenciado a los Tres Grandes, de forma que arte (“yo), ciencia (“ello”) y moralidad (“nosotros”) podían fortificar y enriquecer sus propios propósitos sin interferencias dogmáticas, sin embargo no había forma de que los Tres Grandes pudieran ser integrados (como Schelling y Hegel señalaron) sin un ascenso posterior al nivel visión-lógica. La diferenciación de los Tres Grandes degeneró así, hacia finales del siglo XVIII, en una disociación de los mismos (señalada por Habermas) que, a su vez, permitió que fueran reducidos al “gran uno del lenguaje-ello”.

“Así, bajo el programa de “¡no más ascensos!”, la razón abandonó completamente los mundos superiores y se dedicó exclusivamente a lo que podía aprehender con los sentidos. Para resumirlo en una sola frase, la modernidad trajo un sujeto más profundo a un mundo más superficial. La razón, en reacción al mito, eligió así mirar casi exclusivamente hacia abajo, y en esa mirada fulminante nació el mundo occidental moderno. El Reino de los Sentidos, guiados por la Razón: esa era la realidad fundamental. Así, después de dos milenios, habíamos llegado a esto: el camino de la liberación acababa en el pecado de orgullo.

“Bajo la influencia “científica” del positivismo y el empirismo, había pretensiones de una ciencia empírica unificada que abarcara todo el conocimiento “real”, excluyendo los diversos intentos de conseguir un estatus autónomo para las ciencias humanas emergentes de la realidad cultural y subjetiva (los Tres Grandes fueron reducidos al Gran Uno) : el aplanamiento, el aplastamiento, el colapso del Kósmos”.

“Con el derrocamiento postmoderno del Gran Uno-es decir con la vuelta a la investigación de las dimensiones del sendero izquierdo entre las que se cuentan: las interpretaciones pluriculturales y la hermenéutica, la introspección psicoanalítica y las revelaciones internas, la existencia de formaciones discursivas intersubjetivas y paradigmas cognitivos, de cadenas de significación y profundidades de comunicación, la demanda de distinciones cualitativas y la búsqueda de valor y significado- resumiendo, con la vuelta a los Tres Grandes en vez de simplemente el Gran Uno, el interés ha podido volverse de nuevo (y se ha vuelto) hacia las profundidades de la subjetividad del yo y de la intersubjetividad del nosotros. Estas aperturas van desde las aperturas de Heidegger (el trancendens puro) hasta la incansable búsqueda de la profundidad de los hermeneutas, hasta las aperturas místicas que encontramos en Nietzsche, Bataille y Derrida y, sí, incluso hasta la intensa búsqueda que Foucault hace de experiencias límite, y hasta los poetas “místicos locos”. Las profundidades han hecho estallar una explosión de interés por lo interno, desde la psicología humanista y transpersonal hasta el misticismo oriental y el yoga. Todas las corrientes posmodernas tienen una cosa en común: el empirismo simple ha muerto.

“La integración de los Tres Grandes (persona, cultura y naturaleza), una vez que finalmente se han diferenciado, era (y aún es) la mayor tarea que tiene por delante la modernidad (y posmodernidad). Simplemente, lo que hacía falta era la integración de lo interno o mundos subjetivos (yo y nosotros) con lo externo y objetivo (naturaleza); o la integración de noosfera (Ego) y biosfera (Eco)”.

Se imponía una pregunta:

“¿Cómo podemos unir un camino de Libertad radical y desapego dirigido hacia el Ascenso, con un camino dedicado a la unión y la comunión con la diversidad de los Muchos? ¿Cómo curar este profundo dualismo que había esculpido el paisaje de la cultura occidental durante los últimos dos mil años? ¿Cómo acabar con esta fractura esquizoide en las extensas notas a Platón?

“Con el colapso de prácticamente todo tipo de idealismo, el mundo occidental se quedó asentado confortablemente en el dominio descendido de la planicie naturalista, con su centro de gravedad ontológico más bajo, como un columpio que se ha parado. Y el mundo occidental permanecerá ahí hasta tiempos muy recientes”.

Wilber apunta hacia la resolución de tal problema planteado:

“El problema más urgente del mundo moderno es el de enseñar a todo el mundo la teoría de sistemas (o alguna versión de las nociones de la trama de la vida de Gaia, o alguna versión de la “nueva física”), en lugar de ver que lo que se necesita es una comprensión de los estadios internos del desarrollo de la conciencia. El peor problema de Gaia no son los residuos tóxicos, el agujero de ozono o la polución de la biosfera. Estos problemas globales sólo pueden ser reconocidos y respondidos desde una conciencia global y mundicéntrica, y así el principal problema de Gaia es que no hay un número suficiente de seres humanos que se hayan desarrollado y evolucionado desde lo egocéntrico a lo sociocéntrico y mundicéntrico, que tomen conciencia de la crisis ecológica y emprendan acciones apropiadas. El principal problema de Gaia no es la polución externa, sino el desarrollo interno, ya que sólo él puede acabar con la polución exterior”.

Wilber resuelve finalmente:

“El mundo de la modernidad está un poco loco: mitos para los campesinos, naturalismo plano para la intelectualidad. Es más que irónico que sea la ciencia, la ciencia descendida la que en las últimas décadas del siglo XX redescubra la naturaleza autoorganizada y autotrascendente de la evolución misma. Es más que irónico que unir las “dos flechas” del tiempo hace de Eros el único y omnipenetrante principio de manifestación. Es más que irónico que la ciencia prepare el camino para una evolución más allá de la racionalidad, ya que ha demostrado claramente que la evolución no se detiene para nadie, que cada estadio pasa a un mañana más amplio. Y si hoy es la racionalidad, mañana será la transracionalidad; ningún argumento científico puede estar en desacuerdo con esto, y todos deben favorecerlo. Ahí estamos en la racionalidad, situados en el filo de la percepción transracional, una scientia visionis que está trayendo aquí y allá, cada vez con más claridad y a todo tipo de gente y por todas partes, poderosos destellos de un verdadero Descenso de la omnipenetrante Alma del Mundo”.

Como resumen a la anterior panorámica histórica, podemos decir que Platón realiza una de las primeras descripciones claras de los dos movimientos relacionados con el Uno inexpresable (Dios para Platón). El primero es un descenso del Uno en el mundo de los muchos, un movimiento que crea realmente el mundo de los Muchos y confiere Bondad a todo ello: el Espíritu es inmanente en el mundo. El otro es el movimiento de vuelta o ascenso desde los Muchos al Uno, un proceso de recordar lo Bueno: el Espíritu trasciende al mundo. Platón destacaba ambos movimientos, pero la civilización occidental ha sido una batalla entre ellos, entre los que querían vivir solo en “este mundo” de la Multiplicidad y quienes querían vivir solo en el “otro mundo” de la Unidad trascendental. Platón da a ambos movimientos la misma importancia, porque ambos están basados en el Uno no expresado, al que se llega por súbita iluminación. Pero cuando se olvida a ese Uno no expresado, entonces ambos movimientos se enfrentan en una guerra de opuestos: los ascéticos, represivos y puritanos ascendentes por un lado, que virtualmente destruyen “este mundo” (de la naturaleza, el cuerpo y los sentidos); y, por otro lado, los descendentes, que abrazan la sombra y acaban distorsionando “este mundo” al igual que lo hacen los horribles ascendentes porque quieren de “este mundo” algo que nunca les puede proporcionar: la salvación. Estas dos estrategias, los ascendentes y los descendentes, han sido las dos formas principales de notas a pie de página de Platón que han invadido la civilización occidental durante los últimos dos mil años.

No obstante lo anterior, según el Catedrático de Filosofía del Derecho Danilo Basta, es indiscutible que en el pensamiento de Platón -y especialmente en el centro de su pensamiento, esto es, en su doctrina de las ideas- se contienen motivos en los que se advierte y anticipa la empresa kantiana de examinar críticamente la razón humana, por lo que respecta a su capacidad y sus límites. Según él, la filosofía de Platón incluye muchas cualidades que anticipan a Kant mientras el pensamiento de Kant es una vuelta a Platón: en efecto, no se puede poner en duda el hecho de que en el pensamiento de Platón existen algunas características que por su significado anticipan el esfuerzo de Kant de examinar críticamente las facultades del entendimiento humano, mientras algunos componentes de la actitud crítica de Kant aluden a la filosofía de Platón. Sin embargo, según Danilo Basta, Platón no fue un Kant en potencia ni Kant un Platón actualizado. Incluso aunque Kant era completamente consciente de que las ideas (Formas) de Platón poseen ante todo una dimensión ontológico-especulativa, de acuerdo con sus propios intereses filosóficos las orientó hermenéuticamente hacia la ética y la política, abriendo así una nueva posibilidad de comprender la esencia misma de la filosofía de Platón. Con su imagen de Platón, Kant mostró al mismo tiempo algunos de sus propios rasgos de filósofo crítico.

Danilo Basta concluye su análisis en La imagen de Platón en La crítica de la razón pura afirmando que no podemos evitar la impresión de que Kant, cuando elaboró su imagen de Platón, ofreció al mismo tiempo algunos de los rasgos fundamentales de su propio retrato en cuanto filósofo crítico. Esto fue ciertamente posible porque tanto él como Platón mantienen un profundo parentesco intelectual, del que el propio Kant era plenamente consciente. En este sentido, sentencia Danilo Basta, no se equivocaba Wichmann cuando concluía su estudio comparativo sobre Platón y Kant diciendo que ambos autores se complementan mutuamente de tal modo que para poder comprender a Platón antes hay que pasar por la escuela del pensamiento kantiano, y para poder vivenciar a Kant antes se ha de morar en el espíritu de Platón.

2 - LA GRAN INVERSIÓN: DE LO INCONMENSURABLE A LO CONMENSURABLE

Ya tenemos, pues, una aprehensión cognitiva de esa fractura dualista entre los ascendentes (hacia Dios) y los descendentes (hacia la naturaleza y la ciencia) a través de la dialéctica histórica-filosófica; una fractura de dos mil años resuelta por Ken Wilber, considerado como “El Einstein de la conciencia”. Ello no se explica en el sistema educativo, y menos en las universidades, todavía bajo el peso de la razón egoica.

Pero prosigamos en la comprensión de esa fractura dualista entre Dios y la ciencia, pues es necesario saber cómo se ha producido esa inversión entre el camino ascendente hacia lo inconmensurable y el camino descendente hacia lo conmensurable. Según Wilber, las grandes tradiciones espirituales del mundo caen bajo dos campos muy amplios y diferentes, dos tipos diferentes de espiritualidad que denomina la espiritualidad ascendente y espiritualidad descendente.

Desde la época que va desde San Agustín a Copérnico, Occidente se movió siguiendo un ideal puramente ascendente, un ideal esencialmente ultramundano, un ideal según el cual la salvación y la liberación final no pueden ser halladas en este mundo, en esta Tierra y en esta vida, de modo que, desde ese punto de vista, las cosas realmente importantes solo ocurren después de la muerte, en el dominio de lo ultramundano. Con el advenimiento de la modernidad y la postmodernidad, en cambio, asistimos a una profunda subversión de este punto de vista, una transformación en la que los ascendentes desaparecen de escena y dejan su lugar a los descendentes, la idea de que el único mundo que existe es el mundo sensorial, empírico y material, un mundo que niega dimensiones superiores y más profundas y, negando por tanto, estadios superiores de la evolución de la conciencia, negando la trascendencia. Bienvenidos, por tanto, al mundo chato a decir de Wilber, al dios del capitalismo, del marxismo, del industrialismo, de la ecología profunda, del consumismo o del ecofeminismo, al Gran Uno asentado sobre el reduccionismo del materialismo científico o “ello” como jerarquía de dominio sobre el “yo” y el “nosotros”.

Esa es la batalla arquetípica que tiene lugar en el mismo corazón de la tradición occidental, la lucha entre los ascendentes y los descendentes, según Wilber:

"El camino ascendente es el camino puramente trascendental y ultramundano. Se trata de un camino puritano, ascético y yóguico, un camino que suele despreciar- e incluso negar- el cuerpo, los sentidos, la sexualidad, la Tierra y la carne. Este camino busca la salvación en un reino que no es de este mundo. El camino ascendente glorifica la unidad no la multiplicidad. (…). El camino descendente, por su parte afirma exactamente lo contrario, Éste es un camino esencialmente intramundano, un camino que no glorifica la unidad sino la multiplicidad. El camino descendente enaltece la Tierra, el cuerpo, los sentidos e incluso la sexualidad, un camino que llega incluso a identificar el espíritu con el mundo sensorial. Se trata de un camino puramente inmanente que rechaza la trascendencia".

A lo largo de la historia de Occidente, dicha unidad entre lo ascendente y lo descendente terminaría resquebrajándose y enfrentando, de manera frecuentemente violenta, a los ultramundanos ascendentes y los intramundanos descendentes, un conflicto que ha terminado convirtiéndose en el problema central característico de la mente occidental. Durante el milenio que va de Agustín a Copérnico aparece, en Occidente, un ideal casi exclusivamente ascendente recomendado por la Iglesia para alcanzar las virtudes y la salvación, un camino que aconsejaba no acumular ningún tipo de tesoros de esta tierra porque, según ella, en esta tierra no hay nada que merezca ser atesorado. Pero todo comenzó a cambiar radicalmente con el Renacimiento y la emergencia de la modernidad, un cambio que alcanzaría su punto culminante con la Ilustración y la Edad de la Razón y que bien podría resumirse diciendo que los ascendentes fueron reemplazados por los descendentes. Con la emergencia de la modernidad, lo ascendente se convertiría en el nuevo pecado. La moderna negación occidental de las dimensiones transpersonales produjo desprecio, rechazo y marginación de lo auténticamente espiritual y el consiguiente declive de cualquier tipo de sabiduría trascendente, un declive que ha termino convirtiéndose en el signo de nuestros tiempos.

Para el mundo moderno, entonces, la salvación se hallaría en la política, la ciencia, el marxismo, la industrialización, el consumismo, la sexualidad, el materialismo científico, etcétera. La salvación solo puede ser encontrada en esta tierra, en el mundo de los fenómenos, en suma, en un marco de referencia puramente descendente donde no existe ninguna verdad superior, ninguna corriente ascendente, nada que sea realmente trascendente, dicho de otra manera, es una religión de mucha compasión pero poca sabiduría, de mucha Divinidad pero poco Dios, en suma, en una visión chata del mundo sustentada por el materialismo científico.

Cuando el vehículo de la evolución entró en el mundo moderno, se produjo la diferenciación del Gran Tres –conciencia (yo), cultura (nosotros) y naturaleza (ello) -, y derivó hacia la disociación del Gran Tres y el posterior colapso del Kosmos en un mundo chato dominado por el Gran Uno (materialismo científico o “ello”). La salvación – si es que es posible- reside en la integración del Gran Tres: la naturaleza (ello), la moral (nosotros) y la mente (yo).

La fragmentación del mundo en tres dominios separados, el yo, la moral y la ciencia, que no buscaban la integración sino el dominio sobre los demás, derivó en un desastre en que todavía se encuentra atrapado el mundo moderno y postmoderno: en un abismo cultural sin consideraciones éticas, cuestiones que, inevitablemente, habría que dilucidar.

3 - EL ABISMO CULTURAL Y LA CUESTIÓN ÉTICA

Wilber concluye Breve historia de todas las cosas centrando su atención en tres tópicos: la interpretación de las intuiciones espirituales, la ética medioambiental y las posibles líneas de desarrollo de la futura evolución del mundo.

1 - Las intuiciones espirituales y el abismo cultural

En opinión de Wilber, muchas personas tienen verdaderas intuiciones de los estadios transpersonales iniciales pero, a su juicio, son interpretadas o descifrada de una forma inapropiada por estar atrapadas en el moderno marco de referencia descendente y en su correspondiente disociación entre el yo, la cultura (nosotros) y la naturaleza (ello). Por ejemplo, una intuición del Alma Global del Mundo interpretada en función de su Yo superior, tenderá a ignorar los componentes conductuales, sociales y culturales tan indispensables para la auténtica transformación. También puede ocurrir que se caiga en el otro extremo, que se sienta que es uno con el mundo y luego concluya que ese mundo con el que se ha fundido es la simple naturaleza empírica, ignorando entonces el mundo subjetivo e intersubjetivo. De modo que puede ocurrir que la intuición sea genuina pero que la interpretación termine tergiversando completamente las cosas cuando se realiza exclusivamente en función de su cuadrante favorito en lugar de rendir tributo por igual a los cuatro cuadrantes.

Según Wilber, cuando más en contacto se halle con el Yo superior, más comprometido estará usted con el mundo y con los demás, como un componente de su auténtico Yo, el Yo en el que todos somos Uno. Tener en cuenta los cuatro cuadrantes ayuda a manifestar esta realización y a respetar a todos y cada uno de los holones como una manifestación de lo Divino. Ciertamente, en la Suprema Identidad, uno está asentado en la Libertad, pero esa Libertad se manifiesta como actividad compasiva, como atención y como respeto. Las interpretaciones más certeras favorecen la posterior emergencia de intuiciones más profundas relativas a los dominios del “yo”, del “nosotros” y del “ello”, no solo en cuanto a la forma de actualizar el Yo superior sino también con respecto a la manera de integrarlo en la cultura (nosotros), encarnarlo en la naturaleza (ello) e impregnarlo en las instituciones sociales, en definitiva, una interpretación que tenga en cuenta los cuatro cuadrantes en los que se manifiesta el Espíritu.

Se dice a veces que uno de los mayores problemas de las sociedades occidentales es el abismo existente entre ricos y pobres aunque, en opinión de Wilber, el abismo más alarmante es el abismo interior, un abismo cultural, un abismo de conciencia, un abismo, en suma, de profundidad. Y en cada nueva transformación cultural, este abismo cultural, este abismo de conciencia es cada vez mayor. El abismo que existe entre la profundidad promedio que ofrece esa cultura y el número de quienes realmente pueden alcanzarla, genera una tensión interna que puede propiciar la patología cultural. ¿Existe alguna solución?

El problema real tampoco es el abismo cultural, nuestro problema real es que ni siquiera podemos pensar en el abismo cultural. Y no podemos hacerlo porque vivimos en un mundo chato, un mundo que no reconoce la existencia de grados de conciencia, de profundidades, de valores y de méritos. En este mundo, todo tiene la misma profundidad, es decir, cero. Y puesto que nuestra chata visión del mundo ni siquiera reconoce la profundidad, tampoco puede reconocer el abismo profundo, el abismo cultural, el abismo de conciencia. En consecuencia, la explotación de los países desarrollados y “civilizados” proseguirá hasta el momento en que reconozcamos este problema y busquemos las formas de comenzar a resolverlo. Mientras sigamos sosteniendo esa visión chata del mundo, el abismo cultural no podrá ser resuelto, porque la visión chata del mundo niega de plano la existencia de la dimensión vertical, de la transformación interior, de la trascendencia. Y si nuestra visión del mundo sigue sin permitirnos reconocer el problema, no está lejos el momento en que el abismo cultural termine provocando el colapso de nuestra cultura.

2 - La crisis medioambiental

Por otro lado, la crisis medioambiental trata del mismo problema que el abismo cultural. El punto de vista global, postconvencional y mundicéntrico es el único que puede permitir el reconocimiento de las dimensiones reales de la crisis ecológica y, lo que es más importante todavía, proporcionar la visión y la fortaleza moral necesarias para tratar de modificarlas. Pero, para que esta acción sea significativa, es preciso que un número considerable de individuos alcancen el nivel de desarrollo postconvencional y mundicéntrico. En otras palabras, solo será posible solucionar la crisis ecológica salvando el abismo cultural, porque ambas son facetas del mismo problema.

Las discusiones sobre ética medioambiental suelen centrarse en lo que se conoce con el nombre de axiología, la teoría de los valores. Y, en este sentido, hay cuatro grandes escuelas de axiología medioambiental.

La primera considera que todos los holones vivos –un gusano y un mono, por ejemplo- tienen el mismo valor.

La segunda traza una línea divisoria entre las formas vivas que no poseen suficientes sentimientos, como los insectos, y los que sí, como, por ejemplo, los mamíferos.

La tercera considera que las entidades más complejas son las que más derechos poseen. En este sentido, los seres humanos son las más avanzadas y, en consecuencia, también poseen más derechos.

La cuarta escuela considera que el ser humano es el único que posee derechos, pero esos derechos incluyen el respeto y la gestión de la tierra y de todos los seres vivos.

La visión de Wilber sobre la ética medioambiental incorpora lo fundamental de las cuatro escuelas citadas, y se basa en diferentes tipos de valor:

-El valor Sustrato

Todos los holones poseen el mismo valor Sustrato, es decir, desde los átomos hasta los simios, son manifestaciones perfectas del Espíritu y, en ese sentido, ninguno de ellos es superior, inferior, mejor o peor que los demás. Así pues, en cuanto manifestación del Absoluto, todos los holones poseen el mismo valor Sustrato.

-El valor intrínseco

Pero además de ser una expresión del absoluto, todo holón es también una totalidad/parte relativa y, en este sentido, posee su propia totalidad relativa y su propia parcialidad relativa. En cuanto totalidad, todo holón tiene un valor intrínseco, el valor de su propia totalidad, de su propia profundidad. Y, en consecuencia, cuanta mayor sea la totalidad, cuanto mayor sea su profundidad, tanto mayor será también su valor intrínseco. De modo que aunque un simio y un átomo sean, en sí mismos, manifestaciones perfectas del Espíritu (aunque tengan el mismo valor Sustrato), el simio tendrá una profundidad mayor, una totalidad mayor y, en consecuencia un mayor valor intrínseco. Desde este punto de vista, cuanta mayor sea la profundidad de un holón, mayor será también su grado de conciencia.

-El valor extrínseco.

Pero un holón no solo es totalidad sino que también es una parte y, como tal, forma parte de una totalidad necesaria para la existencia de otros holones y tiene valor para otros. Así, como parte, cada holón tiene valor extrínseco, valor instrumental, valor para los demás holones. Un átomo, en este sentido, tiene mayor valor extrínseco que un simio puesto que la destrucción de los simios no afectaría significativamente al universo, pero la destrucción de los átomos acabaría con todo excepto las partículas subatómicas.

Wilber relaciona todo lo anterior con los derechos y las responsabilidades.

Como totalidad, todo holón tiene derechos que expresan su autonomía relativa (su individualidad), derechos que describen las condiciones necesarias para mantener su integridad (si una planta, por ejemplo, no recibe suficiente agua terminará disgregándose), y conservar así su profundidad. Pero, además, todo holón también forma parte de alguna(s) otra(s) totalidad(es) y, en ese sentido, también es responsable de la conservación de esa totalidad. Podríamos decir que la responsabilidad es simplemente una descripción de las condiciones que requiere todo holón para formar parte de una totalidad. Y, si esas responsabilidades no son tenidas en cuenta, el holón dejará de formar parte de esa totalidad. Las responsabilidades expresan las condiciones de existencia del valor extrínseco de un holón, las condiciones necesarias para conservar su parcialidad, preservar su comunión y mantener su amplitud. Si realmente un holón quiere conservar sus relaciones, su ajuste cultural y su ajuste funcional, estará necesariamente obligado a asumir sus responsabilidades.

Así son las cosas en una holoarquía anidada de complejidad y profundidad creciente. Los seres humanos son relativamente más profundos que las amebas, pongamos por caso, y en ese mismo sentido tenemos más derechos –las condiciones necesarias para conservar nuestra integridad-, pero también tenemos más responsabilidades, no solo al nivel de la sociedad humana de la que formamos parte, sino también al nivel de las comunidades que engloban a los subholones que nos componen. Nosotros existimos en redes de relaciones holónicas en la fisiosfera, en la biosfera y en la noosfera, y nuestros derechos relativamente superiores también conllevan responsabilidades relativamente mayores en todas esas dimensiones. El fracaso en asumir esas responsabilidades implica el fracaso en establecer las condiciones necesarias de existencia de los holones y subholones que nos componen, lo cual conllevaría nuestra propia destrucción. Parece, no obstante, que insistamos en reivindicar nuestros derechos sin querer asumir nuestras responsabilidades. ¡Queremos ser una totalidad sin formar parte de nada! ¡Queremos ir a la nuestra! Lo cual es una cultura del narcicismo, la cultura de la regresión y de la retribalización. Queremos disfrutar de todos los derechos egoicos sin la necesaria contrapartida de las responsabilidades. Nuestra frenética avidez de derechos no es más que un signo de la fragmentación en “totalidades” cada vez más egocéntricas que se niegan a asumir cualquier otra cosa que no sea sus propias necesidades. Una de las grandes dificultades del moderno paradigma chato del mundo –tanto en su versión ego como en su versión eco-, es que las nociones de derechos y de responsabilidades han terminado confundiéndose.

Desde ese punto de vista, el ego independiente puede hacer lo que quiera y expoliar al medio ambiente como mejor le apetezca porque todo es un instrumento a su servicio. Para la versión eco-romántica, en cambio, la única realidad esencial es la Gran Red interrelacionada, y a ella –y no al ego reflexivo- se le asigna autonomía. Y puesto que la Gran Red es la única realidad, solo ella tiene valor de totalidad, valor intrínseco, y todos los demás holones (incluidos los seres humanos) son meros instrumentos de su autopoyéticos designios, lo cual dicho sea de paso, constituye una forma de ecofascismo.

Para Wilber, es necesaria una ética medioambiental que respete los tres tipos de valores característicos de todos y cada uno de los holones: valor Sustrato, valor intrínseco y valor extrínseco, y comprender que es mucho mejor golpear a una roca que a un mono, comerse una zanahoria que una ternera y alimentarse de granos que de mamíferos. En otras palabras, la primera regla pragmática de nuestra ética medioambiental sería la de que, para satisfacer nuestras necesidades vitales, deberíamos consumir o destruir la menor profundidad posible, es decir, deberíamos tratar de hacer el menor daño posible a la conciencia, deberíamos intentar destruir el menor valor intrínseco posible. O, formulado en términos positivos, deberíamos proteger y conservar tanta profundidad como fuera posible. Pero este imperativo cubre la profundidad pero no la amplitud, la individualidad pero no la comunión, las totalidades pero no las partes. En este sentido, nosotros queremos proteger y promover la mayor profundidad para la mayor amplitud posible. No solo conservar la mayor profundidad –lo cual sería fascista y antropocéntrico-, ni solo la mayor amplitud –lo cual sería totalitario y ecofascista-, sino conservar la mayor profundidad para la mayor amplitud posible. Según Wilber, esa es la estructura actual de la intuición espiritual que denomina intuición moral básica.

En otras palabras, cuando yo intuyo claramente al Espíritu, no solo intuyo su resplandor en mí mismo, sino que también lo intuyo en el dominio de los seres que comparten el Espíritu conmigo (en forma de su propia profundidad). Y es entonces cuando deseo proteger y promover ese Espíritu, no solo en mí sino en todos los seres en los que se manifiesta. Pero, además, si intuyo claramente al Espíritu, también me siento alentado a implementar ese despliegue espiritual en tantos seres como pueda, es decir, no solo en los dominios del “yo” o del “nosotros”, sino que también me siento movilizado a implementar esta realización como un estado objetivo de cosas (en los dominios del “ello”, en el mundo). El hecho que el Espíritu se manifieste realmente en los cuatro cuadrantes. (o, dicho de modo resumido, en los dominios del “yo”, del “nosotros” y del “ello”) supone también que la auténtica intuición espiritual es aprehendida con el deseo de expandir la profundidad del “yo” a la amplitud del “nosotros” y al estado objetivo de cosas del propio “ello”. En definitiva, proteger y promover la mayor profundidad a la mayor amplitud posible. Esa es, en opinión de Wilber, la intuición moral básica de todos los holones, sean o no humanos.

3 - La futura evolución del mundo

Según Wilber, la solución al abismo cultural, la integración vertical y la ética medioambiental, gira en torno al rechazo de la visión chata del mundo. Una nueva transformación postmoderna solo puede proseguir de un modo equilibrado si logramos integrar el Gran Tres. (“yo”, “nosotros” y “ello”). Ello significa la necesaria emergencia de un nuevo tipo de sociedad que integre la conciencia, la cultura y la naturaleza, y abra paso al arte, la moral, la ciencia, los valores personales, la sabiduría colectiva y el conocimiento técnico.

Desde hace unos dos mil años, los ascendentes y los descendentes se hallan enzarzados en la misma batalla, una batalla en la que cada bando reclama ser la Totalidad y acusa al otro de ser el Mal, fracturando así el mundo en una pesadilla de odio y rechazo. Después de tantos años de lucha, los ascendentes y los descendentes siguen atrapados en la misma locura. La solución a esta contienda consiste en integrar y equilibrar las corrientes ascendentes y descendentes en el ser humano, de forma que la sabiduría y la compasión puedan aunar sus fuerzas en la búsqueda de un Espíritu que trascienda e incluya este mundo, que englobe este mundo y todos sus seres con su amor, una compasión, un cuidado y un respeto infinito, la más tierna de las misericordias y la más resplandeciente de las miradas.

Los ascendentes y los descendentes, al fragmentar el Kosmos, están alimentando la brutalidad de la contienda y no hacen más que tratar de contagiar al otro bando sus enfermedades. Pero no es en la lucha sino en la unión entre los ascendentes y los descendentes donde podremos encontrar armonía, porque solo podremos salvarnos, por así decirlo, cuando ambas facciones se reconcilien. Y tal salvación solo puede provenir de la unión entre la sabiduría y la compasión.

Y la unión entre esas dos corrientes, entre la sabiduría y la compasión, constituye el fin y el sustrato de toda auténtica espiritualidad. Dicho de otro modo, la sabiduría es a Dios como la compasión a la Divinidad. Ésta es precisamente la visión no dual, entre Dios y la Divinidad, entre la Vacuidad y la Forma, entre la sabiduría y la compasión, entre lo ascendente y lo descendente.

Pero todo comenzó a cambiar radicalmente con el Renacimiento y la emergencia de la modernidad, un cambio que alcanzaría su punto culminante con la Ilustración y la Edad de la Razón y que bien podría resumirse diciendo que los ascendentes fueron reemplazados por los descendentes. Con la emergencia de la modernidad, lo ascendente se convertiría en el nuevo pecado. La moderna negación occidental de las dimensiones transpersonales produjo desprecio, rechazo y marginación de lo auténticamente espiritual y el consiguiente declive de cualquier tipo de sabiduría trascendente, un declive que ha termino convirtiéndose en el signo de nuestros tiempos.

4 - HERMENÉUTICA DE LO INCONMENSURABLE

Del anterior análisis de la dialéctica histórica-cultural y filosófica, puedo afirmar que la historia no es como nos la enseñan en el sistema educativo pues han amputado el camino ascendente hacia la genuina espiritualidad. La historia manipulada también tiene su versión en el ámbito científico, pues hay voces discrepantes con el discurso científico materialista, reduccionista y positivista, tal es el caso de Rupert Sheldrake, uno de los biólogos y escritores más innovadores del mundo.

Rupert Sheldrake es el autor de la teoría de los campos mórficos y la resonancia mórfica y ha desarrollado importantes investigaciones en el campo de la telepatía o la percepción. Sus trabajos conducen a una visión del desarrollo de la vida y el universo radicalmente distinta de la mantenida por los estamentos más académicos. Su trabajo en el campo de la biología se desarrolló en la Universidad de Cambridge en donde fue miembro del Clare College. Por sus aportaciones coherentes, rigurosas y bien fundamentadas, es un autor de referencia en el cuestionamiento del actual paradigma científico.

En su obra El espejismo de la ciencia, Sheldrake analiza diez dogmas científicos y su veracidad, con una intención de fondo: revelar la “cosmovisión” actual de la ciencia y sus limitaciones. Para Sheldrake la “cosmovisión científica” se ha convertido en un sistema de creencias cuyos dogmas condicionan y limitan la labor científica, que debería estar basada en la indagación, la formulación y prueba de hipótesis, la atención a la evidencia, y la discusión crítica. El título del libro claramente lo ha situado en el mercado como un contra-manifiesto de El espejismo de Dios, un famoso ensayo escrito por el etólogo británico Richard Dawkins.

El espejismo de la ciencia es la creencia en que la ciencia ya comprende la naturaleza de la realidad. Las preguntas fundamentales habrían sido ya respondidas y solo quedarían los detalles por completar. En este apasionante libro, el doctor Rupert Sheldrake muestra que la ciencia está oprimida por supuestos que se han consolidado como dogmas. La “perspectiva científica” se ha convertido en un sistema de creencias: toda realidad es material o física; el mundo es una máquina constituida por materia muerta; la naturaleza carece de propósito; la conciencia no es sino la actividad física del cerebro; el libre albedrío es una ilusión; Dios existe solo como una idea en las mentes humanas. Sheldrake examina científicamente estos dogmas y muestra, de forma tan amena como convincente, que la ciencia estaría mejor sin ellos: sería más libre, más interesante y más divertida.

Todo ello apunta hacia un obligado revisionismo, respectivamente, de la historia, la educación y la ciencia: el fundamento epistemológico por excelencia pretendido por La educación cuántica. Para tal propósito he seguido el sabio consejo de mi admirado Descartes: “Para alcanzar la verdad, es necesario, una vez en la vida, desprenderse de todas las ideas, y reconstruir de nuevo y desde los cimientos todo nuestro sistema de conocimientos”. Es por ello que puedo proclamar a los cuatros vientos: la historia del pensamiento no es como nos la enseñan en nuestro actual sistema educativo occidental, sino que está amputada de su otra mitad, la filosofía perenne o filosofía del misticismo.

5 - LA NATURALEZA ES MENTAL: VUELTA A PLATÓN

Vemos pues que, la dialéctica filosófica-cultural a través de la historia manipulada, evidencia el fracaso del materialismo científico como unívoca explicación de la realidad, siendo necesaria la filosofía del misticismo como una disciplina conciliadora para unir a los ascendentes y los descendentes y, ello, como se verá a continuación, requiere de una vuelta a Platón al considerar que la naturaleza no es intangiblemente material sino mental.

La naturaleza mental es certeramente expresada por el físico y astrónomo Sir James Jeans: “Todos los conceptos revelados hoy como fundamentales para la comprensión del universo-un espacio finito, un espacio vacío, cuatridimensional, espacios de siete y más dimensiones, un espacio en permanente expansión, leyes de la probabilidad en vez de la causalidad- todos estos conceptos resultan ser, a mi modo de ver, estructuras de pensamiento puro, imposibles de entender en ningún sentido propiamente material”.

“Por ejemplo, cualquiera que haya escrito u haya dado conferencias sobre la finitud del espacio está acostumbrado a la objeción siguiente consistente en afirmar que el concepto de un espacio finito es en sí algo contradictorio y sin sentido. Si el espacio es finito, dicen nuestros críticos, debe ser posible ir más allá de sus propios límites, ¿y qué es lo que podemos encontrar más allá de ellos, sino más espacio, y así ad finitum? Lo cual demuestra que el espacio no puede ser finito. Y además, añaden, si el espacio está en expansión, ¿hacia dónde puede estar expansionándose, si no es hacia un mayor espacio? Lo que, una vez más, demuestra-en su opinión- que lo que está en expansión solamente puede ser una parte del espacio, de modo que la totalidad del espacio no puede expandirse en modo alguno”.

“Los críticos de nuestro siglo (1931) comparten todavía la actitud mental de los científicos del siglo XIX; dan por supuesto que el universo debe ser susceptible de representación material. Si partimos de sus premisas, debemos, también, creo yo, compartir sus conclusiones-que estamos diciendo tonterías-, pues su lógica es irrefutable. Pero la ciencia moderna no puede en modo alguno compartir sus conclusiones, e insiste en la infinitud del espacio a toda costa. Eso significa, naturalmente, que tenemos que negar las premisas de que parten por ignorancia quienes formulan ese tipo de críticas. El universo no es susceptible de representación material, y la razón, creo yo, es que se ha convertido en un concepto puramente mental”.

“Es lo mismo que ocurre, creo yo, con otros conceptos más técnicos, caracterizados por el “principio de exclusión”, lo que parece implicar una especie de “acción” a “distancia” a la vez en el espacio y en el tiempo, como si cada porción del universo supiese lo que las demás porciones a distancia están haciendo, y actuase de acuerdo con ello. En mi opinión, las leyes a las que obedece la naturaleza sugieren menos aquellas a las que obedece el movimiento de una máquina, que aquellas a las que se ajusta un músico al componer una fuga, o un poeta al componer un soneto. Los movimientos de los átomos y de los electrones se parecen más a los bailarines en un cotillón, que a los de las diversas partes de una locomotora. Y si “la verdadera esencia de las substancias” no puede llegar a ser conocida jamás, entonces, no importa si el baile del cotillón tiene lugar en la vida real, o en la pantalla de cine, o en un cuento de Boccaccio. Si todo es así, entonces la mejor forma de describir el universo, aunque todavía muy imperfecta e inadecuada, consiste en considerarlo con un pensamiento puro, como el pensamiento de quien, a falta de otro concepto más abarcativo, podríamos describir como un pensador matemático”.

“Y de esta forma nos vemos introducidos en el núcleo del problema de las relaciones entre la mente y la materia,… pero es mucho menos fácil entender cómo una perturbación atómica material puede hacer surgir un pensamiento poético entorno a la puesta del sol, debido a la entera disparidad de su respectiva naturaleza. Por esta razón Descartes llegó a sostener la existencia de dos mundos distintos, el de la mente y el de la materia, que seguían, por así decirlo, cursos independientes sobre raíles paralelos sin encontrarse jamás. Berkeley y los filósofos idealistas estaban de acuerdo con Descartes en que, si la mente y la materia eran de naturaleza distinta, no podían jamás interactuar entre sí. Pero, para ellos, esas interacciones eran de hecho continuas. Por consiguiente, argüían, la esencia de la materia debe ser también el pensamiento, no la extensión”.

“Ahora bien, los pensamientos o las ideas, para existir, necesitan de una mente en la cual existan. Podemos decir que algo existe en nuestra mente mientras somos conscientes de ello, pero este hecho no acredita su existencia en los periodos en que no somos conscientes de ello. No importa si los objetos existen en mi mente, o en la de cualquier otro espíritu creado o no; su objetividad proviene del hecho de subsistir en la mente de algún Espíritu Eterno”.

Para los más escépticos en esta cuestión de la naturaleza mental, recomiendo la lectura de la nota de Ken Wilber respecto al citado texto de Jeans. Wilber, sinópticamente, señala que la idea de que el reino de lo físico es una “materialización del pensamiento” cuenta con un apoyo sumamente amplio en la filosofía perenne. Explica de un modo sencillo la “involución” y la “evolución” que atraviesa toda la Gran Cadena del Ser mediante la materia, la vida, la mente, el alma y el reino espiritual. Para hacer evidente la jerarquía de la mente sobre el reino de lo natural, Wilber formula certeramente el siguiente axioma: “Todos los procesos naturales fundamentales pueden ser representados matemáticamente, pero no todas las formulaciones matemáticas son susceptibles de aplicación material”. Así, prosigue Wilber, “la materia es una sombra en el sentido platónico, pero, como dice Jeans, lleva impresas en sí algunas de las formas propias de los dominios antológicamente superiores, fórmulas matemáticas en este caso”.

Para rematar la argumentación de que la naturaleza es mental, qué mejor que recordar la frase favorita de Sir James Jeans: “Dios es matemático, y el universo está empezando a parecerse más a un gran pensamiento que a una gran máquina”. Por tanto, el pensamiento científico, en boca de Jeans, viene a coincidir con lo ya dicho por Buda: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”, remitiendo así, inexorablemente, a la sabiduría perenne. La postulación de Jeans sobre la naturaleza mental del universo es exactamente la misma enseñanza presente en la filosofía hermética, también conocida como los “siete principios del hermetismo”, cuyo primer principio es Mentalismo. El Todo es mente. El universo es mental. En efecto, como acredita la física cuántica, no se puede acceder al desciframiento de la materia si no es desde la percepción mental del observador. Con el cambio de paradigma científico desde la física clásica a la física cuántica, como argumenta Jeans entre otros muchos pensadores, el universo no es susceptible de representación material, sino se ha convertido en un concepto puramente mental.

Este giro copernicano de la mirada desde la representación material a la mental, finalmente, viene a dar la razón a Platón, una vez más, en su postulación del Mundo de las Ideas, una cuestión que el propio Jeans argumenta del siguiente modo: “…es el reconocimiento universal de que aún no nos hemos puesto en contacto con la realidad última. Por emplear los términos del conocido símil de Platón, seguimos estando prisioneros en la caverna, de espalda a la luz, y sólo podemos ver las sombras que se reflejan en el muro. Por el momento, la única tarea que la ciencia tiene inmediatamente ante sí consiste en estudiar esas sombras, clasificarlas y explicarlas del modo más simple posible”.

La anterior argumentación converge con el objetivo epistemológico de mi obra La educación cuántica, precisamente, para intentar demostrar que el discurso del materialismo científico (dualismo objeto-sujeto) es una verdad a medias, pues estudia las sombras producidas por las luminosos ideas presentes en la filosofía perenne, obviando por tanto al misticismo contemplativo (no dualidad entre objeto-sujeto) como un nuevo mundo cognitivo a descubrir por cada cual mediante el camino ascendente de su conciencia hacia la sabiduría. Todo un viaje iniciático de la transformación interior donde, el racionalismo pragmático sustentado en el materialismo científico, debe ser trascendido hacia el racionalismo espiritual o Mundo de las Ideas donde, el Amor, es la idea suprema. Este giro copernicano del materialismo al idealismo donde el ego debe trascenderse hacia la conciencia transpersonal, es un proceso de autopoiesis de la naturaleza imperceptible para la mayoría de mis coetáneos. Sin embargo, como profetiza James Jeans, “¿quién sabe cuántas veces aún tendrá que girar sobre sí misma la corriente del saber?”. Tal es el objetivo epistemológico pretendido por La educación cuántica: dilucidar y evidenciar que la humanidad se halla ante un Segundo Renacimiento Humanístico consistente en la trascendencia del cogito cartesiano (“yo”), más allá de la naturaleza (“ello”), hacia el “nosotros” kantiano, un proceso de autopoiesis entre los eternos contrarios postulados por el filósofo Heráclito, y que propugna los cambios de paradigmas desde la física clásica a la cuántica, de la filosofía tradicional a la transpersonal, de la psicología tradicional a la transpersonal, de la conciencia personal a la transpersonal y, socialmente, del neoliberalismo al altermundismo.

En suma, tantos cambios de paradigmas imperceptibles todavía para muchos, pero que pueden ser aprehendidos de un modo hermenéutico por todo sincero buscador de la verdad histórica y filosófica, la cual se encamina al cambio de paradigma por excelencia: un Segundo Renacimiento Humanístico desde el “yo” al “nosotros”, desde la Razón al Espíritu.


Resumen de este artículo:

El camino ascendente de Platón trata de la conciencia mística y trascendental que huye de los Muchos (mundo sombrío e ilusorio) y encuentra al Uno. Los Muchos volviendo al Uno y uniéndose a él es lo Bueno, y es conocido como sabiduría; el Uno de vuelta y abrazando los Muchos es Bondad, y es conocido como compasión en el camino descendente.

Platón destacaba ambos movimientos, el camino ascendente y el camino descendente, pero la civilización occidental ha sido una batalla entre ellos: entre los que querían vivir en “este mundo” de la Multiplicidad y quienes quieren solo vivir en el “otro mundo” de la Unidad Trascendental. Platón da a ambos movimientos la misma importancia, porque ambos están basados en el Uno no expresado (Dios).

Sin embargo, cuando se olvida a ese Uno no expresado (Dios), ambos movimientos se enfrentan en una guerra de opuestos: la dialéctica histórica-cultural hallaría su punto culminante con la gran inversión desde la búsqueda de lo inconmensurable (Dios) a la investigación de lo conmensurable (ciencia). Esa fractura dualista, según Wilber, duraría dos mil años.

Durante el milenio que va de Agustín a Copérnico, Occidente persiguió un ideal casi exclusivamente ascendente en la búsqueda de Dios, recomendado por la Iglesia. Pero todo cambió radicalmente con el Renacimiento y la emergencia de la Modernidad, cuyo punto culminante se alcanzaría con la Ilustración y la Edad de la Razón. De tal forma que, los ascendentes, fueron reemplazados por los descendentes.

En la Modernidad, Kant diferenció a los Tres Grandes: conciencia (yo), cultura (nosotros) y naturaleza (ello-ciencia) y, ésta última, se convertiría en un materialismo científico que derivó en un desastre cultural sin consideraciones éticas, pues la razón-egoica se impondría a la conciencia del yo (subjetividad) y a la moralidad (intersubjetividad).

Como la visión materialista no reconoce la existencia de grados de conciencia, de profundidades, de valores y méritos, el abismo cultural no podrá ser resuelto pues niega la existencia de la dimensión vertical (ascendente), de la transformación interior, de la trascendencia.

Según Wilber, la solución al abismo cultural, la integración vertical y la ética medioambiental, gira en torno al rechazo del materialismo científico. Una nueva transformación postmoderna solo puede proseguir si logramos integrar el Gran Tres diferenciado por Kant: “yo”, “nosotros” y “ello”, lo cual implica la necesaria emergencia de un nuevo tipo de sociedad que integre la conciencia, la cultura y la naturaleza. Y, dicha integración, solamente puede provenir cuando los ascendentes y descendentes se reconcilien, una salvación que solamente puede provenir de la unión entre la sabiduría y la compasión: ese es el sustrato de toda auténtica espiritualidad como visión no-dual entre Dios y la Divinidad.

Así pues, la hermenéutica de lo inconmensurable (interpretación de Dios) es un necesario camino emprendido por muchos científicos, y que requiere un obligado revisionismo de la historia, la educación y la ciencia: el fundamente epistemológico pretendido por La educación cuántica como nuevo paradigma de conocimiento.

En efecto, desde el surgimiento de la física cuántica, hay una evidencia del fracaso del materialismo científico como unívoca explicación de la realidad, siendo necesaria la filosofía del misticismo como una disciplina conciliadora para unir los ascendentes y los descendentes. En esa línea de pensamiento, el físico y astrónomo Sir James Jeans afirma que la naturaleza es mental, pues los pensamientos o las ideas, para existir, necesitan de una mente en la cual existan, de algún Espíritu Eterno (Dios), apuntando con ello al lúcido misticismo platónico .
Ver más



GIRUM Nº 14

LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL COMO UNA HERMENÉUTICA COMPLEMENTARIA A LA EPISTEMOLOGÍA: FUNDAMENTOS PARA UNA EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

Artículo científico publicado en la Revista de Investigación Científica Humanística GIRUM de la Universidad Antropológica de Guadalajara (México), año 7, Vol. 14, 2022, pp.11-34, ISSN 2594-2751.

Resumen:

La filosofía transpersonal de Ken Wilber, al aunar ciencia y espiritualidad mediante la recuperación de la filosofía perenne, introduce la primera fisura en la “rígida estructura” del dualismo científico entre sujeto y objeto que ha impregnado a la civilización occidental. Esta investigación postula la integración del saber científico (epistemología de lo conmensurable) con la perenne espiritualidad (hermenéutica de lo inconmensurable), una síntesis respectivamente de la razón con el Espíritu en un ejercicio de trascendencia desde la no-dualidad.

Esos dos modos de saber así aprehendidos, posibilitan la sanación trascendental del ser humano mediante la filosofía transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento, y es postulada como asignatura educativa para una educación transracional que implemente la razón con el corazón mediante la meditación. Por tanto, la síntesis entre la filosofía transpersonal y la educación transracional es una condición sine qua non para trascender así la crisis de conciencia en la que está inmersa la filosofía occidental.
Ver más


Una luz en tu camino

UNA LUZ EN TU CAMINO: SEMIÓTICA PARA EL HOMBRE EN BUSCA DEL "SÍ MISMO"

1 - SEMIÓTICA PARA UNA INTEGRACIÓN ENTRE CIENCIA Y ESPIRITUALIDAD

La semiótica es la ciencia derivada de la filosofía que trata de los sistemas de comunicación dentro de las sociedades humanas, estudiando las propiedades generales de los sistemas de signos como base para la comprensión de toda actividad humana. Pero, ¿acaso la actual civilización humana ha llegado al summum de su propia comprensión? En vista del caos exterior al que asistimos, inmersos en una falsa pandemia artificiosamente creada por el enemigo invisible de la humanidad, cabe preguntarse si el mundo en el que vivimos ofrece algún sentido de la vida desde la ciencia, la filosofía o la metafísica. En dicho sentido, los seguidores de mis publicaciones, saben de mi ahínco intelectual en intentar fusionar la ciencia y la espiritualidad. Y que, en dicho intento de unir la filosofía y la metafísica, he abordados los mapas evolutivos de la conciencia como premisas científicas para una proyecto filosófico y pedagógico: cambiarse a sí mismo para cambiar al mundo, en el mismo sentido que ya lo expresó el inconmensurable Sócrates: “Aquel que quiera cambiar el mundo, deberá comenzar por cambiarse a sí mismo”.

Y dicho cambio de transformación interior es un camino de ascensión espiritual individual desde la 3D a la 5D mediante el empoderamiento, el despertar espiritual, la trascendencia del ego y la conciencia de unidad: se trata de un camino ascendente hacia la sabiduría que cada cual debe recorrer por sí mismo. En definitiva, pensamiento, conocimiento e iluminación son una tarea de cada uno de nosotros a nivel subjetivo. Ahora bien, a nivel intersubjetivo, a modo de conciencia colectiva, ¿es posible hallar una semiótica que dé plena satisfacción a los eruditos en busca de la pretendida “verdad”? En este sentido, recordemos las palabras de Jesucristo: “La verdad os hará libres” y “El amor es el camino”. Bajo la premisa de dichos aforismos bíblicos, pero, además, desde una profunda argumentación realizada mediante publicaciones científicas, libros y más de seiscientos artículos, presento a continuación una semiótica para aportar algo de luz en el camino de todo aquél sincero buscador de la “verdad”, para todo aquel que se busca a sí mismo, con la esperanza de que, algún día, esta humilde aportación de “Una Luz en tu Camino” sirva de faro también para las humanidades actualmente en crisis, así como para superar el caduco materialismo científico, en definitiva, para enarbolar una espiritualidad con profundas implicaciones en las cuestiones metafísicas desde que científicamente se ha demostrado que la meditación es el fundamento que permite apercibir la transcendencia humana desde la racionalidad a la transracionalidad mediante una Filosofía Transpersonal y una Educación Transracional.

2 - SISTEMAS DE SIGNOS PARA LA COMPRENSIÓN HUMANA

El signo, en su definición nuclear, es un elemento dotado de unidad y carga informativa, y es indesligable del sujeto cognoscente dotado de sentidos e inteligencia. Los cinco sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) sumados a la inteligencia conforman el entramado o mecanismo que permite las dos grandes actividades que fundamentan la función del signo: actividad de recepción y actividad de producción en términos de comunicación, dando lugar ello a códigos estructurados o lenguaje. Por tanto, la semiótica es una meta-ciencia que, por un lado, subyace a todo conocimiento y a toda actividad científica y, por otro, se edifica sobre un campo de estudio interdisciplinar cuyo alcance es extensible sin excepción a cualquier conocimiento y actividad humana.

La anterior introducción al sistema de signos para la comprensión humana me autoriza a expresar mi interpretación semiótica para trascender el fracaso epistemológico de la filosofía occidental porque, en efecto, la historia de Occidente es una pesadilla de odio entre ciencia y espíritu. ¿Son irreconciliables la ciencia y el espíritu? Mi análisis del criterio de demarcación entre ciencia y religión deja entrever la posibilidad de una nueva cosmología entre ciencia y espíritu. Y esa posibilidad queda ahora expresada mediante la presente semiótica para el hombre en busca de sí mismo, con la esperanza de que este trabajo de semiótica pueda ser considerado como “Una Luz en tu Camino”.

3 - CRITERIOS DE DEMARCACIONES CONCEPTUALES: LA SEMIÓTICA COMO MÉTODO

Tal como argumento en mi trabajo de investigación acerca de la ascensión espiritual individual, la quinta dimensión (5D) es una frecuencia de sabiduría interna en la que se experimenta la conciencia grupal como un solo Ser, es una frecuencia energética y no física en la que se percibe el tiempo como un continuo donde solo existe el ahora eterno. En la 5D es donde se viven los sueños dotándolos de realidad espacio/temporal, donde se experimentan los sueños lúcidos y la magia blanca. Como es una dimensión de luz, se perciben formas lumínicas y muchas veces geométricas. La 5D es también descrita como la conciencia de Cristo y de Buda. ¿Y cómo es posible conceptuar racionalmente esa experiencia interna? La semiótica, en los términos argumentados anteriormente, nos provee una aprehensión cognitiva en sintonía con la dicha experiencia interna. En suma, es un intento más de este humilde servidor de Jesucristo en acercar a todo buscador de la verdad al amor como única verdad más allá de toda racionalidad, lo que en términos de Ken Wilber se vendría a llamar “transracionalidad” tal como concluye en su obra maestra Sexo, Ecología, Espiritualidad.

Así pues, vayamos con las demarcaciones conceptuales por antonomasia en el ámbito del conocimiento: la epistemología de lo conmensurable como teoría del conocimiento desde la filosofía y la ciencia (razón dualista), y también la hermenéutica de lo inconmensurable, lo que comúnmente se llama Dios (desde la no-dualidad).

4 - LAS DEMARCACIONES CONCEPTUALES: DUALIDAD Y NO-DUALIDAD

Las demarcaciones conceptuales para dotar de sentido a la comprensión de la actividad humana son: la búsqueda de la verdad, el conocimiento, la sabiduría, la filosofía, la metafísica y el amor. ¿Me he dejado alguna? …espero que no. Algunas dirán: la ciencia. Pero la ciencia, amigos míos, es una actividad de la razón filosófica que, en su afán de conocer a la naturaleza, ha fragmentado el conocimiento en diversas ciencias (química, física, biología, medicina, etc.) hasta fragmentar a la misma conciencia individual y colectiva. Y cuando la física clásica como uno de los viejos paradigmas de pensamiento fue trascendida por la filosofía cuántica, toda la ciencia empírica se diluyó como un azucarillo ante las posibilidades cuánticas de la nueva ciencia que estudia el mundo subatómico, llegando a la conclusión que bajo el átomo todo es vacío y energía en vibración, siendo por ello que surgieron los peyorativamente llamados “místicos cuánticos”, cuando en realidad, han sido los pioneros en establecer los fundamentos para la Filosofía Transpersonal que defiendo y sustentada por la Psicología Transpersonal como “carta fuerza” tras el conductismo, el psicoanálisis y el humanismo, todo ello argumentado como un “nuevo paradigma de conocimiento” en mi obra La educación cuántica. Por tanto, hago un llamado a todos los científicos a bajarse de su pedestal del conocimiento sustentado en la dualidad y asómense a la no-dualidad como posibilidad explicativa del misterio de la vida.

Así pues, a continuación, voy a desglosar las citadas demarcaciones conceptuales (verdad, conocimiento, sabiduría, filosofía, metafísica y amor) pero, sobre todo, explicitar las interrelaciones entre esas categorías cognitivas con la intención de que, de un modo consensuado, podamos alcanzar un conocimiento colectivo acerca del misterio de la vida, el sentido de la misma y el lugar que ocupa cada uno de nosotros en la transición actualmente en curso desde un viejo mundo a un nuevo mundo en ciernes de ser descubierto por cada uno de nosotros en nuestro interior, y cuyos presupuestos filosóficos hay que descubrir.

Y para facilitar dicha labor, al igual que lo hice en mi artículo científico, voy a valerme de un mándala en forma geométrica: así es como se me manifiesta el Espíritu. El círculo es la representación de Todo lo que Es, es decir, Dios. El triángulo con la punta hacia abajo debe ser interpretado como un camino descendente de la divinidad a través de la verdad (recuerde el aforismo bíblico de Jesucristo: “La verdad os hará libres”), así como la sabiduría suprema que pertenece propiamente a Dios y que es conveniente alcanzar mediante un camino ascendente, así como el amor como cohesión absoluta, pues el saber sin amor es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo. Respecto al triángulo con la punta hacia arriba, hace referencia a la predisposición del hombre de la búsqueda ascendente del conocimiento a través de la filosofía y la metafísica.

Veamos a continuación la interrelación manifestada de dichas demarcaciones conceptuales a través de la razón, pero también desde el corazón, pues recordemos que el corazón posee una mente cuántica. El salto desde la razón dualista a la no-dualidad que se vive desde el corazón sigue siendo el gran misterio de la vida por desentrañar, pues requiere una desprogramación de todo un sistema de creencias adoctrinado a través del subconsciente y, consecuentemente, cada cuál debe replantearse todo lo aprendido para redescubrir el auténtico sentido de la vida. Ello implica un reto cognitivo: ¿Cómo sabes que lo que sabes es cierto?

5 - ¿CÓMO SABES QUE LO QUE SABES ES CIERTO?

Nos adentramos así con el título de este capítulo en una alusión a una ponencia presentada en la Universidad ITECCE, en la que intentaba incidir en la necesaria desprogramación mental para los estudiantes, y también maestros, adoctrinados ambos por una educación como instrumento de poder. Tarea nada fácil, pero había que intentarlo como paso previo y necesario para comprender la semiótica aquí expuesta. En efecto, es necesaria una desprogramación mental de un sistema de creencias artificiosamente inoculado mediante un virus de la desinformación, lo cual nos ha llevado a La sociedad de la ignorancia, y cuyas repercusiones epistemológicas son de una gravedad extrema para la actual cultura en relación con las consideraciones éticas. Dicha desprogramación mental inquiere, como segundo paso, la sanación trascendental de la humanidad y que el sujeto cognoscente ejerza la búsqueda del “sí mismo”. Espero que, esta presentación semiótica para el hombre en busca de sí mismo, pueda aportar algo de luz en el camino de la ascensión espiritual individual de cada uno de nosotros hacia la quinta dimensión (5D), un estado de conciencia en el que se vibra en el Amor Incondicional.

Vamos pues con aquello que podemos ciertamente saber desde la interrelación de las demarcaciones conceptuales antes aludidas: verdad, conocimiento, sabiduría, filosofía, metafísica y amor. Se trata, en esencia, de que todo concepto sea comprendido en sí mismo (como episteme) y en interrelación con otros conceptos (como hermenéutica), de modo que, a decir de Descartes, tengamos una “idea clara y distinta” de la cual no haya duda alguna. Fijémonos en la forma geométrica antes aludida y que está como presentación en el inicio de este artículo. Hay seis relaciones conceptuales numeradas del uno al seis, las cuales describo a continuación:

1 - Hallar la verdad es el imperativo camino para alcanzar la sabiduría. El arco entre la búsqueda de la verdad y la anhelada sabiduría da lugar al surgimiento del conocimiento.

2 - No hay mayor sabiduría que el amor, pues el saber sin amor es puro egoísmo y la causa de tanto sufrimiento en este mundo. El arco entre la anhelada sabiduría y el amor implica la metafísica pues, la sabiduría y el amor, no pueden ser captadas por la mente científica (3D), sino respectivamente, la sabiduría es un ejercicio intelectual de la razón (4D) así como el amor debe ser sentido emocionalmente (5D).

3 - El amor a la verdad es el fundamento de toda genuina filosofía. El arco entre el amor y la verdad hace surgir a la filosofía, en el mismo sentido etimológico de la filosofía como amor a la verdad.

4 - Hay dos modos de saber en el conocimiento. El primero modo de saber consiste en la epistemología de lo conmensurable, es decir, aquello que la mente intenta conocer mediante la filosofía (razón dualista). El arco entre la filosofía y el conocimiento científico tiene como sustrato epistemológico la búsqueda de la verdad.

5 - El segundo modo de conocimiento versa sobre la hermenéutica de lo inconmensurable, es decir, trata de la metafísica. El arco entre el conocimiento y la metafísica implica una sabiduría por descubrir, más allá de nuestros sentidos, mediante el Espíritu.

6 - La filosofía (razón dualista) y la metafísica pueden ser aprehendidas como Conciencia de Unidad desde la no-dualidad: ahí radica el misterio de la vida. El arco entre la metafísica y la filosofía, mediante la Conciencia de Unidad de que todos somos Uno, une a la razón y el espíritu mediante el amor.

6 - GLOSARIO PARA LA INVESTIGACIÓN DE LAS DEMARCACIONES CONCEPTUALES

Cada una de las anteriores demarcaciones conceptuales (verdad, conocimiento, sabiduría, filosofía, metafísica y amor) han sido objeto de mis investigaciones a través de mis diversas publicaciones y, en consecuencia, me doy la licencia de presentar un glosario para facilitar la labor investigativa a todo avezado investigador interesado en proseguir en la búsqueda de sí mismo mediante la Filosofía Transpersonal como nuevo paradigma de conocimiento.

6-1 Demarcación conceptual de la VERDAD:

NO HAY VERDAD SIN LIBERTAD

VERDADES ETERNAS

NUEVOS CONCEPTOS PARA VERDADES ETERNAS

KEN WILBER: TRUMP Y LA POSVERDAD

6-2 Demarcación conceptual del CONOCIMIENTO

LA CUESTIÓN EPISTEMOLÓGICA (39 artículos)

PENSAMIENTO, CONOCIMIENTO E ILUMINACIÓN

6-3 Demarcación conceptual de la SABIDURÍA

EL CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA (9 artículos)

LA SABIDURÍA PERENNE

LA SABIDURÍA ESOTÉRICA DE PLATÓN

INFORMACIÓN, CONOCIMIENTO, SABIDURÍA

VIEJOS Y NUEVOS PARADIGMAS: DEL MATERIALISMO CIENTÍFICO A LA SABIDURÍA PERENNE

PONENCIA: ¿CÓMO SABES QUE LO QUE SABES ES CIERTO?

6-4 Demarcación conceptual de la FILOSOFÍA

LA COMPLEJIDAD DE LA FILOSOFÍA

ANACRONISMO FILOSÓFICO

¿DEBEN LOS FILÓSOFOS ESTAR NECESARIAMENTE EN OTRO NIVEL DE INTELECTUALIDAD?

EL VIEJO MUNDO: 1-1 FILOSOFAR EN UN MUNDO GLOBALIZADO

EL VIEJO MUNDO: 1-2 CRISIS DE LA FILOSOFÍA

EL VIEJO MUNDO: 1-3 FILOSOFÍA ESOTÉRICA

EL NUEVO MUNDO: 2-6 FILOSOFÍA DEL LENGUAJE

¿ES POSIBLE DESDE LA FILOSOFÍA CONTEMPLAR DIMENSIONES DE TRASCENDENCIA ESPIRITUAL?

LA FILOSOFÍA PERENNE

LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL (25 artículos)

LA EDUCACIÓN CUÁNTICA: LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL COMO NUEVO PARADIGMA DE CONOCIMIENTO

FILOSOFÍA Y PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL

EMPODERAMIENTO: PEDAGOGÍA FILOSÓFICA: LA MAYÉUTICA

PROYECTO FILOSÓFICO Y PEDAGÓGICO: CAMBIARSE A SÍ MISMO PARA CAMBIAR AL MUNDO

LA FILOSOFÍA DE KANT: IMPRESCINDIBLE (4 artículos)

FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

FILOSOFÍA TRANSPERSONAL: TEORÍA Y PRÁCTICA (6 artículos)

FILOSOFÍA DE LA MENTE: TRANSFORMACIÓN INTERIOR (21 artículos)

FILOSOFÍA CUÁNTICA (13 artículos)

VIEJOS Y NUEVOS PARADIGMAS: DE LA FILOSOFÍA TRADICIONAL A LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL

LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL COMO PARADIGMÁTICA TRASCENDENCIA AL FRACASO EPISTEMOLÓGICO OCCIDENTAL: FUNDAMENTOS PARA UNA EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL DE KEN WILBER COMO FUNDAMENTO PARA UNA EDUCACIÓN TRANSRACIONAL DE LA METAFÍSICA Y LA SANACIÓN TRASCENDENTAL DEL SUJETO COGNOSCENTE MEDIANTE LA MEDITACIÓN

TRASCENDIENDO LA FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN OCCIDENTAL: FUNDAMENTOS PARA LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y LA EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

LA CONCIENCIA COMO PROBLEMA HISTÓRICO: LA FILOSOFÍA TRANSPERSONAL DE KEN WILBER COMO UNA HERMENÉUTICA COMPLEMENTARIA A LA EPISTEMOLOGÍA Y COMO FUNDAMENTO PARA UNA EDUCACIÓN TRANSRACIONAL

LA EVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA DESDE UN ANÁLISIS POLÍTICO, SOCIAL Y FILOSÓFICO-TRANSPERSONAL

PRESUPUESTOS FILOSÓFICOS PARA LA TRANSICIÓN HUMANA DEL VIEJO MUNDO AL NUEVO MUNDO

LIBRO CIENCIA, FILOSOFÍA, ESPIRITUALIDAD CON TEXTOS ENLAZADOS

LIBRO FILOSOFÍA TRANSPERSONAL Y EDUCACIÓN TRANSRACIONAL CON TEXTOS ENTRELAZADOS

6-5 Demarcación conceptual de la METAFÍSICA

CUESTIONES METAFÍSICAS (7 artículos)

6-6 Demarcación conceptual del AMOR

LA RAZÓN AL SERVICIO DEL AMOR

EL DESPERTAR ESPIRITUAL Y LA EVOLUCIÓN DEL AMOR

DESPERTAR ESPIRITUAL: LA EVOLUCIÓN DEL AMOR

LA RAZÓN ES A LA DUALIDAD, COMO EL AMOR A LA UNIDAD

EL AMOR ES LA LEY SUPREMA

7 - LA BÚSQUEDA DEL “SÍ MISMO” ES UN CAMINO ASCENDENTE HACIA LA SABIDURÍA

Por un lado, la búsqueda de la verdad y el conocimiento adquirido durante dicha búsqueda nos conduce, inexorablemente, a un camino ascendente hacia la sabiduría en el que, en una súbita intuición espiritual, nos rendimos a la evidencia de que no hay caos en el universo, todo es perfecto en el Plan Divino. Por otro lado, la síntesis de saberes entre la filosofía y la metafísica es una intuición espiritual, respectivamente, entre la razón y el espíritu en un ejercicio de trascendencia como Conciencia de Unidad donde todos somos Uno mediante el Amor. Obsérvese cómo esas seis demarcaciones conceptuales (verdad, conocimiento, sabiduría, filosofía, metafísica y amor) quedan circunscritas en el Plan Divino representado por el círculo. Recordemos asimismo la importancia del círculo en la tradición de la filosofía esotérica.

En consecuencia, en todo caos hay un orden que se manifiesta en Bondad y Belleza en una precisa relación a la Verdad. En efecto, bajo la lupa del conocimiento y bajo el impulso de la ciencia, el hombre se ha desvivido por hallar el orden subyacente que mueve a la naturaleza: ¿Qué es la ciencia, sino una interpretación de leyes inmanentes a la naturaleza y el orden divino? Lo que podemos “comprender” mediante la ciencia y la filosofía se convierte en un orden de interpretación siempre parcial de la totalidad del Ser.

Sin embargo, el caos mayor es aquel que, instalado en nuestra ignorancia, nos impide caminar con la razón en el camino ascendente hacia la sabiduría. En efecto, porque un pensamiento que no se piensa correctamente así mismo es un pensamiento caótico donde reina la ignorancia e impide caminar hacia la luz del conocimiento. Consecuentemente, el caos percibido en el exterior es un fiel reflejo del caos interior como sinónimo de ignorancia.

Por tanto, sabido ello, lo primordial a realizar es poner orden en nuestras ideas. Ahora bien, ¿por dónde empezar a poner orden en nuestras ideas? ¿A quién acudir? Hay que acudir a la Fuente que todo lo sabe, incluso lo que más nos conviene. Sólo hay que dirigirse a la fuente de sabiduría con humildad y sinceridad de propósito, y preguntar sobre aquello que nos atormenta o preocupa. Preguntar se convierte en el método más directo para hallar soluciones a nuestros problemas o preocupaciones. Y ello se puede llevar a cabo mediante la meditación, como técnica mayéutica de introspección, y también mediante otras técnicas de conexión con nuestro Yo Superior. (1)

Indudablemente, la meditación puede ayudar a poner en orden nuestras ideas porque, esencialmente, así como el caos es a la ignorancia, el orden es a la sabiduría. Así, cuando la ignorancia que subyace en toda visión caótica del mundo es trascendida mediante el saber, se logra entonces un orden superior de conocimiento, un paso hacia la sabiduría. ¿Equivale ello a afirmar que una persona culta, inteligente o con un gran bagaje intelectual sea inherentemente una persona sabia? No necesariamente. La sabiduría es un proceso ascendente muy loable pero que, sin embargo, está inexpugnablemente asociada a la ética.

Toda persona que haya iniciado un sendero de sabiduría acaba convergiendo en el amor como el más alto valor ético. Y, tal como concluyo en mi obra La educación cuántica, la sabiduría y el amor no pueden ser encapsulados y prescritos por un médico, sino que deben ser aprehendidos consciente y prácticamente por todo sincero buscador de la verdad. Porque no hay mayor verdad que el amor (espiritualidad), y el amor a la verdad es el camino (filosofía), todo un reto de integración entre la razón y el espíritu con la salvaguarda de la naturaleza. Por tanto, habrá que comenzar a pulir el diamante en bruto que todos tenemos en el fondo de nuestro ser mediante la veracidad, la sinceridad, la integridad y la honradez como un sendero de sabiduría que permitiría la integración de todos “nosotros” en una comprensión mutua y, entre todos, cambiar entonces el ajuste funcional del sistema social.

Las anteriores aseveraciones nos remiten, obvia e inherentemente, al sabio aforismo en boca del inconmensurable Sócrates: “Aquel que quiera cambiar el mundo, deberá comenzar por cambiarse a sí mismo”. Y esa premisa socrática debería ser educada como proyecto filosófico y pedagógico bajo una renovada filosofía de la mente que contemple al Plan Divino, pues está en juego la salvación de nuestra alma al impedir reconocernos que somos pura esencia divina, y que el amor es la ley suprema. El amor es el Plan Divino. Conéctate con el Plan Divino, conéctate con el amor. Pon “Una Luz en tu Camino”.


(1) Nota: Para aquellos lectores interesados en profundizar en la búsqueda del "sí mismo" mediante la conexión con su Yo Superior, les invito a recorrer de manera práctica "Una Luz en tu Camino" a través del canal del mismo nombre en Telegram:

Una Luz en tu Camino
(https://t.me/unaluzentucamino)
Ver más